Uno de los géneros mas socorridos en la historia de la escritura, y por ende, en la de la comunicación es el confesional, o por denominarlo en términos mas actuales y reconocibles, el de la escritura del yo. Desde tiempos inmemoriales toda persona con una formación mínima ha sentido la indeclinable propensión a ensimismarse y exteriorizar el fruto de la acción introspectiva. Tan potente es la tendencia que, en ocasiones, esta necesidad de verbalizar las experiencias vividas, mas pasional que reflexiva, ni tan siquiera ha pasado por la frase previa mencionada. Muchos exabruptos y excursos contemporáneos responden a esa inapelable lógica.

Pero el género autobiográfico, diarístico o memorialístico ha sufrido siempre de una paradoja o contradicción interna irresoluble en sus términos. Como el trasunto de una pirámide de población, en la base se agrupaban los cientos de miles de aspirantes a ver sus cuitas, veleidades y ocurrencias impresas y encuadernadas, en la cúspide, estrecha y reducida en grado extremo, los que realmente lo conseguían. Mientras que el cauce para su expresión y concreción ha dependido de unas estructuras de publicación vinculadas a sistemas editoriales fuertemente restrictivos, las reflexiones vinculadas a consideraciones de carácter personal, imbricadas en la realidad mas inmediata han dependido siempre del capricho, la oportunidad o la planificación empresarial de instituciones ajenas a las querencias e inclinaciones de los escritores, o al menos sujetas a intereses no siempre coincidentes, ni en el tiempo ni en el espacio.

Y ha sido de nuevo la tecnología la que ha venido a resolver esta contradicción insalvable, pues Internet permite saltar de la escritura a la publicación sin la necesaria intervención editorial. Los cientos de millones de páginas web, los billones hoy en día existentes son una demostración de ello. Y en medio del inmenso ruido publicístico en que se ha convertido la red, con sus aciertos y sus errores, un género, relativamente reciente ha conciliado las virtudes de lo inmediato con las necesidades de visibilidad de quien atiende a sus expresiones más urgentes: los blog.

El blog es a la escritura como la instantánea a la fotografía, una impresión versátil de las realidades más variopintas. Aunque personalista e individual en su iniciativa, constituye una de las expresiones mas depuradas del buen funcionamiento de las nuevas redes de comunicación social. Gracias a la interacción permanente, a la necesidad de alerta que el propio formato impone, se ha erigido en una de las formas comunicativas más frescas y potentes de las existentes en la red. Evidentemente la calidad y profundidad difiere considerablemente de unos a otros, pero como fenómeno reviste una importancia cuya proyección real ya ha sido percibida por los responsables de marketing de muchas empresas, que han detectado el cambio de orientación de los vientos comunicativos, comenzando a prestar especial atención a estos nuevos espacios, propios de la web 2.0, que, ya consolidados como formas de publicación, acabarán deviniendo en nuevas formas editoriales.

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