Las sombras. ¿Por qué mueren los poetas? David Foster Wallace.
Ibn Jaldûn, Pensamiento crítico, Principal Septiembre 28th, 2008Mientras que la mayoría de la ciudadanía anda preocupada en la falta de liquidez de sus economías familiares y por las penumbras que asisten al empleo en el futuro más inmediato – o al presente de muchos hoy -, por derroteros escapistas (dicen algunos) sigue el señor Zapatero sosteniendo la inigualable solidez del sistema financiero español (”optimismo táctico” según sus afines incondicionales) un día, y al otro sin torcer el gesto; echando flores a Bush y a su plan salvador de Wall Street – “dinero a cambio de basura”[1] -, asintiendo como mal menor que se tratará de socializar las pérdidas.
Jung denominó sombra a la personificación de la parte primitiva e instintiva del individuo[2]. Las sombras como nuestro alter ego es un recurso simbólico muy al uso lírico, aunque creo justo reconocerles un doble significado poético. Pueden representar la negrura, las tinieblas y la oscuridad, así bien pueden ser entendidas como enemigas del poeta por sus cualidades disruptivas. De otra parte se encuentran las sombras amigas, la gracia o chispa de las palabras consoladoras y concordantes, la luz espiritual de la ensoñación e inspiración. Iluminan las noches y desvelan los misterios[3].
Otra sombra
Sé que los poetas descansan oyendo el mar y que cuando descansan es cuando crean. No los perturbes. Apóyate un poco si tu paso tiembla. Los helechos están ahora rojos y hay mucha melancolía en estos lagos, no tanta seguramente como en tus ojos si los contemplan. Pero su azul es igual. Mejor, diría, porque nada los turba ahora. Recuerda que anduvimos tras los poetas, que nos acercamos a los lugares de su descanso. El último fue este que reposa cerca de esos lagos donde los helechos se tienden y se encrespan los robles, y es ya naturaleza total, quien tanto la amó, quien tanto corrió en su busca, y tan honda la trajo a su verso. Eres el hilo que va hilvanando en mí estas memorias, que las hace tiernas y profundas. ¿Imperecederas? Hay afortunadamente algo que escapa a la palabra, sobre todo si adjetiva. Aquello sigue y es parte de esta sangre que me anda las venas, o esta línea que corre por el papel. El corazón es un pájaro loco y enjaulado al que llama el campo y que rompe sus latidos contra la jaula. El campo contesta siempre. La memoria también. ¿Espejos? ¿No te ves? Y ¿qué sombra si es sombra de verdad no acude fiel a su llamada? Y ¿quién como tú para sombra donde quiera que estés, para realidad donde no estés?
José Antonio Muñoz Rojas[4]
Sí, inexplicable, imposible es recorrer el camino sin encontrarse con ellas, más difícil es siempre vivir envuelto por ellas, no desprenderse de las sombras. Acostumbra a decirse que el otoño es numen para ciertos poetas, seguramente sea porque el sol durante este periodo infiltra e infunde las sombras. Y recuerdo, que cuando niño en el colegio, los primeros actos del curso – por octubre – consistían en representaciones con las siluetas de figuras en movimiento, sombras proyectadas mediante focos tras una pantalla transparente.
Aquellas “sombras chinescas”[5], mayormente me divertían. Los espectáculos actuales de nuestros políticos – sombríos y chinescos – en el mejor de los casos me aburren. Desde los inicios de éste weblog he tenido por norma no hacerme eco de los criterios, de signo ideológico o político, vertidos por sus comentaristas. No suscribo el comentario de que “Zapatero es el peor presidente que ha tenido España”, pero convengo con el profesor Antonio Elorza de que es «de esos políticos que en circunstancias difíciles nunca cabe esperar que diga la verdad. Sumido en un permanente ejercicio de marketing […]»[6].
Los poetas, restrictivamente, son aquellos hacedores de poemas. No obstante, me inclino por la acepción más extensa, y apreciar que todo escritor que se empeña con autenticidad en crear es un poeta. Aquí, transmití mi espanto por el asesinato del místico Roger Shutz, que hasta con su muerte puso amor donde no hay amor. Tras el cuarto centenario de la muerte del polígrafo Ibn Jaldûn, les he hecho participe de mis ideas sobre él, en la actualidad no sería bien visto por la mayoría de los musulmanes y objeto de atentado para los terroristas.
Recordé a Giovanni Papini escritor auténtico, cuyo aniversario pasó inadvertido. Destaqué la muerte de Naguib Mahfuz, un guerrero de la libertad que no pudo reponerse de las secuelas de la barbarie fundamentalista. Manifesté mi pesadumbre por la desaparición del maestro de periodistas, Ryszard Kapuscinski, que anduvo siempre detrás de la verdad. Recordé el cuarenta aniversario de la muerte de Violeta Parra, que como nadie ha cantado a la vida. Rememoré al poeta Pedro Garfías, un olvidado del 27. E igualmente al poeta agónico e iberista Miguel Torga. Últimamente a Mahmud Darwish, cuyo corazón no pudo resistir más dolor.
Sin duda, son multitud y notorio el ausente recuerdo de otros muchos, y sin pretender la excusa fácil, el blog de bibliología no es un obituario. Pero, durante días vengo pensando en la conveniencia de incluir este artículo, ya que no dejando pasar por alto el suicidio del escritor estadounidense David Foster Wallace, que supo singularmente destripar y poner de relieve las miserias de la sociedad actual, coparticipo especialmente de su desprecio hacia los políticos que, a gusto con la parafernalia del poder, se autoproclaman servidores del pueblo y son asquerosamente mentirosos.
«Resulta doloroso pensar que los aspirantes a servidores del pueblo, entre los que uno está forzado a elegir, son todos unos embusteros cuya única preocupación son sus propios intereses. Están dispuestos a mentir de una forma tan atroz y con una cara tan seria que te das cuenta de que te consideran un idiota»
[7].
¿Por qué mueren los poetas de siempre? Recordemos a otro poeta muerto Rafael Alberti que cantó en la “Balada para los poetas andaluces de hoy”:
Cantan con voz de hombre, ¿pero dónde están los hombres?
con ojos de hombre miran, ¿pero dónde los hombres?
con pecho de hombre sienten, ¿pero dónde los hombres?Cantan, y cuando cantan parece que están solos.
Miran, y cuando miran parece que están solos.
Sienten, y cuando sienten parecen que están solos. […]Cantad alto. Oiréis que oyen otros oídos.
Mirad alto. Veréis que miran otros ojos.
Latid alto. Sabréis que palpita otra sangre. […]
Lo dedico a mi hijo Agustín que hoy cumple 20 años.
NOTAS:
[1]Léanse cualquier columna periodística de las muchas que en estos días critican el plan de rescate de 480.000 millones de euros propuesto por Henry Paulson al que han bautizado de “dinero a cambio de basura”.
[2]Jung, Carl Gustav (1996) El hombre y sus símbolos. Barcelona: Paidós.
[3]La noche «debe ser considerada como una auténtica creación original, […] uno de los símbolos transcendentables de la mística cristiana y universal»: Mancho Duque, María Jesús (1982) El símbolo de la noche en san Juan de la Cruz. Estudio léxico-semántico. Salamanca: Universidad de Salamanca. p. 19.
[4]Muñoz Rojas, José Antonio (2007) Las sombras. Valencia: Pre-textos. p.
De este gran poeta malagueño y nonagenario merece la pena todo lo que ha escrito, tal como ya lo he expresado en otras ocasiones, inexcusable es leer su libro: Las cosas del campo. Y este librito, de los últimos publicados, Las sombras. Ambos en una prosa poética exquisita, les invito a comprobarlo, ya, a través de otras dos entradas: “Sombras de pena” y “Sombras amigas II”.
[5]Estébanez Calderón, Demetrio (1996) Diccionario de términos literarios. Madrid: Alianza. pp. 1008-1009:
Sombras chinescas. Denominación con la que se designa un tipo de espectáculo que tuvo (y sigue manteniendo) una gran vigencia en algunos países asiáticos (China, Tibet, India, Indonesia, etc.) y, especialmente, en Turquía, en Grecia y en los Balcanes, y que consiste en la representación de la silueta de unas figuras en movimiento, que, situadas entre un foco de luz y una pantalla transparente, se proyectan sobre esta en forma de sombras “chinescas”. Esta denominación le vendría, a juicio de algunos estudiosos, de la probable procedencia china de este tipo de espectáculos, que han dado origen a una forma de representación teatral conocida en Turquía y los Balcanes con el nombre de Karagoz, y en Java y ciertas zonas de la India con el de Wayang. Con la denominación de “Wayang kulit” (teatro de sombras) se alude a diversos repertorios o “lakon” extraídos de escenas de las epopeyas hindúes Mahabhárata y Rámayana, que se representan en las mencionadas zonas de la India y Java. En cuanto a la forma de proyección de las citadas sombras, en concreto para el Karagóz, se utilizan figuras recortadas en cuero o pergamino movidas con varillas. Este espectáculo comenzó a ser utilizado en algunos países europeos en el siglo XVIII: en la Correspondencia de los hermanos Grima hay alusión a esta forma de espectáculo —Schattenspiel— en Alemania hacia 1770; en Francia se habla de “ombres chinoises“, como espectáculo de diversión para niños, en ese mismo siglo.
[6]Elorza, Antonio (2008) “Sin agua de mayo”. EL PAÍS, sábado 14 de junio de 2008. p. 22.
[6]Wallace, David Foster (2007) Hablemos de langostas. Barcelona: Random House Mondadori. Y citado por Anson, Luis María “La broma infinita” EL CULTURAL. Primera palabra. Jueves 25 de septiembre 2008. Madrid: Prensa Europea.
[otra bibliografía]
> Corripio, Fernando (1996) Diccionario de ideas afines. Barcelona: Herder.
> Martínez Calvo, Pascual (2005) Diccionario enciclopédico y etimológico. Zaragoza: de Autor.
Septiembre 28th, 2008 a 5:18 pm
Muchas gracias papá