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	<title>Bibliología &#187; José María Pozuelo Yvancos</title>
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	<description>"ciencia general que comprende el conjunto sistemático clasificado de los datos relativos a la producción, la conservación, la circulación y la utilización de los escritos y de los documentos de toda especie" Paul Otlet</description>
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		<title>Diarios. Memoria e historia [2]</title>
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		<pubDate>Mon, 01 Sep 2008 10:10:26 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José María Vivancos</dc:creator>
				<category><![CDATA[Escrituras del «yo»]]></category>
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		<description><![CDATA[Así que, el soporte textual auto-reflexivo y auto-referencial en el diario/s sería estimable como metanarrativo, aunque ésta nos parece una consideración poco afortunada porque equivaldría a identificarlo con el carácter metaficcional de la novela actual que aprecia el profesor Gil González[1]. Y como bien destaca Pozuelo Yvancos no debemos predicar la ficcionalidad de la autobiografía [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Así que, el soporte textual <em>auto-reflexivo y auto-referencial</em> en el <em>diario/s</em> sería estimable como <em>metanarrativo</em>, aunque ésta nos parece una consideración poco afortunada porque equivaldría a identificarlo con el carácter <em>metaficcional</em> de la novela actual que aprecia el profesor <a href="http://dialnet.unirioja.es/servlet/extaut?codigo=533492" target="_blank">Gil González</a><code><a href="#cita1">[1]</a></code>. Y como bien destaca Pozuelo Yvancos no debemos predicar la ficcionalidad de la autobiografía sobre la base de la textualidad: «Habría que considerar su lugar como acto comunicativo, mejor, como género, y en ese lugar, la autobiografía se sitúa en un horizonte no ficcional»<code><a href="#cita2">[2]</a></code>. Los diaristas <em>comunican actos</em>, e indiscutiblemente el <em>diario/s</em> nos muestra el taller del narrador, de aquí se deriva nuestro interés de apreciar con <a href="http://www.cervantesvirtual.com/servlet/SirveObras/01394908622682634868802/index.htm" target="_blank">Pozuelo</a> en que existe en esta escritura una <em>metadiscursivad implícita y explícita</em><code><a href="#cita3">[3]</a></code>.<span id="more-211"></span></p>
<blockquote><p><em>Coimbra, 23 de abril de 1975</em>. A veces me apetece desahogarme,<br />
pero no a la reja de un diario, sino públicamente, en voz bien<br />
alta. Gritar a los cuatro vientos unas cuantas verdades que nadie<br />
espera y que son cilicios que llevo clavados en el corazón. Pero el<br />
pudor, en estos casos, es más fuerte que la desesperación, y me<br />
callo. Además, nada me garantiza que el hechizo no se vuelva<br />
contra el hechicero. No hay que fiarse de ese pacto formal de<br />
complicidades que responde al nombre de sentido común. El poeta,<br />
por el simple hecho de serlo, es un escándalo universal. Todo lo<br />
que él parece es lo que no es. Sencilla y coherentemente, los<br />
juicios que lo condenan se basan en una apariencia. Y no le demos<br />
más vueltas. En cualquier circunstancia toda la culpa es suya. La<br />
culpa, precisamente, de ser poeta.</p>
<p><em>Coimbra, 11 de noviembre de 1984</em>. Sí, soy un avaro de palabras.<br />
Siempre lo he sido. Pero a medida que va pasando el tiempo por mí,<br />
menos ganas me dan de despilfarrarlas. Digo en mi vida diaria lo<br />
mínimo imprescindible y únicamente pongo en el papel lo que no puedo<br />
callarme de ninguna manera. Es como si, aún en vida, la muerte me<br />
fuese exigiendo progresivamente más respeto por su vano silencio.</p>
<p><em>Coimbra, 3 de marzo de 1989</em>. Hemos hablado de poesía. Pero no<br />
hemos dicho nada que valiera la pena. Conocimiento más allá del<br />
conocimiento, ciencia de lo inefable, es únicamente el propio poema<br />
el que da expresión a su misterio. La historia de la humanidad está<br />
llena de versos vivos y de exégesis muertas que de ellos han hecho<br />
generaciones sucesivas. Cada nueva lectura inaugura la <em>Ilíada</em>. <code><a href="#cita4">[4]</a></code></p></blockquote>
<p>El <em>diario/s</em> es un discurso narrativo que se mantiene, desde el principio y hasta el final, en un espacio esencialmente <em>dialógico</em>, desde la perspectiva de <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Tzvetan_Todorov" target="_blank">Todorov</a><code><a href="#cita5">[5]</a></code>, que conlleva a la participación consciente y activa de sus lectores, pero que se distancia de lo puro ficcional dado que no se limita a “informar” de lo real, procura representarlo. En este sentido, queda claro que se acerca a la historia pues «pretende dar una representación adecuada de la realidad que fue y ya no es. […] lo real es a la vez el objeto y el garante del discurso de la historia»<code><a href="#cita6">[6]</a></code>.</p>
<p>Se debe subrayar que se trata de una aproximación, porque el <em>diario/s</em> no es historia. Dice de la poesía histórica el profesor <a href="http://www.uniovi.es/rafanura/index.htm" target="_blank">Rafael Nuñez</a>: «aunque la poesía no es historia, la poesía es histórica. Se asienta en la historia para significar y comunicar. […] la poesía histórica realiza una imbricación del pasado y el presente y se proyecta hacia el futuro»<code><a href="#cita7">[7]</a></code>. Pues, traduciendo poesía por <em>diario/s</em>, determinemos que ciertos <em>diario/s</em><code><a href="#cita8">[8]</a></code> son registros testimoniales y documentales, que no se limitan a referenciar con fidelidad el pasado. Se observa en ellos la intencionalidad significativa del diarista – no necesariamente narcisista e individualista -, de que a éste lo ha motivado no sólo un deseo de comunicación, igualmente de explicación, dirigido por una continuidad histórico-vital.</p>
<blockquote><p><em>Coimbra, 8 de febrero de 1988</em>. Sí, he sido sincero, como poeta. Pero<br />
¿y como hombre? ¿En qué medida he conseguido serlo, al pautar siempre<br />
mi comportamiento, incluso cuando me excedía? Por fidelidad a una<br />
imagen que de mí tenazmente he construido, ¿no habré traicionado mi<br />
verdad profunda? Querer modelar un rostro ¿no es ya desfigurarlo? Y yo<br />
sólo me reconozco enteramente en los versos que escribo. Porque<br />
irrumpen de las capas ígneas de mi ser, es en ellos donde, en conciencia,<br />
me siento fielmente retratado. Soy siempre el mismo en todos. <code><a href="#cita9">[9]</a></code></p></blockquote>
<p>Hasta finales del s. XVIII las esferas privadas y públicas se encontraban muy ligadas, de esta manera eran prácticamente inapreciables diferencias entre los <em>diario/s</em> y las <em>memoria/s</em>. Es notorio comprobar que cualquier relato de recuerdos de una vida recibía el nombre de <em>Memorias</em>. ‘Mémories’ y ‘Journal’ fueron denominaciones usadas como sinónimas durante tiempo. Entre las primeras que comenzaron a diferenciarse merecen destacarse las de: <a href="http://www.larousse.fr/encyclopedie/#larousse/118486/15/Retz" target="_blank">Jean-François Paul de Gondi</a> (conocido por el Cardenal de Retz); <a href="http://www.larousse.fr/encyclopedie/#larousse/120427/15/Saint-Simon" target="_blank">Claude Henri de Rouvroy, comte de Saint-Simon</a>; Louis Petit de Bachaumont (conocido por sus <a href="http://en.wikipedia.org/wiki/Memoires_secrets" target="_blank"><em>Mémoires secrets pour servir à l&#8217;histoire de la République des Lettres en France depuis 1762 jusqu&#8217;à nos tours</em></a>); <a href="http://www.britannica.com/EBchecked/topic/33638/Rene-Louis-de-Voyer-de-Paulmy-marquis-dArgenson" target="_blank">René-Louis de Voyer de Paulmy, marquis d’Argenson</a>, que fue primer ministro de Luis XV de Francia, el primero en usar y distinguir ambos términos, incluso en la intitulación de su libro <em>Journal et Mémories</em> que no fueron publicadas hasta 1859 – casi un siglo después de su muerte -. Los <em>diarios</em> apegados a lo íntimo y las <em>memorias</em> con vocación de lo público. En ellas ya se constata el valor documental, el entretenimiento y el aspecto revelador que han atraído hasta hoy a muchos de sus lectores<code><a href="#cita10">[10]</a></code>.</p>
<p>Las memorias se encuentran entre las autobiografías y las crónicas, pero se aproximan más al <em>biografismo</em>, reivindicando más que ningún otra modalidad de <em>escritura del yo</em> la función <em>auto-referencial</em> con lo cual ya de por sí destacan su dimensión histórica. El peso relativo que el <em>yo</em> puede alcanzar, en el conjunto de lo narrado, estará en relación al peso de la <em>memoria colectiva</em><code><a href="#cita11">[11]</a></code> de la época vivida por el memoriógrafo<code><a href="#cita12">[12]</a></code> (= autor = narrador = personaje), pues trata de hacernos participe de su tiempo y de su medio. Y del nexo entre el individuo y su mundo circundante se trata, ya que en todos los tiempos han existido y existen hombres con colmada representatividad que se decidían y deciden «a escribir su vida lo hacían [hacen] porque tenían [tienen] la convicción de que habían [han] sido actores en ocasiones de interés»<code><a href="#cita13">[13]</a></code>.</p>
<p>«La narrativa memorialística tiene un fondo histórico-cultural, sujeto al filtrado subjetivo de quien la produce. En ella se acumulan nombres de personajes ilustres (una “onomástica referencial”) que fueran actores de la Historia, al mismo tiempo que el memorialista es actor de su historia»<code><a href="#cita14">[14]</a></code>. También, no debemos obviar un detalle importante, la necesidad de socorrerse para no olvidar &#8211; del olvido ya hablaremos -. Me refiero a que deben acudir con demasiada frecuencia a la correspondencia, a la prensa, a documentación diversa; incluso a mantener un diario paralelamente. Por ello, al mismo tiempo que concitan la admiración del lector, prestan un servicio a las generaciones futuras, muchas veces inestimable, por el valor del testimonio documental de primera mano. Además, como dijo <a href="http://www.cervantesvirtual.com/bib_autor/manuelalvar/" target="_blank">Manuel Alvar</a>: «las fuentes literarias son la documentación de lo que de otro modo ignoraríamos […] la literatura puede ser vida, más aún la vida recóndita que otros documentos no dicen»<code><a href="#cita15">[15]</a></code>.</p>
<p>Otro merito a destacar de las memorias es su contribución a dignificar el género novelístico. Desde el siglo XVIII, muchos autores lograron enaltecer sus obras usando la fórmula de <em>memorias ficticias</em> o primeras novelas históricas, recuérdese el caso de  <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Madame_de_La_Fayette" target="_blank">Mme. de La Fayette</a> y su <em>La princesse de Clèves</em>. Y numerosas obras clásicas de la literatura universal son memorias o presentan forma de “memorias”: <a href="http://www.carm.es/brmu/literatura/especiales/Yourcenar.html" target="_blank"><em>Memorias de Adriano</em> </a>de  Marguerite Yourcenar, <em>Memorias de un hombre de acción</em> de <a href="http://www.kultura.ejgv.euskadi.net/r46-4879/es/contenidos/informacion/nobedade_gida/es_9269/adjuntos/es_Pio_Baroja.pdf" target="_blank">Pío Baroja</a>, <a href="http://www.letraslibres.com/index.php?art=6983" target="_blank"><em>Memorias</em></a> de Carlos Barral, <em>Recuerdos y olvidos</em> de <a href="http://www.ffayala.es/" target="_blank">Francisco Ayala</a>, etc.</p>
<hr size="2" />
<p align="left"><span style="color: #0000ff;"><strong><span style="text-decoration: underline;">NOTAS:</span></strong></span></p>
<blockquote><p><a name="cita1"><code>[1]</code></a> <strong>Gil González, Antonio Jesús</strong> (2001) <em>Teoría y crítica de la metaficción en la novela española contemporánea. “A propósito de Álvaro Cunqueiro y Gonzalo Torrente Ballester”.</em> [tesis doctoral dirigida por José Antonio Pérez Bowie]. Salamanca: Universidad de Salamanca, [Archivo de ordenador]. p. 58:<br />
“A veces la acción enfocada no es siquiera la de escribir, sino la de <em>inventar, imaginar</em> o incluso la de soñar, del mismo modo que las voces narrativas con frecuencia piensan, sienten, imaginan enunciados lingüísticos que no se presentan a través de <em>verba dicendi</em>, y sin embargo, la convención narrativa es que percibimos su discurso. Se trata, pues, de novelas que dedican amplios espacios de su textualidad a la reflexión sobre la ficción, el acto de narrar o de escribir, sobre la creación literaria en suma. En este paralelismo crítico, es el <em>monólogo interior</em> del autor, frente al explícito <em>decir</em> de la escritura en la <em>metanarración</em>.<br />
Es <em>metanarrativa</em>, por otra parte, la novela que, obviando el imposible lógico, representa, ficcionalizado, el proceso de su propia escritura. […] el <em>metadiscurso</em> utiliza la convención <em>realista</em>, de estar mostrando la reflexión autorial de un modo mimético, verosímil. La <em>metanarración</em>, al contrario, acude a la ilocución contraria: la de sorprender al lector, extrañarle ante la paradoja (semánticamente tan bien reflejada, por otra parte, en la expresión <em>mise en abyme</em>) desde convenciones contrarias, antirrealistas, próximas a las que instituye el relato fantástico o maravilloso: que bien contraviene o bien exige la suspensión de las condiciones de verdad, y de las convenciones narrativas en las que éste está básicamente instalado”.</p>
<p><a name="cita2"><code>[2]</code></a> <a href="http://www.suspiriadigital.com/readarticle.php?article_id=29" target="_blank">Pozuelo Yvancos, José María</a> (2006). <em>De la autobiografía. Teoría y estilos</em>. Barcelona: Crítica. p. 69:<br />
“La autenticidad o no del pacto autobiográfico sólo puede resolverse en el espacio de su lectura, y éste no es un espacio de definición individual por un autor o un lector, sino un horizonte de reglas intersubjetivas, supraindividuales, institucionales, genéricas.<br />
A este propósito Bruss no ha alcanzado sin embargo a distinguir género y acto, pues de su estudio parece deducirse que hay equiparación; incluso más, que la «categoría literaria» es preexistente y el texto una consecuencia. No. La pertinencia de la asimilación entre género e <em>institución</em> la entiendo mejor argumentada por F. Cabo [1992: <em>El concepto de género y la literatura picaresca</em>, p. 228-236], quien entiende el género como una categoría superior al macro-acto de habla, como el lugar donde puede resolverse el objeto común a escritores y lectores, el lugar donde es posible la comunicación entre ellos. Los autores no realizan actos dirigidos a los lectores. Los autores <em>comunican</em> actos. Por ello es tan importante el género, porque la textualidad no es allí una consecuencia automática de un esquema cognitivo. La institución genérica no es solamente un <em>a priori</em>. Su valor como horizonte social, histórico, de intercambio es la realización de esquemas simbólicos de comunicación que dialécticamente son a la vez el contexto donde entender los textos y los textos mismos como referente de ese contexto”.</p>
<p><a name="cita3"><code>[3]</code></a> <strong>Pozuelo Yvancos, José María</strong> (1993) <em>Poética de la ficción</em>. Madrid: Síntesis. p. 31.<br />
<strong>&gt;</strong> <a href="http://auladeletras.wordpress.com/2007/05/16/articulo-de-jmpozuelo-yvancos-en-abc-%C2%BFque-literatura-ensenamos/" target="_blank">Pozuelo Yvancos, José María</a> (1983) <em>La lengua literaria</em>. Málaga: Ágora. (61-83) p. 16:<br />
“el discurso entendido como un acto global de la comunicación”.</p>
<p><a name="cita4"><code>[4]</code></a> Son numerosos los binomios que matizan la <em>metapoesía torguiana</em>: alegría y tristeza, instinto y razón, trabajo e inspiración, sufrimiento y complacencia, aislamiento e integración, individualismo y solidaridad, introversión y extroversión, etc. Una visión dinámica y totalizadora del yo y el mundo. Una reflexión y comunicación, síntesis de lo racional y de lo emocional, de lo íntimo y lo público.<br />
<a href="http://alfarrabio.di.uminho.pt/vercial/torga.htm" target="_blank"><strong></strong></a><strong><a>Torga, Miguel</a> </strong><br />
- (1988) <em>Diario (1932-1987).</em> Selección, traducción, índices y notas de <strong>Eloísa Álvarez</strong>. Madrid: Alianza. pp. 371 y 441.<br />
- (1997) <em>Diario II (Últimas páginas. 1987-1993)</em>. Traducción, índices y notas de <strong>Eloísa Álvarez</strong>. Madrid: Alfaguara-Santillana. p. 116.</p>
<p><a name="cita5"><code>[5]</code></a> <a href="http://www.literaturate.com/tzvetan-todorov-un-autor-prolifico/" target="_blank">Todorov, Tzvetan</a> (1990) “Las categorías del relato” En: <strong>Barthes, Roland [et al.]</strong> <em>Análisis estructural del relato</em>. México: Premiá. pp. 155-192.</p>
<p><a name="cita6"><code>[6]</code></a> <a href="http://elnarrativista.blogspot.com/2007/11/entrevista-roger-chartier.html" target="_blank">Chartier, Roger</a> (2007) <em>La historia o la lectura del tiempo</em>. Barcelona: Gedisa. p. 39:<br />
“Entre historia y ficción, la distinción parece clara y zanjada si se acepta que, en todas sus formas (míticas, literarias, metafóricas), la ficción es «un discurso que &#8220;informa&#8221; de lo real, pero no pretende representarlo ni acreditarse en él», mientras que la historia pretende dar una representación adecuada de la realidad que fue y ya no es. En ese sentido, lo real es a la vez el objeto y el garante del discurso de la historia.”</p>
<p><a name="cita7"><code>[7]</code></a> <strong>Núñez Ramos, Rafael</strong> (2000) “La poesía histórica y la poesía como historia”. En: <strong>Romera Castillo, José y Gutiérrez Carbajo, Francisco (eds.)</strong> <em>Poesía histórica y (auto)biográfica (1975-1999). Actas del IX Seminario Internacional del Instituto de Semiótica literaria, teatral y nuevas tecnologías de la UNED</em>. Madrid: Visor. p. 17 y 25.</p>
<p><a name="cita8"><code>[8]</code></a> Cita repetitiva de <a href="http://bibliologia.info/instancias-del-yo-autobiografico/" target="_blank">Instancias del yo autobiográfico</a>: <a href="http://www.youtube.com/watch?v=1G10FaI7csc" target="_blank">Mourao-Ferreira, David</a> (1978) “Poética e poesía no Diário de Miguel Torga”. <a href="http://www.coloquio.gulbenkian.pt/" target="_blank"><em>Coloquio|Letras</em></a>, nº 43, maio de 1978, pp.7-19:<br />
«De edifício se trata, com efeito. De monumento, em suma. E de substantivo monumento que adjectivamente apresenta, como todos os monumentos dignos deste asome, um interesse documental de variada ordem e do mais alto significado. Monumento que é documento, antes de mais, do pessoalíssimo itinerário humano de quem o escreve, o Diario de impõe-se também como privilegiado documento — e nem há outro que entre nós se lhe compare — do tempo e do espaço em que tem sido escrito. As vicissitudes históricas que lhe servem não só de background, mas ainda de continuado referente, espacializam-se, a cada instante, na realidade portuguesa — tanto geográfica e social como espiritual e étnica — que Miguel Torga conhece como ninguém; e incessantemente se confrontam, por outro lado, com os estalões culturais de além-fronteiras a que atento se mantém, ou in locis ou através da leitura e da reflexão». p. 8</p>
<p><a name="cita9"><code>[9]</code></a> <strong>Torga, Miguel </strong>(1997) <em>op. cit</em> p. 68.</p>
<p><a name="cita10"><code>[10]</code></a> <strong>Romera Castillo, José</strong> (2006) <em>De primera mano. Sobre escritura autobiográfica en España (siglo XX)</em>. Madrid: Visor Libros. p. 149:<br />
“En España, las editoriales se han volcado, como ha sucedido con la novela histórica, y los lectores las han seguido de una manera muy fiel. Por ejemplo, la editorial Planeta tienen una colección, <em>Memoria de la historia</em>, en la que «se recrean las vidas de algunos personajes, con el fin de ofrecer a los lectores la Historia contada por quienes la hicieron, por los mismos <em>personajes</em> que en vez de figurar en las páginas de los libros como objeto pasivo, adquieren voz y nos cuentan su vida y sus peripecias. La Historia como una novela personal, autobiográfica, en la que todo lo que aparece en estas páginas es verdad, con hechos ciertos y comprobados, pero que se presentan con la inmediatez y el dramatismo que da al relato la voz del protagonista, supuesto historiador de sí mismo gracias a la pluma de unos escritores que consiguen el difícil y apasionante equilibrio entre los materiales de la crónica, tratados con el máximo respeto, y el enfoque que corresponde a la más amena de las narraciones novelescas. Otra vertiente de estas semblanzas es la evocación de <em>episodios</em> del pasado en tercera persona con todo el rigor que exige el trabajo del historiador y la amenidad de la novela».”</p>
<p><a name="cita11"><code>[11]</code></a> <a href="http://plato.stanford.edu/entries/ricoeur/#1" target="_blank">Ricoeur, Paul</a><strong> </strong>(2003) <em>La memoria, la historia, el olvido</em>. Madrid: Trotta. p. 157:<br />
“se considera a la memoria colectiva como una selección de huellas dejadas por los acontecimientos que afectaron al curso de la historia de los grupos concernidos, y se le reconoce el poder de escenificar estos recuerdos comunes con ocasión de fiestas, de ritos, de celebraciones públicas.”</p>
<p>También, habla de <em>las cicatrices de la memoria</em> Rafael Núñez en un artículo oportuno, por la reflexión actual, sobre todos de nuestros políticos, en el que comienza señalando como en:<br />
“En el debate político e intelectual de nuestros días el concepto de &#8216;memoria&#8217; ha desplazado al de &#8216;historia&#8217; o lo ha sometido a su dictado: memoria histórica, memoria colectiva, recuperación de la memoria, reconstrucción de la memoria democrática y diversas variantes -aunque siempre con el mismo sentido reivindicativo- que se aplican habitualmente a nuestra guerra civil y la represión franquista o, en su vertiente complementaria (como pacto de olvido, desmemoria censurable, silencio impuesto, etc.) a los acuerdos que hicieron posible la Transición. En todos esos casos, como cualquier observador mínimamente imparcial tiene que reconocer, se instrumentaliza la memoria, el pasado se pone a disposición servil del presente y la historia, en fin, se convierte en arma arrojadiza en la controversia política, cuando no directamente deviene en tosco recurso de las necesidades partidistas.”  De:<br />
<strong>&gt; Núñez, Rafael</strong> (2008) “Las cicatrices de la memoria” <em><a href="http://www.vocento.com/Castellano/accion-cultural/noticiero-ideas.html" target="_blank">El Noticiero de las ideas</a></em>, nº 35, julio-septiembre de 2008. Madrid: Fundación Vocento / Comeresa Prensa. pp.15-17.</p>
<p><a name="cita12"><code>[12]</code></a> «<strong>memoriógrafo</strong>: Autor de libros de memorias». Según el <em><a href="http://www.rae.es/rae.html" target="_blank">Diccionario de la Lengua Española</a></em>, de la <strong>Real Academia Española</strong>.</p>
<p><a name="cita13"><code>[13]</code></a> <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Julio_Caro_Baroja" target="_blank">Caro Baroja, Julio</a> (1986) <em>Género biográfico y conocimiento antropológico. Discurso leído el día 15 de junio de 1986, en su recepción pública y contestación del Excmo. Sr. Don Manuel Alvar López.</em> Madrid: Caro Raggio. p. 32.<br />
El <a href="http://bibliologia.info/archivos/carobarojaDiscursorae.pdf" target="_blank">texto íntegro</a>, que pueden leer, finaliza con la siguiente aseveración:<br />
“Llego al final de mi tarea. No sé si habré expuesto de modo claro la idea que tengo acerca de lo que es el género biográfico en sus variedades, como instrumento de investigación antropológica arrancando de una tesis de Kant. En todo caso, creo que nos da un punto de referencia esencial en la medida del hombre, bien considerado individualmente, bien como ser social e histórico, por lo tanto. La biografía puede proporcionar imágenes coherentes o imágenes contradictorias: porque el hombre como «medida» de sí mismo es coherente por un lado, incoherente y contradictorio por otro. El hombre está en una encrucijada que es su propia vida. Toda Antropología que se desentienda del hombre en sí, será lo que sea: Sociología, Teoría de la Cultura, una Metodología particular, algo muy respetable dentro de su limitación: pero no Antropología en el sentido más profundo de la palabra.&#8221;</p>
<p><a name="cita14"><code>[14]</code></a> <strong>Rocha, Clara</strong> (1992) <em>Máscaras de Narciso. Estudos sobre a literatura autobiográfica em Portugal</em>. Coimbra: Livraria Almedina. p. 28-39.</p>
<p><a name="cita15"><code>[15]</code></a> <strong>Alvar López, Manuel</strong> (1986) “<a href="http://bibliologia.info/archivos/malvardiscursorae.pdf" target="_blank">Discurso de recepción de Julio Caro Baroja como académico de la R.A.E.</a>” En: <a href="http://juliocarobaroja.gipuzkoakultura.net/index-es.php" target="_blank">Caro Baroja, Julio</a> <em>op. cit.</em> 49.</p></blockquote>
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		<title>Diarios. Memoria e historia [1]</title>
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		<pubDate>Tue, 19 Aug 2008 21:43:27 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José María Vivancos</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Cuanto más releo la obra torguiana «comprendo mejor»[1], al artista responsable que se deriva de las nociones bajtinianas[2], al intelectual en el espacio de las tomas de posición estudiado por Bourdieu[3], al poeta en el oficio como ética de García Montero[4], y al lector autobiográfico de Lledó[5]. De tal forma que, mejor diálogo conmigo mismo, [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Cuanto más releo la <a href="http://bibliologia.info/archivos/BiobiblioMTorga.pdf" target="_blank">obra torguiana</a> «comprendo mejor»<code><a href="#cita1">[1]</a></code>, al <em>artista responsable</em> que se deriva de las nociones bajtinianas<code><a href="#cita2">[2]</a></code>, al intelectual en el <em>espacio de las tomas de posición</em> estudiado por Bourdieu<code><a href="#cita3">[3]</a></code>, al poeta en <em>el oficio como ética</em> de <a href="http://bb.domaindlx.com/bonney76/montero/principal.htm" target="_blank">García Montero</a><code><a href="#cita4">[4]</a></code>, y al <em>lector autobiográfico</em> de Lledó<code><a href="#cita5">[5]</a></code>. De tal forma que, mejor diálogo conmigo mismo, y más a más, asumo mi memoria personal y el diálogo que en el día a día entablamos con la memoria colectiva de la historia. Llego a convencerme de que el poeta es a veces más un historiador que filósofo y a veces más filósofo que historiador. Es un artista que, a través de la contextualización de los sentimientos humanos, es capaz de universalizar y exponer los hechos concretos de la vida, y a veces logra con el tiempo su escritura, explicarnos la vida y que sí no, al menos se acerca a ello. La poesía es <em>un medio de conocimiento de la realidad</em> como afirmó <a href="http://www.usc.es/catedras/valente/index.html" target="_blank">José Ángel Valente</a>.</p>
<p>Se viene hablando de relaciones de proximidad o paralelismo entre la poesía y la autobiografía desde el romanticismo, para entrever como el autobiógrafo al igual que el poeta, transfiere a su narración su interioridad – <em>yo introvertido</em> -. Ya se ha visto que el discurso autobiográfico presupone una actitud de comunicación entre personas – <em>intersubjetiva</em> -, donde existe un <em>yo referencial</em>. Ocurre en la poesía, en muchos casos, contra lo expresado en este aspecto por la profesora Clara Rocha que entiende que en la mayoría de los casos el yo poético, es un <em>yo sin referencia</em>. La función autopoética o la poética de autor indican que cierta poesía pueda asociarse a la <em>escritura del yo</em>.<span id="more-207"></span></p>
<p>En la actualidad, desde que a partir de los años sesenta el pensamiento literario ha profundizado en las teorías del <em>metalenguaje</em> (lenguaje sobre otro lenguaje objeto), se ha llegado a conceptualizar la <em>metapoesía</em> (el discurso poético cuyo asunto, o uno de cuyos asuntos, es el hecho mismo de escribir poesía y la relación entre autor, texto y público) por <a href="http://www.cervantesvirtual.com/bib_autor/carnero/">Guillermo Carnero</a><code><a href="#cita6">[6]</a></code>, y entendido como la <em>centralidad de la auto-reflexividad</em> del género lírico se proponga como meta-poesía, de la que habla Pozuelo Yvancos<code><a href="#cita7">[7]</a></code>. Y que fuera <a href="http://www.cervantesvirtual.com/bib_autor/AGonzalez/" target="_blank">Ángel González</a>, poeta de la “generación de los cincuenta”, el primero en usar el término <a href="http://bibliologia.info/archivos/agonzalezMetapoesia.pdf" target="_blank"><em>metapoesía</em> </a>– tal como señala el profesor Gil González<code><a href="#cita8">[8]</a></code>, en un texto creativo -, pone de relieve que la «autoreferencia de su lenguaje poético viene a ser una de las características principales de esta generación de poetas. El proceso metapoético es el tema así como el método de su creatividad» como indica Margaret Persin<code><a href="#cita9">[9]</a></code>.</p>
<p>Iterativamente, la <em>escritura del yo</em>, que se singulariza por la identidad del narrador y del personaje principal, son <em>textos auto-referenciales</em>. Todo texto referencial, reenvía a una realidad <em>extratextual</em> sobre la cual pretende informar, sometiéndose a una prueba de verificación. El autobiógrafo o diarista dirige su obra a <em>re-construir</em> un pasado – <em>su pasado</em> – y lo estructura como un proyecto que pertenece al presente – <em>su presente</em> -. Un proyecto inacabado, como la propia vida, consciente e introspectivo, abierto al futuro<code><a href="#cita10">[10]</a></code>. Es decir, <em>auto-reflexividad y auto-referencialidad</em>, características del género memorialístico, también lo son de la metapoesía. No es casual que <a href="http://www.vidaslusofonas.pt/miguel_torga.htm" target="_blank">Miguel Torga</a> combinara la poesía con el texto diarístico, dando lugar a que su Diário adquiriese una fuerza expresiva e histórica únicas.</p>
<p>Asimismo, desde el romanticismo, se marginó a la poesía de la esfera de la ficcionalidad situándola con exclusividad en el campo de la expresividad subjetiva. Inicialmente, ateniéndose al carácter comunicativo de la Literatura, se muestran aparentemente inconciliables <em>diario/s</em> y Literatura, dado que:</p>
<p>1. Se ha entendido al <em>diario/s</em> como libro-dietario, en el ámbito de lo íntimo y no en el campo de lo público. Es decir, que «el auténtico diario es lo contrario de la Literatura en cuanto tal», pues «la condición más universal de toda Literatura: el ámbito público de la comunicación».<br />
2. La obra literaria se comprende como <em>opus</em>, en relación al concepto de totalidad, mientras que el <em>diario/s</em> se caracteriza por su fragmentarismo, su referencia a una personalidad y contexto, su espontaneidad, su formulación abreviada, sin barreras estilísticas.<br />
3. La Literatura «proyecta imágenes de un anti-mundo imaginario» y el <em>diario/</em>s es un género donde prima lo documental y descriptivo.</p>
<p>No obstante, tal como señala en su artículo el profesor Picard<code><a href="#cita11">[11]</a></code> el <em>diario/s</em> es Literatura, desde que <a href="http://englishhistory.net/byron/contents.html" target="_blank">Lord Byron</a> en 1830 publica sus diarios<code><a href="#cita12">[12]</a></code>, gracias al trasvase de la intimidad a la publicidad, pierde su estatuto de privado y se introduce en el sistema de consumo colectivo. Aunque, puede publicarse por voluntad ajena, editándose tras la muerte del autor.</p>
<p>Ahora bien, el <em>diario/s</em> es narración y como tal es:</p>
<p>1. Prodigio humano que radica en crear y abarcar relatos personales en un entorno delimitado, en un contexto social e histórico concreto. Envuelto en la confidencia, en la extroversión de la vida íntima. Acto de contrición.<br />
2. Proviene de la acción del diarista y brota ante la necesidad de autenticidad. Aspira a ser coherente hasta el final. Con ánimo de preservar la libertad y la conciencia individual<code><a href="#cita13">[13]</a></code>.<br />
3. Tiene sus propias características integradas en el tiempo y el espacio, cronológica-secuencial y formal-estructural. Siempre disponible y discontinuo. Es plural e irregular, fragmentario, repetitivo, sucesión de días y sucesos<code><a href="#cita14">[14]</a></code>.<br />
4. Emplea todos los recursos cognitivos del sujeto para cubrir las características anteriores, organizando y dando sentido a la experiencia, logrando la comunicación consigo y con los otros. Le impulsa el deseo de aproximación y comunicación.<br />
5. Conlleva consecuencias personales y sociales, pues es un acto de reconstrucción de la propia identidad y del contexto vital. Una identidad a descubrir e inventariar.<br />
6. Facilita su lectura, en paralelo a su escritura, de manera discontinua y desordenada sin tener que verse afectada por ello su comprensión<code><a href="#cita15">[15]</a></code>.</p>
<blockquote><p>«Narrar es tejer un hilo inconsútil que resiste a la secante<br />
interposición de la muerte y engendra contra ésta la duración. […]<br />
Porque el primer y más sustancial contenido de una narración es<br />
el narrar mismo. […] Así, ser es ser narrado. […] La relación mítica<br />
y la recíproca simbología del tejer y el decir, del tejido y de la<br />
palabra, son sobradamente conocidas. […] hay – recuerdo a este<br />
propósito- un sueño memorable en la autobiografía espiritual de<br />
<a href="http://www.ibnarabisociety.org/" target="_blank">Ibn Arabi</a>, en el que la imagen onírica del acto de tejer una red<br />
representa la composición de un poema. […] El que narra teje y<br />
prolonga en la duración el hilo de la memoria. […] Todas las<br />
palabras individuales, entrelazándose como hilos, tejen las<br />
relaciones de los hombres y forman una gran banda de tela<br />
ininterrumpida de generación en generación. […] Los tiempos no<br />
fluyen, se coagulan. La memoria se disuelve. Disuelve los tiempos<br />
en el tiempo que, al no escindirse (pasado, presente, futuro), es a<br />
la vez un no tiempo. ¿Sería la eternidad? Sí, sería la eternidad o el<br />
instante, que son lo mismo. […] Por eso, narrar es propiciar la<br />
duración; durar sobre los tiempos en un tiempo sin tiempo; hilar el<br />
hilo de la memoria, que es igual a seguir el hilo de la narración. […]<br />
El que lleva el hilo de la narración o de la memoria no muere. Está<br />
dentro de un tiempo no amenazado por la coagulación. […] De ahí<br />
que la narración nunca haya de quedar del todo conclusa. […] Y así<br />
el narrador, en la suspensión de los tiempos, no muere: se va<br />
haciendo universo, urdimbre y trama.(J.A. Valente)<code><a href="#cita16">[16]</a></code></p></blockquote>
<hr size="2" />
<p align="left"><span style="color: #0000ff;"><strong><span style="text-decoration: underline;">NOTAS:</span></strong></span></p>
<blockquote><p><a name="cita1"><code>[1]</code></a> <strong>Lledó, Emilio</strong> (1998) <a href="http://www.ucm.es/info/especulo/numero10/lledo2.html" target="_blank"><em>El silencio de la escritura</em></a>. Madrid: Espasa Calpe.<br />
<strong>&gt;</strong> El intérprete; p.131: “El intérprete no comprende mejor al autor, porque este término es para él tan difícilmente objetivable como para el autor su propia e inasible mismidad en la que, por cierto, debido al curso mismo del tiempo, todo es absoluta alteridad. El proceso de interpretación del «comprender mejor» (<em>besser verstehen</em>) no puede consistir, por consiguiente, en «traer claramente a la consciencia» (<em>zum klarem Bewusstsein bringen</em>) el impreciso fluir de todo un mundo que sólo en el momento del acto de escritura emerge parcialmente para la consciencia de su autor”.<br />
<strong>&gt;</strong> A primera vista; p.136: “A primera vista, y en el marco de un cierto escepticismo ante la obsesiva temática relacionada con lo que Rorty llama <em>textualismo</em> como forma peculiar del idealismo en el siglo XX, podría pensarse que no es importante trazar la frontera de ese posible <em>comprender mejor</em>, aunque sea desde la supuesta perspectiva del autor a quien precisamente el <em>textualismo</em> ha condenado a desaparecer. Sin embargo, el problema que plantea la pregunta: «qué significa comprender a un autor mejor de lo que él se comprende a sí mismo», es algo más que un mero juego retórico sobre cuestiones en buena parte agotadas”.<br />
<strong>&gt; </strong>En el comprender; p.137: “En el comprender no se ofrece sólo la posibilidad de penetrar el sentido de lo que se dice, sino que, a través de ello, tiene lugar una forma de la felicidad”.<br />
<strong>&gt;</strong> En el dominio; p.140: “En el dominio del lenguaje natural, las palabras, incluso en un lenguaje que pretende niveles de objetividad, se arrastran y condicionan mutuamente. El control del escritor se va determinando en diversos actos de selección que sin embargo actúan con aquellos <em>ofrecimientos</em> semánticos que van aflorando a su consciencia.<br />
En ciertas formas de lenguaje escrito, condicionado por la correspondencia con una forma de <em>objetividad</em> histórica, jurídica, etc., la línea de la escritura se demarca entre la <em>voluntad</em> del autor, su <em>creatividad</em>, y las limitaciones que tiene que aceptar, en función de los elementos objetivos que dan sentido y contenido a su escritura. Pero el dominio de la creación literaria o, incluso, filosófica, el mecanismo de la producción funciona sobre engranajes absolutamente libres por lo que al grado de <em>objetividad</em> se refiere”.<br />
<strong>&gt;</strong> De la misma manera; p.141: “De la misma manera a como, en la creación literaria, el lenguaje emerge desde un fondo que selecciona temas, perspectivas, ideas, en otras formas de lenguaje más sujetas a una cierta <em>objetividad</em>, hay un fondo, también común a ambas proyecciones de lenguaje, que tiñe todos los productos de la escritura con el colorido que le presta ese otro concepto, vagaroso también pero real, de la <em>personalidad</em> del autor”.<br />
<strong>&gt;</strong> Convertido: p.143: “Convertido en una estructura autónoma (textualismo), y sin el contraste de un mundo de ideas que sea la garantía de sus proposiciones, el texto queda supeditado a la subjetividad de su intérprete. Fuera de la intención, de la historia, del tiempo de su posible autor, el texto es pura referencia de sí mismo o, en última instancia, de otros textos. ¿Quién garantiza, entonces, y cómo, la veracidad de una interpretación? ¿Quién establece la preeminencia de una lectura? ¿Qué entendemos por «comprender mejor» un texto? ¿«Mejor» que quién? Si «readings is an experience», esa experiencia es difícilmente transferible y, por supuesto, absolutamente incomparable”.</p>
<p><a name="cita2"><code>[2]</code></a> <strong>Bajtín, Mijail M.</strong> (1995) <em>Estética de la creación verbal</em>. México: Siglo XXI Editores. pp. 11-12: “<a href="http://bibliologia.info/archivos/arteresponsablebajtin.pdf" target="_blank">Arte y responsabilidad</a>”.</p>
<p><a name="cita3"><code>[3]</code></a> <strong>Bourdieu, Pierre</strong> (1995) <em>Las reglas del arte. Génesis y estructura del campo literario</em>. Barcelona: Anagrama. pp. 342-347: “<a href="http://bibliologia.info/archivos/bourdieutomaposicion.pdf" target="_blank">Espacio de las tomas de posición</a>”.</p>
<p><a name="cita4"><code>[4]</code></a> <strong>García Montero, Luis</strong> (2000) “<a href="http://bibliologia.info/archivos/garciamonteroOficio.pdf" target="_blank">El oficio como ética</a>”. En: <strong>Romera Castillo, José y Gutiérrez Carbajo, Francisco (eds.) </strong><em>Poesía histórica y (auto)biográfica (1975-1999). Actas del IX Seminario Internacional del Instituto de Semiótica literaria, teatral y nuevas tecnologías de la UNED</em>. Madrid: Visor. pp. 87-103.</p>
<p><a name="cita5"><code>[5]</code></a> <strong>Lledó, Emilio</strong> (1998) <em>Op. cit </em>pp. 144-146:<br />
“Es el lector o intérprete el responsable total de su «versión». Pero el lector, e incluso el lector «intérprete», forma parte de un grupo humano, de una comunidad «institucional» que le impone perspectivas y que, incluso, le selecciona y filtra los problemas. […] La compañía de ese autor —¿autor?—, mejor, la compañía de unos escritos, permite y facilita esa familiaridad. El texto se nos hace familiar, lo cual quiere decir que lo hemos tratado con más asiduidad que el normal trato que tenemos con otras cosas, con otras personas.<br />
Esa asiduidad nos permite entenderle mejor. El amor, decía el viejo refrán. da conocimiento; el amor y, sobre todo, el tiempo. Y tanto el amor como el tiempo son formas que determinan nuestro trato con los textos. El tiempo nos permite insistir en las propuestas teóricas de un diálogo que siempre podemos renovar, que continua mente volvemos a repetir y en cuyo lenguaje, una y otra vez oído y reconocido, encontramos la raíz de nuestra <em>especialización</em>.<br />
Y eso es lo que nos da, suponemos, la posibilidad de una «mejor lectura». Sin embargo, la mera temporalidad, la asiduidad en el diálogo con el texto, no implica necesariamente que lo entendamos mejor. […] Igual que los <em>actos de habla</em> no son simples frases, sino frases situadas<br />
[…] El lector es un lector <em>situado</em> también, y su situación está determinada por sus <em>actos de pensamiento</em>. El diálogo consigo mismo que constituye la reflexión está, en todo momento, situado en el complejo contexto interior que se llama, con mayor o menor precisión, <em>personalidad</em>. Cada <em>acto de pensamiento</em> se sustenta en ese fondo del ser del lector que es, en todo momento, un lector histórico, o sea, un lector <em>autobiográfico</em>.[…] La lectura, sin embargo, es una <em>praxis</em>, una forma de realización y de vida, una forma de ser <em>a la que se ha llegado</em>. El lector <em>autobiográfico</em>, al que me refiero, es un lector real, un hombre concreto que no sólo se limita a gozar el <em>placer del texto</em>, sino que escribe y nos cuenta en otro texto su experiencia con él, o se habla a sí mismo, desde los condicionamientos de su personal historia, el etéreo diálogo de su propia interpretación”.</p>
<p><a name="cita6"><code>[6]</code></a> <strong>Carnero, Guillermo</strong> (1983) “La corte de los poetas. Los últimos veinte años de poesía española en castellano”. <em>Revista de Occidente</em>.  Nº 23. Madrid: Fundación José Ortega y Gasset. pp. 43-59.<br />
También pueden leer de Guillermo Carnero el artículo: “<a href="http://bibliologia.info/archivos/poesia19782_2.pdf" target="_blank">Poesía de posguerra en lengua castellana</a>”. <em>Poesía. Revista ilustrada de información poética</em>. Nº 2. Madrid: Dirección General de Difusión Cultural. Ministerio de Cultura. pp. 77-90.</p>
<p><a name="cita7"><code>[7]</code></a> <strong>Pozuelo Yvancos, José María</strong> (1999) “Pragmática, poesía y metapoesía en «El poeta» de Vicente Aleixandre”. En: <strong>Cabo Asenguinolaza, Fernando (comp.)</strong> <em>Teorías sobre la Lírica.</em> Madrid: Arco Libros. p. 181:<br />
“convención primera que el estatuto pragmático del género lírico ha asumido en sus formulaciones contemporáneas ha sido la <em>auto-reflexividad</em> de su discurso. La poesía lírica parece querer anular su dependencia –ineludible, como en cualquier otro mensaje– respecto de la referencia a los «estados de hecho» para proponerse como auto-revelación, como lenguaje emergente con visible separación de las construcciones referenciales que la mirnetización de acciones históricas parecen imponer a los discursos narrativos. Tanto K. Stierle (1977), desde la perspectiva de la fenomenología, como M. Riffaterre (1978) y M. Corti (1976), desde la semiótica, han insistido en esta <em>función reflexiva</em>, responsable último de la tendencia a proponerse como meta-poesía que todo poema revela”</p>
<p><a name="cita8"><code>[8]</code></a> <strong>Gil González, Antonio Jesús</strong> (2000) “Autobiografía y metapoesía: el autor que vive en el poema”. En: <strong>Romera Castillo, José y Gutiérrez Carbajo, Francisco (eds.)</strong> <em>Op. cit</em> p. 296:<br />
[No es] “casual que la primera utilización que conozco del término metapoesía, en un texto de creación precisamente y no de pensamiento, aparezca en el libro de Ángel González (1977), <em>Muestra, corregida y aumentada, de algunos procedimientos narrativos y de las actitudes sentimentales que habitualmente comportan</em>, de título extraordinariamente significativo en relación a lo que nos ocupa:<br />
Desde el comienzo del libro encontraremos el ejemplo idóneo de la relación que me propongo ilustrar entre lo autobiográfico y lo metapoético, en relación con la identificación en un mismo sujeto lírico de un «yo que escribe» con un «yo que existo» o «yo que recuerdo»”.<br />
<strong>&gt;</strong> <strong>González, Ángel</strong> (2004) “Metapoesía”. En: <em>Palabra sobre palabra. Obra completa (1956-2001)</em>. Barcelona: Seix Barral. pp. 314-318.</p>
<p><a name="cita9"><code>[9]</code></a> <strong>Persin, Margaret H. </strong>(1986) <em>Poesía como proceso. Poesía española de los años 50 y 60</em>.  Madrid: José Porrúa. p. 21:<br />
“Las características principales que acabo de citar —<em>poesis</em> como proceso, nuevos modos de expresión, la dialéctica presencia/ausencia, humor e intertextualidad indican todas un conocimiento sustancial y de largo alcance por parte de los poetas mismos de las transformaciones y de la indecidibilidad final del lenguaje. Este conocimiento se hace también evidente en el nivel superficial de sus textos. La autoreferencia de su lenguaje poético viene a ser una de las características principales de esta generación de poetas. El proceso metapoético es el tema así como el método de su creatividad. Debido a esta autoreferencia y a la preocupación explícita por los enigmas del lenguaje, la poesía de esta generación de escritores españoles es especialmente adecuada para los métodos estructuralistas y postestructuralistas de la crítica literaria”.</p>
<p>O bien como señala el, catedrático de Literatura comparada de la Universidad de Salamanca, profesor <a href="http://www.cervantesvirtual.com/FichaAutor.html?Ref=5104" target="_blank">José Antonio Pérez Bowie</a> (2000) “Lírica y biografía (Acerca de los poemas con personaje histórico analógico en la lírica española contemporánea)”. En: <strong>Romera Castillo, José y Gutiérrez Carbajo, Francisco (eds.)</strong> <em>Op. cit </em>p. 596:<br />
“En nuestra poesía contemporánea es Cernuda el iniciador del monólogo dramático que será profusamente cultivado por los poetas de la generación del 50 y que sigue vigente en los poetas de la últimas promociones, quienes a pesar de «la vuelta a la sentimentalidad» siguen defendiendo la concepción de la poesía como «representación»”.<br />
Y p. 606: “en esa atracción por el pasado de nuestros líricos contemporáneos hay algo más que la búsqueda de una máscara tras la que ocultar el propio yo; pienso que no resulta arriesgado interpretarla además como la expresión de la plena libertad para evocar y reinventar el pasado: éste deja de ser entendido como un fluir sucesivo para contemplarse como una selección de momentos aislados que se elevan a la categoría permanente y eterna de un presente inmóvil. No es la historia lo que importa, mera construcción artificial como todo relato y, por ello, pura ficción. Por ello no es la biografía como devenir lo que estos poemas intentan captar sino la eternidad de un momento que, en cuanto aislado del fluir temporal, puede estar permanentemente actualizable y disponible para ser asumido por el hablante lírico que se siente,”</p>
<p><a name="cita10"><code>[10]</code></a> Véanse artículos anteriores: <a href="http://bibliologia.info/actitudes-del-narrador-referencia-y-auto-referencia/" target="_blank">Actitudes del narrador. Referencia y auto-referencia</a> y <a href="http://bibliologia.info/espacio-autobiografico/" target="_blank">Espacio autobiográfico</a></p>
<p><a name="cita11"><code>[11]</code></a> <strong>Picard, Hans Rudolf</strong> (1981) “<a href="http://bibliologia.info/archivos/diariosPicard.pdf" target="_blank">El diario como género entre lo íntimo y lo público</a>”. <em>1616. Anuario de la Sociedad Española de Literatura General y Comparada</em>. Vol. IV (Año 1981). Madrid: Sociedad Española de Literatura General y Comparada. pp. 115-122.</p>
<p><a name="cita12"><code>[12]</code></a> Recientemente se han publicado íntegramente en español sus diarios: <strong>Lord Byron</strong> (2008) <em>Diarios</em>. Traducción y edición de <strong>Lorenzo Luengo</strong>. Madrid: <a href="http://www.alamutediciones.com/alamut/titulos/diarios.htm" target="_blank">Alamut</a>.</p>
<p><a name="cita13"><code>[13]</code></a> La profesora Clara Rocha recuerda la obra de <a href="http://www.puf.com/wiki/Auteur:B%C3%A9atrice_Didier" target="_blank">Béatrice Didier</a> (1976) consagrada al estudio del diario <em>Le journal intime</em>, para observar otros aspectos relevantes como:<br />
“El diario es también una forma de ahorrar y acumular valores: reflexiones, hallazgos literarios, recuerdos personales y memorias de un tiempo colectivo. Todos esos bienes pueden ser utilizados más tarde, en otras obras […] Una especie de “cajón” donde se guardan sugerencias literarias a usar en mejor ocasión […] el diario es un “tesoro”, y como tal es necesario protegerlo contra todo lo que pueda ponerlo en peligro, preservarlo contra todos los daños.” En:<br />
<strong>&gt;</strong> <strong>Rocha, Clara</strong> (1992) <em>Máscaras de Narciso. Estudos sobre a literatura autobiográfica em Portugal</em>. Coimbra: Livraria Almedina. p. 28-39.<br />
<strong>&gt;</strong> De <strong>Béatrice Didier</strong> pueden leer el artículo: &#8220;<a href="http://bibliologia.info/archivos/bdidierDiario.pdf" target="_blank">El diario ¿forma abierta?</a>&#8221; [versión abreviada de la conclusión de su libro <em>Le journal intime</em>], publicado en el monográfico dedicado a los Diarios de Revista de Occidente, nº 182-183, Julio-Agosto de 1996. Madrid: Fundación José Ortega Gasset. pp. 39-46.</p>
<p><a name="cita14"><code>[14]</code></a> <strong>Duarte Mathias, Marcello</strong> (1997) “Autobiografías e Diários, sobre diários”. <em>Colóquio| Letras</em>. nº 143/144. Lisboa: Fundação Calouste Gulbenkian.  p. 46:<br />
“[…] el diario es un sismógrafo del propio tiempo a pasar, tiempo presente a emerger y asumirse. Escritura de lo efímero, el diario es un día que no tiene fin. No hay capítulo final porque todos lo son, y ninguno lo es. Tal como en los auto-retratos de Rembrandt, ninguna imagen es definitiva, apenas reverberación de una misma ansiedad nunca extinta. Corolario de todo esto, el diario es una herida abierta que ninguna cicatriz es capaz de sanar [...] Al afirmar su independencia de espíritu, afirma, al mismo tiempo, una irreductible identidad.<br />
[…] Parece pues lícito afirmar que la autobiografía, el diario y las otras formas de conocimiento afines constituyen en el mundo de hoy, más que de un puerto de abrigo, la afirmación de una singularidad de no querer morir y, como tal, se asume y proclama”</p>
<p><a name="cita15"><code>[15]</code></a> Conviene leerse el <a href="http://bibliologia.info/archivos/MAlbercaescritura.pdf" target="_blank"><em>Prólogo y Presentación</em></a> del libro: <strong>Alberca, Manuel</strong> (2000). <em>La escritura invisible. Testimonios sobre el diario íntimo</em>. Prólogo de <strong>Philippe Lejeune</strong>. Oiartzun (Gipuzkoa): Sendoa. pp. 11-17; para obtener más detalles acerca de las características de la escritura diarística propiamente dicha.</p>
<p><a name="cita16"><code>[16]</code></a><strong> Valente, José Ángel</strong> (2004) “La narración como supervivencia”. En: <em>La experiencia abisal</em>. Barcelona: Círculo de Lectores / Galaxia Gutenberg. pp. 181-187. Del mismo libro les invito a leer: “<a href="http://bibliologia.info/archivos/javalentePoesiamemoria.pdf" target="_blank">Poesía, filosofía, memoria</a>&#8220;.</p></blockquote>
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</p>]]></content:encoded>
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		<title>El discurso autobiográfico</title>
		<link>http://bibliologia.info/2008/06/02/el-discurso-autobiografico/%</link>
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		<pubDate>Mon, 02 Jun 2008 16:32:27 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José María Vivancos</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Desde el romanticismo – finales del siglo XVIII &#8211; hasta hoy, no han sido pocos, los que han sugerido que toda producción literaria es autobiográfica. Y actualmente sigue vigente el problema autobiográfico enfrentando a dos corrientes críticas, cuyas interpretaciones se verán más adelante, una, la de los deconstruccionistas que en línea con la proposición antes [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Desde el romanticismo – finales del siglo XVIII &#8211; hasta hoy, no han sido pocos, los que han sugerido que toda producción literaria es autobiográfica. Y actualmente sigue vigente el problema autobiográfico enfrentando a dos corrientes críticas, cuyas interpretaciones se verán más adelante, una, la de los <em>deconstruccionistas</em> que en línea con la proposición antes indicada, sostienen que «toda autobiografía se ha literaturizado», frente a otra de los <em>pragmáticos</em>, que abogan por «afirmar una especificidad genérica a la escritura del yo al margen de la ficción».</p>
<p>Desde ya expondré mi alineación con una tercera corriente, entre los que se encuentran estudiosos de la temática como el ya citado profesor <a href="http://www.cervantesvirtual.com/servlet/SirveObras/01394908622682634868802/index.htm" target="_blank">José María Pozuelo</a> que, sin pretender situar sus criterios en la síntesis de las anteriores – muy al uso en la historia de los planteamientos de investigación cuando pretenden alcanzar una definición de consenso sobre una disciplina o campo de estudio -, ni partir de una visión híbrida – muy fácil de objetivar -, proponen que el discurso autobiográfico es un género autónomo y fronterizo («frontera convencional»<code><a href="#cita1">[1]</a></code>) entre el <a href="http://bibliologia.info/discurso-historico-%e2%80%93-discurso-literario/" target="_blank"><em>discurso histórico vs discurso literario</em></a>.</p>
<p>La <a href="http://www.antroposmoderno.com/textos/posmodernismo.shtml" target="_blank">modernidad</a> y la <a href="http://www.giannivattimo.it/" target="_blank">posmodernidad</a> han cuestionado permanentemente el concepto de género, enfatizando y justificando la libertad ilimitada de la escritura y la trasgresión de todas las reglas. Admitir la libertad y singularidad de cada escritor y su obra no está reñida con la existencia de los géneros literarios, es posible y necesario aceptar con <a href="http://en.wikipedia.org/wiki/G%C3%A9rard_Genette" target="_blank">Genette</a> los géneros como «categorías propiamente literarias»<code><a href="#cita2">[2]</a></code> que «se especifican por el hecho de representar la realidad de modo particular y presentar caracteres estructurales distintos. Cada género literario representa un dominio particular de la experiencia humana, […y…] cada género representa al hombre y al mundo a través de una técnica y de una estilística propias […]»<code><a href="#cita3">[3]</a></code>.<span id="more-201"></span></p>
<p>El no cuestionar la existencia de normas que deben ser respetadas, no conlleva a su absolutización. Las normas deben ser relativizadas en función de las «modificaciones históricas, socioculturales y estéticas sobrevenientes a la producción del texto», los géneros no deben «ser comprendidos como entidades cerradas e incomunicables entre sí. La realidad concreta de la literatura comprueba que, en la misma obra, pueden confluir diversos géneros literarios, aunque se verifique el predominio de uno de ellos»<code><a href="#cita4">[4]</a></code>. Sea dicho de paso, muy presente en la obra de Miguel Torga y otros muchos escritores actuales. Entendemos así, que nuestra opción por situar el discurso autobiográfico al otro lado de lo <em>ficcional</em> y de lo <em>factual</em>, es perfectamente válida y para nada con ella se pretende una práctica del doble discurso o doble lectura.</p>
<p>«Cualquier género literario es una parte integrante de un fenómeno comunicativo, social»<code><a href="#cita5">[5]</a></code>. Vamos a considerar el discurso autobiográfico en sentido amplio como soporte lingüístico, como producto de un acto de enunciación y como proceso que engloba toda la «escritura del yo»<code><a href="#cita6">[6]</a></code>, así que no diferenciamos aquí las autobiografías del resto de la «literatura autobiográfica», incluyendo en ella los diarios claro está – véase <a href="http://bibliologia.info/diarismo/" target="_blank">Diarismo</a> -.</p>
<blockquote><p><em>Coimbra, 20 de Fevereiro de 1969</em>— Que insondável mistério é<br />
um ser humano! Quanto mais vivo e convivo — a observar homens<br />
sãos e doentes —, mais se arreiga no meu espírito a convicção de<br />
que nunca consegui conhecer verdadeiramente nenhum. O que<br />
dizemos e o que fazemos pouco ou nada revelam de nós. Por mim<br />
falo. Converso, escrevo páginas maciças de confissão, actuo, pareço<br />
transparente. E quem um dia quiser saber o que fui, terá de me<br />
adivinhar&#8230;<code><a href="#cita7">[7]</a></code></p></blockquote>
<p>Recordemos pues, que «la coherencia de la forma autobiográfica reside simultáneamente en la diferencia y en la proximidad que existe entre el sujeto y el objeto de la enunciación [Autor]»<code><a href="#cita8">[8]</a></code>, dado que presupone la identidad y la distancia temporal entre un <em>yo</em> actual (A = Narrador) y el <em>yo </em>pasado (A = Personaje retratado). El <em>yo</em> es principio y fin del discurso autobiográfico. No obstante, la &#8220;escritura del yo&#8221; «no puede ser encarada como un proyecto meramente individual ya que las opciones de su esencia pasan, necesariamente, por el factor de coexistencia. El uso del pronombre de primera persona legitima la posibilidad de una elección [escolha], más el sujeto no existe sin el mundo, en virtud de la índole constructiva del existir»<code><a href="#cita9">[9]</a></code>.</p>
<p>«La persona de quien se habla es también la que habla»<code><a href="#cita10">[10]</a></code>, confiere un cierto estatuto ontológico a la escritura del yo, que mantiene una <em>búsqueda de identidad</em> entretanto escribe sobre su vida constatando que la propia acción narrativa, transcrita en el propio texto nunca le repara plenamente la totalidad de lo vivido. Por otra parte, retomando las funciones deícticas de los pronombres personales, hay que recordar que la <em>deixis</em><code><a href="#cita11">[11]</a></code>, cumple un papel importante, ciertamente apunta a un sujeto que enuncia la comunicación en una instancia espacio-temporal, pero ya se refería que dicho argumento es insuficiente para clasificar la escritura del yo, porque atendiendo a la concepción que <a href="http://www.phillwebb.net/History/TwentiethCentury/Continental/(Post)Structuralisms/Structuralism/Benveniste/Benveniste.htm" target="_blank">Benveniste</a> ha dado al discurso, «las partículas lingüísticas por sí mismas no pueden definir la actividad discursiva»<code><a href="#cita12">[12]</a></code>.</p>
<blockquote><p><em>Coimbra, 6 de marzo de 1978</em>. Sigue el calvario del último volumen<br />
de este <em>Diario</em> entre los que lo leen con malos ojos y los que lo<br />
despellejan tendenciosamente. Y no puedo hacer nada. Ni vale la<br />
pena. Al fin y al cabo no lo publiqué para gente así, sino para esos<br />
bienaventurados que, de manera anónima, pero humana, son<br />
capaces de seguir sin reservas el gráfico de las vivencias de un<br />
semejante suyo, agónico, conmocionado por los estremecimientos<br />
atroces de un tiempo sísmico. A seres limpios de alma que, antes<br />
de entrar en la intimidad de un texto, se sienten moralmente<br />
obligados a respetarlo.<code><a href="#cita13">[13]</a></code></p></blockquote>
<p>Que deriva precisamente de la «dimensión pragmática» del <em>discurso autobiográfico</em> comprendiéndolo como «acto literario»<code><a href="#cita14">[14]</a></code>, que bien lo expresa en el título y en el cuerpo de su ensayo Elisabeth Bruss: “L’autobiographie considérée comme acte litteraire” (ya <a href="http://bibliologia.info/discurso-historico-%e2%80%93-discurso-literario/#cita2" target="_blank">citado</a>). Posición que suscriben aquellos que «aun admitiendo que algunas formas autobiográficas utilizan procedimientos comunes a la novela, se resisten a considerar toda autobiografía una ficción», que como ya decíamos al principio, es la postura <em>pragmática</em> que suscriben, además de la mencionada E. Bruss, entre otros P. Lejeune; en oposición a los <em>deconstruccionistas</em> como Derrida, Paul de Man, R. Barthes, que insisten en que «toda narración de un yo es una forma de ficcionalización»<code><a href="#cita15">[15]</a></code>.</p>
<p>Y se llegaba a que el <em>pacto autobiográfico</em> (en el cual el autor se declaraba explícitamente idéntico al narrador y por tanto al personaje, dado que la narrativa es <em>autodiegética</em>), constituye la fórmula más adecuada para definir el <em>discurso autobiográfico</em> porque infiere un contrato de lectura o convenio de identidad que el autor (A = N = P) contrae ante el lector, obligándose a que los hechos presentados del personaje y apoyados por su testimonio (el narrador-autor los testifica) remiten a una verificación histórica. Es decir, pueden tomarse «como <em>argumentos</em> con valor casi documental en una construcción histórica, en un relato con atribuciones de verdad»<code><a href="#cita16">[16]</a></code>.</p>
<blockquote><p><em>Coimbra, 24 de agosto de 1988</em>. El que lea este <em>Diario</em> y se fije en<br />
las fechas, ha de preguntarse sin duda por qué hay tantos vacíos. Y<br />
la respuesta es simple: no he tenido nada que decir. No se me ha<br />
ocurrido una idea, no he sido capaz de un comentario, me he<br />
quedado mudo ante el espectáculo insólito de la vida. Fascinado,<br />
pero aturdido y sin voz. Sólo cuando está muy condicionado mi<br />
espíritu consigue lucirse en la escritura. Soy poeta<br />
circunstancialmente y cronista eventual de mis estados de espíritu.<br />
Y hay ocasiones en que ningún verso aflora, en que ningún estímulo<br />
interior o exterior motiva ninguna expansión. Y me callo. En este<br />
sentido, dejo el mundo con la conciencia tranquila: nunca he escrito<br />
una línea que no fuese para mí un imperativo. Como hombre de<br />
letras he sido siempre un poseso.<code><a href="#cita17">[17]</a></code></p></blockquote>
<p>«El autor es más que una persona: es una persona que escribe y publica. […] la persona socialmente responsable de sus escritos, es el productor de un producto, la obra, y el lector sabe que detrás del nombre de la cubierta, que forma por cierto parte del libro y se sitúa entre el texto y el extratexto, hay alguien capaz de producir ese escrito y a quien remitir esa identificación. Porque en la autobiografía hay un hecho relevante socialmente: el lector entiende que el autor es productor de textos, que su obra justifica su narración y quizá su vida»<code><a href="#cita18">[18]</a></code>. También, al menos para mí, este <em>contrato social</em> se coliga con el <em>principio de autoridad del autor</em>, ya expuesto, al poder autónomo del intelectual, a la búsqueda de su autonomía, de su compromiso político y de su libertad crítica, como diría <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Bourdieu" target="_blank">P. Bourdie</a><code><a href="#cita19">[19]</a></code>.</p>
<p>Explicaba <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Antonio_Gramsci" target="_blank">Antonio Gramsci</a>, que «la autobiografía tiene ciertamente un valor histórico en cuanto que muestra la vida en acción. Por ello, la autobiografía viene a sustituir al ensayo político y filosófico pues describe en acción lo que de otro modo se deduciría lógicamente»<code><a href="#cita20">[20]</a></code></p>
<hr size="2" />
<p align="left"><span style="color: #0000ff;"><strong><span style="text-decoration: underline;">NOTAS:</span></strong></span></p>
<blockquote><p><a name="cita1"><code>[1]</code></a> <strong>Pozuelo Yvancos, José María</strong> (2006) <em>De la autobiografía. Teoría y estilos</em>. Barcelona: Crítica. p. 43: «Una frontera, claro está, convencional, como todas las fronteras, que separa artificialmente un territorio que como territorio será acaso uniformemente ficcional, pero que es línea fronteriza que, en efecto, actúa en la sociedad —y ha actuado— al entenderse en su producción y recepción como discurso distinto, específico y autentificador».</p>
<p><a name="cita2"><code>[2]</code></a> <a href="http://findarticles.com/p/articles/mi_m2342/is_n4_v30/ai_20825547" target="_blank"><strong>Genette, Gerard</strong> </a>(1998) <em>Nuevo discurso del relato</em>. Madrid: Cátedra. p. 79: «los géneros son categorías propiamente literarias, los modos son categorías que dependen de la lingüística, o más exactamente de aquello a lo que hoy se llama pragmática».</p>
<p><a name="cita3"><code>[3]</code></a> <strong>Aguiar e Silva, Vítor Manuel de</strong> (1986) <em>Teoría de la Literatura</em>. Versión española de <strong>Valentín García Yebra</strong>. Madrid: Gredos. p. 188</p>
<p><a name="cita4"><code>[4]</code></a> <strong>Aguiar e Silva, Vítor Manuel de</strong> (1986)<em> ibid.</em> p. 188 y 189. A continuación subraya el profesor Aguiar como «La poética moderna, desengañada de toda clase de tentaciones dogmáticas y absolutistas, buscando en la historia su fundamentación, ha rehabilitado el concepto de género literario. Mencionaremos sólo dos grandes nombres [Staiger y Lukás] de la poética y de la crítica literaria contemporáneas, dos autores profundamente distintos en su formación, en su ideología y en sus métodos de investigación, que repensaron con calma y rigor el concepto de género literario, concediéndole en su obra lugar preponderante».<br />
Si desean profundizar sobre ello, pueden hacerlo leyendo de este clásico de la “Teoría de la Literatura” su capítulo IV sobre los “<a href="http://bibliologia.info/archivos/teorialiteteAguiar4.pdf" target="_blank">Géneros literarios</a>”.</p>
<p><a name="cita5"><code>[5]</code></a> <strong>Pozuelo Yvancos, José María</strong> (2006) <em>op. cit</em> p. 51.</p>
<p><a name="cita6"><code>[6]</code></a> De acuerdo a las acepciones más significativas que del concepto de <a href="http://bibliologia.info/archivos/discursoReis.pdf" target="_blank">discurso</a> refieren:  <strong><a href="http://dialnet.unirioja.es/servlet/extaut?codigo=159055" target="_blank">Reis, Carlos</a> y <a href="http://dialnet.unirioja.es/servlet/autor?codigo=1391570" target="_blank">Lopes, Ana Cristina M</a>.</strong>(2002) <a href="http://jamillan.com/narrato.htm" target="_blank"><em>Diccionario de Narratología</em></a>. Traducción de <a href="http://dialnet.unirioja.es/servlet/extaut?codigo=316458" target="_blank"><strong>Ángel Marcos de Dios</strong></a>. Salamanca: Ediciones Almar.</p>
<p><a name="cita7"><code>[7]</code></a> El texto sólo se encuentra en la versión original portuguesa. La traducción es mía:<br />
<strong>Torga, Miguel</strong> (1999) <em>Diário Vols. IX a XVI (1964-1993)</em>. Lisboa: Dom Quixote. pp. 1153-1154:<br />
Que insondable misterio es un ser humano! Cuanto<br />
más vivo y convivo – al observar hombres sanos y<br />
enfermos – más se arraiga en mi espíritu la convicción<br />
de que nunca conseguiré conocer verdaderamente<br />
ninguno. Lo que decimos y hacemos poco o nada nos<br />
revela. Hablo por mí. Converso, escribo páginas<br />
rellenas de confesiones, actúo, opino claramente. Y<br />
quién un día quiera saber el que fui, tendrá que<br />
adivinarme…</p>
<p><a name="cita8"><code>[8]</code></a> <strong>Rocha, Clara</strong> (1977) <em>O espaço autobiográfico em Miguel Torga</em>. Coimbra: Livraria Almedina. p. 65.</p>
<p><a name="cita9"><code>[9]</code></a> <a href="http://www.ufp.pt/homepage/ivaz/" target="_blank"><strong>Leão, Isabel Vaz Ponce de</strong></a> (2005) <em>A obrigação, a devoção e a maceração (O diário de Miguel Torga)</em>. Lisboa: Impresa Nacional-Casa da Moeda. p. 23. También se podría haber traducido por “opción”. En portugués <strong>escolha</strong> es acción y efecto del verbo <em>escolher</em>: escoger, preferir, elegir; separar; marcar; optar. Véase:<br />
&gt; <strong>Martínez Almoyna, Julio</strong> (2000) <em>Diccionário de Português &#8211; Espanhol</em>. Porto: Porto Editora.</p>
<p><a name="cita10"><code>[10]</code></a> <strong>Rocha, Clara</strong> (1992) <em>Máscaras de Narciso. Estudos sobre a literatura autobiográfica em Portugal</em>. Coimbra: Livraria Almedina. p. 45.</p>
<p><a name="cita11"><code>[11]</code></a> «<strong>Deixis</strong>. Término griego que significa &#8220;indicación&#8221;, acción de mostrar o señalar, y que se viene utilizando en Lingüística como palabra técnica para designar «los rasgos orientativos de la lengua relativos al tiempo y al lugar de la expresión» (I. Lyons, 1971). Toda comunicación lingüística supone un hablante que se dirige a un oyente en unas determinadas circunstancias de tiempo y de lugar. Son los términos deícticos los que señalan esas circunstancias espacio-temporales en las que se desarrolla la expresión o enunciación y concretan la posición de los interlocutores con respecto al referente. En el ejemplo «Ayer llegamos aquí», los términos &#8220;ayer&#8221; y &#8220;aquí&#8221; señalan el tiempo y el lugar en los que el hablante sitúa el hecho de su llegada; en la frase «Allí está su maleta», el deíctico indica el lugar donde se encuentra el objeto y la distancia entre dicho objeto y el hablante. Se consideran términos deícticos los pronombres personales (&#8220;yo&#8221;, &#8220;tú&#8221;), los demostrativos (&#8220;este&#8221;, &#8220;ese&#8221;, &#8220;aquel&#8221;), los adverbios de tiempo y lugar (&#8220;ahora&#8221;, &#8220;aquí&#8221;, &#8220;allí&#8221;), y otras expresiones de referencia espaciotemporal. Evidentemente, también los nombres propios cumplen una función deíctica». Tomado de:<br />
&gt; <strong>Estébanez Calderón, Demetrio</strong> (1996) <em>Diccionario de términos literarios</em>. Madrid: Alianza. p. 277.</p>
<p><a name="cita12"><code>[12]</code></a> <strong>Benveniste, Émile</strong> (1977) <em>Problemas de lingüística general II</em>. México: Siglo XXI.</p>
<p><a name="cita13"><code>[13]</code></a> <strong>Torga, Miguel</strong> (1988) <em>Diario (1932-1987)</em>. Selección, traducción, índices y notas de <strong>Eloísa Álvarez</strong>. Madrid: Alianza. p. 397.</p>
<p><a name="cita14"><code>[14]</code></a> Tal como indica la profesora Clara Rocha, E. Bruss en dicho ensayo: «establece una analogía entre la noción de género literario y la de “acto ilocutivo”, tal como desarrolló, entre otros filósofos del lenguaje, J.R. Searle. Tal como los actos ilocutivos lingüísticos, los actos ilocutivos literarios reflejan situaciones específicas del lenguaje que la comunicación ha institucionalizado. Tal como una pregunta pretende obtener una información del receptor, también un género como la autobiografía se define, según E. Bruss, por el papel que desempeña y por las funciones a las que está asociada. De este modo, la autobiografía no es tanto un hecho “bruto” como un hecho institucional, que se asienta en un sistema de reglas de la forma “X corresponde a Y en la situación S”. Es en virtud de estas reglas que las características textuales asumen el valor de “señales” de una función determinada». Traducido de: <strong>Rocha, Clara</strong> (1977) <em>op. cit</em> p. 67.<br />
Los actos ilocutivos son una de las modalidades que J.J. Austin y J.R. Searle utilizaron para distinguir los <a href="http://bibliologia.info/archivos/actosEstebanez.pdf" target="_blank">Actos de habla</a> en: <strong>Estébanez Calderón, Demetrio</strong> (1996) <em>op. cit</em> pp. 14-15.</p>
<p><a name="cita15"><code>[15]</code></a> <strong>Pozuelo Yvancos, José María</strong> (2006) <em>op. cit </em> p. 24-25: «el problema autobiográfico, tal como se plantea hoy, enfrenta dos corrientes críticas, dos interpretaciones:<br />
a) Quienes piensan que toda narración de un yo es una forma de ficcionalización, inherente al estatuto retórico de la identidad y en concomitancia con una interpretación del sujeto como esfera del discurso. Una línea que arranca de Nietzsche, que reúne a Derrida, Paul de Man, R. Barthes y lo que se conoce en general como «deconstrucción», plantea un intrínseco carácter ficcional al género autobiográfico. Esta línea refuerza argumentativamente una tradición literaria que ha querido extender a toda literatura el dominio autobiográfico. Que la literatura toda es una forma autobiográfica lo han afirmado Goethe, Proust, Valéry en textos muy famosos. Lo que la deconstrucción hace es invertir la proposición haciendo que también toda autobiografía sea una literaturización —por el procedimiento de la ficcionalización— de tal práctica. Ambos dominios, como el filosófico, crítico y literario, no se distinguirían entre sí, sino retóricamente.<br />
b) Quienes como Lejeune, E. Bruss, aun admitiendo que algunas formas autobiográficas utilizan procedimientos comunes a la novela, se resisten a considerar toda autobiografía una ficción. Precisamente buscarán definir los términos por los cuales la autobiografía se propone como discurso que afirma una especificidad de alguna naturaleza: histórica, pragmática o en el horizonte de las convenciones genéricas, toda vez que las autobiografías no son novelas ni la mayor parte de ellas entran siquiera en la categorización de obras literarias. En cualquiera de los elencos recogidos por los estudiosos encontramos cientos de textos autobiográficos que se proponen a sí mismos como testimonios verídicos, históricos y que son utilizados como base documental por los historiadores.<br />
Que sea posible sostener tan dispar criterio se explica por la imposibilidad de discernir un estatuto <em>formal</em> de lo autobiográfico, puesto que autobiografías que se proponen como no ficcionales y novelas construidas con forma autobiográfica comparten idénticas formas discursivas. A ello se añade el continuo juego de trasvases de unas prácticas a otras y de ironización continua por la que los autores, en el horizonte de expectativas de la autobiografía y con sus propias formas, han construido ficciones que sólo cabe leer como tales».</p>
<p><a name="cita16"><code>[16]</code></a> <strong>Pozuelo Yvancos, José María</strong> (2006) <em>ibid.</em> p. 29.</p>
<p><a name="cita17"><code>[17]</code></a> <strong>Torga, Miguel</strong> (1997) <em>Diario II (Últimas páginas. 1987-1993)</em>. Traducción, índices y notas de <strong>Eloísa Álvarez</strong>. Madrid: Alfaguara-Santillana. p. 93.</p>
<p><a name="cita18"><code>[18]</code></a> <strong>Pozuelo Yvancos, José María</strong> (2006) <em>ibid.</em> p. 28.</p>
<p><a name="cita19"><code>[19]</code></a> <strong>Bourdieu, Pierre</strong> (1995) <em>Las reglas del arte. Génesis y estructura del campo literario</em>. Traducción de <strong>Thomas Kauf</strong>. Barcelona: Anagrama, 1995.<br />
De ella pueden leer su “<a href="http://bibliologia.info/archivos/postBourdieu.pdf" target="_blank">Post-scriptum</a>” en donde afirma que: «El intelectual es un personaje bidimensional que sólo existe y subsiste como tal si (y tan sólo si) está investido de una autoridad específica, conferida por un mundo intelectual autónomo (es decir independiente de los poderes religiosos, políticos, económicos) cuyas leyes específicas respeta, y si (y tan sólo si) compromete esa autoridad específica en luchas políticas. Lejos de existir, como se suele creer, una antinomia entre la búsqueda de la autonomía (que caracteriza al arte, a la ciencia o a la literatura que se llaman «puros») y la búsqueda de la eficacia política, incrementando su autonomía (y, a través de ello, entre otras cosas, su libertad de crítica respecto a los poderes) los intelectuales pueden incrementar la eficacia de una acción política cuyos fines y medios se originan en la lógica específica de los campos de producción cultural».</p>
<p><a name="cita20"><code>[20]</code></a> <strong>Baena Molina, Rosalía [et al]</strong> (2006) “El discurso autobiográfico: un análisis desde la historia, la pragmática y la poética”. <em>Curso de Doctorado 2005-2006 de la Universidad de Navarra</em>.</p></blockquote>
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		<title>Diarismo</title>
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		<pubDate>Mon, 21 Apr 2008 16:07:51 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José María Vivancos</dc:creator>
				<category><![CDATA[Escrituras del «yo»]]></category>
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		<description><![CDATA[Antes de proseguir con la tercera entrega de Iberia. El fado y Miguel Torga, entiendo necesario dedicar un apartado al Diarismo, que servirá para centrar en su contexto la exposición que más adelante se hará sobre la &#8220;Poética de Miguel Torga&#8221;. Además, como inferencia, conecta con el artículo de Recuperación de lo cotidiano o resplandor [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Antes de proseguir con la tercera entrega de <em>Iberia. El fado y Miguel Torga</em>, entiendo necesario dedicar un apartado al Diarismo, que servirá para centrar en su contexto la exposición que más adelante se hará sobre la &#8220;Poética de Miguel Torga&#8221;. Además, como inferencia, conecta con el artículo de <a href="http://bibliologia.info/recuperacion-de-lo-cotidiano/">Recuperación de lo cotidiano o resplandor de la memoria</a>.</p>
<p>Inicialmente afirmar que el género memorialístico o la «escritura del yo»<strong><code><a href="#cita1">[1]</a></code></strong>abarca a las <em>confesiones</em> (forma del deseo de donación del yo o la necesidad de ser perdonado, bien por Dios, por la humanidad o por el propio individuo), <em>autobiografías</em> (centradas en la vida personal fundamentalmente), <em>memorias</em> (donde los contextos adquieren más relevancia que lo individual), <em>cartas</em> o <em>epistolarios</em> (comunicación personal y a distancia con un destinatario concreto), <em>auto-retratos</em> (relatos de vida), <em>relatos autobiográficos de ficción</em> (novelas y relatos personales),  <em>poemas</em> (poemarios) <em>autobiográficos</em>, <em>autobiografías dialogadas</em> (entrevistas y conversaciones con los autores), <em>ensayos autobiográficos</em>, <em>libros de viajes</em> (<em>ta’rîj</em> tan notorios de la literatura árabe), <em>crónicas</em>, <em>daguerrotipos</em> o <em>estampas</em>,…y los <em>diarios</em><strong><code><a href="#cita2">[2]</a></code></strong>.</p>
<p>Todas ellas son expresiones de la memoria. La memoria las subtiende. Una memoria que no es historia. Se tendrá ocasión de tratar las diversas taxonomías de la memoria, dado que en los últimos años hemos asistido a un inusitado interés por la memoria humana<strong><code><a href="#cita3">[3]</a></code></strong>, desde distintos campos (<em>Antropología, Archivística, Bibliología, Filosofía, Historia, Lingüística, Literatura, Política, Psicología, Sociología</em>, etc.) hasta el punto de contribuir al surgimiento de una nueva disciplina: <a href="http://www.ugr.es/~neurocog/esp/index.htm"><em>Neurociencia Cognitiva</em></a>.<span id="more-193"></span></p>
<p>Principalmente se contemplarán los enfoques científicos, por ahora, quedémonos con la idea de que toda la «escritura del yo» utiliza los recuerdos autobiográficos como un tipo de información episódica. Es a través de los recuerdos autobiográficos como percibimos nuestro yo<strong><code><a href="#cita4">[4]</a></code></strong>. «La memoria autobiográfica es pasado presente»<strong><code><a href="#cita5">[5]</a></code></strong>.</p>
<p>En los diarios la historia es la experiencia del sujeto. La historia son el conjunto de sucesos, ordenados cronológicamente, vividos e interpretados por un sujeto que es a la vez espectador y testigo. Un sujeto que adquiere en sí mismo un doble papel: protagonista-relatante. Con un plan, «intentar apresar en sus páginas el paso del tiempo y el poso que éste va dejando en el escritor del diario»<strong><code><a href="#cita6">[6]</a></code></strong>, el diarista desarrolla dos acciones: actuar y narrar. En inglés es fácil distinguir entre <em>story</em> (narración que tiene un principio y un fin) e <em>history</em>, narración [<em>story</em>] que tiene muchos comienzos pero ningún fin<strong><code><a href="#cita7">[7]</a></code></strong>.</p>
<p><a href="http://www.hannaharendt.org/">Hannah Arendt</a> nos hacía un notable favor, porque de esa manera tan simple distinguía el discurso histórico del literario. La Historia es ilimitada, mientras que las historias se encuentran autolimitadas por su/s autor/es e insertas necesariamente en la Historia. Pero, justo así se complica el tema, ello nos remite a otra distinción que será precisa considerar: las fronteras de la ficción; que va más allá de la simple contraposición entre lo real y lo imaginario.</p>
<p>El debate literatura/realidad como dos esferas contrapuestas, ya muy estudiado, está superado desde que se entiende «La dimensión contrafáctica del lenguaje, la capacidad misma de decir cualquier verdad y cualquier falsedad sin que la estructura lingüística se modifique o pervierta, hace que el lenguaje mismo se encuentre poseído por la ficción»<strong><code><a href="#cita8">[8]</a></code></strong>.</p>
<blockquote><p><em>Coimbra, 3 de mayo de 1950. </em>No hacer trampa en<br />
un Diario es tan difícil como pasar delante de un espejo y<br />
no mirarse. Pero creo que es un esfuerzo necesario éste de<br />
ir anotando la vida diaria con la mayor sinceridad posible,<br />
en un sitio donde nunca pasa nada y en donde sería casi<br />
legítimo inventar y mentir. Es una prueba de humildad que<br />
no tendrá grandes consecuencias, pero que puede ayudar<br />
a determinadas personas a tomar conciencia de la aridez<br />
del desierto en que viven. <strong><code><a href="#cita9">[9]</a></code></strong></p></blockquote>
<p>A la realidad y la ficción, las demarca una frontera, que como todas es permeable, da igual quien las trate un diarista solitario o un cronista social. Ambos creen que han de fijar el tiempo y la sociedad. Aunque la intimidad fuera inexpresable, «lo cierto es que la historia de la literatura es una lucha contra lo inexpresable, porque es ahí justamente donde ciframos la esperanza de poder llegar a ser algo más felices, en la resolución de ese conflictuoso y conflictivo enigma».<strong><code><a href="#cita10">[10]</a></code></strong></p>
<p>Por ello, la «escritura del yo» resulta fascinante, especialmente los diarios, ya que no es entendible como escritura personal ajena al mundo. El «yo» que siempre se nos cuenta, ese sujeto no existe sin el mundo, se va desvelando en un escenario vital en el que puede y debe optar entre ser o no auténtico.</p>
<p>Este post es una introducción al género de los Diarios que son «una reflexión, en primera persona y enraizada en la cotidianidad, sobre la condición humana y el sentido de la vida»<a href="#cita11"><code><strong>[11]</strong></code></a>. Dedicada al Diarismo, que «no es una actividad narcisista o vergonzosa [se tocará el tema del <em>narcisismo como máscaras del yo</em>]». «Es un remedio contra el olvido [se hablará de <em>recuerdos y olvidos</em>]». «Es un taller de escritura».</p>
<p>Las anteriores calificaciones sobre los Diarios han sido formuladas por <a href="http://www.autopacte.org/">Phillipe Lejeune</a>, cuyos estudios desde 1971 son decisivos para entender el «espacio autobiográfico», que también se abordará. En el siguiente nos situaremos frente al «discurso histórico–discurso literario».</p>
<hr size="2" />
<p align="left"><span style="color: #0000ff;"><strong><span style="text-decoration: underline;">NOTAS:</span></strong></span></p>
<blockquote><p><a name="cita1"><code>[1]</code></a> Tal como destaca mi profesor <a href="http://dialnet.unirioja.es/servlet/extaut?codigo=49902"><strong>José Antonio Cordón</strong></a>. En:  <a href="http://bibliologia.info/los-blogs-2-actualidad-y-prospectiva-de-los-blog-un-apunte-circunstancial/">Blogs [2]. Actualidad y prospectiva de los blog: un apunte circunstancial</a></p>
<p><a name="cita2"><code>[2]</code></a> Tipología que se ha tomado de los profesores <a href="http://descargas.cervantesvirtual.com/servlet/SirveObras/56811730981203886343679/026035.pdf?incr=1"><strong>José Romera Castillo</strong></a> y <a href="http://www.dquixote.pt/Livre/Autor_Detalhe.aspx?id=1065"><strong>Clara Crabbé Rocha</strong></a>. Sus estudios son bibliografía de obligada referencia para investigar sobre la escritura autobiográfica en España, en el caso del doctor Romera que dirige el <a href="http://www.uned.es/centro-investigacion-SELITEN@T/index2.html">Instituto de Semiótica Literaria, Teatral y Nuevas Tecnologías de la UNED</a> y la revista <a href="http://www.cervantesvirtual.com/hemeroteca/signa/"><em>Signa. Revista de la Asociación Española de Semiótica</em></a>. O bien la doctora Rocha para estudiar la literatura autobiográfica en Portugal, catedrática de Literatura portuguesa contemporánea en la Universidade Nova de Lisboa. Hija de Adolfo Correia da Rocha, más conocido por su pseudónimo Miguel Torga, y la lusista belga Andrée Crabbé Rocha. De Clara Rocha pueden leer &#8220;<a href="http://bibliologia.info/archivos/crochaMascaras1.pdf">A explosão intimista na época contemporânea</a>&#8221; [capítulo 1] En: <em>Máscaras de Narciso. Estudos sobre a literatura autobiográfica em Portugal</em>. Coimbra: Livraria Almedina.</p>
<p><a name="cita3"><code>[3]</code></a> Incluida la <a href="http://www.memoriahistorica.org/"><strong><em>memoria histórica</em></strong></a>, ésta que los políticos y falsarios gustan de acomodar a su antojo, que para don <a href="http://cultura.cervantes.org/library/FERNANDOLAZAROCARRETER.pdf"><strong>Fernando Lázaro Carreter</strong></a> era una de esas locuciones redundantes propias del mal uso del idioma por recurrir a la reduplicación de palabras. Se está extendiendo bastante  este defecto con el ánimo de cargar a la lengua con más fuerza expresiva. Véase: <strong>Lázaro Carreter, Fernando</strong> (1998) <em>El dardo en la palabra</em>. Barcelona: Galaxia Gutemberg [et al]</p>
<p><a name="cita4"><code>[4]</code></a> <a href="http://dialnet.unirioja.es/servlet/extaut?codigo=64534"><strong>Ruiz-Vargas, José María</strong> </a>(2004) “Claves de la memoria autobiográfica”. En: <strong>Fernández Prieto, Celia y Hermosilla Álvarez, Mª Ángeles (eds.)</strong> <em>Autobiografía en España: un balance. Actas del congreso Internacional celebrado en la Facultad de Filosofía y letras de Córdoba del 25 al 27 de octubre de 2001</em>. Madrid: Visor Libros. pp. 183-220.</p>
<p><a name="cita5"><code>[5]</code></a> <a href="http://www.cervantesvirtual.com/FichaAutor.html?Ref=11898&amp;portal=180"><strong>Pozuelo Yvancos, José María</strong></a> (2006) <em>De la autobiografía. Teoría y estilos</em>. Barcelona: Crítica. p. 87: «La memoria autobiográfica es pasado presente. La autobiografía tiene como dominante de su estructura la convocatoria por la escritura de la presencia del pasado. Por ello la actividad escritural autobiográfica no remite nunca al pasado como un todo, como un conjunto, sino a los puntos sucesivos del pasado, a los diferentes presentes, durables, de ese pasado. La forma de la temporalidad autobiográfica es siempre una forma de presencia.»</p>
<p><a name="cita6"><code>[6]</code></a> <a href="http://dialnet.unirioja.es/servlet/extaut?codigo=50915"><strong>Alberca, Manuel</strong></a> (2000) <em>La escritura invisible. Testimonios sobre el diario íntimo</em>. Oiartzun (Guipúzcoa): Sendoa. p. 14.</p>
<p><a name="cita7"><code>[7]</code></a> Como sostuvo <strong>Hannah Arendt</strong> : «los hombres son libres –es decir, algo más que meros poseedores del don de la libertad– mientras actúan, ni antes ni después, porque ser libre y actuar es la misma cosa». En: <strong>Arendt, Hannah</strong> (2003). <em>Entre el pasado y el futuro</em>. Barcelona: Península. p. 241. Y en relación a las diferencias entre <strong><em>history / story</em></strong>. Véase: <strong>Arendt, Hannah</strong> (1995). <em>De la historia a la acción</em>. Barcelona: Paidós. p. 41-42</p>
<p><a name="cita8"><code>[8]</code></a> <strong>Pozuelo Yvancos, José María</strong> (1993) <em>Poética de la ficción</em>. Madrid: Síntesis. p. 12.</p>
<p><a name="cita9"><code>[9]</code></a> <a href="http://www.vidaslusofonas.pt/miguel_torga.htm"><strong>Torga, Miguel</strong> </a>(1988) <em>Diario (1932-1987)</em>. Selección, traducción, índices y notas de <strong>Eloísa Álvarez</strong>. Madrid: Alianza. p. 147.</p>
<p><a name="cita10"><code>[10]</code></a> <a href="http://dialnet.unirioja.es/servlet/autor?codigo=21235"><strong>Trapiello, Andrés</strong></a> (1998) <em>El escritor de diarios. Historia de un desplazamiento</em>. Barcelona: Península. pp. 143-144.</p>
<p><a name="cita11"><code>[11]</code></a> <a href="http://www.laurafreixas.com/"><strong>Freixas, Laura</strong></a> (1996) &#8220;Auge del diario ¿íntimo? en España&#8221;. En: <em>El diario íntimo</em>. <strong><em>Revista de Occidente</em></strong>, nº 182-183, Madrid: Revista de Occidente. p, 12.</p>
<p><span style="text-decoration: underline;">Otras referencias bibliográficas</span>:</p>
<p><em><strong>ABC Cultural</strong></em> (2001) “Cartografía de la memoria” <em>ABC</em>, 20 de octubre de 2001. <a href="http://www.abc.es/cultural/dossier/dossier66/fijas/index.asp">Dossier del mismo en red</a> [consultado 20 de abril de2008].</p>
<p><strong>Lejeune, Philippe</strong><br />
- (1971) <em>L’autobiographie en France</em>. París: Armand Colin.<br />
- (1975) <em>Le pacte autobiographique</em>. París: Seuil.<br />
- (1986) <em>Moi aussi</em>. París: Seuil.<br />
- (1998) <em>Pour l’autobiographie</em>. París: Seuil.</p>
<p><strong>Rocha, Clara</strong><br />
- (1992) <em>Máscaras de Narciso. Estudos sobre a literatura autobiográfica em Portugal</em>. Coimbra: Livraria Almedina.<br />
- (1977) <em>O espaço autobiográfico em Miguel Torga</em>. Coimbra: Livraria  Almedina.</p>
<p><strong>Romera, José; <a href="http://dialnet.unirioja.es/servlet/autor?codigo=103309">Yllera, Alicia</a>, <a href="http://dialnet.unirioja.es/servlet/autor?codigo=183314">García-Page, Mario</a> y <a href="http://dialnet.unirioja.es/servlet/autor?codigo=103288">Calvet, Rosa</a> (eds.)</strong> (1993) <em>Escritura autobiográfica. Actas del II Seminario Internacional del Instituto de Semiótica Literaria y Teatral</em>. Madrid, UNED, 1-3 de julio, 1992. Madrid: Visor Libros.</p></blockquote>
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