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	<title>Bibliología &#187; autobiografías</title>
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	<description>"ciencia general que comprende el conjunto sistemático clasificado de los datos relativos a la producción, la conservación, la circulación y la utilización de los escritos y de los documentos de toda especie" Paul Otlet</description>
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		<title>Diarios. Memoria e historia [2]</title>
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		<pubDate>Mon, 01 Sep 2008 10:10:26 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José María Vivancos</dc:creator>
				<category><![CDATA[Escrituras del «yo»]]></category>
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		<description><![CDATA[Así que, el soporte textual auto-reflexivo y auto-referencial en el diario/s sería estimable como metanarrativo, aunque ésta nos parece una consideración poco afortunada porque equivaldría a identificarlo con el carácter metaficcional de la novela actual que aprecia el profesor Gil González[1]. Y como bien destaca Pozuelo Yvancos no debemos predicar la ficcionalidad de la autobiografía [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Así que, el soporte textual <em>auto-reflexivo y auto-referencial</em> en el <em>diario/s</em> sería estimable como <em>metanarrativo</em>, aunque ésta nos parece una consideración poco afortunada porque equivaldría a identificarlo con el carácter <em>metaficcional</em> de la novela actual que aprecia el profesor <a href="http://dialnet.unirioja.es/servlet/extaut?codigo=533492" target="_blank">Gil González</a><code><a href="#cita1">[1]</a></code>. Y como bien destaca Pozuelo Yvancos no debemos predicar la ficcionalidad de la autobiografía sobre la base de la textualidad: «Habría que considerar su lugar como acto comunicativo, mejor, como género, y en ese lugar, la autobiografía se sitúa en un horizonte no ficcional»<code><a href="#cita2">[2]</a></code>. Los diaristas <em>comunican actos</em>, e indiscutiblemente el <em>diario/s</em> nos muestra el taller del narrador, de aquí se deriva nuestro interés de apreciar con <a href="http://www.cervantesvirtual.com/servlet/SirveObras/01394908622682634868802/index.htm" target="_blank">Pozuelo</a> en que existe en esta escritura una <em>metadiscursivad implícita y explícita</em><code><a href="#cita3">[3]</a></code>.<span id="more-211"></span></p>
<blockquote><p><em>Coimbra, 23 de abril de 1975</em>. A veces me apetece desahogarme,<br />
pero no a la reja de un diario, sino públicamente, en voz bien<br />
alta. Gritar a los cuatro vientos unas cuantas verdades que nadie<br />
espera y que son cilicios que llevo clavados en el corazón. Pero el<br />
pudor, en estos casos, es más fuerte que la desesperación, y me<br />
callo. Además, nada me garantiza que el hechizo no se vuelva<br />
contra el hechicero. No hay que fiarse de ese pacto formal de<br />
complicidades que responde al nombre de sentido común. El poeta,<br />
por el simple hecho de serlo, es un escándalo universal. Todo lo<br />
que él parece es lo que no es. Sencilla y coherentemente, los<br />
juicios que lo condenan se basan en una apariencia. Y no le demos<br />
más vueltas. En cualquier circunstancia toda la culpa es suya. La<br />
culpa, precisamente, de ser poeta.</p>
<p><em>Coimbra, 11 de noviembre de 1984</em>. Sí, soy un avaro de palabras.<br />
Siempre lo he sido. Pero a medida que va pasando el tiempo por mí,<br />
menos ganas me dan de despilfarrarlas. Digo en mi vida diaria lo<br />
mínimo imprescindible y únicamente pongo en el papel lo que no puedo<br />
callarme de ninguna manera. Es como si, aún en vida, la muerte me<br />
fuese exigiendo progresivamente más respeto por su vano silencio.</p>
<p><em>Coimbra, 3 de marzo de 1989</em>. Hemos hablado de poesía. Pero no<br />
hemos dicho nada que valiera la pena. Conocimiento más allá del<br />
conocimiento, ciencia de lo inefable, es únicamente el propio poema<br />
el que da expresión a su misterio. La historia de la humanidad está<br />
llena de versos vivos y de exégesis muertas que de ellos han hecho<br />
generaciones sucesivas. Cada nueva lectura inaugura la <em>Ilíada</em>. <code><a href="#cita4">[4]</a></code></p></blockquote>
<p>El <em>diario/s</em> es un discurso narrativo que se mantiene, desde el principio y hasta el final, en un espacio esencialmente <em>dialógico</em>, desde la perspectiva de <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Tzvetan_Todorov" target="_blank">Todorov</a><code><a href="#cita5">[5]</a></code>, que conlleva a la participación consciente y activa de sus lectores, pero que se distancia de lo puro ficcional dado que no se limita a “informar” de lo real, procura representarlo. En este sentido, queda claro que se acerca a la historia pues «pretende dar una representación adecuada de la realidad que fue y ya no es. […] lo real es a la vez el objeto y el garante del discurso de la historia»<code><a href="#cita6">[6]</a></code>.</p>
<p>Se debe subrayar que se trata de una aproximación, porque el <em>diario/s</em> no es historia. Dice de la poesía histórica el profesor <a href="http://www.uniovi.es/rafanura/index.htm" target="_blank">Rafael Nuñez</a>: «aunque la poesía no es historia, la poesía es histórica. Se asienta en la historia para significar y comunicar. […] la poesía histórica realiza una imbricación del pasado y el presente y se proyecta hacia el futuro»<code><a href="#cita7">[7]</a></code>. Pues, traduciendo poesía por <em>diario/s</em>, determinemos que ciertos <em>diario/s</em><code><a href="#cita8">[8]</a></code> son registros testimoniales y documentales, que no se limitan a referenciar con fidelidad el pasado. Se observa en ellos la intencionalidad significativa del diarista – no necesariamente narcisista e individualista -, de que a éste lo ha motivado no sólo un deseo de comunicación, igualmente de explicación, dirigido por una continuidad histórico-vital.</p>
<blockquote><p><em>Coimbra, 8 de febrero de 1988</em>. Sí, he sido sincero, como poeta. Pero<br />
¿y como hombre? ¿En qué medida he conseguido serlo, al pautar siempre<br />
mi comportamiento, incluso cuando me excedía? Por fidelidad a una<br />
imagen que de mí tenazmente he construido, ¿no habré traicionado mi<br />
verdad profunda? Querer modelar un rostro ¿no es ya desfigurarlo? Y yo<br />
sólo me reconozco enteramente en los versos que escribo. Porque<br />
irrumpen de las capas ígneas de mi ser, es en ellos donde, en conciencia,<br />
me siento fielmente retratado. Soy siempre el mismo en todos. <code><a href="#cita9">[9]</a></code></p></blockquote>
<p>Hasta finales del s. XVIII las esferas privadas y públicas se encontraban muy ligadas, de esta manera eran prácticamente inapreciables diferencias entre los <em>diario/s</em> y las <em>memoria/s</em>. Es notorio comprobar que cualquier relato de recuerdos de una vida recibía el nombre de <em>Memorias</em>. ‘Mémories’ y ‘Journal’ fueron denominaciones usadas como sinónimas durante tiempo. Entre las primeras que comenzaron a diferenciarse merecen destacarse las de: <a href="http://www.larousse.fr/encyclopedie/#larousse/118486/15/Retz" target="_blank">Jean-François Paul de Gondi</a> (conocido por el Cardenal de Retz); <a href="http://www.larousse.fr/encyclopedie/#larousse/120427/15/Saint-Simon" target="_blank">Claude Henri de Rouvroy, comte de Saint-Simon</a>; Louis Petit de Bachaumont (conocido por sus <a href="http://en.wikipedia.org/wiki/Memoires_secrets" target="_blank"><em>Mémoires secrets pour servir à l&#8217;histoire de la République des Lettres en France depuis 1762 jusqu&#8217;à nos tours</em></a>); <a href="http://www.britannica.com/EBchecked/topic/33638/Rene-Louis-de-Voyer-de-Paulmy-marquis-dArgenson" target="_blank">René-Louis de Voyer de Paulmy, marquis d’Argenson</a>, que fue primer ministro de Luis XV de Francia, el primero en usar y distinguir ambos términos, incluso en la intitulación de su libro <em>Journal et Mémories</em> que no fueron publicadas hasta 1859 – casi un siglo después de su muerte -. Los <em>diarios</em> apegados a lo íntimo y las <em>memorias</em> con vocación de lo público. En ellas ya se constata el valor documental, el entretenimiento y el aspecto revelador que han atraído hasta hoy a muchos de sus lectores<code><a href="#cita10">[10]</a></code>.</p>
<p>Las memorias se encuentran entre las autobiografías y las crónicas, pero se aproximan más al <em>biografismo</em>, reivindicando más que ningún otra modalidad de <em>escritura del yo</em> la función <em>auto-referencial</em> con lo cual ya de por sí destacan su dimensión histórica. El peso relativo que el <em>yo</em> puede alcanzar, en el conjunto de lo narrado, estará en relación al peso de la <em>memoria colectiva</em><code><a href="#cita11">[11]</a></code> de la época vivida por el memoriógrafo<code><a href="#cita12">[12]</a></code> (= autor = narrador = personaje), pues trata de hacernos participe de su tiempo y de su medio. Y del nexo entre el individuo y su mundo circundante se trata, ya que en todos los tiempos han existido y existen hombres con colmada representatividad que se decidían y deciden «a escribir su vida lo hacían [hacen] porque tenían [tienen] la convicción de que habían [han] sido actores en ocasiones de interés»<code><a href="#cita13">[13]</a></code>.</p>
<p>«La narrativa memorialística tiene un fondo histórico-cultural, sujeto al filtrado subjetivo de quien la produce. En ella se acumulan nombres de personajes ilustres (una “onomástica referencial”) que fueran actores de la Historia, al mismo tiempo que el memorialista es actor de su historia»<code><a href="#cita14">[14]</a></code>. También, no debemos obviar un detalle importante, la necesidad de socorrerse para no olvidar &#8211; del olvido ya hablaremos -. Me refiero a que deben acudir con demasiada frecuencia a la correspondencia, a la prensa, a documentación diversa; incluso a mantener un diario paralelamente. Por ello, al mismo tiempo que concitan la admiración del lector, prestan un servicio a las generaciones futuras, muchas veces inestimable, por el valor del testimonio documental de primera mano. Además, como dijo <a href="http://www.cervantesvirtual.com/bib_autor/manuelalvar/" target="_blank">Manuel Alvar</a>: «las fuentes literarias son la documentación de lo que de otro modo ignoraríamos […] la literatura puede ser vida, más aún la vida recóndita que otros documentos no dicen»<code><a href="#cita15">[15]</a></code>.</p>
<p>Otro merito a destacar de las memorias es su contribución a dignificar el género novelístico. Desde el siglo XVIII, muchos autores lograron enaltecer sus obras usando la fórmula de <em>memorias ficticias</em> o primeras novelas históricas, recuérdese el caso de  <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Madame_de_La_Fayette" target="_blank">Mme. de La Fayette</a> y su <em>La princesse de Clèves</em>. Y numerosas obras clásicas de la literatura universal son memorias o presentan forma de “memorias”: <a href="http://www.carm.es/brmu/literatura/especiales/Yourcenar.html" target="_blank"><em>Memorias de Adriano</em> </a>de  Marguerite Yourcenar, <em>Memorias de un hombre de acción</em> de <a href="http://www.kultura.ejgv.euskadi.net/r46-4879/es/contenidos/informacion/nobedade_gida/es_9269/adjuntos/es_Pio_Baroja.pdf" target="_blank">Pío Baroja</a>, <a href="http://www.letraslibres.com/index.php?art=6983" target="_blank"><em>Memorias</em></a> de Carlos Barral, <em>Recuerdos y olvidos</em> de <a href="http://www.ffayala.es/" target="_blank">Francisco Ayala</a>, etc.</p>
<hr size="2" />
<p align="left"><span style="color: #0000ff;"><strong><span style="text-decoration: underline;">NOTAS:</span></strong></span></p>
<blockquote><p><a name="cita1"><code>[1]</code></a> <strong>Gil González, Antonio Jesús</strong> (2001) <em>Teoría y crítica de la metaficción en la novela española contemporánea. “A propósito de Álvaro Cunqueiro y Gonzalo Torrente Ballester”.</em> [tesis doctoral dirigida por José Antonio Pérez Bowie]. Salamanca: Universidad de Salamanca, [Archivo de ordenador]. p. 58:<br />
“A veces la acción enfocada no es siquiera la de escribir, sino la de <em>inventar, imaginar</em> o incluso la de soñar, del mismo modo que las voces narrativas con frecuencia piensan, sienten, imaginan enunciados lingüísticos que no se presentan a través de <em>verba dicendi</em>, y sin embargo, la convención narrativa es que percibimos su discurso. Se trata, pues, de novelas que dedican amplios espacios de su textualidad a la reflexión sobre la ficción, el acto de narrar o de escribir, sobre la creación literaria en suma. En este paralelismo crítico, es el <em>monólogo interior</em> del autor, frente al explícito <em>decir</em> de la escritura en la <em>metanarración</em>.<br />
Es <em>metanarrativa</em>, por otra parte, la novela que, obviando el imposible lógico, representa, ficcionalizado, el proceso de su propia escritura. […] el <em>metadiscurso</em> utiliza la convención <em>realista</em>, de estar mostrando la reflexión autorial de un modo mimético, verosímil. La <em>metanarración</em>, al contrario, acude a la ilocución contraria: la de sorprender al lector, extrañarle ante la paradoja (semánticamente tan bien reflejada, por otra parte, en la expresión <em>mise en abyme</em>) desde convenciones contrarias, antirrealistas, próximas a las que instituye el relato fantástico o maravilloso: que bien contraviene o bien exige la suspensión de las condiciones de verdad, y de las convenciones narrativas en las que éste está básicamente instalado”.</p>
<p><a name="cita2"><code>[2]</code></a> <a href="http://www.suspiriadigital.com/readarticle.php?article_id=29" target="_blank">Pozuelo Yvancos, José María</a> (2006). <em>De la autobiografía. Teoría y estilos</em>. Barcelona: Crítica. p. 69:<br />
“La autenticidad o no del pacto autobiográfico sólo puede resolverse en el espacio de su lectura, y éste no es un espacio de definición individual por un autor o un lector, sino un horizonte de reglas intersubjetivas, supraindividuales, institucionales, genéricas.<br />
A este propósito Bruss no ha alcanzado sin embargo a distinguir género y acto, pues de su estudio parece deducirse que hay equiparación; incluso más, que la «categoría literaria» es preexistente y el texto una consecuencia. No. La pertinencia de la asimilación entre género e <em>institución</em> la entiendo mejor argumentada por F. Cabo [1992: <em>El concepto de género y la literatura picaresca</em>, p. 228-236], quien entiende el género como una categoría superior al macro-acto de habla, como el lugar donde puede resolverse el objeto común a escritores y lectores, el lugar donde es posible la comunicación entre ellos. Los autores no realizan actos dirigidos a los lectores. Los autores <em>comunican</em> actos. Por ello es tan importante el género, porque la textualidad no es allí una consecuencia automática de un esquema cognitivo. La institución genérica no es solamente un <em>a priori</em>. Su valor como horizonte social, histórico, de intercambio es la realización de esquemas simbólicos de comunicación que dialécticamente son a la vez el contexto donde entender los textos y los textos mismos como referente de ese contexto”.</p>
<p><a name="cita3"><code>[3]</code></a> <strong>Pozuelo Yvancos, José María</strong> (1993) <em>Poética de la ficción</em>. Madrid: Síntesis. p. 31.<br />
<strong>&gt;</strong> <a href="http://auladeletras.wordpress.com/2007/05/16/articulo-de-jmpozuelo-yvancos-en-abc-%C2%BFque-literatura-ensenamos/" target="_blank">Pozuelo Yvancos, José María</a> (1983) <em>La lengua literaria</em>. Málaga: Ágora. (61-83) p. 16:<br />
“el discurso entendido como un acto global de la comunicación”.</p>
<p><a name="cita4"><code>[4]</code></a> Son numerosos los binomios que matizan la <em>metapoesía torguiana</em>: alegría y tristeza, instinto y razón, trabajo e inspiración, sufrimiento y complacencia, aislamiento e integración, individualismo y solidaridad, introversión y extroversión, etc. Una visión dinámica y totalizadora del yo y el mundo. Una reflexión y comunicación, síntesis de lo racional y de lo emocional, de lo íntimo y lo público.<br />
<a href="http://alfarrabio.di.uminho.pt/vercial/torga.htm" target="_blank"><strong></strong></a><strong><a>Torga, Miguel</a> </strong><br />
- (1988) <em>Diario (1932-1987).</em> Selección, traducción, índices y notas de <strong>Eloísa Álvarez</strong>. Madrid: Alianza. pp. 371 y 441.<br />
- (1997) <em>Diario II (Últimas páginas. 1987-1993)</em>. Traducción, índices y notas de <strong>Eloísa Álvarez</strong>. Madrid: Alfaguara-Santillana. p. 116.</p>
<p><a name="cita5"><code>[5]</code></a> <a href="http://www.literaturate.com/tzvetan-todorov-un-autor-prolifico/" target="_blank">Todorov, Tzvetan</a> (1990) “Las categorías del relato” En: <strong>Barthes, Roland [et al.]</strong> <em>Análisis estructural del relato</em>. México: Premiá. pp. 155-192.</p>
<p><a name="cita6"><code>[6]</code></a> <a href="http://elnarrativista.blogspot.com/2007/11/entrevista-roger-chartier.html" target="_blank">Chartier, Roger</a> (2007) <em>La historia o la lectura del tiempo</em>. Barcelona: Gedisa. p. 39:<br />
“Entre historia y ficción, la distinción parece clara y zanjada si se acepta que, en todas sus formas (míticas, literarias, metafóricas), la ficción es «un discurso que &#8220;informa&#8221; de lo real, pero no pretende representarlo ni acreditarse en él», mientras que la historia pretende dar una representación adecuada de la realidad que fue y ya no es. En ese sentido, lo real es a la vez el objeto y el garante del discurso de la historia.”</p>
<p><a name="cita7"><code>[7]</code></a> <strong>Núñez Ramos, Rafael</strong> (2000) “La poesía histórica y la poesía como historia”. En: <strong>Romera Castillo, José y Gutiérrez Carbajo, Francisco (eds.)</strong> <em>Poesía histórica y (auto)biográfica (1975-1999). Actas del IX Seminario Internacional del Instituto de Semiótica literaria, teatral y nuevas tecnologías de la UNED</em>. Madrid: Visor. p. 17 y 25.</p>
<p><a name="cita8"><code>[8]</code></a> Cita repetitiva de <a href="http://bibliologia.info/instancias-del-yo-autobiografico/" target="_blank">Instancias del yo autobiográfico</a>: <a href="http://www.youtube.com/watch?v=1G10FaI7csc" target="_blank">Mourao-Ferreira, David</a> (1978) “Poética e poesía no Diário de Miguel Torga”. <a href="http://www.coloquio.gulbenkian.pt/" target="_blank"><em>Coloquio|Letras</em></a>, nº 43, maio de 1978, pp.7-19:<br />
«De edifício se trata, com efeito. De monumento, em suma. E de substantivo monumento que adjectivamente apresenta, como todos os monumentos dignos deste asome, um interesse documental de variada ordem e do mais alto significado. Monumento que é documento, antes de mais, do pessoalíssimo itinerário humano de quem o escreve, o Diario de impõe-se também como privilegiado documento — e nem há outro que entre nós se lhe compare — do tempo e do espaço em que tem sido escrito. As vicissitudes históricas que lhe servem não só de background, mas ainda de continuado referente, espacializam-se, a cada instante, na realidade portuguesa — tanto geográfica e social como espiritual e étnica — que Miguel Torga conhece como ninguém; e incessantemente se confrontam, por outro lado, com os estalões culturais de além-fronteiras a que atento se mantém, ou in locis ou através da leitura e da reflexão». p. 8</p>
<p><a name="cita9"><code>[9]</code></a> <strong>Torga, Miguel </strong>(1997) <em>op. cit</em> p. 68.</p>
<p><a name="cita10"><code>[10]</code></a> <strong>Romera Castillo, José</strong> (2006) <em>De primera mano. Sobre escritura autobiográfica en España (siglo XX)</em>. Madrid: Visor Libros. p. 149:<br />
“En España, las editoriales se han volcado, como ha sucedido con la novela histórica, y los lectores las han seguido de una manera muy fiel. Por ejemplo, la editorial Planeta tienen una colección, <em>Memoria de la historia</em>, en la que «se recrean las vidas de algunos personajes, con el fin de ofrecer a los lectores la Historia contada por quienes la hicieron, por los mismos <em>personajes</em> que en vez de figurar en las páginas de los libros como objeto pasivo, adquieren voz y nos cuentan su vida y sus peripecias. La Historia como una novela personal, autobiográfica, en la que todo lo que aparece en estas páginas es verdad, con hechos ciertos y comprobados, pero que se presentan con la inmediatez y el dramatismo que da al relato la voz del protagonista, supuesto historiador de sí mismo gracias a la pluma de unos escritores que consiguen el difícil y apasionante equilibrio entre los materiales de la crónica, tratados con el máximo respeto, y el enfoque que corresponde a la más amena de las narraciones novelescas. Otra vertiente de estas semblanzas es la evocación de <em>episodios</em> del pasado en tercera persona con todo el rigor que exige el trabajo del historiador y la amenidad de la novela».”</p>
<p><a name="cita11"><code>[11]</code></a> <a href="http://plato.stanford.edu/entries/ricoeur/#1" target="_blank">Ricoeur, Paul</a><strong> </strong>(2003) <em>La memoria, la historia, el olvido</em>. Madrid: Trotta. p. 157:<br />
“se considera a la memoria colectiva como una selección de huellas dejadas por los acontecimientos que afectaron al curso de la historia de los grupos concernidos, y se le reconoce el poder de escenificar estos recuerdos comunes con ocasión de fiestas, de ritos, de celebraciones públicas.”</p>
<p>También, habla de <em>las cicatrices de la memoria</em> Rafael Núñez en un artículo oportuno, por la reflexión actual, sobre todos de nuestros políticos, en el que comienza señalando como en:<br />
“En el debate político e intelectual de nuestros días el concepto de &#8216;memoria&#8217; ha desplazado al de &#8216;historia&#8217; o lo ha sometido a su dictado: memoria histórica, memoria colectiva, recuperación de la memoria, reconstrucción de la memoria democrática y diversas variantes -aunque siempre con el mismo sentido reivindicativo- que se aplican habitualmente a nuestra guerra civil y la represión franquista o, en su vertiente complementaria (como pacto de olvido, desmemoria censurable, silencio impuesto, etc.) a los acuerdos que hicieron posible la Transición. En todos esos casos, como cualquier observador mínimamente imparcial tiene que reconocer, se instrumentaliza la memoria, el pasado se pone a disposición servil del presente y la historia, en fin, se convierte en arma arrojadiza en la controversia política, cuando no directamente deviene en tosco recurso de las necesidades partidistas.”  De:<br />
<strong>&gt; Núñez, Rafael</strong> (2008) “Las cicatrices de la memoria” <em><a href="http://www.vocento.com/Castellano/accion-cultural/noticiero-ideas.html" target="_blank">El Noticiero de las ideas</a></em>, nº 35, julio-septiembre de 2008. Madrid: Fundación Vocento / Comeresa Prensa. pp.15-17.</p>
<p><a name="cita12"><code>[12]</code></a> «<strong>memoriógrafo</strong>: Autor de libros de memorias». Según el <em><a href="http://www.rae.es/rae.html" target="_blank">Diccionario de la Lengua Española</a></em>, de la <strong>Real Academia Española</strong>.</p>
<p><a name="cita13"><code>[13]</code></a> <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Julio_Caro_Baroja" target="_blank">Caro Baroja, Julio</a> (1986) <em>Género biográfico y conocimiento antropológico. Discurso leído el día 15 de junio de 1986, en su recepción pública y contestación del Excmo. Sr. Don Manuel Alvar López.</em> Madrid: Caro Raggio. p. 32.<br />
El <a href="http://bibliologia.info/archivos/carobarojaDiscursorae.pdf" target="_blank">texto íntegro</a>, que pueden leer, finaliza con la siguiente aseveración:<br />
“Llego al final de mi tarea. No sé si habré expuesto de modo claro la idea que tengo acerca de lo que es el género biográfico en sus variedades, como instrumento de investigación antropológica arrancando de una tesis de Kant. En todo caso, creo que nos da un punto de referencia esencial en la medida del hombre, bien considerado individualmente, bien como ser social e histórico, por lo tanto. La biografía puede proporcionar imágenes coherentes o imágenes contradictorias: porque el hombre como «medida» de sí mismo es coherente por un lado, incoherente y contradictorio por otro. El hombre está en una encrucijada que es su propia vida. Toda Antropología que se desentienda del hombre en sí, será lo que sea: Sociología, Teoría de la Cultura, una Metodología particular, algo muy respetable dentro de su limitación: pero no Antropología en el sentido más profundo de la palabra.&#8221;</p>
<p><a name="cita14"><code>[14]</code></a> <strong>Rocha, Clara</strong> (1992) <em>Máscaras de Narciso. Estudos sobre a literatura autobiográfica em Portugal</em>. Coimbra: Livraria Almedina. p. 28-39.</p>
<p><a name="cita15"><code>[15]</code></a> <strong>Alvar López, Manuel</strong> (1986) “<a href="http://bibliologia.info/archivos/malvardiscursorae.pdf" target="_blank">Discurso de recepción de Julio Caro Baroja como académico de la R.A.E.</a>” En: <a href="http://juliocarobaroja.gipuzkoakultura.net/index-es.php" target="_blank">Caro Baroja, Julio</a> <em>op. cit.</em> 49.</p></blockquote>
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		<title>Racionalización. La totalización de las informaciones</title>
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		<pubDate>Tue, 27 May 2008 21:39:45 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José María Vivancos</dc:creator>
				<category><![CDATA[Escrituras del «yo»]]></category>
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		<category><![CDATA[autobiografías]]></category>
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		<category><![CDATA[Daniel Madélenat]]></category>
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		<category><![CDATA[Ricardo Senabre]]></category>

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		<description><![CDATA[Como hemos visto ya, las auto/biografías tratan de recuperar el pasado, los hechos históricos y sus motivaciones, procurando re-construir la vida individual, interpretándola el propio personaje (A = N = P = A) desde el presente en el caso de las autobiografías, o (re)construyéndola un tercero (A = N ≠ P ≠ A) con todas [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Como hemos visto ya, las auto/biografías tratan de recuperar <em>el pasado</em>, los hechos históricos y sus motivaciones, procurando re-construir la vida individual, interpretándola el propio personaje (A = N = P = A) desde el presente en el caso de las <em>autobiografías</em>, o (re)construyéndola un tercero (A = N ≠ P ≠ A) con todas las informaciones a su alcance, que es el supuesto en el cual se encuentran las <em>biografías</em> y las <em>historias de vida</em> (que siempre son inducidas por un científico o investigador social). Todas ellas tienen en común el objetivo de retratar una <em>realidad exterior/interior</em> y someterse a su verificación. Este <em>pacto referencial</em> les distingue de las narraciones <em>heterodiegéticas</em> o <em>ficcionales</em><code><a href="#cita1">[1]</a></code>.</p>
<p>La mayoría de las auto/biografías están escritas con una estrategia/estructura cronológica <em>de la cuna a la tumba</em>, menos las <em>autobiografías propiamente dichas</em> claro está. La autobiografía es una historia que nunca podrá ser completada por su autor, queda inconclusa antes de la muerte del personaje. La muerte que será argumento inspirador, incluso obsesivo, para gran parte de los autobiógrafos. En cambio, la secuencia temporal desde el nacimiento hasta el fallecimiento del personaje, será otro de los rasgos distintivos del texto biográfico. El «<em>orden cronológico</em> proporciona causalidad a la historia de vida, y por lo tanto coherencia interna»<code><a href="#cita2">[2]</a></code>.</p>
<p>El biógrafo dispone de informaciones de naturaleza diversa, unas (documentos oficiales, fuentes biográficas y documentales<code><a href="#citaEnlaces">[Enlaces]</a></code>) son de mayor confianza que otras (declaraciones personales, memorias). En consecuencia, con la diversidad de los testimonios y a su grado de autenticidad, el biógrafo corre el peligro de enfrentarse ante planos de significación heterogéneos e irreductibles. Ahora bien, «cada información es parte integrante de un todo en continua estructuración, y revela, por eso mismo, su homogeneidad con todas las otras informaciones»<code><a href="#cita3">[3]</a></code>.<span id="more-200"></span></p>
<p>El desarrollo de esta noción abre camino a la idea de que «la biografía es un escenario ocupado por bloques de sentidos, variados y discontinuos, aunque sujetos a una ordenación». Discontinuidad que no es difícil de explicarse por el hecho de que la biografía de alguien se escribe después de su muerte. «El texto nos revela, en este caso, un sujeto disperso. La erosión del tiempo reduce la existencia pasada a algunos pormenores más significativos, a algunos <em>biografemas</em> o <em>anamnesis</em> [reminiscencias] aisladas que el biógrafo atribuye al objeto del enunciado»<code><a href="#cita4">[4]</a></code>. La discontinuidad de los datos, se origina por la ausencia de un sujeto vivo unificador.</p>
<p>No ocurre de igual manera con los hechos en la autobiografía &#8211; y  aquí se destaca otra diferencia fundamental – que, «por presuponer la identidad narrador/personaje principal, podrá ser definida como <em>escritura de la historia de una personalidad implicando la vida de esa misma personalidad</em>»<code><a href="#cita5">[5]</a></code>. Y aunque la lectura de la autobiografía se asemeja a la de la biografía, ella – la autobiografía &#8211; constituye una reconstrucción presente del pasado, a través de una sucesión de informaciones dadas que se estructuran en un todo. Procede «de la auto-interpretación y de una continua “búsqueda del yo”, [...fácilmente se...] concluye que existe en él en menor grado el peligro de totalización de la informaciones, ya porque el narrador/personaje está vivo y es consecuentemente profundo conocedor de las fuentes, ya porque se acredita en la realidad plural de su “yo”»<code><a href="#cita6">[6]</a></code>.</p>
<blockquote><p><em>Lamego, 5 de octubre de 1946</em>. En una ocasión escribí unas<br />
páginas acerca de un período de mi niñez que transcurrió<br />
aquí. Pero no me gustó el resultado. La infancia no puede<br />
revivirse ni con el recuerdo ni con la imaginación. Cuando<br />
mucho, lo que se crea es otra infancia. Las escenas ingenuas,<br />
precisamente por ser ingenuas, eran inconsciente; y las<br />
humillaciones, de dolorosas que eran, no hay memoria que<br />
soporte el expresarlas de manera perfecta.</p>
<p><em>Coimbra, 19 de enero de 1950</em>. Es difícil, pero hemos de tener<br />
el coraje de quedarnos solos. Una única voz es suficiente para<br />
enfrentarse al mundo y tener razón. La muerte está sola<br />
contra la vida, y ahí está, como verdad indiscutible.</p>
<p><em>Gerés, 14 de agosto de 1962</em>. Esta obsesión mía por el tiempo<br />
es insufrible. Devoro cada momento con una ansiedad tal que<br />
me veo igual que esos niños ávidos que mordisquean el seno<br />
materno hasta hacer doloroso el acto placentero del<br />
amamantamiento. Por culpa de esta vehemencia no consigo<br />
sentir bajo mis pies ningún instante firme. El presente que<br />
estoy pisando es siempre futuro. Cuando aún estoy cruzando<br />
el río, ya he desembarcado en la otra orilla. En la otra orilla<br />
de la angustia&#8230;<code><a href="#cita7">[7]</a></code></p></blockquote>
<p>De ahí se puede llegar a que los auto/biógrafos se encuentran abocados a un ejercicio racionalizador mediante la legitimación de la reconstrucción de una vida. Dicho ejercicio está sometido a la temporalidad en toda escritura auto/biográfica. Ahora bien, en la autobiografía «se enjuicia el presente, re-evaluando el pasado, y diseñan un futuro coherente. […] Está escrita hacia el futuro […y…] difícilmente se realiza en sentido cronológico estricto. Hay incursiones continuas al tiempo presente, y <em>flash-backs</em> del pasado». Necesariamente <em>desvela el pasado</em> «en forma de estratos»<code><a href="#cita8">[8]</a></code>. Y será la memoria la clave de unificación y racionalización. No olvidemos que la escritura es la memoria de la cultura y de que «la escritura fue el gran descubrimiento para vencer esta claudicación ante el tiempo, esta limitación ante el presente»<code><a href="#cita9">[9]</a></code>, como admirablemente nos lo describe Emilio Lledó.</p>
<p>Tal como se ha visto, la biografía es comparable a un conjunto de bloques de sentidos variados y dispersos. Es de su ordenación temática, retórica y fraseológica de donde surge un diagrama del personaje retratado. «Al concepto de <em>copia</em> se sobrepone el de <em>analogía diagramática</em>, y el texto biográfico es así concebido como una representación cubista, en la que los sentidos se yuxtaponen y amontonan, de forma para constituir por sí mismo un todo significativo. Al conjunto de sentidos particulares se van acrecentando el sentido suplementario de la propia ordenación de los bloques informativos»<code><a href="#cita10">[10]</a></code>. En la biografía, donde tal ordenación es de la responsabilidad de un narrador/sujeto distinto al personaje central, su sentido último nada acrecienta en relación al héroe del enunciado o «<em>actante</em> ejecutor de una trayectoria vital»<code><a href="#cita11">[11]</a></code>, ya que sólo dice respecto al narrador extra u homodiegético. Es el biógrafo el que relata, argumenta y depura las fuentes historiográficas<code><a href="#cita12">[12]</a></code>, y el que con cierta frecuencia se preocupa de insistir que se ha documentado bien para narrar lo que ha acontecido realmente.</p>
<p>Ya se puede concluir en lo que <span style="text-decoration: underline;">caracteriza al <em>espacio biográfico</em></span>:<br />
1. Mayormente un <em>relato en tercera persona y en prosa – aunque ocasionalmente existan hagiografías en verso</em> -.<br />
2. La relación de <em>semejanza entre el personaje y el modelo</em> tiene una función primordial y es  <em>bilateral</em> (autor y modelo son elementos independientes y diferenciados).<br />
3. Obra sobre la <em>vida de un personaje histórico</em>, principalmente, ordenada con una secuencia temporal cronológica (<em>de la cuna a la tumba</em>).<br />
4. En la mayoría de los casos son <em>historias individuales</em> (raramente sobre colectivos o instituciones), en las cuales, se destaca <em>su carácter utilitario e informativo</em>.<br />
5. El proyecto del biógrafo es (re)<em>construir</em> un pasado y retratar al <em>personaje y su realidad</em> – extra-textual -, sometiéndola a la verificación de lectores/receptores. Concluye <em>un pacto referencial</em>.<br />
6. El narrador/autor – el <em>biógrafo</em> – debe procurar la objetividad, al igual, que la veracidad de los hechos relatados, permitiendo que <em>el lector deduzca sus propias conclusiones</em>.<br />
7. Para la investigación y elaboración, el biógrafo, aplica métodos de interpretación diferentes: historiográficos, antropológicos, filosóficos, psicológicos, psicoanalíticos, etc.<br />
8. El discurso <em>biblio-bio-gráfico</em>, que <em>se estructura a partir de la interacción vida-obra</em> del personaje/modelo, lo ordena el biógrafo, buscando <em>una totalización del biografiado</em>. Así, son como una ventana abierta e integrada en la realidad social que re-crea.<br />
9. Historias de <em>individuos sobresalientes</em> (héroes/protagonistas) que, gracias a un <em>pacto de lectura</em>, el receptor/lector puede <em>re-crearlas</em>.<br />
10. El lector suele reconocer y confiar en la autoridad del biógrafo.<br />
11. No son <em>una serie de hechos puntuales (o momentos estelares) de la vida</em>, constituyen un relato para <strong><em>entender una vida</em></strong>.<br />
12. Pueden ser o aspiran a ser: <em><strong>ciencia &amp; arte</strong></em><code><a href="#cita13">[13]</a></code>.</p>
<hr size="2" />
<p align="left"><span style="color: #0000ff;"><strong><span style="text-decoration: underline;">NOTAS:</span></strong></span></p>
<blockquote><p><a name="cita1"><code>[1]</code></a> Sobre los rasgos diferenciadores entre la novela (<em>pacto novelesco</em>) y el resto de obras no ficcionales (<em>pacto referencial</em>), véanse los textos de las notas 12 y 13.</p>
<p><a name="cita2"><code>[2]</code></a> <strong>Miguel, Jesús M. de</strong> (1996) “Auto/biografías”. <em>Cuadernos Metodológicos</em>, nº 17 enero de 1996. Madrid: CIS-Centro de Investigaciones Sociológicas. p. 40.</p>
<p>En relación a la <em>muerte</em>, sin menospreciar que represente un rasgo diferencial de la <em>biografía vs autobiografía</em>, actualmente al ser corriente, incluso se entiende como signo de modernidad, que los biógrafos no la contemplen dentro del relato de su personaje (sea dicho en honor a la verdad, mayormente en las <em>biografías literarias o biografías de escritores por escritores</em>), puede disuadir a que algunos (véase en esta misma nota la cita de Alicia Molero) la sigan considerando – la muerte &#8211; como diferencia fundamental tal como la siguen apreciando otros (véase en esta misma nota la cita de María Antonia Álvarez). No obstante, se debe mantener que la «ordenación cronológica de los hechos», <em>de la cuna a la tumba</em>, tal como sostiene <strong>Ricardo Senabre</strong> en su ponencia “Sobre el estatuto genérico de la biografía”. En: <strong>Romera Castillo, José y Gutiérrez Carbajo (Eds.)</strong> (1998) <em>Biografías literarias (1975-1997). Actas del VII Seminario Internacional del Instituto de Semiótica Literaria, Teatral y Nuevas Tecnologías de la UNED</em>. Madrid: Visor Libros. p. 33.</p>
<p>&gt; <strong>Molero de de la Iglesia, Alicia</strong> (1998) “Los sujetos literarios de la creación biográfica”. En: <strong>Romera Castillo, José y Gutiérrez Carbajo (Eds.)</strong>, <em>ibid</em>. p. 527 y 529: «La no inscripción de la muerte del personaje en las biografías de los contemporáneos ha acabado con el rasgo semánticó que las diferenciaba, dentro, de las preceptivas <em>figuras biográficas</em> que atañen tanto a la biografía como a la autobiografía (tiempo y lugar de nacimiento, madre, padre y familia, espacio doméstico, etc.); con la incorporación del modo introspectivo al discurso biográfico, el reconocimiento de la vida interior ha venido a ser signo de modernidad para ambas variantes referenciales. […] La preferencia que ha mostrado el historiador moderno por el sujeto literario, explicada en función de la afinidad entre hombres de letras, podría convertirse en exaltación cuando ambos comparten oficio y se propicia cierta transferencialidad de la emoción poética; entonces, no sólo el personaje hablará con la voz del autor sino que éste puede acabar confundiéndose con su propia creación. Si tomamos algunos ejemplos recientes de obras biográficas que los profesionales de la literatura dedican a otros de su misma condición, notaremos que la atracción ejercida por la figura y el entorno del biografiado sobre su biógrafo redunda en beneficio de la creación literaria.»</p>
<p>&gt; <strong>Álvarez, María Antonia</strong> (1998) “Biografía literaria de Henry james: recuperación del yo en otro discurso narrativo”. En: <strong>Romera Castillo, José y Gutiérrez Carbajo (Eds.)</strong>, <em>ibid</em>. p. 304 y 305: «Entre las diferencias fundamentales de la biografía con el género autobiográfico está el papel de la muerte. Las autobiografías no finalizan con la muerte del personaje. La esencia de cualquier autobiografía es que jamás puede llegar hasta el fin, nunca puede decir la última palabra, como hace el biógrafo. Si uno de los móviles fundamentales del escritor es triunfar sobre la muerte, nunca llega a conocer si alcanzará este fin. Por el contrario, el biógrafo, desde el momento en que comienza a escribir, sabe que la memoria de su personaje ya se ha perpetuado más allá de la muerte. La ausencia de la muerte en la narración es una de las condiciones inherentes a la autobiografía. […] El orden de presentación es otro elemento que diferencia el género autobiográfico del biográfico. El primero procede remontando el curso del tiempo, partiendo del presente de la narración para alcanzar el pasado de la experiencia, objeto de su obra; el segundo también escribe en el presente, pero cuando habla de la infancia de su personaje, sus conocimientos proceden de la documentación que posee, no de su experiencia. El autobiógrafo percibe su vida como compuesta de estratos de recuerdos entre los cuales el más elevado, el que está en la superficie, es el último, el que limita con el presente, mientras que la vida que ha de construir el biógrafo, basándose en la documentación que posee, consta de episodios dispuestos cronológicamente en sentido inverso, del nacimiento a la muerte.»</p>
<p><a name="cita3"><code>[3]</code></a> <strong>Rocha, Clara</strong> (1977) <em>O espaço autobiográfico em Miguel Torga</em>. Coimbra: Livraria Almedina. p. 56.</p>
<p><a name="cita4"><code>[4]</code></a> <strong>Rocha, Clara</strong> (1977) <em>ibid</em>. p. 57. Los <em>biografemas</em> fueron definidos por <strong>Roland Barthes</strong> como «una serie de destellos de sentido que conforman algo así como “una historia pulverizada” de un narrador, de un de un pintor, de un poeta» En: (1975) <em>Roland Barthes par Roland Barthes</em>. París: Seuil. p. 114. Aquí se puede comprender como un intentar programar la biografía de un escritor a través de lo escrito en sus libros.</p>
<p><a name="cita5"><code>[5]</code></a> <strong>Rocha, Clara</strong> (1977) <em>ibid</em>. p. 57.</p>
<p><a name="cita6"><code>[6]</code></a> <strong>Rocha, Clara</strong> (1977)<em> ibid</em>. p. 57.</p>
<p><a name="cita7"><code>[7]</code></a> <strong>Torga, Miguel</strong> (1988) <em>Diario (1932-1987)</em>. Selección, traducción, índices y notas de <strong>Eloísa Álvarez</strong>. Madrid: Alianza. pp. 118, 144 y 271.</p>
<p><a name="cita8"><code>[8]</code></a> <strong>Miguel, Jesús M. de</strong> (1996) op. cit 15, 28 y 29.</p>
<p><a name="cita9"><code>[9]</code></a> Aunque tendremos ocasión de tratar la memoria como clave en la escritura autobiográfica, más adelante en “<a href="http://bibliologia.info/archivos/lledoSilencio.pdf" target="_blank">Memoria y escritura</a>”, pueden leer el texto que bajo ese epígrafe le dedica el gran pensador español del cual tengo el privilegio de haber sido alumno, en la obra que le valió para recibir el premio Nacional de Ensayo en 1992:<br />
&gt; <strong>Lledó, Emilio</strong> (1998) <em>El silencio de la escritura</em>. Madrid: Espasa Calpe.</p>
<p><a name="cita10"><code>[10]</code></a> <strong>Rocha, Clara</strong> (1977) op. cit  p. 58-59. El concepto de copia certificada o compulsada es el argumento de partida y llegada para <strong>Philippe Lejeune</strong> sobre la autobiografía, de identidad y semejanza como elementos contrapuestos entre “biografía <em>vs</em> autobiografía”. En: (1994) <em>El pacto autobiográfico y otros escritos</em>. Madrid: Megazul-Endymion. pp. 75-81.</p>
<p><a name="cita11"><code>[11]</code></a> <strong>Romera Castillo, José</strong> (2006) D<em>e primera mano. Sobre escritura autobiográfica en España (siglo XX)</em>. Madrid: Visor Libros. p. 40.</p>
<p><a name="cita12"><code>[12]</code></a> «La depuración de los métodos historiográficos es un proceso lento» del profesor <strong>Ricardo Senabre</strong> que impartió en octubre de 2004 un curso de doctorado en el Graduate Center de la City University of New Cork (que con la Universidad de Valladolid conforman las sedes permanentes de la cátedra dedicada al estudio de la literatura española contemporánea “<a href="http://www.catedramdelibes.com/" target="_blank">Cátedra Miguel Delibes</a>”), cuyas lecciones ha recogido en un librito, que lejos de lo peyorativo se trata de un <em>libro de cabecera</em> (según la apreciación que haría de él Marguerite Yourcenar): (2005) <em>Metáfora y novela</em>. Valladolid: Cátedra Miguel Delibes. De él pueden leer su capítulo: “<a href="http://bibliologia.info/archivos/senabreMetafora.pdf" target="_blank">De la historia a la novela</a>”.</p>
<p><a name="cita13"><code>[13]</code></a> Entiendo que así queda subrayado la definición de biografía que propone <strong>Daniel Madelénat</strong>, del cual por su interés e importancia, incluyo aquí para que lo puedan leer su ponencia “<a href="http://bibliologia.info/archivos/madelenatBiographie.pdf" target="_blank">La biographie littéraire aujourd’hui</a>” al VII Seminario Internacional del ISLTYNT-UNED. En: <strong>Romera Castillo, José y Gutiérrez Carbajo (Eds.)</strong> (1998) <em>Biografías literarias (1975-1997). Actas del VII Seminario Internacional del Instituto de Semiótica Literaria, Teatral y Nuevas Tecnologías de la UNED</em>. Madrid: Visor Libros. pp. 39-53.</p></blockquote>
<p><a name="citaEnlaces"><code><strong>[Enlaces]</strong></code></a></p>
<blockquote><p>→ <a href="http://www.cidob.org/es/documentacion/biografias_lideres_politicos" target="_blank">Biografías Líderes Políticos CIDOB</a><br />
→ <a href="http://www.biografiasyvidas.com/" target="_blank">Biografias y Vidas</a><br />
→ <a href="http://www.s9.com/" target="_blank">Biographical Dictionary</a><br />
→ <a href="http://biographie.net/" target="_blank">Biographie.net </a><br />
→ <a href="http://www.biography.com/" target="_blank">Biography.com </a><br />
→ <a href="http://www.buscabiografias.com/" target="_blank">Busca biografías </a><br />
→ <a href="http://www.conocimientosweb.net/portal/encyclopedia.html" target="_blank">ConocimientosWeb </a><br />
→ <a href="http://www.iqb.es/mapa.htm" target="_blank">Diccionario Ilustrado de Términos Médicos</a><br />
→ <a href="http://www.britannica.com/" target="_blank">Enciclopaedia Britannica</a><br />
→ <a href="http://www.larousse.es/cgi-bin/html_generados/index.pl" target="_blank">Enciclopedia Larousse</a><br />
→ <a href="http://www.wikipedia.org/" target="_blank">Enciclopedia libre Wikipedia</a><br />
→ <a href="http://es.encarta.msn.com/" target="_blank">Enciclopedia Microsoft Encarta</a><br />
→ <a href="http://www.salvat.com/" target="_blank">Enciclopedia Salvat</a><br />
→ <a href="http://www.kalipedia.com/" target="_blank">Enciclopedia Santillana Kalipedia </a><br />
→ <a href="http://www.enciclopedia.net/" target="_blank">Enciclopedia Universal Micronet</a><br />
→ <a href="http://www.infodoctor.org/bibliotecapublicadelaciencia/glosario.php" target="_blank">Glosario del Movimiento por el acceso abierto </a><br />
→ <a href="http://www.history.com/" target="_blank">The History Channel </a><br />
→ <a href="http://www.imdb.com/" target="_blank">The Internet Movie Database (IMDb)</a><br />
→ <a href="http://www.marquiswhoswho.com/" target="_blank">Marquis Who&#8217;s Who </a><br />
→ <a href="http://nobelprize.org/" target="_blank">Nobelprize.org </a><br />
→ <a href="http://www.thefreedictionary.com/" target="_blank">Online Dictionary, Encyclopedia and Thesaurus</a><br />
→ <a href="http://www.un.org/depts/Cartographic/english/htmain.htm" target="_blank">United Nations Cartographic Section</a><br />
→ <a href="http://www.cia.gov/library/publications/the-world-factbook/" target="_blank">The World Factbook CIA</a><br />
→ <a href="http://www.hyperhistory.com/online_n2/History_n2/a.html" target="_blank">World History : HyperHistory </a><br />
→ <a href="http://www.whoswho.eu/" target="_blank">Who’s who</a><br />
→ <a href="http://www.wordreference.com/" target="_blank">WordReference Dictionary</a></p></blockquote>
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		<title>Actitudes del narrador. Referencia y auto-referencia</title>
		<link>http://bibliologia.info/2008/05/22/actitudes-del-narrador-referencia-y-auto-referencia/%</link>
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		<pubDate>Thu, 22 May 2008 22:27:10 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José María Vivancos</dc:creator>
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		<category><![CDATA[José Luis Romero]]></category>
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		<description><![CDATA[La biografía y la autobiografía pretenden describir la vida de una individualidad. Escribir de una vida y no estrictamente historiar. En el caso de la biografía, entiéndase por individualidad, al ámbito individual, dado que existe el biografismo colectivo[1]. El discurso biográfico procura ajustarse a los acontecimientos históricos, vividos, por el personaje o protagonista, huyendo el [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>La biografía y la autobiografía pretenden describir la vida de una individualidad. Escribir de una vida y no estrictamente historiar. En el caso de la biografía, entiéndase por individualidad, al ámbito individual, dado que existe el <em>biografismo</em> colectivo<code><a href="#cita1">[1]</a></code>. El <em>discurso biográfico</em> procura ajustarse a los acontecimientos históricos, vividos, por el personaje o protagonista, huyendo el narrador de la introspección, o al menos sólo acude al mundo interior cuando es inferido por los propios hechos históricos.</p>
<p>El proyecto del biógrafo es (re)<em>construir</em> un pasado con toda la información a su alcance, pasada y presente, que debe verificar e interpretar. Que conviene diferenciarlo del historiador. Mientras que el biógrafo, aspira sólo a descubrir los aspectos concretos que le interesan para su proyecto; el historiador, se afana por indagar la verdad acerca del pasado en su completitud, reflexiona sobre él y toma conciencia histórica<code><a href="#cita2">[2]</a></code>. Y el autobiógrafo dirige su obra a <em>re-construir</em> un pasado &#8211; <em>su pasado</em> &#8211; y lo estructura como un proyecto que pertenece al presente &#8211; <em>su presente</em> -. Es su proyecto, consciente y consiguientemente subjetivo e introspectivo.</p>
<p>Ahora bien, conviene subrayar que ambos discursos son inevitablemente interpretantes.<br />
En la biografía existe siempre, en mayor o menor grado, la marca de la emotividad del sujeto emisor, que suele traducirse, en juicios de valor, connotaciones y otras formas que denuncian la simpatía o antipatía del narrador por el héroe de la biografía. «La empatía es una actitud ejemplar que el acto biográfico requiere del narrador»<code><a href="#cita3">[3]</a></code>, que proviene desde el hecho y momento de la elección del personaje.<span id="more-199"></span></p>
<p>Por otra parte, el responsable de la autobiografía se encuentra en «una actitud de <em>simpatía</em>, lo que no es de admirar si se tiene en cuenta que entre el narrador y el personaje existe una relación de identidad. El narrador “sufre con” el personaje. Aunque en ciertos escritos autobiográficos “el narrador actual (<em>narrating self</em>) es totalmente diverso del personaje narrado (<em>experiencing self</em>)»<code><a href="#cita4">[4]</a></code>. Simpatía y antipatía son dos actitudes posibles del narrador autobiográfico, que derivan de la estrecha relación entre éste y el personaje narrado. El autobiógrafo diverge pues del biógrafo, en la medida en que, por coherencia, nunca aspira a una actitud ejemplar de empatía.</p>
<p>Tradicionalmente la biografía requiere un personaje relevante, de manera que su vida sea capaz de representar a su época. La vida del personaje elegido configura un patrón con el cual, el biógrafo, suele re-crear la realidad social. Igual propósito asiste al autobiógrafo, con una diferencia que no es un detalle menor tal como se expondrá. Este método/fenómeno <em>re-creador</em>, desde el campo de la fotografía como arte ha sido estudiado por <a href="http://en.wikipedia.org/wiki/John_Szarkowski" target="_blank">John Szarkowski</a>, que fue el primero en contemplarlo como el argumento de <em>mirrors/windows</em>.</p>
<p>Las auto/biografías como la fotografías son <em>ventanas o espejos</em> que reflejan al personaje/modelo. En las <em>ventanas</em> prima la temática sociopolítica, tal y como el fotógrafo o narrador los interpreta. Y tal y como el personaje/modelo los refleja. Es decir, representan una visión del mundo. Hay muchos temas sociales que no pueden describirse bien con palabras o fotos. Los <em>espejos</em> representan la introspección en la vida personal del personaje y narrador. Son como una manera de auto-expresarse.</p>
<blockquote><p><em>Coimbra, 15 de diciembre de 1942</em>. Otra vez a propósito de Flaubert.<br />
No hay duda de que su obra (la obra que él nos legó voluntariamente,<br />
no las cartas, que son estupendas, pero al leerlas cometemos una<br />
violación), es, desde el punto de vista formal, la mayor de las<br />
perfecciones. Ante páginas como éstas uno no puede dejar de pensar<br />
en un álgebra literaria, en que los valores, una vez admitidas ciertas<br />
convenciones, encajan tan neutral y perfectamente como los factores<br />
de una operación. Y en el momento actual, en que lo que se entiende<br />
por «social» está llenando tantas páginas (y yo todavía no sé muy bien<br />
a qué se refieren con eso de social), un ejemplo como éste no deja de<br />
ser beneficioso. Contra una literatura sin arte, una literatura hecha<br />
sólo de arte. Pero&#8230; Nada más triste que predicar, y hacerlo a medias<br />
tintas. El artista, no lo olvidemos, en la medida en que pisa el suelo y<br />
aspira a la eternidad, tiene que vérselas precisamente con hombres.<br />
Y los hombres tiran siempre por el camino de en medio&#8230;<br />
Ni un arte puro, pues, que termina por secarse como esas hermosas<br />
mujeres con las que no se atreve ningún conquistador, ni un arte<br />
puramente social, que acaba por ser repugnante como las más<br />
humanas llagas de los leprosos.<code><a href="#cita5">[5]</a></code></p></blockquote>
<p>Aunque, el biografismo haya sido poco afín a las concepciones colectivistas y la escritura  autobiográfica se haya siempre acomodado mejor al intimismo y la confidencialidad, está claro que los individuos nunca viven absolutamente aislados del mundo, menos aún los que son sujetos/objetos del discurso auto/biográfico<code><a href="#cita6">[6]</a></code>. «Toda auto/biografía es un relato grupal, [que] se le puede dar un significado colectivo». Las biografías tienden a ser más <em>ventanas</em> abiertas e integradas a/en la sociedad, presentándose como una «estructura de historias dentro de historias». Las autobiografías despliegan a mostrar más como espejos «realidades individuales que son sustitutivas de otras realidades. Cuentan más sentimientos que realidades. Se dedican más al autoanálisis»<code><a href="#cita7">[7]</a></code>.</p>
<p>Como ya hemos visto, la biografía y la autobiografía –por oposición a todas las formas de ficción- son textos referenciales, esto es, reenvían a una realidad extratextual, sobre la cual pretenden informar, y se someten a una prueba de verificación. «Este rasgo característico presupone la conclusión de un <em>pacto referencial</em>, que define las modalidades y el grado de semejanza con lo real al cual dichos textos aspiran»<code><a href="#cita8">[8]</a></code>.</p>
<p>Respecto al discurso biográfico –referencial-, cuyo objetivo primero es la semejanza con la realidad, le «son exigidas dos cualidades, que lo aproximan al discurso histórico: la exactitud y la fidelidad»<code><a href="#cita9">[9]</a></code>. Tal como el historiador, el biógrafo debe interpretar los documentos, las cartas, las declaraciones autobiográficas, las memorias, los testimonios, y pronunciarse sobre la confianza que tales fuentes le merecen. La credibilidad de la biografía está por tanto en íntima relación con «la objetividad» que debe presidir el cometido del biógrafo porque esta es uno de sus rasgos distintivos<code><a href="#cita10">[10]</a></code>.</p>
<p>La autobiografía, que se singulariza por la identidad del narrador y del personaje principal, es un texto auto-referencial. Además de constatar este hecho, interesa destacar la dualidad de la auto-referencia en el <em>discurso autobiográfico</em>. Efectivamente, «el estilo está ligado al presente del acto de escribir, y su valor auto-referencial reenvía por tanto al momento de la escritura, al yo actual. De este modo, la auto-referencia implícita puede constituir un obstáculo a la reproducción exacta y fiel de los acontecimientos pasados. Así, toda la autobiografía es una auto-interpretación, en que el estilo, al mismo tiempo que denuncia la intención de reconstruir el pasado conforme a un proyecto presente, señala la relación del escritor con su propio pasado»<code><a href="#cita11">[11]</a></code>. Con todo, el autobiógrafo a pesar del subjetivismo, del nivel de ficcionalidad que tenga su relato, adquiere el compromiso de «la autenticidad» que es uno de los rasgos distintivos de la autobiografía.</p>
<p>La objetividad de la biografía entronca con la «autoridad». Ya en el siglo XV «comienza a cobrar cuerpo la voz individual y comienza a ser reconocido por los otros el <strong>autor</strong>, la <em>auctoritas</em>»<code><a href="#cita12">[12]</a></code>. El “principio de autoridad”, que José Antonio Cordón entiende tan importante como el argumento del «pacto» (el referencial, el autobiográfico, el narrativo o novelesco). <em>Auctoritas</em> avalada por el hecho de la publicación que otorga reconocimiento y soslaya las desconfianzas<code><a href="#cita13">[13]</a></code>. Hoy más ostensible, si cabe, por «la progresiva <em>dimensión mercantil </em>de la escritura y un triunfo decisivo del <em>nombre de autor </em>como valor de comercio y garantía para el consumo»<code><a href="#cita14">[14]</a></code>.</p>
<p>La autenticidad de la autobiografía se encuentra estrechamente relacionada con la «coherencia», principio de racionalización que veremos más adelante, y lógicamente infiere con el «reconocimiento», a su vez muy relacionado con la autoridad, ya que el autor escribe amparado en aquélla [la autoridad], que le proporciona credibilidad, [..y..] persigue, en su inmensa mayoría, éste [el reconocimiento]<code><a href="#cita15">[15]</a></code>.</p>
<p>Se comparan así la autenticidad del personaje biográfico a la autenticidad del narrador autobiográfico: “biografía <em>versus</em> autobiografía”.</p>
<hr size="2" />
<p align="left"><span style="color: #0000ff;"><strong><span style="text-decoration: underline;">NOTAS:</span></strong></span></p>
<blockquote><p><a name="cita1"><code>[1]</code></a> Tal como sugiere el profesor <strong>Ricardo Senabre </strong>en su ponencia “Sobre el estatuto genérico de la biografía” del VII Seminario Internacional del ISLTYNT-UNED: «Los diccionarios señalan, con pocas variaciones, que <em>biografía</em> es la historia de la vida de una persona. Se trataría, pues, de una variante de la historia, que es propiamente la narración de los sucesos acontecidos en una colectividad —un pueblo, una cultura, una familia—, mientras que la biografía reduciría el panorama amplio de la historia al ámbito estrictamente individual. Sin embargo, y sin retroceder más allá de medio siglo, podemos encontrar el término aplicado a una ciudad —<em>Biografía de Buenos Aires </em>(1944), de Pablo Rojas Paz—, a una zona geográfica —<em>Biografía del Caribe</em> (1945), de Germán Arciniegas—, a un periódico —<em>Biografía de «La Época»</em> (1946), de Luis Araujo Costa—, a un restaurante madrileño —<em>Biografía de Lbardy</em> (1947), de Julia Mélida—, a una actividad intelectual —<em>Biografía de la filosofía</em> (1986). de Julián Marías— y a otras que no lo son tanto, como la <em>Biografía de las perversiones</em> (1973), de Carlos de Arce. Sin duda esto es posible desde que Spengler, en <em>La decadencia de Occidente</em>, afirmó que «las culturas son organismos» y que, en consecuencia, «la historia del mundo es su biografía general». Por eso puede haber biografías «particulares» —de países, de lugares, de instituciones—». En:<br />
&gt; <strong>Romera Castillo, José y Gutiérrez Carbajo (Eds.) </strong>(1998) <em>Biografías literarias (1975-1997). Actas del VII Seminario Internacional del Instituto de Semiótica Literaria, Teatral y Nuevas Tecnologías de la UNED</em>. Madrid: Visor Libros.)</p>
<p>En cuanto al <em><strong>biografismo</strong></em>: «necesidad, gusto por conocer acerca de las vidas humanas, de una vida singular», según <strong>Andrés Soria Ortega</strong> en su artículo:<br />
&gt; (1978) “El biografismo y las biografías: aspectos y perspectivas”. <em>1616. Anuario de la Sociedad Española de Literatura General y Comparada</em>, Vol. I, nº 1 de 1978. Madrid: Cátedra.<br />
En este trabajo el profesor Soria reivindica para la biografía moderna, al igual que postula Ricardo Senabre (véase nota 3), un espacio propio fronterizo entre la historia y la literatura. «La biografía no es una forma historiográfica popular y subsidiaria» y debe disociarse de la obra literaria, pues, «La literatura, que como tal producto está bajo graves sospechas, no tiene que ver con el biografismo». Y propone que el <em>espacio biográfico</em> «se dirigiese hacia otra meta brillante y autónoma: el arte». Andrés Soria, concluye así, tras sus estudios sobre el que estima más «profundo análisis de la biografía y el moderno biografismo, obra del pensador argentino José Luis Romero. En un ensayo, publicado en 1945, en el capítulo intitulado «La biografía como tipo historiográfico», formula casi todas las cuestiones en torno al problema». Se refiere a:<br />
&gt; <strong>Romero, José Luis </strong>(1945) <em>Sobre la biografía y la historia</em>. Buenos Aires: Sudamericana.</p>
<p>De ella resalta los tres tipos historiográficos que distingue José Luis Romero: «La historia de los, que historian una <em>comunidad</em> cualquiera (Heródoto, G. Villani, J. Michelet), la de aquéllos que historian la <em>totalidad</em> (Polibio, Voltaire) y, por último, los que acotan históricamente al <em>individuo </em>(los biógrafos). Romero apunta, a continuación, a uno de los más importantes aspectos del problema: la biografía está más próxima al gran público, a los lectores no especializados».</p>
<p>Sobre el «hibridismo» del género biográfico, que la profesora <strong>Belén Hernández</strong> en su comunicación “Dos tendencias biográficas de la literatura italiana actual” para el VII Seminario Internacional del ISLTYNT, concluye «como parte esencial de esta forma narrativa desde el momento en que se sirve de elementos ficcionales y de medios científicos elevados tanto en el plano intelectual como estético». También, en la misma ponencia mantiene con el ilustre escritor y pensador mexicano Alfonso Reyes el carácter fronterizo de la biografía: «El ejercicio creador consiste en el delicado juego entre los datos que posee el biógrafo y las lagunas que va rellenando a medida que avanza la trama, con su imaginación y su análisis crítico. Nótese que se vale de dos instrumentos, la imaginación y el análisis, que delimitan la frontera en la que Alfonso Reyes sitúa a la biografía: “La comunidad de tema humano entre la literatura y la historia, cuya frontera es la biografía”». En: <strong>Romera Castillo, José y Gutiérrez Carbajo (Eds.)</strong> (1998) ibid. p. 460. La cita de <strong>Alfonso Reyes</strong> se corresponde con su obra:<br />
&gt; (1983) <em>El deslinde</em>. México: Fondo de Cultura Económica.</p>
<p><a name="cita2"><code>[2]</code></a> Así podríamos describir la conciencia histórica, siguiendo a:<br />
<strong>Romero, José Luis </strong>(1945) <em>op. cit</em>. Del cual les sugiero leer &#8220;<a href="http://bibliologia.info/archivos/sobrebiografiaRomero.pdf" target="_blank">El despertar de la conciencia histórica</a>&#8221; pp. 173-187.</p>
<p><a name="cita3"><code>[3]</code></a> <strong>Rocha, Clara</strong> (1977) <em>O espaço autobiográfico em Miguel Torga</em>. Coimbra: Livraria Almedina. p. 53.</p>
<p><a name="cita4"><code>[4]</code></a> <strong>Rocha, Clara</strong> (1977) <em>ibid.</em> p. 53: «Así acontece, por ejemplo, en las Confesiones de san Agustín, en cuanto el narrador retrata un “yo” juvenil y aún no regenerado. En este caso, es una actitud de <em>antipatía</em>, resultante de la distancia temporal que separa el sujeto del objeto de la narración, que guía al escritor»</p>
<p><a name="cita5"><code>[5]</code></a> <strong>Torga, Miguel</strong> (1988) <em>Diario (1932-1987)</em>. Selección, traducción, índices y notas de <strong>Eloísa Álvarez</strong>. Madrid: Alianza. p. 75-76.</p>
<p><a name="cita6"><code>[6]</code></a> Para la biografía basta cotejar de nuevo la ponencia de <strong>Ricardo Senabre</strong> (1998) op. cit, p. 35: «Su dependencia de la historia es de tal naturaleza que brota precisamente de una determinada concepción del hombre y de la historia: aquélla que considera que la marcha de los pueblos se debe al impulso de individualidades egregias».</p>
<p>Para la autobiografía véase “<a href="http://bibliologia.info/archivos/crochaMascaras1.pdf" target="_blank">A explosão intimista na época contemporânea</a>” Capitulo 1 de: <strong>Rocha, Clara</strong> (1970) <em>Máscaras de Narciso. Estudos sobre a literatura autobiográfica em Portugal</em>. Coimbra: Livraria Almedina.</p>
<p><a name="cita7"><code>[7]</code></a> <strong>Miguel, Jesús M. de</strong> (1996) “Auto/biografías”. <em>Cuadernos Metodológicos</em>, nº 17 enero de 1996. Madrid: CIS-Centro de Investigaciones Sociológicas. pp. 49-51.</p>
<p><a name="cita8"><code>[8]</code></a> <strong>Rocha, Clara</strong> (1977) <em>ibid.</em> p. 54.</p>
<p><a name="cita9"><code>[9]</code></a> <strong>Rocha, Clara</strong> (1977) <em>ibid.</em> p. 55.</p>
<p><a name="cita10"><code>[10]</code></a> «la prueba definitiva de que nos hallamos ante una biografía es su correspondencia con la realidad […] cuando la biografía rebasa los estrechos límites de la historia, ya es otra cosa, aunque esa cosa tenga <em>forma</em> autobiográfica […] convendría reservar el término biografía a las puramente informativas, habitualmente salidas de la mano de historiadores o de periodistas, que se limitan a narrar datos fehacientes para permitir que el lector deduzca sus propias conclusiones y se forme su propia idea del biografiado». Pero, sin caer en ser una mera variante o subgénero de la historia, «en las biografías se aplican métodos de interpretación diferentes: materialistas, psicológicos, psicoanalíticos&#8230;» porque consiste: «en entender una vida»: <strong>Senabre, Ricardo</strong> (1998) <em>op. cit</em> pp. 35-36.</p>
<p><a name="cita11"><code>[11]</code></a> <strong>Rocha, Clara</strong> (1977) <em>ibid.</em> p. 55: «Al acentuarse la importancia del presente en el acto de escribir, el estilo parece estorbar a la fidelidad de las reminiscencias y contribuir al carácter arbitrario de la narración. En realidad, porque, el estilo autobiográfico vincula una y otra imagen de veracidad. Su originalidad puede agravar el peligro de inexactitud de los hechos relatados, mas acentúa la autenticidad actual del yo narrador. A través de un modo singular de elocución, éste va diseñando a lo largo de la escritura una imagen verdadera de su personalidad».</p>
<p><a name="cita12"><code>[12]</code></a> Uno de los aspectos argumentativos del desarrollo del biografismo que sostiene el profesor <strong>Miguel Ángel Pérez Priego</strong> en su ponencia “Sobre la biografía de los autores medievales” del VII Seminario Internacional del ISLTYNT-UNED. En:<br />
&gt; <strong>Romera Castillo, José y Gutiérrez Carbajo (Eds.)</strong> (1998) <em>op. cit</em> p. 58.</p>
<p><a name="cita13"><code>[13]</code></a> <strong>Cordón García, José Antonio [et al.] </strong>(2001) <em>Manual de investigación bibliográfica y documental. Teoría y práctica</em>. Madrid: Pirámide. p. 222-223: «La mayoría de los escritos biográficos están realizados por intelectuales identificados y reconocidos, imbuidos de un componente que impregna poderosamente a todos los sectores sociales y que se erige en factor de confianza básica en la transmisión social del conocimiento: éste es la Autoridad. La actual división del trabajo intelectual, y sobre todo sus derivaciones mediáticas, vía prensa, radio y televisión, parece exigir que una persona acepte las percepciones, el razonamiento y las recomendaciones de otra simplemente sobre la base de su posición, en nuestro caso de la representatividad cognitiva que se le presupone. A medida que la sociedad se hace más compleja, más especializada y diferenciada, mayor es también la distancia que separa al ser social de la conciencia social. A través del intelectual los colectivos se exploran, se analizan, se descubren, de tal forma que éste contribuye a la autotransparencia ajena, al tiempo que busca aprecio y estatus propio. Pero este papel emergente del intelectual sólo se puede desarrollar a cambio de una fuerte transferencia de reconocimiento sobre su autoridad cognitiva. […] El principio de autoridad sería de todas formas poco eficaz si no se viera reforzado el sujeto enunciador por un medio cuyo prestigio está profundamente arraigado en la estructura interna del subsconsciente colectivo. La fascinación por la palabra impresa opera como una instancia de persuasión formal, de la misma naturaleza que la que subyace en el resto de los medios de comunicación. El hecho de ser publicado constituye un a priori argumental que desarma prevenciones desconfiadas, como las que puede suscitar la interlocución, y predispone a esa confianza delegada por la autoridad».</p>
<p><a name="cita14"><code>[14]</code></a> <strong>Pozuelo Yvancos, José María</strong> (2006) <em>De la autobiografía. Teoría y estilos</em>. Barcelona: Crítica. p.47: «El mercado editorial es, cada vez más, un mercado de nombres propios y el mayor problema de cualquier autor que empiece es, paradójicamente, el de hacerse un nombre».</p>
<p>Esto nos lleva a los planteamientos enseñados por el profesor <strong>Cordón</strong> en su asignatura de <em>Industria editorial</em> en la Facultad de Traducción y Documentación de la Universidad de Salamanca: el panorama actual de la edición, los entresijos y funcionamiento del mundo editorial, la visibilidad de los autores y la sociología de la cultura, específicamente la sociología del campo literario. La explicación de la obra y legado del sociólogo francés <strong>Pierre Bourdie</strong>, especialmente de su obra:<br />
&gt; (1995) <em>Las reglas del arte. Génesis y estructura del campo literario</em>. Traducción de Thomas Kauf. Barcelona: Anagrama, 1995. De ella pueden leer su “<a href="http://bibliologia.info/archivos/postBourdieu.pdf" target="_blank">Post-scriptum</a>”.</p>
<p><a name="cita15"><code>[15]</code></a> <strong>Cordón García, José Antonio [et al.]</strong> (2001) <em>op. cit</em> p. 223.</p></blockquote>
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</p>]]></content:encoded>
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		<title>Autenticidad. La jerarquización de las relaciones identidad / semejanza</title>
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		<pubDate>Sun, 18 May 2008 17:48:08 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José María Vivancos</dc:creator>
				<category><![CDATA[Escrituras del «yo»]]></category>
		<category><![CDATA[Principal]]></category>
		<category><![CDATA[autenticidad]]></category>
		<category><![CDATA[autobiografías]]></category>
		<category><![CDATA[biografías]]></category>
		<category><![CDATA[identidad]]></category>
		<category><![CDATA[Miguel Torga]]></category>
		<category><![CDATA[pacto referencial]]></category>
		<category><![CDATA[Philippe Lejeune]]></category>
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		<description><![CDATA[Identidad no es sinónimo de semejanza. Tal como señala Lejeune, “la identidad” es un hecho aprehensible en la enunciación, “la semejanza” es una relación establecida a partir del enunciado. La identidad implica solo tres términos: autor, narrador y el personaje. Para que exista semejanza, por el contrario, debe entrar en juego un cuarto término, de [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Identidad no es sinónimo de semejanza. Tal como señala Lejeune, “la identidad” es un <em>hecho </em>aprehensible en la enunciación, “la semejanza” es una relación establecida a partir del enunciado. La <em>identidad</em> implica solo tres términos: <em>autor, narrador y el personaje</em>. Para que exista semejanza, por el contrario, debe entrar en juego un cuarto término, de naturaleza extratextual, el <em>modelo</em>. Por “modelo” entiende Lejeune el prototipo “lo real al que el enunciado quiere <em>asemejarse</em>”.</p>
<p>Con respecto a todo el resto de formas de ficción, la biografía y la autobiografía tienen en común la característica de que son textos <em>referenciales</em>. Esto quiere decir que, tal como los textos científicos o históricos, pretenden producir una imagen de la <em>realidad</em>, y no sólo el “efecto de lo real” –mera verosimilitud-. El objetivo es retratar una <em>realidad</em> exterior y someterse a una prueba de <em>verificación</em>.<span id="more-198"></span></p>
<blockquote><p><em>Coimbra, 2 de noviembre de 1988</em>. Decididamente, muero<br />
incomprendido. ¿Quién va a entender ciertas reacciones,<br />
ciertas actitudes, ciertas palabras a que me obligan cuando<br />
menos lo espero? No sé qué daría por no haber tenido que<br />
decir lo que le he dicho hoy a un bienaventurado pobre de<br />
espíritu que se toma en serio. Pero callarme sería pactar.<br />
Y yo no puedo pactar ni conmigo mismo. Mi autenticidad<br />
exige mi sinceridad. Y tengo que pagar el precio de esta<br />
autoconciencia y de esta franqueza sin contemplaciones:<br />
ser en el mundo un eremita que convive.<code><a href="#cita1">[1]</a></code></p></blockquote>
<p>Lejeune apela al <em>pacto referencial</em><code><a href="#cita2">[2]</a></code>. En la biografía el pacto referencial debe ser <em>concluido y mantenido</em>, de modo que el resultado conlleva un orden de estricta semejanza, en la autobiografía la semejanza puede evaporarse, sin que ello suponga la anulación del valor referencial del texto. La autobiografía implica la identidad del <em>autor</em> y del <em>narrador</em>; es esa identidad la que conlleva una cierta forma de semejanza entre el <em>personaje</em> y el <em>modelo</em>. Por el contrario, la relación que une el <em>personaje</em> biográfico al <em>modelo</em> (prototipo extratextual: la vida del <em>personaje</em> “tal como ha sido”) es, en primer lugar una relación de identidad, pero sobre todo de semejanza.</p>
<p>Así que, «lo que va oponer la biografía y la autobiografía es la jerarquización de las relaciones de semejanza y de identidad»; la semejanza desempeña en la autobiografía una función secundaria, es una consecuencia de la identidad –y esta es una de las razones por las que aceptamos buenamente constatar desemejanzas entre el <em>personaje</em> y el <em>modelo</em> en ciertos escritos autobiográficos-, y en la biografía una función primordial, ya que el <em>personaje</em> biográfico solo encuentra razón de ser en su semejanza con el <em>modelo</em>.</p>
<p>El <em>modelo</em> extratextual puede confundirse, en la autobiografía, con la persona del <em>autor</em>, situado igualmente en un espacio exterior al texto. Precisamente en la convergencia del <em>modelo</em> y el <em>autor</em> se asienta el carácter <em>unilateral </em>de la “referencia” autobiográfica. Mientras que, en la biografía la “referencia” extra-texto es <em>bilateral</em> (<em>autor</em> y <em>modelo</em> son elementos independientes y diferenciados)<code><a href="#cita3">[3]</a></code>.</p>
<p style="text-align: center;"><img style="vertical-align: middle;" src="http://bibliologia.info/archivos/img154.jpg" alt="" width="408" height="314" /></p>
<p>Podemos constatar, con Lejeune, que la fórmula biográfica se caracteriza por ser una relación lineal, la de la autobiografía al derivar de la articulación de identidad y semejanza es una relación de relaciones, imposible de ser representada linealmente. En estas raíces formales y estructurales ahonda la “escritura y la existencia”. De aquí la “búsqueda de identidad”, la “re-construcción de la vida”, la “legitimación y racionalización” del discurso, la “autenticidad”<code><a href="#cita4">[4]</a></code>:</p>
<blockquote><p><em>Coimbra, 2 de octubre de 1990</em>. He luchado toda mi vida<br />
para ser libre. Pero no he conseguido más que preservar<br />
mi identidad.</p>
<p><em>Coimbra, 17 de agosto de 1993</em>. Espero, espero. Y ya lo<br />
hago sólo por dos fortunas: el último verso y el postrer<br />
latido de mi corazón. Los versos que van surgiendo son<br />
lo que pueden ser, pero ninguno es ese definitivo,<br />
totalmente revelador. Y mis pulsaciones cardiacas,<br />
estimuladas por nitratos, digitalina e impulsos electrónicos,<br />
lo que hacen es simplemente dificultarle el camino a la<br />
natural que ha de desmentirlas a todas. De todos modos,<br />
pacientemente, espero. Quiero ser auténtico hasta el final,<br />
y llevarme las pruebas de que lo he sido verdaderamente,<br />
para identificarme y avalarme, si fuera necesario, en el<br />
cielo o en el infierno.<code><a href="#cita5">[5]</a></code></p></blockquote>
<pre></pre>
<hr size="2" />
<p align="left"><span style="color: #0000ff;"><strong><span style="text-decoration: underline;">NOTAS:</span></strong></span></p>
<blockquote><p><a name="cita1"><code>[1]</code></a> <strong>Torga, Miguel </strong>(1997) <em>Diario II (Últimas páginas. 1987-1993)</em>. Traducción, índices y notas de <strong>Eloísa Álvarez</strong>. Madrid: Alfaguara-Santillana. p. 105.</p>
<p><a name="cita2"><code>[2]</code></a> Según <strong>Lejeune, Philippe</strong> (1994) <em>El pacto autobiográfico y otros escritos</em>. Madrid: Megazul-Endymion.p. 64: «Todos los textos referenciales conllevan, por lo tanto, lo que yo denominaría &#8220;pacto referencial&#8221;, implícito o explícito, en el que se incluyen una definición del campo de lo real al que se apunta y un enunciado de las modalidades y del grado de parecido a los que el texto aspira»</p>
<p><a name="cita3"><code>[3]</code></a> La pura <em>referencia textual</em> relaciona los distintos términos del texto con la realidad. La biografía y la autobiografía son textos referenciales, esto es, reenvían a una realidad extratextual.</p>
<p><a name="cita4"><code>[4]</code></a> «Vemos entonces que la relación designada por &#8220;=&#8221; no es en absoluto una <em>relación simple</em>, sino sobre todo una <em>relación de relaciones</em>; significa que el <em>narrador</em> es al <em>personaje</em> (pasado o actual) lo que el <em>autor</em> es al <em>modelo</em>; vemos que esto implica que el término último de verdad (si razonamos en términos de semejanza) no puede ser el ser-en-sí del pasado (si tal cosa existe), sino el ser-para-sí, manifestado en el presente de la enunciación. Si el <em>narrador </em>se equivoca, miente, olvida o deforma en relación a la historia (lejana o casi contemporánea) del <em>personaje</em>, ese error, mentira, olvido o deformación tienen simplemente, si los percibimos, valor de aspectos, entre otros, de una enunciación que permanece auténtica. Llamamos <strong><em>autenticidad</em></strong> a esa relación interior propia del empleo de la primera persona en la narración personal; no se la confundirá ni con la <em>identidad</em>, que remite al nombre propio, ni con la <em>semejanza</em>, el cual supone un juicio de similitud entre dos imágenes diferentes, emitido por una tercera persona». De:<br />
&gt; <strong>Lejeune, Philippe</strong> (1994) <em>ibid</em>.  pp. 81-82.<br />
El subrayado es mío, para destacar esta cualidad fundamental en la «escritura del yo»: la autenticidad. Los gráficos están basados en los esquemas de Lejeune (pp. 78-79). Y he preferido el término “semejanza” al de <em>parecido</em> utilizado en la traducción española, que no ha sido una ocurrencia personal, se la debemos a la <em>semelhança</em> que usa la profesora Rocha.</p>
<p><a name="cita5"><code>[5]</code></a> <strong>Torga, Miguel</strong> (1997) op. cit pp. 161 y 263.</p></blockquote>
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		<title>El pacto autobiográfico. Las marcas pronominales o partículas  deícticas</title>
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		<pubDate>Thu, 15 May 2008 17:05:35 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José María Vivancos</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Durante tiempo se ha visto como rasgo importante del texto autobiográfico el que se encuentre escrito en primera persona – escribo yo &#8211; con la intención de dar más verosimilitud al texto (narración autodiegética), mientras de la biografía clásica que esté escrita en tercera persona gramatical (heterodiegética)[1], haciendo gala de su carácter científico. Hoy se [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Durante tiempo se ha visto como rasgo importante del texto autobiográfico el que se encuentre escrito en primera persona – escribo yo &#8211; con la intención de dar más verosimilitud al texto (narración <em>autodiegética</em>), mientras de la biografía clásica que esté escrita en tercera persona gramatical (<em>heterodiegética</em>)<code><a href="#cita1">[1]</a></code>, haciendo gala de su carácter científico. Hoy se sigue enseñando en las aulas universitarias la conveniencia de no personalizar los escritos o documentos, tendiéndose a utilizar el impersonal (“se analiza”, “se concluye”, “se observa”, etc.). Y en muchas ocasiones «la reflexividad es un instrumento necesario para presentar el yo en la vida cotidiana»<code><a href="#cita2">[2]</a></code>.</p>
<p>Este argumento de los caracteres de la voz narrativa no es erróneo, pero como se verá es claramente insuficiente para clasificar la escritura del yo. Del análisis de los propios textos a lo largo de la historia literaria, se extraen numerosos testimonios – narrativa <em>homodiegética</em> – de que el narrador, registrado en primera persona, acude en el discurso a relatar episodios biográficos de un personaje principal distinto a él. También ocurre que dándose la identidad del narrador y del personaje principal, el narrador no usa la primera persona gramatical y acude a la tercera persona, incluso al “tu” y a combinar las formas nominales, distintos procedimientos para dar la sensación de objetividad y distanciamiento púdico/irónico o causar efectos de desdoblamiento de personalidad<code><a href="#cita3">[3]</a></code>.<span id="more-197"></span></p>
<p>Situaciones frecuentes en el acto autobiográfico donde se: «conjuga una <em>experiencing self</em> y un <em>narrating self</em>, un <em>yo</em> que experimenta los hechos relatados y otro <em>yo</em> que narra esos hechos con cierta distancia temporal y vivencial»<code><a href="#cita4">[4]</a></code>. O sencillamente los escritos literarios en primera persona gramatical que no ponen de relieve a un personaje autobiográfico. «Elisabeth W. Bruss demuestra que durante ciertos periodos de la historia de la literatura no se establece una distinción entre “una primera persona” idealizada y un autor-héroe autobiográfico particular»<code><a href="#cita5">[5]</a></code>, remitiendo a los salmos del Antiguo Testamento – narrativa <em>metadiegética</em>-<code><a href="#cita6">[6]</a></code>.</p>
<p>Así que resulte necesario recurrir a otro criterio, para fundamentar la distinción biografía/autobiografía, el de la jerarquización de las relaciones de semejanza y de identidad que se establecen entre el narrador y el personaje principal. Para ello es imprescindible acudir a Philippe Lejeune, y a su <a href="http://www.autopacte.org/pacte_autobiographique.html" target="_blank"><em>Le pacte autobiographique</em></a>, donde demuestra que la autobiografía canónica se caracteriza por la identidad  <em>autor = narrador = personaje</em>.</p>
<p>Justamente, «<em>el pacto autobiográfico</em><code><a href="#cita7">[7]</a></code>es la afirmación en el texto de esta identidad». Y reservando la fórmula <em>autor = narrador ≠ personaje</em>, para la «autobiografía en tercera persona»:</p>
<p style="padding-left: 270px;"><img class="alignright" style="float: right;" src="http://bibliologia.info/archivos/img152.jpg" alt="" width="390" height="220" /><code><a href="#cita8">[8]</a></code></p>
<p>Gérard Genette, que ha sabido explotar las distintas posibilidades a que da lugar la relación triangular de Lejeune, propone una configuración muy interesante de asociación de los discursos con las cuestiones de voz y los vínculos entre narrador y autor, que podemos ver en el siguiente cuadro con cinco figuras lógicas y coherentes partiendo de la doble fórmula:</p>
<p style="padding-left: 60px;"><em>Autor <strong>=</strong> Narrador</em> <em><strong>→</strong></em> <em>discurso factual</em> (histórico) = <em>dicción</em><br />
<em>Autor</em> <strong>≠</strong> <em>Narrador</em> <em><strong>→</strong></em> <em>discurso ficcional</em> (literario) = <em>ficción</em></p>
<p><code><a href="#cita9">[9]</a></code><br />
<img class="alignleft" style="float: left;" src="http://bibliologia.info/archivos/img153.jpg" alt="" width="396" height="250" /></p>
<p>A = N = P = A</p>
<p>A = N ≠ P ≠ A</p>
<p>A ≠ N = P ≠ A</p>
<p>A ≠ N ≠ P = A</p>
<p>A ≠ N ≠ P ≠ A</p>
<p>De acuerdo con la profesora Rocha: «La presencia de partículas deícticas, el parámetro espacial en la situación del discurso y la indicación sistemática de nombres propios son procesos de utilización casi inevitables, que contribuyen para reducir la ambigüedad en el proceso de identificación del sujeto enunciador»<code><a href="#cita10">[10]</a></code>, pero no suficientes para explicar la oposición biografía/autobiografía.</p>
<blockquote><p><em>Vila Nova, 10 de octubre de 1936</em>. Un Diario no es esto. Para<br />
Diario, el de aquel inglés que, para que nadie pudiera leérselo,<br />
llegó a inventar un lenguaje cifrado.<br />
¡Qué no diría yo aquí si pudiese escribir en cifra!</p>
<p><em>Coimbra, 22 de mayo de 1982</em>. Mantener este registro<br />
de mis días hasta el último día. No con la vana pretensión<br />
de completar un testimonio de mi época, sino para,<br />
con el mismo acto clarificador de la escritura, aclarar en<br />
mi espíritu, junto a momentos poco significativos, otros<br />
que serán cruciales en mi vida. Con la obsesión del final<br />
que los hace cada vez más contingentes, y con esa precariedad<br />
que los hace cada vez más agónicos. Mi juego con<br />
la muerte ha sido siempre en serio, pero el cargador del<br />
revólver no tenía más que una bala. Ahora tiene varias.<code><a href="#cita14">[11]</a></code></p></blockquote>
<hr size="2" />
<p align="left"><span style="color: #0000ff;"><strong><span style="text-decoration: underline;">NOTAS:</span></strong></span></p>
<blockquote><p><a name="cita1"><code>[1]</code></a> La concepción clasificatoria de la narración en función de las “voces” que <strong>Gérard Gennete</strong> establece para las obras de ficción en: (1993) <em>Ficción y dicción</em>. Barcelona: Lumen.</p>
<p><a name="cita2"><code>[2]</code></a> <strong>Miguel, Jesús M. de</strong> (1996) “Auto/biografías”. <em>Cuadernos Metodológicos</em>, nº 17 enero de 1996. Madrid: CIS Centro de Investigaciones Sociológicas.</p>
<p><a name="cita3"><code>[3]</code></a> <strong>Romera Castillo, José </strong>(2006) <em>De primera mano. Sobre escritura autobiográfica en España (siglo XX)</em>. Madrid: Visor Libros.<br />
Ejemplos de usos y combinaciones de la personas gramaticales (yo, tú, él-ella, nosotros y formas impersonales):<br />
- las Memorias de <a href="http://www.escritores.org/goytisolo.htm" target="_blank">Juan Goytisolo</a>: (1985) <em>Coto vedado </em>y (1986) <em>En los reinos de taifa</em>. Barcelona: Seix Barral. (1993) Diario de Sarajevo. Madrid: El País/Aguilar.<br />
- <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Jorge_Sempr%C3%BAn" target="_blank">Semprún, Jorge</a> (1982) <em>Autobiografía de Federico Sánchez</em>. Barcelona: Planeta<br />
- <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Albert_Boadella" target="_blank">Boadella, Albert</a> (2001) <em>Memorias de un bufón</em>. Madrid: Espasa Calpe.</p>
<p><a name="cita4"><code>[4]</code></a> <strong>Rocha, Clara</strong> (1977) <em>O espaço autobiográfico em Miguel Torga</em>. Coimbra: Livraria Almedina. Y cita el caso de <em>Roland Barthes par Roland Barthes</em> un ejemplo de escritura heterodiegética. p. 46</p>
<p><a name="cita5"><code>[5]</code></a> Según <strong>Rocha, Clara</strong> (1977) ibid. p. 48</p>
<p><a name="cita6"><code>[6]</code></a> <strong>Estébanez Calderón, Demetrio</strong> (1996) <em>Diccionario de términos literarios</em>. Madrid: Alianza.<br />
«<strong>Diégesis</strong>. Término griego, que significa relato o exposición, con el que se designa la sucesión cronológica de las acciones y acontecimientos que constituyen una historia narrada o representada. El término <em>diegesis</em> aparece en Platón con el sentido de simple relato de una historia (sin diálogos), frente al de <em>mimesis</em>, o imitación de esa historia que representarían los personajes en un drama. En la narratología contemporánea, G. Genette considera la diégesis como el contenido narrativo constituido por los acontecimientos: en ese sentido, <em>diégesis</em> sería sinónimo de <em>historia</em>, término utilizado por <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Tzvetan_Todorov" target="_blank">Tzvetan Todorov</a> . La <em>diégesis</em> se diferencia del <em>relato</em> (conjunto de palabras que forman el discurso o enunciado del narrador) y de la <em>narración</em>, que es el &#8220;acto narrativo&#8221; productor del relato (G. Genette, 1972). Atendiendo a la posición del narrador de una historia frente a los acontecimientos relatados, el mencionado crítico habla de relato <em>homodiegético</em>, cuando el narrador es un personaje que participa en la historia que cuenta; si está fuera de la misma, se trataría de un relato <em>heterodiegético</em>; en el caso de que el narrador fuera el protagonista de dicha historia, el relato sería <em>autodiegético</em>. Se habla de relato <em>metadíegético</em> cuando se trata de una narración subordinada o de segundo grado: p. e., en <em>Las mil y una noches</em>, Sherezade, que es un personaje introducido en la historia por el narrador primero (<em>extradiegético</em>), se convierte ella misma en narradora de nuevos relatos que son, por tanto, <em>metadiegéticos</em> (en terminología de G. Genette), es decir, relatos subordinados o de segundo grado.»</p>
<p><a name="cita7"><code>[7]</code></a> De <strong>Lejeune, Philippe</strong> (1994) E<em>l pacto autobiográfico y otros escritos</em>. Madrid: Megazul-Endymion. p. 65: «La identidad de nombre entre autor, narrador y personaje puede ser establecida de dos maneras:<br />
1. <em>Implícitamente</em>, en la conexión autor-narrador, con ocasión del <em>pacto autobiográfico</em>, la cual puede tomar dos formas: a) empleo de <em>títulos</em> que no dejan lugar a dudas acerca del hecho de que la primera persona nos remite al nombre del autor (<em>Historia de mi vida</em>, <em>Autobiografía</em>, etc.); b) <em>sección inicial </em>del texto en la que el narrador se compromete con el lector a comportarse como si fuera el autor, de tal manera que el lector no duda de que el &#8220;yo&#8221; remite al nombre que figura en la portada, incluso cuando el nombre no se repita en el texto.<br />
2. <em>De manera patente</em>, en el nombre que se da el narrador-personaje en la narración, y que coincide con el del autor en la portada.<br />
Es necesario que la identidad sea establecida al menos por uno de esos dos medios; muchas veces es establecida por los dos al mismo tiempo.»</p>
<p><a name="cita8"><code>[8]</code></a> De <strong>Lejeune, Philippe</strong> (1994) ibid.  p. 55</p>
<p><a name="cita9"><code>[9]</code></a> En <strong>Gennete, Gérard </strong>(1993) op. cit p. 67</p>
<p><a name="cita10"><code>[10]</code></a> Según <strong>Rocha, Clara</strong> (1977) ibid. p. 47</p>
<p><a name="cita11"><code>[11]</code></a> <strong>Torga, Miguel</strong> (1988) <em>Diario (1932-1987)</em>. Selección, traducción, índices y notas de <strong>Eloísa Álvarez</strong>. Madrid: Alianza. p. 20 y 417.</p></blockquote>
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		<title>Biografía &#8211; Autobiografía</title>
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		<pubDate>Sun, 11 May 2008 17:39:39 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José María Vivancos</dc:creator>
				<category><![CDATA[Escrituras del «yo»]]></category>
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		<description><![CDATA[La «escritura del yo» ha experimentado, en las últimas décadas, una verdadera eclosión –“A explosão intimista na época contemporânea”[1]-, al unísono un incremento importante en estudios sobre ella, basta con ver las secciones de novedades de las grandes librerías y los catálogos de las más importantes editoriales[2]. Las tendencias del mercado editorial revelan un crecimiento [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>La «escritura del yo» ha experimentado, en las últimas décadas, una verdadera eclosión –“<a href="http://bibliologia.info/archivos/crochaMascaras1.pdf" target="_self">A explosão intimista na época contemporânea</a>”<code><a href="#cita1">[1]</a></code>-, al unísono un incremento importante en estudios sobre ella, basta con ver las secciones de novedades de las grandes librerías y los catálogos de las más importantes editoriales<code><a href="#cita2">[2]</a></code>. Las tendencias del mercado editorial revelan un crecimiento sostenido (superior al 5% anual) de la producción biográfica, para comprobarlo consúltese <a href="http://www.mcu.es/libro/MC/PEE/index.html" target="_blank"><em>La Panorámica de la Edición Española de Libros</em></a>. Las estadísticas y clasificaciones oficiales propician la confusión, entre “lo biográfico y lo autobiográfico&#8221;, al englobarse todas las publicaciones bajo el epígrafe: “Historia. Biografía”. O en la <a href="http://www.udcc.org/" target="_blank">CDU</a> con un registro común<em> 82-94 </em>para el conjunto de la <em>Historia como género literario</em>.</p>
<p>El propio término “Autobiografía” delata como esta palabra deriva claramente de la primera de “Biografía”. De acuerdo con Georges May, «uno puede preguntarse si no sucede lo mismo con las formas literarias que ambas designan»<code><a href="#cita3">[3]</a></code>: <em>relatos de vida, novelas históricas, retratos, memorias, biografías propiamente dichas o biografías literarias, </em>etc. Historias o <em>documentos personales</em>, como los denomina el sociólogo Ken Plummer<code><a href="#cita4">[4]</a></code>, que estudiados por el español Juan José Pujadas, se pueden definir como: «todo aquel conjunto de registros escritos que reflejan una trayectoria humana o que dan noticia de la visión subjetiva que los sujetos tienen de la realidad circundante, así como de su propia existencia»<code><a href="#cita5">[5]</a></code>.<span id="more-196"></span></p>
<p>Otro de los grandes intelectuales que han dedicado estudios a esta temática, <a href="http://www.asmp.fr/fiches_academiciens/STAROBINSKI.HTM" target="_blank">Jean Starobinski</a>, ha definido la <em>autobiografía</em> como «la biografía de una persona hecha por ella misma»<code><a href="#cita6">[6]</a></code>. La más explícita de las definiciones de <em>biografía</em> es la de Daniel Madelénat: «Relato escrito u oral, en prosa, que un narrador hace de la vida de un personaje histórico (poniendo el acento sobre la singularidad de una existencia individual y la continuidad de una personalidad)»<code><a href="#cita7">[7]</a></code>. Conviene diferenciarlas de la <em>historia de vida</em> (en francés <em>histoire de vie</em>): «estudio de caso referido a una persona dada, comprendiendo no sólo su narración biográfica, sino cualquier otro tipo de información o documentación adicional que permita la reconstrucción de dicha biografía de la forma más exhaustiva y objetiva posible» (Pujadas; 1992). «La historia de vida no es nunca de una sola vida» y suelen ser contadas por  científicos sociales (antropólogo social, sociólogo, psicólogo social, etc.)<code><a href="#cita8">[8]</a></code>.</p>
<blockquote><p><em>Vila Nova, 7 de octubre de 1936</em>. Ante mí, una hoja de papel<br />
en blanco, esperando; dentro de mí, esta angustia, esperando:<br />
y no escribo nada. La vida no se ha hecho para ser escrita. La<br />
vida —esta intimidad profunda, este existir sin remedio, esta<br />
noche de pesadilla que ni consigue aclararnos por qué ha sido<br />
así— es para ser vivida, y no para hacer con ella literatura.<code><a href="#cita9">[9]</a></code></p></blockquote>
<p>La simple «descripción de un personaje» es un <em>retrato</em>, donde se combinan sus rasgos físicos y su carácter, donde puede predominar la descripción física (<em>prosopografía</em>) o centrarse «en la presentación del “interior” del individuo, del sustrato anímico y espiritual que guía su comportamiento (<em>etopeya</em>)»<code><a href="#cita10">[10]</a></code>. No cabe duda acerca de que están <em>emparentados lo bio y lo autobiográfico</em><code><a href="#cita11">[11]</a></code>, pero tienen cada uno sus propias características. Si hemos distinguido entre <em>discurso histórico y literario</em> procurando ver sus rasgos, principalmente el aspecto <em>referencial</em> o <em>factual </em>del <em>intencional </em>o <em>ficcional</em>, ahora interesa reflexionar sobre las marcas que identifican y separan la autobiografía de la biografía para tratar de evitar las ambigüedades. Aunque cuidado, que no existe mayor ambigüedad que la de la propia vida humana. Y la tarea, del biógrafo y del autobiógrafo, es <a href="http://bibliologia.info/archivos/2008LetrasLibres.pdf" target="_blank">Narrar la vida</a><code><a href="#cita12">[12]</a></code>.</p>
<blockquote><p><em>Abrecóvo, 27 de diciembre de 1941</em>. La vida&#8230; Y<br />
se pone uno a pensar en todas esas maravillosas teorías que<br />
los filósofos han construido en el recogimiento de sus bibliotecas,<br />
en todos esos bellos poemas que los poetas han escrito en la<br />
pobreza de sus buhardillas, o en todos esos complejos dogmas<br />
que los teólogos no han conseguido entender en la soledad de sus<br />
celdas. En todo esto, o si no, en la cuenta del tendero, en la<br />
degradación moral de este siglo, o en la triste pequeñez de todo,<br />
empezando por nosotros mismos.<br />
Pero la vida es algo inmenso, algo que no se puede encerrar en<br />
una teoría, en un poema, en un dogma, ni siquiera en la<br />
desesperación total del hombre.<br />
La vida es lo que estoy viendo en este momento: una mañana<br />
majestuosa y desnuda sobre estos montes cubiertos de nieve y<br />
de sol, un tapiz de hierba en que una oveja acaba de parir un<br />
cordero, y dos chiquillos —un niño y una niña— silenciosos,<br />
atónitos, que contemplan este milagro todavía humeante.<code><a href="#cita13">[13]</a></code></p></blockquote>
<p>Ambas tienen semejantes orígenes, dado que <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Her%C3%B3doto" target="_blank">Herodoto</a>, <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Jenofonte" target="_blank">Jenofonte</a>, <a href="http://www.historiaclasica.com/2007/07/plutarco-de-queronea.html" target="_blank">Plutarco</a>, <a href="http://www.e-torredebabel.com/Biografias/Biografia-Diogenes-Laercio.htm" target="_blank">Diógenes Laercio</a>, <a href="http://www.monografias.com/trabajos6/sanag/sanag.shtml" target="_blank">san Agustín</a>, con sus obras inician la secuencia <em>práctica histórica-bio-auto-biográfica</em>, porque las escrituras del yo son tan antiguas como la propia literatura. En cambio, la aparición de ambos términos es bastante tardía, tal como se conceptualizan o reconocen actualmente. De la <em>biografía</em> se conoce su uso desde que lo incluye el <a href="http://books.google.es/books?id=tE_ilSCmgj4C&amp;pg=PA169&amp;lpg=PA169&amp;dq=diccionario+de+tr%C3%A9voux&amp;source=web&amp;ots=LwIdL_wpYl&amp;sig=1sAi-J0ixeIWqV6DhxmGK5unj6I&amp;hl=es" target="_blank"><em>Diccionario de Trévoux</em></a> en 1721. De la <em>autobiografía</em>, todos los autores coinciden, que debe su apogeo a las: <a href="http://www.philosophia.cl/biblioteca/Rousseau/confesiones.pdf" target="_blank"><em>Confesiones de Jean-Jacques Rousseau</em></a> publicadas entre 1782 y 1789 y a <em>Poesía y verdad</em> –en dos partes- de <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Goethe" target="_blank">Johann Wolfgang von Goethe</a>, editadas entre 1811 y 1833<code><a href="#cita14">[14]</a></code>.</p>
<p>Con el tiempo, los arquetipos se han desdibujado, y la mutación de géneros y estilos caracterizan el panorama actual literario, respecto a los gustos creativos y del público lector. La indeterminación y la intersección, que contribuyen a la contaminación recíproca entre géneros, y la lógica superación del estatismo narrativo<code><a href="#cita15">[15]</a></code> han enriquecido el ejercicio creador, conformando una red de conexiones entre obras que se manifiesta hoy en productos culturales que responden a los modelos más demandados por el mercado<code><a href="#cita16">[16]</a></code>.</p>
<p>De cualquier manera, hay que cumplir con el empeño impuesto, contribuyendo modestamente a esclarecer el «paisaje brumoso» que hemos pintado hasta ahora sobre las escrituras del yo. Para ello se han considerado dos campos de estudio: el <em>formal-estructural</em>, y el <em>super o macroestructural</em>. Ahora bien, vamos a seguir un esquema de cuatro apartados, semejante al que desarrolla la profesora Clara Rocha<code><a href="#cita17">[17]</a></code>, con el ánimo de facilitar la exposición:<br />
1. <em>Las marcas pronominales o partículas deícticas. El pacto autobiográfico.</em><br />
2. <em>La jerarquización de las relaciones Identidad / semejanza. Autenticidad.</em><br />
3. <em>Actitudes del narrador. Referencia y auto-referencia. Reconocimiento y autoridad.</em><br />
4. <em>Racionalización. La totalización de las informaciones.</em></p>
<pre></pre>
<hr size="2" />
<p align="left"><span style="color: #0000ff;"><strong><span style="text-decoration: underline;">NOTAS:</span></strong></span></p>
<blockquote><p><a name="cita1"><code>[1]</code></a> Capitulo 1 de: <strong>Rocha, Clara</strong> (1970) <em>Máscaras de Narciso. Estudos sobre a literatura autobiográfica em Portugal</em>. Coimbra: Livraria Almedina</p>
<p><a name="cita2"><code>[2]</code></a>«El catálogo hace visible el plan de una editorial. En los catálogos es donde se aprecia la trayectoria de una editorial. Es donde se puede analizar la progresión de las publicaciones de una editorial». Son aseveraciones de <a href="http://directorioexit.info/consulta.php?directorio=exit&amp;campo=ID&amp;texto=479" target="_blank"><strong>José Antonio Cordón</strong></a>, autoridad en el campo de la edición, profesor de <em>Industria editorial</em> en la Universidad de Salamanca, director del <a href="http://www.santillanaformacion.com/v2.0/master_presentacion.html?id=cw42823c5f4bcbc" target="_blank">Master en Edición</a>.</p>
<p><a name="cita3"><code>[3]</code></a> <strong>May, Georges</strong> (1982) <em>La autobiografía</em>. México: Fondo de Cultura Económica.</p>
<p><a name="cita4"><code>[4]</code></a><strong> Plummer, Ken</strong> (1989) <em>Los documentos personales. Introducción a los problemas del método humanista</em>. Madrid: Siglo XXI de España Editores.</p>
<p><a name="cita5"><code>[5]</code></a> El antropólogo, sociólogo y filólogo, <a href="http://dialnet.unirioja.es/servlet/extaut?codigo=221271" target="_blank"><strong>Pujadas Muñoz, Juan José</strong></a> (1992) “El método biográfico: el uso de la historias de vida en ciencias sociales”. <em>Cuadernos Metodológicos</em>, nº 5 septiembre de 1992. Madrid: <a href="http://www.cis.es/cis/opencms/ES/index.html" target="_blank">CIS-Centro de Investigaciones Sociológicas</a>. Donde contempla una clasificación interesante:<br />
1. <em>Documentos personales</em> [Se trata de cualquier tipo de registro no motivado o incentivado por el investigador durante el desarrollo de su trabajo, que posea un valor afectivo y/o simbólico para el sujeto analizado]. Incluye las siguientes categorías:<br />
1.1. Autobiografías.<br />
1.2. Diarios personales.<br />
1.3. Correspondencia.<br />
1.4. Fotografías, películas, vídeos o cualquier otro tipo de registro iconográfico.<br />
1.5. Objetos personales.<br />
2. <em>Registros biográficos obtenidos por encuesta</em>.<br />
2.1. Historias de vida, que pueden ser:<br />
A. De relato único.<br />
B. De relatos cruzados.<br />
C. De relatos paralelos.<br />
2.2. Relatos de vida, que son sometidos a tratamientos analíticos (cualitativos o cuantitativos) distintos a la <em>historia de vida</em>.<br />
2.3. Biogramas<br />
El investigador Pujadas, distingue el<em> relato de vida </em>(en francés <em>récit de vie</em>) «como la historia de una vida tal como la persona que la ha vivido la cuenta», y al <em>biograma</em>: «los registros biográficos de carácter más sucinto y que supone la recopilación de una amplia muestra de biografías personales, a efectos comparativos».<br />
Si ahora, recordamos la distinción de Hannah Arendt entre <em>story</em> e <em>history</em>, citados en el anterior artículo introductorio al <a href="http://bibliologia.info/diarismo/" target="_blank">Diarismo</a>, el relato de vida es un <em>life story</em>, mientras que la historia de vida es una <em>life history</em>.</p>
<p><a name="cita6"><code>[6]</code></a> <strong>Jean Starobinski</strong> es uno de los intelectuales contemporáneos más innovadores y prolíficos, desde 1958 hasta 1985, ha sido catedrático de <em>Historia de las ideas</em> en la Universidad de Ginebra, puso de moda en toda Europa el famoso cuadro de Goya sobre los fusilamientos del <em>Tres de Mayo</em> –tan actual en estos días en los que se celebra el segundo centenario de la Guerra de la Independencia-, por su interesante estudio sobre él en su obra <em>1789: les emblèmes de la raison</em>; cuya versión española es: (1988) <em>1789, los emblemas de la razón. Madrid: Taurus</em>. Profundo conocedor de la vida y obra de Jean-Jacques Rousseau, sobre el que ha publicado diversos ensayos críticos. También muy conocido por sus estudios sobre la <em>Historia de la melancolía</em>.<br />
<strong>Starobinski, Jean</strong> (1970) “Le style de l’autobiographie” <em>Poétique. Revue de théorie et d&#8217;analyse littéraires</em>, nº 3</p>
<p><a name="cita7"><code>[7]</code></a> La traducción de la definición es mía. Originalmente en francés: «Récit écrit ou oral, en prose, qu&#8217;un narrateur fait de la vie d&#8217;un personnage historique (en mettant l&#8217;accent sur la singularité d&#8217;une existence individuelle et la continuité d&#8217;une personalité» <strong>Madelénat, Daniel </strong>(1984) <em>La biographie</em>. París : Presses Universitaires de France.</p>
<p><a name="cita8"><code>[8]</code></a> <strong>Miguel, Jesús M. de</strong> (1996) “Auto/biografías”. <em>Cuadernos Metodológicos</em>, nº 17 enero de 1996. Madrid: CIS-Centro de Investigaciones Sociológicas.</p>
<p><a name="cita9"><code>[9]</code></a> <strong>Torga, Miguel</strong> (1988) <em>Diario (1932-1987)</em>. Selección, traducción, índices y notas de <strong>Eloísa Álvarez</strong>. Madrid: Alianza. p. 20.</p>
<p><a name="cita10"><code>[10]</code></a> <em>El retrato literario (Antología) </em>(1997). Selección, estudio y notas de <a href="http://www.cervantes.es/lengua_y_ensenanza/cursos_profesores_espanol/cv_r_senabre.htm" target="_blank"><strong>Ricardo Senabre</strong></a>. Salamanca: Colegio de España. pp. 9-11: «En las realizaciones literarias, lo más frecuente es que ambas modalidades aparezcan mezcladas, aunque en distinta proporción. […] Los casos de prosopografía o de etopeya puras son infrecuentes —salvo cuando se utiliza el dechado de un modelo retórico ya existente al que se ajusta el retrato—, y, además, es creencia común, a lo largo de los siglos […], que a ciertos rasgos físicos les corresponden, como correlato inevitable, determinadas maneras de ser, caracteres personales que la forma de las facciones delata y anuncia. Por esta razón, muchos autores se preocupan tan sólo de subrayar algunos elementos externos del personaje, dando por sentado que el lector deducirá por su cuenta el significado caracterológico que se desprende de ellos.»</p>
<p><a name="cita11"><code>[11]</code></a> <strong>Romera Castillo, José</strong> (2006) <em>De primera mano. Sobre escritura autobiográfica en España (siglo XX)</em>. Madrid: Visor Libros. Es la obra más actual y completa sobre el estudio de la «escritura del yo» en español. En ella el profesor Romera recuenta entre las Biografías las: <em>de escritores sobre escritores, familiares, amicales, exculpatorias, políticas, institucionales, especializadas, dialogadas, evocadas, noveladas, ficticias</em>. «Son abundantes las biografías que llevan por rótulo el término retrato». El Retrato, «incluso algún escritor utilizará el término para rotular su obra autobiográfica». Entre las Autobiografías menciona a: <em>las (auto)biografías dialogadas</em> (para algunos son Historias de vida), <em>las memorias, los diarios, los epistolarios, los autorretratos, las novelas autobiográficas, los recuerdos, las crónicas, los libros de viajes, las conversaciones, las entrevistas, los diálogos, los encuentros, las autobiografías y memorias noveladas</em>. Entiéndase, para evitar las confusiones, por <em>historias de vida</em> aquellas obras (auto)biográficas que son inducidas por un tercero (normalmente un investigador social o científico) que puede ser su narrador.</p>
<p><a name="cita12"><code>[12]</code></a> Brillante y reciente artículo sobre la “biografía de la biografía” de <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Enrique_Krauze" target="_blank">Enrique Krauze</a>, historiador mexicano, estrecho colaborador del nóbel Octavio Paz, del que ahora se celebra el décimo aniversario de su muerte, y director de la revista de pensamiento Letras libres.<br />
<strong>Krauze, Enrique</strong> (2008) “Narrar la vida” <em>Letras libres</em>. Año VII, nº 76, enero de 2008. Madrid: Letras Libres Internacional.</p>
<p><a name="cita13"><code>[13]</code></a> <strong>Torga, Miguel</strong> (1988) op. cit pp. 59-60.</p>
<p><a name="cita14"><code>[14]</code></a> El término <strong>autobiografía</strong>, según <a href="http://fr.wikipedia.org/wiki/Georges_Gusdorf" target="_blank">Georges Gusdorf</a> –citado por Georges May en su obra La autobiografía- se remonta a 1789 bajo la pluma del alemán <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Friedrich_von_Schlegel" target="_blank">Friedrich Schlegel</a>. El salmantino <a href="http://faculty-staff.ou.edu/L/A-Robert.R.Lauer-1/BIBVillarroel.html" target="_blank">Diego de Torres Villaroel</a>, cultivó el género auto/biográfico ya en 1743 con su <a href="http://www.cervantesvirtual.com/FichaObra.html?Ref=2489" target="_blank"><em>Vida, ascendencia, nacimiento, crianza, y aventuras del doctor Diego de Torres Villarroel, catedrático de prima de matemáticas en la Universidad de Salamanca, escrita por él mismo</em></a> de la cual el escritor Juan Valera dijo que «puede considerarse como una novela picaresca, sin maldad que mancille la honra del héroe», y que el profesor de <em>Literatura Española </em>en la Universidad de Málaga, <strong>Manuel Alberca</strong> incluye en el seno de las «autoficciones», en su comunicación: “La <a href="http://www.autoficcion.es/index.html" target="_blank">autoficción</a>, ¿futuro o pasado de la autobiografía española?” al encuentro internacional sobre <em>La memoria del futuro. Literatura árabe y autobiografía</em>, celebrado en la <a href="http://www.uclm.es/escueladetraductores/indexdef.html" target="_blank">Escuela de Traductores de Toledo</a> entre el 23 y 25 de noviembre de 2000. Puede consultarse en: <strong>Caballé, Anna [et al.]</strong> (2002) <em>Autobiografía y literatura árabe</em>. Cuenca: Universidad de Castilla-La Mancha. Define la <strong>autoficción</strong>: «como subgénero autobiográfico, introduce la referencia externa e invita a los lectores, si bien de manera ambigua, al cotejo del texto con los datos de la realidad. La verdad, subjetiva y difícil de encontrar siempre, mucho más en la indeterminación de este género híbrido, está, por tanto, también presente aquí, lo quiera o no el escritor autoficcional, pues los hechos suelen ser tozudos. La <a href="http://www.uhb.fr/alc/celam/soi-disant/" target="_blank">autoficción</a> debe moverse instada por descubrir y contar una verdad (no «la verdad», sino «mi verdad», «mi imaginario») todo lo subjetiva y condicionada que se quiera, tan exigente en el plano expresivo como la mejor novela, pero libre de la imaginación frívola, con que la palabra «novela» faculta a veces al autobiógrafo. […] La propuesta de la autoficción se podría resumir de manera humorística bajo la fórmula: “os voy a contar mi vida pero puede que os mienta”».</p>
<p>Tampoco se estiman <em>autobiografías propiamente dichas</em> las producciones literarias y pseudohistóricas  de la <a href="http://www.ibntufayl.org/" target="_blank">tradición árabe</a>. Lo que ha ocurrido es que en el ámbito de la literatura árabe, como en la española hasta no hace mucho, las «escrituras del yo» no han contado con el beneplácito de críticos y escritores durante siglos. También, hay que tener en cuenta, que al igual que en la cultura occidental de tradición judeo-cristiana, la <a href="http://www.casaarabe-ieam.es/index.php?modulo=home&amp;idioma=es" target="_blank">cultura árabe</a> ha estado siempre condicionada por el hecho religioso: sujeta a la autoridad de la escritura – la tradicción o <em>sunna</em> o<em> los hadît </em>(relatos que transmiten datos de la sunna)- y de los guardianes de la fe islámica, los <em>imâmes</em>. Debían ser <em>textos autorizados</em>, normalmente evocativos o encomiásticos de la recta vida y buen proceder –religioso- de su autor, narrador o personaje. Tal como ha sido la tradición hagiográfica de la biografía de influencia cristiana. Pero, hay que remitirse a la gran producción de <em>diccionarios biográficos</em> y escritos de corte autobiográficos, como l<em>os ta’rîj, los faharis, las rihlas</em>, etc. Anteriores algunos de ellos al siglo III d. C. Curiosamente, Miguel Torga en su <em>Diario</em> -nota: <em>Coimbra, 22 de enero de 1969</em>-: «Dicen que la lengua árabe no tiene tiempo futuro y este hecho explicaría en parte ese enigmático inmovilismo que quizá sea, después de todo, una vocación saludable para existir sin angustia en el presente y en la eternidad del Profeta.»</p>
<p>El término <strong>biografía</strong>: «la secuencia cronológica, que va desde el nacimiento a la muerte del protagonista, define el espacio de la narración de un <em>bíos</em>, «vida». (<em>Bío</em>s es el término griego para tal relato; <em>biographía</em> aparece por primera vez en unos fragmentos de la <em>Vida de Isidoro</em>, de Damascio —finales del siglo v d.C.— conservados por el erudito Focio —s. XIX—. La biografía como género literario no tuvo, pues, un nombre específico en época antigua).», según <a href="http://www.elpais.com/todo-sobre/persona/Garcia/Gual/Carlos/1936/" target="_blank"><strong>Carlos García Gual</strong></a> en su artículo “<a href="http://bibliologia.info/archivos/garciagualBiografia.pdf" target="_blank">De la biografía y de Alejandro</a>”, en el monográfico dedicado a Biografías y Autobiografías de <em>Revista de Occidente</em>, nº 74-75, julio-agosto de 1987, p.21</p>
<p><a name="cita15"><code>[15]</code></a> <strong>Daniel Madélenat</strong> y <strong><a href="http://dialnet.unirioja.es/servlet/autor?codigo=57219" target="_blank">Ricardo Senabre</a> </strong>–dos autoridades actuales en nuestra cultura occidental sobre el espacio biográfico- centran sus estudios en el paradigma moderno del tratamiento del tiempo o de la sintaxis del relato, mediatizado por la ambigüedad creadora fruto «de la tensión creada por la tendencia del método científico a dar una explicación unitaria y la intención intuitiva de encontrar un núcleo irradiador con el que penetrar al sujeto», como señala la investigadora, del <a href="http://www.uned.es/centro-investigacion-SELITEN@T/index2.html" target="_blank">ISLTYNT –UNED</a>-, <strong>Alicia Molero de la Iglesia</strong> en su comunicación “Los sujetos literarios de la creación biográfica” del VII Seminario Internacional del ISLTYNT.<br />
- Véase: <strong>Romera Castillo, José y Gutiérrez Carbajo (Eds.) </strong>(1998) <em>Biografías literarias (1975-1997). Actas del VII Seminario Internacional del Instituto de Semiótica Literaria, Teatral y Nuevas Tecnologías de la UNED</em>. Madrid: Visor Libros.</p>
<p><a name="cita16"><code>[16]</code></a> Según indica la profesora <strong>Belén Hernández</strong> en su comunicación “Dos tendencias biográficas de la literatura italiana actual” para el VII Seminario Internacional del ISLTYNT.<br />
- Véase: <strong>Romera Castillo, José y Gutiérrez Carbajo (Eds.)</strong> (1998) <em>ibid</em>.-: «El autor de biografías, como el novelista, también ha aprendido a combinar el gusto por la historia, y el gusto por lo actual, mediante mecanismos estudiados que sugieren analogías entre el mundo representado y el mundo real, consiguiendo un producto final cuidadosamente elaborado, que dignifica la literatura de entretenimiento y que es a la vez divulgativo» p. 463.</p>
<p>O como bien explica el profesor <a href="http://web.usal.es/~jcordon/" target="_blank"><strong>José Antonio Cordón</strong></a>: «El sector de la edición biográfica, de las historias de vida en general, constituye uno de los más atractivos para la industria editorial, pues en él convergen los factores de espontaneidad y actualidad que permiten rentabilizar su producción. Una mirada a las particularidades de las obras publicadas informa acerca de este interesante aspecto, pues los fallecimientos, éxitos sociales, movimientos culturales, etc., representan el caldo nutricional que alimenta la curiosidad del público lector y su voracidad consumidora». En: <strong>Cordón García, José Antonio [et al.]</strong> (2001) <em>Manual de investigación bibliográfica y documental. Teoría y práctica</em>. Madrid: Pirámide. p. 222.</p>
<p><a name="cita17"><code>[17]</code></a> <strong>Rocha, Clara</strong> (1977) <em>O espaço autobiográfico em Miguel Torga</em>. Coimbra: Livraria Almedina.</p></blockquote>
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		<title>Diarismo</title>
		<link>http://bibliologia.info/2008/04/21/diarismo/%</link>
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		<pubDate>Mon, 21 Apr 2008 16:07:51 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José María Vivancos</dc:creator>
				<category><![CDATA[Escrituras del «yo»]]></category>
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		<category><![CDATA[Andrés Trapiello]]></category>
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		<category><![CDATA[José María Pozuelo Yvancos]]></category>
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		<category><![CDATA[neurociencia cognitiva]]></category>
		<category><![CDATA[Philippe Lejeune]]></category>

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		<description><![CDATA[Antes de proseguir con la tercera entrega de Iberia. El fado y Miguel Torga, entiendo necesario dedicar un apartado al Diarismo, que servirá para centrar en su contexto la exposición que más adelante se hará sobre la &#8220;Poética de Miguel Torga&#8221;. Además, como inferencia, conecta con el artículo de Recuperación de lo cotidiano o resplandor [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Antes de proseguir con la tercera entrega de <em>Iberia. El fado y Miguel Torga</em>, entiendo necesario dedicar un apartado al Diarismo, que servirá para centrar en su contexto la exposición que más adelante se hará sobre la &#8220;Poética de Miguel Torga&#8221;. Además, como inferencia, conecta con el artículo de <a href="http://bibliologia.info/recuperacion-de-lo-cotidiano/">Recuperación de lo cotidiano o resplandor de la memoria</a>.</p>
<p>Inicialmente afirmar que el género memorialístico o la «escritura del yo»<strong><code><a href="#cita1">[1]</a></code></strong>abarca a las <em>confesiones</em> (forma del deseo de donación del yo o la necesidad de ser perdonado, bien por Dios, por la humanidad o por el propio individuo), <em>autobiografías</em> (centradas en la vida personal fundamentalmente), <em>memorias</em> (donde los contextos adquieren más relevancia que lo individual), <em>cartas</em> o <em>epistolarios</em> (comunicación personal y a distancia con un destinatario concreto), <em>auto-retratos</em> (relatos de vida), <em>relatos autobiográficos de ficción</em> (novelas y relatos personales),  <em>poemas</em> (poemarios) <em>autobiográficos</em>, <em>autobiografías dialogadas</em> (entrevistas y conversaciones con los autores), <em>ensayos autobiográficos</em>, <em>libros de viajes</em> (<em>ta’rîj</em> tan notorios de la literatura árabe), <em>crónicas</em>, <em>daguerrotipos</em> o <em>estampas</em>,…y los <em>diarios</em><strong><code><a href="#cita2">[2]</a></code></strong>.</p>
<p>Todas ellas son expresiones de la memoria. La memoria las subtiende. Una memoria que no es historia. Se tendrá ocasión de tratar las diversas taxonomías de la memoria, dado que en los últimos años hemos asistido a un inusitado interés por la memoria humana<strong><code><a href="#cita3">[3]</a></code></strong>, desde distintos campos (<em>Antropología, Archivística, Bibliología, Filosofía, Historia, Lingüística, Literatura, Política, Psicología, Sociología</em>, etc.) hasta el punto de contribuir al surgimiento de una nueva disciplina: <a href="http://www.ugr.es/~neurocog/esp/index.htm"><em>Neurociencia Cognitiva</em></a>.<span id="more-193"></span></p>
<p>Principalmente se contemplarán los enfoques científicos, por ahora, quedémonos con la idea de que toda la «escritura del yo» utiliza los recuerdos autobiográficos como un tipo de información episódica. Es a través de los recuerdos autobiográficos como percibimos nuestro yo<strong><code><a href="#cita4">[4]</a></code></strong>. «La memoria autobiográfica es pasado presente»<strong><code><a href="#cita5">[5]</a></code></strong>.</p>
<p>En los diarios la historia es la experiencia del sujeto. La historia son el conjunto de sucesos, ordenados cronológicamente, vividos e interpretados por un sujeto que es a la vez espectador y testigo. Un sujeto que adquiere en sí mismo un doble papel: protagonista-relatante. Con un plan, «intentar apresar en sus páginas el paso del tiempo y el poso que éste va dejando en el escritor del diario»<strong><code><a href="#cita6">[6]</a></code></strong>, el diarista desarrolla dos acciones: actuar y narrar. En inglés es fácil distinguir entre <em>story</em> (narración que tiene un principio y un fin) e <em>history</em>, narración [<em>story</em>] que tiene muchos comienzos pero ningún fin<strong><code><a href="#cita7">[7]</a></code></strong>.</p>
<p><a href="http://www.hannaharendt.org/">Hannah Arendt</a> nos hacía un notable favor, porque de esa manera tan simple distinguía el discurso histórico del literario. La Historia es ilimitada, mientras que las historias se encuentran autolimitadas por su/s autor/es e insertas necesariamente en la Historia. Pero, justo así se complica el tema, ello nos remite a otra distinción que será precisa considerar: las fronteras de la ficción; que va más allá de la simple contraposición entre lo real y lo imaginario.</p>
<p>El debate literatura/realidad como dos esferas contrapuestas, ya muy estudiado, está superado desde que se entiende «La dimensión contrafáctica del lenguaje, la capacidad misma de decir cualquier verdad y cualquier falsedad sin que la estructura lingüística se modifique o pervierta, hace que el lenguaje mismo se encuentre poseído por la ficción»<strong><code><a href="#cita8">[8]</a></code></strong>.</p>
<blockquote><p><em>Coimbra, 3 de mayo de 1950. </em>No hacer trampa en<br />
un Diario es tan difícil como pasar delante de un espejo y<br />
no mirarse. Pero creo que es un esfuerzo necesario éste de<br />
ir anotando la vida diaria con la mayor sinceridad posible,<br />
en un sitio donde nunca pasa nada y en donde sería casi<br />
legítimo inventar y mentir. Es una prueba de humildad que<br />
no tendrá grandes consecuencias, pero que puede ayudar<br />
a determinadas personas a tomar conciencia de la aridez<br />
del desierto en que viven. <strong><code><a href="#cita9">[9]</a></code></strong></p></blockquote>
<p>A la realidad y la ficción, las demarca una frontera, que como todas es permeable, da igual quien las trate un diarista solitario o un cronista social. Ambos creen que han de fijar el tiempo y la sociedad. Aunque la intimidad fuera inexpresable, «lo cierto es que la historia de la literatura es una lucha contra lo inexpresable, porque es ahí justamente donde ciframos la esperanza de poder llegar a ser algo más felices, en la resolución de ese conflictuoso y conflictivo enigma».<strong><code><a href="#cita10">[10]</a></code></strong></p>
<p>Por ello, la «escritura del yo» resulta fascinante, especialmente los diarios, ya que no es entendible como escritura personal ajena al mundo. El «yo» que siempre se nos cuenta, ese sujeto no existe sin el mundo, se va desvelando en un escenario vital en el que puede y debe optar entre ser o no auténtico.</p>
<p>Este post es una introducción al género de los Diarios que son «una reflexión, en primera persona y enraizada en la cotidianidad, sobre la condición humana y el sentido de la vida»<a href="#cita11"><code><strong>[11]</strong></code></a>. Dedicada al Diarismo, que «no es una actividad narcisista o vergonzosa [se tocará el tema del <em>narcisismo como máscaras del yo</em>]». «Es un remedio contra el olvido [se hablará de <em>recuerdos y olvidos</em>]». «Es un taller de escritura».</p>
<p>Las anteriores calificaciones sobre los Diarios han sido formuladas por <a href="http://www.autopacte.org/">Phillipe Lejeune</a>, cuyos estudios desde 1971 son decisivos para entender el «espacio autobiográfico», que también se abordará. En el siguiente nos situaremos frente al «discurso histórico–discurso literario».</p>
<hr size="2" />
<p align="left"><span style="color: #0000ff;"><strong><span style="text-decoration: underline;">NOTAS:</span></strong></span></p>
<blockquote><p><a name="cita1"><code>[1]</code></a> Tal como destaca mi profesor <a href="http://dialnet.unirioja.es/servlet/extaut?codigo=49902"><strong>José Antonio Cordón</strong></a>. En:  <a href="http://bibliologia.info/los-blogs-2-actualidad-y-prospectiva-de-los-blog-un-apunte-circunstancial/">Blogs [2]. Actualidad y prospectiva de los blog: un apunte circunstancial</a></p>
<p><a name="cita2"><code>[2]</code></a> Tipología que se ha tomado de los profesores <a href="http://descargas.cervantesvirtual.com/servlet/SirveObras/56811730981203886343679/026035.pdf?incr=1"><strong>José Romera Castillo</strong></a> y <a href="http://www.dquixote.pt/Livre/Autor_Detalhe.aspx?id=1065"><strong>Clara Crabbé Rocha</strong></a>. Sus estudios son bibliografía de obligada referencia para investigar sobre la escritura autobiográfica en España, en el caso del doctor Romera que dirige el <a href="http://www.uned.es/centro-investigacion-SELITEN@T/index2.html">Instituto de Semiótica Literaria, Teatral y Nuevas Tecnologías de la UNED</a> y la revista <a href="http://www.cervantesvirtual.com/hemeroteca/signa/"><em>Signa. Revista de la Asociación Española de Semiótica</em></a>. O bien la doctora Rocha para estudiar la literatura autobiográfica en Portugal, catedrática de Literatura portuguesa contemporánea en la Universidade Nova de Lisboa. Hija de Adolfo Correia da Rocha, más conocido por su pseudónimo Miguel Torga, y la lusista belga Andrée Crabbé Rocha. De Clara Rocha pueden leer &#8220;<a href="http://bibliologia.info/archivos/crochaMascaras1.pdf">A explosão intimista na época contemporânea</a>&#8221; [capítulo 1] En: <em>Máscaras de Narciso. Estudos sobre a literatura autobiográfica em Portugal</em>. Coimbra: Livraria Almedina.</p>
<p><a name="cita3"><code>[3]</code></a> Incluida la <a href="http://www.memoriahistorica.org/"><strong><em>memoria histórica</em></strong></a>, ésta que los políticos y falsarios gustan de acomodar a su antojo, que para don <a href="http://cultura.cervantes.org/library/FERNANDOLAZAROCARRETER.pdf"><strong>Fernando Lázaro Carreter</strong></a> era una de esas locuciones redundantes propias del mal uso del idioma por recurrir a la reduplicación de palabras. Se está extendiendo bastante  este defecto con el ánimo de cargar a la lengua con más fuerza expresiva. Véase: <strong>Lázaro Carreter, Fernando</strong> (1998) <em>El dardo en la palabra</em>. Barcelona: Galaxia Gutemberg [et al]</p>
<p><a name="cita4"><code>[4]</code></a> <a href="http://dialnet.unirioja.es/servlet/extaut?codigo=64534"><strong>Ruiz-Vargas, José María</strong> </a>(2004) “Claves de la memoria autobiográfica”. En: <strong>Fernández Prieto, Celia y Hermosilla Álvarez, Mª Ángeles (eds.)</strong> <em>Autobiografía en España: un balance. Actas del congreso Internacional celebrado en la Facultad de Filosofía y letras de Córdoba del 25 al 27 de octubre de 2001</em>. Madrid: Visor Libros. pp. 183-220.</p>
<p><a name="cita5"><code>[5]</code></a> <a href="http://www.cervantesvirtual.com/FichaAutor.html?Ref=11898&amp;portal=180"><strong>Pozuelo Yvancos, José María</strong></a> (2006) <em>De la autobiografía. Teoría y estilos</em>. Barcelona: Crítica. p. 87: «La memoria autobiográfica es pasado presente. La autobiografía tiene como dominante de su estructura la convocatoria por la escritura de la presencia del pasado. Por ello la actividad escritural autobiográfica no remite nunca al pasado como un todo, como un conjunto, sino a los puntos sucesivos del pasado, a los diferentes presentes, durables, de ese pasado. La forma de la temporalidad autobiográfica es siempre una forma de presencia.»</p>
<p><a name="cita6"><code>[6]</code></a> <a href="http://dialnet.unirioja.es/servlet/extaut?codigo=50915"><strong>Alberca, Manuel</strong></a> (2000) <em>La escritura invisible. Testimonios sobre el diario íntimo</em>. Oiartzun (Guipúzcoa): Sendoa. p. 14.</p>
<p><a name="cita7"><code>[7]</code></a> Como sostuvo <strong>Hannah Arendt</strong> : «los hombres son libres –es decir, algo más que meros poseedores del don de la libertad– mientras actúan, ni antes ni después, porque ser libre y actuar es la misma cosa». En: <strong>Arendt, Hannah</strong> (2003). <em>Entre el pasado y el futuro</em>. Barcelona: Península. p. 241. Y en relación a las diferencias entre <strong><em>history / story</em></strong>. Véase: <strong>Arendt, Hannah</strong> (1995). <em>De la historia a la acción</em>. Barcelona: Paidós. p. 41-42</p>
<p><a name="cita8"><code>[8]</code></a> <strong>Pozuelo Yvancos, José María</strong> (1993) <em>Poética de la ficción</em>. Madrid: Síntesis. p. 12.</p>
<p><a name="cita9"><code>[9]</code></a> <a href="http://www.vidaslusofonas.pt/miguel_torga.htm"><strong>Torga, Miguel</strong> </a>(1988) <em>Diario (1932-1987)</em>. Selección, traducción, índices y notas de <strong>Eloísa Álvarez</strong>. Madrid: Alianza. p. 147.</p>
<p><a name="cita10"><code>[10]</code></a> <a href="http://dialnet.unirioja.es/servlet/autor?codigo=21235"><strong>Trapiello, Andrés</strong></a> (1998) <em>El escritor de diarios. Historia de un desplazamiento</em>. Barcelona: Península. pp. 143-144.</p>
<p><a name="cita11"><code>[11]</code></a> <a href="http://www.laurafreixas.com/"><strong>Freixas, Laura</strong></a> (1996) &#8220;Auge del diario ¿íntimo? en España&#8221;. En: <em>El diario íntimo</em>. <strong><em>Revista de Occidente</em></strong>, nº 182-183, Madrid: Revista de Occidente. p, 12.</p>
<p><span style="text-decoration: underline;">Otras referencias bibliográficas</span>:</p>
<p><em><strong>ABC Cultural</strong></em> (2001) “Cartografía de la memoria” <em>ABC</em>, 20 de octubre de 2001. <a href="http://www.abc.es/cultural/dossier/dossier66/fijas/index.asp">Dossier del mismo en red</a> [consultado 20 de abril de2008].</p>
<p><strong>Lejeune, Philippe</strong><br />
- (1971) <em>L’autobiographie en France</em>. París: Armand Colin.<br />
- (1975) <em>Le pacte autobiographique</em>. París: Seuil.<br />
- (1986) <em>Moi aussi</em>. París: Seuil.<br />
- (1998) <em>Pour l’autobiographie</em>. París: Seuil.</p>
<p><strong>Rocha, Clara</strong><br />
- (1992) <em>Máscaras de Narciso. Estudos sobre a literatura autobiográfica em Portugal</em>. Coimbra: Livraria Almedina.<br />
- (1977) <em>O espaço autobiográfico em Miguel Torga</em>. Coimbra: Livraria  Almedina.</p>
<p><strong>Romera, José; <a href="http://dialnet.unirioja.es/servlet/autor?codigo=103309">Yllera, Alicia</a>, <a href="http://dialnet.unirioja.es/servlet/autor?codigo=183314">García-Page, Mario</a> y <a href="http://dialnet.unirioja.es/servlet/autor?codigo=103288">Calvet, Rosa</a> (eds.)</strong> (1993) <em>Escritura autobiográfica. Actas del II Seminario Internacional del Instituto de Semiótica Literaria y Teatral</em>. Madrid, UNED, 1-3 de julio, 1992. Madrid: Visor Libros.</p></blockquote>
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