Un poema es un trozo de memoria. La poesía difícilmente se puede escribir y entender sin la carga de los recuerdos o elementos autobiográficos. De ahí, la fragilidad y la grandeza poética. Un lenguaje que conjuga la historia con la literatura, y que tiene vocación universal de inducir al pensamiento.

Ha muerto Mahmud Darwish, su vida ha sido una lucha de resistencia, desde que nació en la Galilea - en 1941, palestina - se vió obligado al exilio, pero su obra no ha sido lacónica. Extensa en libros y sobre todo en lectores.

¿No puedes apagar la luna para dormir
un poco sobre tus rodillas, para que la palabra se despierte
y alabe a una ola del trigo que crece entre las venas del mármol?

Huyes de mí, gacela temerosa, y danzas en torno a mí,
y no puedo alcanzar al corazón que muerde tus manos y grita: quédate
para que sepa de qué viento sopla sobre mí la nube de las palomas.[1]

Su corazón se rindió, probablemente no toleraba tanto quebranto y fatiga. Y sus versos no curan, no obstante son un placebo para el dolor:

¡La paz sea contigo que velas por
el éxtasis de la luz, la luz de la mariposa, en
la noche de este túnel!
……
La paz es un tren con pasajeros que van
o vienen de excursión por las afueras de la eternidad.

La paz es reconocer, públicamente, la verdad:
¿qué habéis hecho con el fantasma del asesinado?
……
La paz es la elegía a un joven con el corazón destrozado por
el lunar
de una mujer, no por una bala o por una bomba.

La paz es cantar a la vida aquí, en la vida,
pulsando la cuerda de una espiga.[2].


NOTAS:

[1] Darwish, Mahmud (2001) Menos rosas. Traduccción y prólogo de María Luisa Prieto. Madrid: Hiperión. p. 97.

[2] Darwish, Mahmud (2001) Estado de sitio. Traduccción y prólogo de Luz Gómez. Madrid: Cátedra. pp. 41-43.

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