Mientras que la mayoría de la ciudadanía anda preocupada en la falta de liquidez de sus economías familiares y por las penumbras que asisten al empleo en el futuro más inmediato – o al presente de muchos hoy -, por derroteros escapistas (dicen algunos) sigue el señor Zapatero sosteniendo la inigualable solidez del sistema financiero español (”optimismo táctico” según sus afines incondicionales) un día, y al otro sin torcer el gesto; echando flores a Bush y a su plan salvador de Wall Street – “dinero a cambio de basura”[1] -, asintiendo como mal menor que se tratará de socializar las pérdidas.

Jung denominó sombra a la personificación de la parte primitiva e instintiva del individuo[2]. Las sombras como nuestro alter ego es un recurso simbólico muy al uso lírico, aunque creo justo reconocerles un doble significado poético. Pueden representar la negrura, las tinieblas y la oscuridad, así bien pueden ser entendidas como enemigas del poeta por sus cualidades disruptivas. De otra parte se encuentran las sombras amigas, la gracia o chispa de las palabras consoladoras y concordantes, la luz espiritual de la ensoñación e inspiración. Iluminan las noches y desvelan los misterios[3]. Continuar leyendo »