El pasado 18 de enero se iniciaba esta sección de {Hemeroteca…}, con las primeras reproducciones digitales del semanario TRIUNFO de hace 30 años y afirmando que la Memoria es un ejercicio imprescindible para que la cultura humana prosiga en su porvenir. Estoy tratando de cumplir con el compromiso adquirido a finales del año pasado en: Propósitos para el nuevo año… Al día de hoy son más de 400 páginas de documentos[1] -de publicaciones periódicas- a los que se pueden acceder en este weblog, algo más de la mitad de ellas corresponden a la reseñada revista Triunfo, pero también de Revista de Occidente y de Litoral.

Hace unos días en las Cortes Generales de España, homenajeando a la II República en su 75º aniversario y dado que este año, también se cumplen 70 años del inicio de la Guerra Civil, se discutía de un futuro proyecto de Ley sobre Memoria Histórica, pero se puso el énfasis en la necesidad de “la concordia” entre los españoles como mejor fórmula de rendir homenaje a la República, de la que somos herederos democráticamente hablando, y a todos aquellos que hicieron posible la Transición democrática tras la dictadura, cuyo fruto quedó plasmado en nuestra actual Constitución de 1978. Ojalá un día enterremos el sentimiento trágico de las “dos españas”[2].

Desde hoy podrán adentrarse en la aventura -nada absurda- de analizar nuestro pasado sin malas intenciones, acudiendo a los artículos[3] de intelectuales e historiadores de hace 30 años publicados en Tiempo de Historia e Historia 16. Precisamente, en mayo de 1976 comenzaba su andadura editorial la revista HISTORIA 16. De su primer número he entresacado unas cuantas páginas, aunque más que nada quisiera destacarles las sensatas y poéticas palabras de José Bergamín en su “Crónica anacrónica” sobre la historia:…todo es histórico para el hombre temporal menos su historia humana. Es decir, que todo es histórico menos la historia; que lo único que no puede ser histórico, por definición, es la historia. Sin embargo, decimos que la historia se puede historiar y deshistoriar. Más aún, que historiarla y deshistoriarla es hacerla, y hacerla viva: tejerla y destejerla de tiempo, día a día, como una red penelópica de la esperanza. Pero la esperanza no es nada histórico por si mismo; como lo son nuestras creencias ni nuestras acciones o nuestro lenguaje; nuestra poesía, en suma… En la presentación de TIEMPO DE HISTORIA -nº 1 en diciembre de 1974- se indicaba que: Se pretende que la Historia tenga un sentido, y se la examina desde la actualidad para justificar no tanto lo que somos o lo que vamos a ser, sino lo que pretendemos que somos y lo que pretendemos llegar a ser.

El tiempo es irrecuperable, por más que los hombres, hayamos y continuemos embarcados en tareas de reconstruirlo[4]. Lo bello, ameno y significativo, es que nosotros -lectores- reconstruyamos nuestra historia y no perdamos la memoria.

[1] Además de {Hemeroteca… se escribió hace 30 años = 1976….} y {Hemeroteca…en “libro y lectura”, hace + de 30 años…}, también se encuentran documentos en { Materiales }.

[2] Parafraseando a dos de nuestros grandes humanistas: Miguel de Unamuno y Antonio Machado. De ambos tenemos novedades recientes dignas de leer:
- Unamuno, Miguel de (2005). Del sentimiento trágico de la vida en los hombres y en los pueblos y Tratado del amor de Dios. Madrid: Tecnos.
- Gibson, Ian (2006). Ligero de Equipaje. La vida de Antonio Machado. Madrid: Aguilar.
Ya sabíamos Del sentimiento trágico de la vida de don Miguel, pero ha habido que esperar a esta edición de Nelson Orringer, para conocer su Tratado del amor de Dios. Y sobre la biografía de don Antonio del hispanista Ian Gibson, indicar que se trata de una obra esencial.

[3] Acudir a la página de {Hemeroteca… se escribió hace 30 años = 1976….}

[4] Caro Baroja, Julio. “El tiempo en antropología”. Revista de Occidente (Julio-Septiembre, 1980). Nº 2, p. 25-38.

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