Diarismo

Escrito por José María Vivancos en Abril 21st, 2008

Antes de proseguir con la tercera entrega de Iberia. El fado y Miguel Torga, entiendo necesario dedicar un apartado al Diarismo, que servirá para centrar en su contexto la exposición que más adelante se hará sobre la “Poética de Miguel Torga”. Además, como inferencia, conecta con el artículo de Recuperación de lo cotidiano o resplandor de la memoria.

Inicialmente afirmar que el género memorialístico o la «escritura del yo»[1]abarca a las confesiones (forma del deseo de donación del yo o la necesidad de ser perdonado, bien por Dios, por la humanidad o por el propio individuo), autobiografías (centradas en la vida personal fundamentalmente), memorias (donde los contextos adquieren más relevancia que lo individual), cartas o epistolarios (comunicación personal y a distancia con un destinatario concreto), auto-retratos (relatos de vida), relatos autobiográficos de ficción (novelas y relatos personales), poemas (poemarios) autobiográficos, autobiografías dialogadas (entrevistas y conversaciones con los autores), ensayos autobiográficos, libros de viajes (ta’rîj tan notorios de la literatura árabe), crónicas, daguerrotipos o estampas,…y los diarios[2].

Todas ellas son expresiones de la memoria. La memoria las subtiende. Una memoria que no es historia. Se tendrá ocasión de tratar las diversas taxonomías de la memoria, dado que en los últimos años hemos asistido a un inusitado interés por la memoria humana[3], desde distintos campos (Antropología, Archivística, Bibliología, Filosofía, Historia, Lingüística, Literatura, Política, Psicología, Sociología, etc.) hasta el punto de contribuir al surgimiento de una nueva disciplina: Neurociencia Cognitiva. Continuar leyendo »

Recuperación de lo cotidiano o resplandor de la memoria

Escrito por José María Vivancos en Febrero 29th, 2008

¿Quién no se ha preguntado alguna vez: qué pinto yo aquí? Cuando tenía veinte años estaba convencido de que se nos medía por el nivel de compromiso que íbamos adquiriendo socialmente. Tras pasar los cincuenta, los años nos demuestran que aquel “compromiso” equivalía a ser emisarios o delegados, más o menos cómplices de las consignas de un partido, movimiento político o líder.

Hace treinta años comencé a leer las primeras memorias de Carlos Barral[1], como otros muchos pensé: que cincuenta años son muchos, si se viven con tanta intensidad y ofrecen la oportunidad de recrearse uno mirándose al espejo. Y es que ¿acaso no es verdad, que cuando nos oímos o vemos por primera vez, en cualquiera de los artilugios tecnológicos que nos rodean, uno no se reconoce? ¿Pero ese soy yo?

En la medida en que la experiencia vital va siendo más intensa y extensa, con menor rigidez se muestra la imagen que preservamos de nosotros mismos e iniciamos a recorrer ese camino que conlleva ir reconociéndonos en los otros. Vamos reconstruyendo la vida, a pesar de los desencantos, y comprendemos que merecemos vivir. Así es el resplandor de la memoria. Continuar leyendo »


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