El pacto autobiográfico. Las marcas pronominales o partículas deícticas
Escrituras del «yo», Poesía Iberoamericana, Principal Mayo 15th, 2008Durante tiempo se ha visto como rasgo importante del texto autobiográfico el que se encuentre escrito en primera persona – escribo yo - con la intención de dar más verosimilitud al texto (narración autodiegética), mientras de la biografía clásica que esté escrita en tercera persona gramatical (heterodiegética)[1], haciendo gala de su carácter científico. Hoy se sigue enseñando en las aulas universitarias la conveniencia de no personalizar los escritos o documentos, tendiéndose a utilizar el impersonal (“se analiza”, “se concluye”, “se observa”, etc.). Y en muchas ocasiones «la reflexividad es un instrumento necesario para presentar el yo en la vida cotidiana»[2].
Este argumento de los caracteres de la voz narrativa no es erróneo, pero como se verá es claramente insuficiente para clasificar la escritura del yo. Del análisis de los propios textos a lo largo de la historia literaria, se extraen numerosos testimonios – narrativa homodiegética – de que el narrador, registrado en primera persona, acude en el discurso a relatar episodios biográficos de un personaje principal distinto a él. También ocurre que dándose la identidad del narrador y del personaje principal, el narrador no usa la primera persona gramatical y acude a la tercera persona, incluso al “tu” y a combinar las formas nominales, distintos procedimientos para dar la sensación de objetividad y distanciamiento púdico/irónico o causar efectos de desdoblamiento de personalidad[3].
Situaciones frecuentes en el acto autobiográfico donde se: «conjuga una experiencing self y un narrating self, un yo que experimenta los hechos relatados y otro yo que narra esos hechos con cierta distancia temporal y vivencial»[4]. O sencillamente los escritos literarios en primera persona gramatical que no ponen de relieve a un personaje autobiográfico. «Elisabeth W. Bruss demuestra que durante ciertos periodos de la historia de la literatura no se establece una distinción entre “una primera persona” idealizada y un autor-héroe autobiográfico particular»[5], remitiendo a los salmos del Antiguo Testamento – narrativa metadiegética-[6].
Así que resulte necesario recurrir a otro criterio, para fundamentar la distinción biografía/autobiografía, el de la jerarquización de las relaciones de semejanza y de identidad que se establecen entre el narrador y el personaje principal. Para ello es imprescindible acudir a Philippe Lejeune, y a su Le pacte autobiographique, donde demuestra que la autobiografía canónica se caracteriza por la identidad autor = narrador = personaje.
Justamente, «el pacto autobiográfico[7]es la afirmación en el texto de esta identidad». Y reservando la fórmula autor = narrador ≠ personaje, para la «autobiografía en tercera persona»:
Gérard Genette, que ha sabido explotar las distintas posibilidades a que da lugar la relación triangular de Lejeune, propone una configuración muy interesante de asociación de los discursos con las cuestiones de voz y los vínculos entre narrador y autor, que podemos ver en el siguiente cuadro con cinco figuras lógicas y coherentes partiendo de la doble fórmula:
Autor = Narrador → discurso factual (histórico) = dicción
Autor ≠ Narrador → discurso ficcional (literario) = ficción
A = N = P = A
A = N ≠ P ≠ A
A ≠ N = P ≠ A
A ≠ N ≠ P = A
A ≠ N ≠ P ≠ A
De acuerdo con la profesora Rocha: «La presencia de partículas deícticas, el parámetro espacial en la situación del discurso y la indicación sistemática de nombres propios son procesos de utilización casi inevitables, que contribuyen para reducir la ambigüedad en el proceso de identificación del sujeto enunciador»[10], pero no suficientes para explicar la oposición biografía/autobiografía.
Vila Nova, 10 de octubre de 1936. Un Diario no es esto. Para
Diario, el de aquel inglés que, para que nadie pudiera leérselo,
llegó a inventar un lenguaje cifrado.
¡Qué no diría yo aquí si pudiese escribir en cifra!Coimbra, 22 de mayo de 1982. Mantener este registro
de mis días hasta el último día. No con la vana pretensión
de completar un testimonio de mi época, sino para,
con el mismo acto clarificador de la escritura, aclarar en
mi espíritu, junto a momentos poco significativos, otros
que serán cruciales en mi vida. Con la obsesión del final
que los hace cada vez más contingentes, y con esa precariedad
que los hace cada vez más agónicos. Mi juego con
la muerte ha sido siempre en serio, pero el cargador del
revólver no tenía más que una bala. Ahora tiene varias.[11]
NOTAS:
[1]La concepción clasificatoria de la narración en función de las “voces” que Gérard Gennete establece para las obras de ficción en: (1993) Ficción y dicción. Barcelona: Lumen.
[2]Miguel, Jesús M. de (1996) “Auto/biografías”. Cuadernos Metodológicos, nº 17 enero de 1996. Madrid: CIS Centro de Investigaciones Sociológicas.
[3]Romera Castillo, José (2006) De primera mano. Sobre escritura autobiográfica en España (siglo XX). Madrid: Visor Libros.
Ejemplos de usos y combinaciones de la personas gramaticales (yo, tú, él-ella, nosotros y formas impersonales):
- las Memorias de Juan Goytisolo: (1985) Coto vedado y (1986) En los reinos de taifa. Barcelona: Seix Barral. (1993) Diario de Sarajevo. Madrid: El País/Aguilar.
- Semprún, Jorge (1982) Autobiografía de Federico Sánchez. Barcelona: Planeta
- Boadella, Albert (2001) Memorias de un bufón. Madrid: Espasa Calpe.
[4]Rocha, Clara (1977) O espaço autobiográfico em Miguel Torga. Coimbra: Livraria Almedina. Y cita el caso de Roland Barthes par Roland Barthes un ejemplo de escritura heterodiegética. p. 46
[5]Según Rocha, Clara (1977) ibid. p. 48
[6]Estébanez Calderón, Demetrio (1996) Diccionario de términos literarios. Madrid: Alianza.
«Diégesis. Término griego, que significa relato o exposición, con el que se designa la sucesión cronológica de las acciones y acontecimientos que constituyen una historia narrada o representada. El término diegesis aparece en Platón con el sentido de simple relato de una historia (sin diálogos), frente al de mimesis, o imitación de esa historia que representarían los personajes en un drama. En la narratología contemporánea, G. Genette considera la diégesis como el contenido narrativo constituido por los acontecimientos: en ese sentido, diégesis sería sinónimo de historia, término utilizado por Tzvetan Todorov . La diégesis se diferencia del relato (conjunto de palabras que forman el discurso o enunciado del narrador) y de la narración, que es el “acto narrativo” productor del relato (G. Genette, 1972). Atendiendo a la posición del narrador de una historia frente a los acontecimientos relatados, el mencionado crítico habla de relato homodiegético, cuando el narrador es un personaje que participa en la historia que cuenta; si está fuera de la misma, se trataría de un relato heterodiegético; en el caso de que el narrador fuera el protagonista de dicha historia, el relato sería autodiegético. Se habla de relato metadíegético cuando se trata de una narración subordinada o de segundo grado: p. e., en Las mil y una noches, Sherezade, que es un personaje introducido en la historia por el narrador primero (extradiegético), se convierte ella misma en narradora de nuevos relatos que son, por tanto, metadiegéticos (en terminología de G. Genette), es decir, relatos subordinados o de segundo grado.»
[7]De Lejeune, Philippe (1994) El pacto autobiográfico y otros escritos. Madrid: Megazul-Endymion. p. 65: «La identidad de nombre entre autor, narrador y personaje puede ser establecida de dos maneras:
1. Implícitamente, en la conexión autor-narrador, con ocasión del pacto autobiográfico, la cual puede tomar dos formas: a) empleo de títulos que no dejan lugar a dudas acerca del hecho de que la primera persona nos remite al nombre del autor (Historia de mi vida, Autobiografía, etc.); b) sección inicial del texto en la que el narrador se compromete con el lector a comportarse como si fuera el autor, de tal manera que el lector no duda de que el “yo” remite al nombre que figura en la portada, incluso cuando el nombre no se repita en el texto.
2. De manera patente, en el nombre que se da el narrador-personaje en la narración, y que coincide con el del autor en la portada.
Es necesario que la identidad sea establecida al menos por uno de esos dos medios; muchas veces es establecida por los dos al mismo tiempo.»
[8]De Lejeune, Philippe (1994) ibid. p. 55
[9]En Gennete, Gérard (1993) op. cit p. 67
[10]Según Rocha, Clara (1977) ibid. p. 47
[11]Torga, Miguel (1988) Diario (1932-1987). Selección, traducción, índices y notas de Eloísa Álvarez. Madrid: Alianza. p. 20 y 417.


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