Diarios. Memoria e historia [2]

Escrito por José María Vivancos en Septiembre 1st, 2008

Así que, el soporte textual auto-reflexivo y auto-referencial en el diario/s sería estimable como metanarrativo, aunque ésta nos parece una consideración poco afortunada porque equivaldría a identificarlo con el carácter metaficcional de la novela actual que aprecia el profesor Gil González[1]. Y como bien destaca Pozuelo Yvancos no debemos predicar la ficcionalidad de la autobiografía sobre la base de la textualidad: «Habría que considerar su lugar como acto comunicativo, mejor, como género, y en ese lugar, la autobiografía se sitúa en un horizonte no ficcional»[2]. Los diaristas comunican actos, e indiscutiblemente el diario/s nos muestra el taller del narrador, de aquí se deriva nuestro interés de apreciar con Pozuelo en que existe en esta escritura una metadiscursivad implícita y explícita[3]. Continuar leyendo »

Diarios. Memoria e historia [1]

Escrito por José María Vivancos en Agosto 19th, 2008

Cuanto más releo la obra torguiana «comprendo mejor»[1], al artista responsable que se deriva de las nociones bajtinianas[2], al intelectual en el espacio de las tomas de posición estudiado por Bourdieu[3], al poeta en el oficio como ética de García Montero[4], y al lector autobiográfico de Lledó[5]. De tal forma que, mejor diálogo conmigo mismo, y más a más, asumo mi memoria personal y el diálogo que en el día a día entablamos con la memoria colectiva de la historia. Llego a convencerme de que el poeta es a veces más un historiador que filósofo y a veces más filósofo que historiador. Es un artista que, a través de la contextualización de los sentimientos humanos, es capaz de universalizar y exponer los hechos concretos de la vida, y a veces logra con el tiempo su escritura, explicarnos la vida y que sí no, al menos se acerca a ello. La poesía es un medio de conocimiento de la realidad como afirmó José Ángel Valente.

Se viene hablando de relaciones de proximidad o paralelismo entre la poesía y la autobiografía desde el romanticismo, para entrever como el autobiógrafo al igual que el poeta, transfiere a su narración su interioridad – yo introvertido -. Ya se ha visto que el discurso autobiográfico presupone una actitud de comunicación entre personas – intersubjetiva -, donde existe un yo referencial. Ocurre en la poesía, en muchos casos, contra lo expresado en este aspecto por la profesora Clara Rocha que entiende que en la mayoría de los casos el yo poético, es un yo sin referencia. La función autopoética o la poética de autor indican que cierta poesía pueda asociarse a la escritura del yo. Continuar leyendo »

bioBibliografía de Miguel Torga

Escrito por José María Vivancos en Agosto 12th, 2008

Hoy hubiera cumplido 101 años Adolfo Correia Rocha que en 1934 comenzó a firmar sus obras con el seudónimo de Miguel Torga. Sobresalió como poeta: «Un poeta, por pobre que sea, tiene siempre para dar. Pero todo poeta es un desesperado que no desespera» (Diário; 27.11.57). Un poeta firmemente identificado con su tierra. Y en su Tierra un sólo poeta, el negrilho, un árbol-poeta:

Na terra onde nasci há um só poeta.
Os meus versos são folhas dos seus ramos.
Quando chego de longe e conversamos,
É ele que me revela o mundo visitado.
Desce a noite do céu, ergue-se a madrugada,
E a luz do sol aceso ou apagado
É nos seus olhos que se vê pousada …(Diário; 26.04.54).

Miguel Torga amó la vida y defendió la libertad, su condición de ser libre: «no valgo más que para ser libre» (Diário; 04.05.83). Lo mejor que supo hacer, además de escribir, es ser humano denunciando la condición inhumana de todo poder: «Hay en mí una raíz anarquista que no me deja soportar el poder. Me opongo a él porque degrada a todos: a quien lo ejerce y a quien lo tolera»(Diário; 09.09.1956).

Adolfo Correia Rocha falleció el 17 de enero de 1995 pero Miguel Torga sigue viviendo en la Tierra y con los hombres, aquí tienen su biobibliografía (contiene 106 enlaces, de ellos 16 son textos complementarios - documentos digitalizados).

Espacio autobiográfico

Escrito por José María Vivancos en Julio 27th, 2008

No es cualquier hombre, en cualquier momento y lugar, el que escribe de su vida. Debe tener conciencia de la singularidad de su existencia, lo que implica un cierto grado de individualismo. Además, ha de considerarse con cierta ejemplaridad, para que pueda interesar a alguien. Pero al unísono, el autobiógrafo, escapa de entregarse y proyecta el conocimiento introspectivo en el acto de escribir.

Aparece de esta manera inscrita, la escritura autobiográfica, entre dos movimientos o fuerzas (centrípeta ↔ centrífuga) de sentido contrario: «la concentración o búsqueda de un centro y la dispersión o desagregación de la coherencia del yo […] la confidencia diarística es una concentración (en los dos sentidos del término: búsqueda introspectiva de un centro y concentrada atención), más el modo del texto nos revela un yo disperso, que se da a conocer por yuxtaposición, y variable al capricho de los días o mismamente de las horas»[1].

Conviene igualmente poner de relieve, tal como ya ha quedado reflejado en los anteriores artículos, la estrecha relación entre los códigos técnicos-narrativos con los temáticos-ideológicos y la distinción historia/literatura que caracterizan el espacio autobiográfico. Afirmándose como la producción de la imagen de sí mismo, obedece a una estrategia de doble juego de los textos, la que ha sustentado a través del tiempo, la dicotomía entre novela y autobiografía. Continuar leyendo »

El discurso autobiográfico

Escrito por José María Vivancos en Junio 2nd, 2008

Desde el romanticismo – finales del siglo XVIII - hasta hoy, no han sido pocos, los que han sugerido que toda producción literaria es autobiográfica. Y actualmente sigue vigente el problema autobiográfico enfrentando a dos corrientes críticas, cuyas interpretaciones se verán más adelante, una, la de los deconstruccionistas que en línea con la proposición antes indicada, sostienen que «toda autobiografía se ha literaturizado», frente a otra de los pragmáticos, que abogan por «afirmar una especificidad genérica a la escritura del yo al margen de la ficción».

Desde ya expondré mi alineación con una tercera corriente, entre los que se encuentran estudiosos de la temática como el ya citado profesor José María Pozuelo que, sin pretender situar sus criterios en la síntesis de las anteriores – muy al uso en la historia de los planteamientos de investigación cuando pretenden alcanzar una definición de consenso sobre una disciplina o campo de estudio -, ni partir de una visión híbrida – muy fácil de objetivar -, proponen que el discurso autobiográfico es un género autónomo y fronterizo («frontera convencional»[1]) entre el discurso histórico vs discurso literario.

La modernidad y la posmodernidad han cuestionado permanentemente el concepto de género, enfatizando y justificando la libertad ilimitada de la escritura y la trasgresión de todas las reglas. Admitir la libertad y singularidad de cada escritor y su obra no está reñida con la existencia de los géneros literarios, es posible y necesario aceptar con Genette los géneros como «categorías propiamente literarias»[2] que «se especifican por el hecho de representar la realidad de modo particular y presentar caracteres estructurales distintos. Cada género literario representa un dominio particular de la experiencia humana, […y…] cada género representa al hombre y al mundo a través de una técnica y de una estilística propias […]»[3]. Continuar leyendo »

Autenticidad. La jerarquización de las relaciones identidad / semejanza

Escrito por José María Vivancos en Mayo 18th, 2008

Identidad no es sinónimo de semejanza. Tal como señala Lejeune, “la identidad” es un hecho aprehensible en la enunciación, “la semejanza” es una relación establecida a partir del enunciado. La identidad implica solo tres términos: autor, narrador y el personaje. Para que exista semejanza, por el contrario, debe entrar en juego un cuarto término, de naturaleza extratextual, el modelo. Por “modelo” entiende Lejeune el prototipo “lo real al que el enunciado quiere asemejarse”.

Con respecto a todo el resto de formas de ficción, la biografía y la autobiografía tienen en común la característica de que son textos referenciales. Esto quiere decir que, tal como los textos científicos o históricos, pretenden producir una imagen de la realidad, y no sólo el “efecto de lo real” –mera verosimilitud-. El objetivo es retratar una realidad exterior y someterse a una prueba de verificación. Continuar leyendo »

Iberia. El fado y Miguel Torga. [2] O fado

Escrito por José María Vivancos en Marzo 25th, 2008

Con esas mimbres se construye la Historia como relato pretenciosamente objetivo del pasado[1]. Y éste es mi deseo con estos artículos, modestamente divulgar, alentar y ayudar a navegar a través de la historia. Por ello, no es la primera vez que sostengo en este weblog, de que leer y viajar, son dos actividades necesarias que se complementan para acrecer en el cultivo de nuestra inteligencia y sensibilidad. Ya lo dijo san Agustín de Hipona: «El mundo es un libro, y aquellos que no viajan sólo leen una página.»

Los fados son dictado de la nostalgia, de las experiencias comunes, de la aventura y la ventura humana, del misterio y la magia, del brío y la fuerza. Son la proyección colectiva del pueblo, de sus pasiones y silencios. Como un libro de viajes, los relatos del día a día, en ellos navega la memoria:

Los músicos ciegos, trovadores de la plebe, de un barrio a otro, de aldea en aldea, iban mendigando inseparablemente acompañados de su lazarillo y de su mulo, mediante sus guitarras y sus folhetos de corda (pliegos de cordel)[2], cantando, gustaban de relatar las pasiones diarias de sus coetáneos, pero sobre todo, aquello que excedía la raya de lo cotidiano. Continuar leyendo »

Iberia. El fado y Miguel Torga. [1] Ibéria

Escrito por José María Vivancos en Marzo 22nd, 2008

Cuando Portugal se separó del Reino de León (1139) hacen ya unos ochocientos setenta años, aún no existía España. Ese fue el nombre romano dado a la totalidad de Iberia[1]. Y el mito de la unidad de las Españas que la secuencia Asturias-León-Castilla asumiría como una herencia romana y visigoda, sirvió para designar la variedad de países y lenguas en que se componía Hispania.

Fue «el proceso de agregación de estados y reinos realizado por los Reyes Católicos»[2] y la unión de la dos coronas en 1479 (Castilla y Aragón), el que dio lugar a que, «se hablara de España y de los españoles como de algo definido y definible», dando origen «en la Historia a la España moderna»[3]. Así pues, Portugal llevaba más de tres siglos forjando su propia identidad, luchando contra Castilla y ya de entonces deviene su «recelo y resentimiento»[4].

Casi nueve siglos con una frontera que sólo dejó de existir durante sesenta años (1580-1640), a raíz de la muerte sin descendencia del mítico D. Sebastião en 1578. La muerte del joven rey adalid del Gran Portugal, derrotado por los moros en la batalla de Alcazarquivir, cuyo cadáver no querían reconocer, dio lugar a la leyenda del rey desejado-encoberto (escondido). En Lisboa, durante siglos se creía en su regreso, dándose lugar a una poesía mesiánica, surgiendo el «sebastianismo»[5]. Continuar leyendo »


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