Espacio autobiográfico

Escrito por José María Vivancos en Julio 27th, 2008

No es cualquier hombre, en cualquier momento y lugar, el que escribe de su vida. Debe tener conciencia de la singularidad de su existencia, lo que implica un cierto grado de individualismo. Además, ha de considerarse con cierta ejemplaridad, para que pueda interesar a alguien. Pero al unísono, el autobiógrafo, escapa de entregarse y proyecta el conocimiento introspectivo en el acto de escribir.

Aparece de esta manera inscrita, la escritura autobiográfica, entre dos movimientos o fuerzas (centrípeta ↔ centrífuga) de sentido contrario: «la concentración o búsqueda de un centro y la dispersión o desagregación de la coherencia del yo […] la confidencia diarística es una concentración (en los dos sentidos del término: búsqueda introspectiva de un centro y concentrada atención), más el modo del texto nos revela un yo disperso, que se da a conocer por yuxtaposición, y variable al capricho de los días o mismamente de las horas»[1].

Conviene igualmente poner de relieve, tal como ya ha quedado reflejado en los anteriores artículos, la estrecha relación entre los códigos técnicos-narrativos con los temáticos-ideológicos y la distinción historia/literatura que caracterizan el espacio autobiográfico. Afirmándose como la producción de la imagen de sí mismo, obedece a una estrategia de doble juego de los textos, la que ha sustentado a través del tiempo, la dicotomía entre novela y autobiografía. Continuar leyendo »

Instancias del yo autobiográfico

Escrito por José María Vivancos en Junio 9th, 2008

Este artículo prácticamente es un trasunto del capítulo que, con igual título, dedica la profesora Clara Rocha en (1992): Máscaras de Narciso. Estudos sobre a literatura autobiográfica em Portugal. Creo que digo bien al usar el transitivo trasuntar, ya que no me limito a copiar y/o traducir dicho texto, pero lo reflejará sustancialmente. Entiendo que no hago aportaciones significativas o novedosas, quizá no hay más originalidad que su inclusión ahora y aquí, y el resultado global del trabajo que me propuse desde primera hora realizar.

Sigo el esquema de desarrollo y transcribo de manera sintética el contenido del citado capítulo añadiendo algunas notas y citas. En definitiva, el objetivo es servirles de guía, animarles a leer la monumental obra de Miguel Torga[1], y sí les fuera posible, mejor en su lengua portuguesa. Cada lengua tiene su bagaje y musicalidad propios. Yo, que tengo la dicha de haber podido vivir y residir donde he querido en cada momento, y no verme obligado a transterrarme de mi patria ibérica, cuando leo a ciertos escritores, leo sus tierras: «mi tierra»: Ceres, Proserpina o Cibeles. Dice Manuel Alegre, que lejos de su patria por el exilio, pudo seguir percibiendo a Portugal cuando leía a Miguel Torga[2]. Continuar leyendo »


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