La demarcación de espacios es muy compleja dentro de la literatura. En su seno no cabe hablar de un lenguaje que no sea ficcional: «el dominio de lo ficcional comprehende la totalidad de lo literario»[1]. La cuestión no está en buscar o sostener contraposiciones donde nos las hay. Es una evidencia, como en el proceso cognitivo, se necesita recurrir a ciertas diferenciaciones que faciliten aprehender la realidad. En la «escritura del yo», «como acto literario»[2], resulta complicado deslindar fronteras entre discurso histórico/discurso literario.

En aras de facilitar la comprensión de la «escritura del yo», es oportuno iniciar su análisis, contemplando la posibilidad de aislar funciones entre uno y otro discurso, con el objetivo de visualizar: un espacio textual (intra)literario y un espacio textual (extra)no-literario. Y de esta manera caracterizar a las obras literarias de las “no-literarias”. No obstante quede claro que por las teorías semióticas, en el espacio de la lengua, sólo cabe la diferenciación entre la lengua usual o común y la literaria o artística. Continuar leyendo »