Objeto de las “civilizaciones”. VI centenario de la muerte de Ibn Jaldún (1406-2006)
Historia cultural, Ibn Jaldún, Pensamiento crítico, Principal Abril 4th, 2006Interesa inicialmente poner de relieve la contradicción Barbarie / Civilización, no con el objeto de converger con la visión “escolástica” y simplificadora de que el impulso creativo o auge de las civilizaciones responde a la periodización cíclica: “salvajismo-barbarie-civilización”, sino con el objeto de adoptar como acepción principal una apreciación fundamentalmente antropológica -socialmente hablando-, ya que comparto -tal como apuntaba en mi anterior artículo- el doble significado resultado y horizonte[1] de todo proceso civilizador. Así imbricamos el sustantivo civilización con la acción de culturizar[2]. Haciendo notar como en el proceso civilizador -absolutamente dinámico- se manifiestan hitos urbanizadores. Consecuente con la teoría jalduniana, pero no de manera continuista. Entiendo, a diferencia de Ibn Jaldún, una visión de progreso, tal como reflejó Braudel, que las civilizaciones son una realidad de muy larga duración - no son «mortales».
Las civilizaciones están situadas en el espacio y en el tiempo, vienen condicionadas por un hábitat -representan un “área natural”-, que permanecen con cierta coherencia y con vocación de permanencia en el tiempo, pero no de forma inmóvil, sino que se encuentran en movimiento, intercambiando, exportando e importando, bienes culturales y rasgos sociales. Realidades colectivas en el espacio y en tiempo, en una historia nada fruto del poder o la magia de los acontecimientos -no evenemencial-[3]. Consecuentes con la trayectoria y el devenir de los hombres. Destacando el carácter personalizador, sin transgredir la idea jalduniana del hombre -clave de toda problemática histórica- como ser eminentemente de naturaleza política, y como afirmó Febvre: la civilización es una voluntad humana. O conjunto de las características que presenta ante un observador imparcial y objetivo la vida colectiva de un grupo (la vida material, la vida política y social, la vida intelectual, moral, religiosa)[4].
Es evidente la necesidad de la «cohesión social», de una «profunda solidaridad humana», como elementos concomitantes para explicar «las civilizaciones». La «solidaridad agnática o asabiyya» que proclama Abenjaldún, o las fuerzas que van interactuando y logran conformar un ensamblaje único según Febvre[5]. El «mundo occidental» o el «mundo islámico» son comunidades solidarias de pueblos que tras vivir juntos a través de la historia, han ido adquiriendo el sentimiento de una solidaridad común que necesita de una organización política. Las civilizaciones, toda civilización es una voluntad humana que se hace comunidad, en colectividad. De aquí, emana por hoy mi última reflexión. La contraposición entre civilización y nación. La civilización es un concepto que expresa dinamismo, es amplio, generoso y nada excluyente, con pasado y abierto al futuro. Tan emergente como los ciudades. La nación es un término por naturaleza estático. Las naciones o nacionalidades son cerradas, peligrosamente excluyentes, poseen límites. Las civilizaciones, si acaso, sólo contemplan un límite cultural. En nuestra cultura occidental, ambas palabras, civilización y nación, son recientes. Datan de finales del siglo XVIII y principios del XIX. El particularismo histórico del estado-nación viene afirmándose desde entonces contra el interés general de la organización-civilización de Europa.
En el siglo XIV, repetitivamente venimos indicando, ya Ibn Jaldún hablaba de la ciencia de las civilizaciones -`ilm al-`umrãn-. En el pensamiento jalduniano, civilización no es una noción en crisis. Aunque no cabe duda de que su filosofía reflexiva de la historia sea contradictoria, porque no se puede pretender crear una nueva ciencia con un aparato conceptual inapropiado o caduco. Su ciencia no podía contemplar el futuro, inevitablemente debe cernirse en exclusividad al pasado, pero con ello Abenjaldún era coherente con su presente histórico. Su experiencia estuvo marcada por el fracaso y el exilio, fue víctima de su época. Su tendencia pesimista respondía a una realidad vital absolutamente desesperanzadora, propia de su civilización islámica. Tuvo conciencia de que mientras toda una civilización estuviese regida por una minoría autoritaria y fanatizada, envuelta en permanentes luchas por el poder no sólo era imposible progresar, es una civilización abocada a la descomposición. Un Estado decadente, aferrado en su pasado de boato y esplendor ya no puede atender las necesidades de sus súbditos[6].
[1] Taylor, A. C., entiende civilización como ideal: La civilización (plural) termina así por convertirse en sinónimo de cultura (en el sentido técnico del término). En: Bonte, Pierre e Izard, Michael (2002). Diccionario de Etnología y Antropología. Madrid: Akal, p. 165.
[2] Abenjaldún habla del proceso de culturización y del proceso de civilización tan intrínsecamente superpuestos como la tintura de una tela, cuando se ha impregnado bien, persiste tanto como la tela misma. En: Ibn Jaldún (1997). Introducción a la Historia Universal (Al-Muqaddimah). Feres, Juan (trad.) y Trabulse, Elías (estudio preliminar, revisión y apéndices). 2ª reimp. México: Fondo de Cultura Económica. Su Capítulo XVIII del Libro Quinto merece leerse íntegramente.
[3] Para Braudel, la historia evenemencial es el relato suma de acontecimientos sin más. La gran historia, la historia profunda, es la historia de los hombres considerada en sus realidades colectivas, de todos los hombres y de las realidades de su vida colectiva. En: Braudel, Fernand (2002). Las ambiciones de la Historia. Barcelona: Crítica.
[4] Febvre, Lucien (2001). Europa. Génesis de una civilización. Barcelona: Crítica.
[5] La civilización es lo que, cuando nos desplazamos, cuando, volviendo a mi ejemplo, viajamos de París a Buenos Aires, no nos sorprende sino que nos resulta, de entrada, conocido y familiar�€�Porque en toda civilización hay dos clases de elementos, los sedentarios y los viajeros. Su proporción varía mucho de unas civilizaciones a otras. Las civilizaciones no son pobres, primitivas, atrasadas, únicamente porque posean pocos elementos de civilización, porque su inventario material y espiritual sea breve, sino porque en ellas predominan ampliamente los elementos sedentarios, incapaces de provocar el deseo, la envidia de las civilizaciones vecinas, y que por consiguiente no viajan. (Por otro lado, estas civilizaciones con pocos elementos aptos para viajar pueden haber tomado muchos elementos viajeros de las civilizaciones que las rodean.) En cambio las civilizaciones ricas, las civilizaciones brillantes, las grandes civilizaciones, poseen muchos elementos viajeros, elementos espirituales y materiales capaces de provocar la envidia y de ser adoptados�€� En: Febvre, Lucien, op. cit. Contrastar con la versión jalduniana, por ejemplo cuando afirma que: el verdadero objeto de la historia es hacernos comprender el estado social del hombre, o sea la civilización, y enseñarnos los fenómenos que a ella van unidos naturalmente, a saber: la vida salvaje, la duplicación de las costumbres, el espíritu de familia y de tribu; los diversos géneros de superioridad que los pueblos logran unos sobre otros y que traen consigo el nacimiento de los imperios y las dinastías; la distinción de rangos; las ocupaciones a que los hombres con¬sagran sus trabajos y esfuerzos, como son las profesiones lucrativas, los oficios que proporcionan la subsistencia, las ciencias, las artes; en fin, todos los cambios que la naturaleza de las cosas puede producir en el carácter de una sociedad. En la obra de Ibn Jaldún (1997). op. cit. No es una casualidad que ambos hombres de ciencia (Ibn Jaldún y Lucien Febvre) contemplen los rasgos de gentes nómadas y sedentarias, gente de los campos y de las ciudades, que conforman toda civilización. Y la importancia o valor de “solidaridad” propia de las comunidades rurales y heredada de las pastoriles especialmente nómadas.
[6] Las aseveraciones jaldunianas son una premonición de las explicaciones del filósofo francés de moda Luc Ferry, cuando enjuicia nuestra civilización y afirma: Quizá nosotros seamos culpables del miedo y la angustia de los jóvenes. Hemos creado un mundo donde envejecer es una catástrofe. En nuestras sociedades también hemos creado infinitas razones para ser víctimas. Cada grupo social, cada fragmento de un país, aspira a encarnar la posición de víctima. En el caso francés, después de los judíos, los negros; antes o después, las mujeres, o los musulmanes, qué sé yo. Y nos inventamos un país, una nación, que es una suerte de puzle de víctimas étnicas, raciales, religiosas, sexuales�€� Incluso en el plano económico. Los restauradores, los agricultores, los camioneros, los estudiantes, los investigadores, todos somos víctimas del resto. Rompemos la unidad para crear un puzle de víctimas. Y todo el mundo quiere ser protegido por un Estado que no sabe ni puede atender a tantos colectivos de víctimas. En: Quiñonero, Juan Pedro. [entrevista] “Luc Ferry. Filósofo francés”. ABC, sábado 1 de abril de 2006, p. 39.
[nota] Dos años después de la barbarie del 11-M, nuestro homenaje a los 191 muertos y más de 1500 heridos, suscribimos el MANIFESTO:
Together facing the new totalitarianism
Un appel pour la liberté
Una llamada a la libertad. Unidos hagamos frente al nuevo totalitarismo
Comentarios Recientes