Con esas mimbres se construye la Historia como relato pretenciosamente objetivo del pasado[1]. Y éste es mi deseo con estos artículos, modestamente divulgar, alentar y ayudar a navegar a través de la historia. Por ello, no es la primera vez que sostengo en este weblog, de que leer y viajar, son dos actividades necesarias que se complementan para acrecer en el cultivo de nuestra inteligencia y sensibilidad. Ya lo dijo san Agustín de Hipona: «El mundo es un libro, y aquellos que no viajan sólo leen una página.»

Los fados son dictado de la nostalgia, de las experiencias comunes, de la aventura y la ventura humana, del misterio y la magia, del brío y la fuerza. Son la proyección colectiva del pueblo, de sus pasiones y silencios. Como un libro de viajes, los relatos del día a día, en ellos navega la memoria:

Los músicos ciegos, trovadores de la plebe, de un barrio a otro, de aldea en aldea, iban mendigando inseparablemente acompañados de su lazarillo y de su mulo, mediante sus guitarras y sus folhetos de corda (pliegos de cordel)[2], cantando, gustaban de relatar las pasiones diarias de sus coetáneos, pero sobre todo, aquello que excedía la raya de lo cotidiano. Continuar leyendo »