Hoy les propongo tres lecturas sobre: “Las culturas del Libro”, “Los libros” y “Nuestro libro de cada día”. Podría haber caído en la tentación de enumerarles las cien y una, las infinitas razones para leer. Estas podrán encontrarlas magníficamente justificadas por unos especialistas, que además le propondrán sumarse a una movilización educativa, la «conspiración de los lectores»[1]. También pensé en elogiar la lectura, pero pocos dominan «la historia del libro y la lectura» como Alberto Manguel, y ayer en Babelia[2] lo hacía de forma sintética y ejemplar. Sólo pretendo invitarles a leer nuevamente, a leer más.
1ª Una lectura docta. Se trata de un ensayo magistral sobre “Las culturas del libro” de Manuel García Pelayo[3]. No les oculto que en principio pueda resultarles pesada, pero al final espero que coincidan conmigo en su particular perspectiva analítica del “libro” como elemento central de las civilizaciones y objeto sacro de las tres religiones monoteístas: judía, musulmana y cristiana. Sin dejar de lado, de formular innumerables afirmaciones interesantes, todas ellas observaciones que denotan la capacidad de síntesis propia de los eruditos[4].
2ª Más periodística, pero no menos filosófica. Escudriñando en la bibliografía de Julio Caro Baroja, me he encontrado con su artículo: “Los libros”, que refleja su condición de maestro y agnóstico militante, su peculiar humor -socarrón-, su apego por la desmitificación, su constante inclinación por mostrar y hacernos diferenciar la calidad de la vulgaridad. Tras su lectura, puede que convengamos en que parece escrito en estos días[5].
3ª Más poética, aunque muy sabia. Seguramente leer no es un acto cotidiano de los necesarios para vivir, pero la lectura es uno de esos hábitos, probablemente para muchos humanos, imprescindible para sobrevivir en este mundo en el que vivimos. José Saramago nos destaca el paralelismo entre leer y vivir, y que: La lectura no es ninguna obligación. La lectura es una devoción, es una pasión, es un amor�€�Leer es un encuentro[6].
Si quieren más les animo con una breve pero esencial bibliografía[7], para amar más el libro, que como bien dice hoy Antonio Gala de él es: �€�Más accesible que todos los grandes descubrimientos, más íntimo que cualquier religión, más duradero que cualquier amor, más seguro y disponible que los demás amigos.

[1] Todas las revoluciones saludables han comenzado por la lectura, y nos gustaría retomar esta gloriosa tradición. Por eso le animamos a colaborar, a convertirse en conspiradores, a sentirse protagonistas de una bella historia, en una palabra, a convertirse en magos. En: Marina, José Antonio y Válgoma, María de la (2005). La magia de leer. Barcelona: Plaza & Janés.

[2] Manguel, Alberto. “Elogio de la lectura”. Babelia, EL PAIS, sábado 22 de abril de 2006.

[3] Fue el primer presidente de nuestro actual Tribunal Constitucional. Para Tomás y Valiente «una mente lúcida y una vida íntegra». Existen numerosas referencias y sitios web para ilustrarse sobre la vida y obra de Manuel García Pelayo, profesor del constitucionalismo y de muchos constitucionalistas.

[4] Por ejemplo en el pasaje que reza: La «lectura» de los libros dio origen a una institución tan típica de la cultura occidental como la Universidad, que sólo más tarde sustituye la lectura del texto por la conferencia más o menos original del catedrático. El conocimiento de los libros ha sido, junto con la adquisición de bienes económicos, una de las vías de movilidad social. En el nacimiento mismo del capitalismo está la invención del libro, tan maravilloso como simple, de la «partida doble» y que simboliza el descubrimiento de un logos económico. Se dice que la burguesía ascendió de nivel social por el ejercicio con éxito de la actividad económica, lo que sin duda es cierto en lo que se refiere a uno de sus estratos. Pero no es menos cierto que una buena parte de ella logró su ascenso por la adquisición del saber que le abrió la vía a las jerarquías del Estado, con lo que el saber se transformó en participación en el poder estatal, y al ejercicio de las profesiones liberales, con las que el saber se transforma en ingresos económicos y en participación en el difuso poder social o, cuando menos, en influencia. Por otra parte, el status verdadera y dignamente burgués no se ha caracterizado solamente por la disposición de dinero, sino por la unidad de Besitz und Bildung. Apenas es necesario recordar toda la importancia que el acceso a los libros ha tenido para el ascenso social y político del proletariado: García Pelayo, Manuel. “Las culturas del libro”. Revista de Occidente (marzo y abril de 1965), Año III. 2ª ép. Nº 24 y 25.

[5] Caro Baroja, Julio. “Los libros”. EL PAIS, sábado 24 de junio de 1978.

[6] El año pasado por estas fechas, gracias a mi profesora Araceli García, descubrí este bello texto: pregón, pronunciado por el autor para inaugurar la XVI Feria del Libro de Granada del año 1999. Saramago, José (2002). Nuestro libro de cada día. Málaga: Asociación de Editores de Andalucía.

[7] Pueden acudir en este mismo weblog a las páginas de: Archívese - Gestión documental, Historia del Libro, Conservación, Restauración y/o {Materiales}, y a sus numerosos enlaces. O a la siguiente bibliografía:
- Barbier, Frédéric (2005). Historia del libro. Madrid: Alianza.
- Escobar, Hipólito (1984). Historia del libro. Madrid: Pirámide.
- Febvre, Lucien y Martin, Henri-Jean (2005). La aparición del libro. México: Fondo de Cultura Económica.
- Manguel, Alberto (2005). Una historia de la lectura. Barcelona: Lumen.
- Martínez de Sousa, José (1999). Pequeña historia del libro. Gijón: Trea.
Y dos escuetas notas de homenaje:
- Mensaje para celebrar el día del libro por Emilio Lledó en Castilla-La Mancha, 23 de abril de 2006.
- Libro por Antonio Gala en “La tronera” de EL MUNDO, domingo 23 de abril de 2006.

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