Este artículo prácticamente es un trasunto del capítulo que, con igual título, dedica la profesora Clara Rocha en (1992): Máscaras de Narciso. Estudos sobre a literatura autobiográfica em Portugal. Creo que digo bien al usar el transitivo trasuntar, ya que no me limito a copiar y/o traducir dicho texto, pero lo reflejará sustancialmente. Entiendo que no hago aportaciones significativas o novedosas, quizá no hay más originalidad que su inclusión ahora y aquí, y el resultado global del trabajo que me propuse desde primera hora realizar.

Sigo el esquema de desarrollo y transcribo de manera sintética el contenido del citado capítulo añadiendo algunas notas y citas. En definitiva, el objetivo es servirles de guía, animarles a leer la monumental obra de Miguel Torga[1], y sí les fuera posible, mejor en su lengua portuguesa. Cada lengua tiene su bagaje y musicalidad propios. Yo, que tengo la dicha de haber podido vivir y residir donde he querido en cada momento, y no verme obligado a transterrarme de mi patria ibérica, cuando leo a ciertos escritores, leo sus tierras: «mi tierra»: Ceres, Proserpina o Cibeles. Dice Manuel Alegre, que lejos de su patria por el exilio, pudo seguir percibiendo a Portugal cuando leía a Miguel Torga[2].

Coimbra, 3 de enero de 1932.

SANTO Y SEÑA

Dejen pasar al que cumple su jornada.
Dejen pasar
al que va lleno de noche y claridad.
Déjenle pasar y no le digan nada.

Déjenle, que va apenas
a beber agua de Ensueño a cualquier fuente,
o a coger azucenas
a un jardín que él presiente.

Viene de la tierra de todos. Allí mora
y allí regresa después de amanecer.
Déjenle pues pasar, ahora.

Que va lleno de noche y desconsuelo.
Que va a ser
una estrella en el suelo.

Ya, y ¿qué es la patria?, ¿la lengua, la historia y el lugar que dice José Saramago?, ¿el territorio, el fantasma, el regreso al desconcierto, la humanidad o el imán del que habla Mario Benedetti?, ¿acaso un espacio mítico de nuestra memoria colectiva? o ¿una aporía que pueda resolverse algún día cuando salgamos de este territorio de la confusión humana y ya sin tabúes de ningún tipo el amor auténtico nos dé el conocimiento verdadero? Retomaremos esta pregunta al final cuando se hable de la memoria que – ya se dijo - es elemento que une las distintas expresiones que confluyen y/o conforman la escritura del yo. De momento, acudamos a desvelar el perfil caracterial del discurso autobiográfico:

1. La ambivalencia del discurso autobiográfico: el yo es aún y siempre razón de ser una búsqueda finalmente imposible. Causa y efecto del lenguaje, ser absoluto o constructor textual. Su «naturaleza especulativa que por un lado nos hace acreditar el yo que está por detrás de la máscara; la opacidad del lenguaje, por otro, nos hace descreer de esa realidad»[3].

2. Desde la construcción textual, el yo se revela como tejido o estructura. En el plano narratológico, el yo que habla es ya un otro, mantiene con el yo de quien habla una relación distanciada. El «relato autobiográfico […] sería la historia de un pasado pensado y contado por un narrador que se acuerda de que vivió. […] En el plano gramatical, el yo se dice en varias personas»[4]. La primera persona es la más usada, pero no es marca obligatoria en el discurso autobiográfico.

3. El escritor (A = N = P = A) auto/biógrafo, como ya se ha advertido, se guía por la consecución de la plenitud vital, para lo cual se somete a una catarsis (κάθαρσις). La escritura del yo cumple un doble objeto en este proceso catártico. Es instrumento, medio para confesarse públicamente, confiando errores y aciertos, en definitiva sus emociones. Así como, al ofrecer al lector sus confidencias y permitir que participe de su intimidad, le reclama su complicidad. De forma que pone de relieve la excepcionalidad de su conducta y satisface ciertas expectativas del público, pero a la vez pretende justificarse y merecer el perdón o reconocimiento de sus lectores. Por ello y para ello la escritura es un recurso inmenso (immensus) de códigos lingüísticos y estilísticos[5].

Panóias, 6 de octubre de 1951. De nuevo ante este libro de piedra
en el que el pasado dejó grabadas sus devociones. Me interesa esto:
cosas que hablen, que respondan. Mojones, estelas o rocas con
inscripciones, aunque estén borrosas, en las que podamos deletrear
una intención, una protesta, un voto. El pasmo bovino de la
naturaleza en movimiento, retorcido, reducido por la comprensión
a palabras o caracteres inteligibles. Un paisaje con voz, capaz
de dialogar.

4. La relación dialogante que el sujeto autobiográfico mantiene con el intertexto, una articulación identidad-alteridad que es «el reconocimiento del sujeto que (se) escribe en el espejo intertextual». El mito de Narciso[6] es probablemente la representación más evocada a propósito de la escritura autobiográfica. El reflejo es auto-contemplación y auto-fascinación, pero no reflejo tal cual como en un espejo, porque la imagen se proyecta en la memoria de manera inquieta, es más bien la síntesis de la dialéctica memorialística que — construye - deconstruye – reconstruye — suscita un «desdoblamiento del sujeto, […] deseo de fijación y eternización de la figura reflejada»[7].

Coimbra, 12 de marzo de 1952.

RETRATO

Mi perfil es tan duro como el perfil del mundo.
¿Quién adivina en él la gracia de la poesía?
Piedra tallada a pico y sufrimiento,
es un muro hostil que circunda el vergel.
Dentro de él hay frutas, hay frescor, y cuanto
hace un poema dulce y deseado.
Mas quien va por la calle
ni siquiera sueña que del otro lado
el paisaje de la vida continúa y late.

5. El axis mundi o el mito del Centro del Mundo, casi constante en el dominio literario del discurso autobiográfico. La concepción de que todo en el universo gira en torno a un eje o centro es tan antigua como las propias religiones. El Espíritu de la Tierra o telurismo de Miguel Torga es sin dudas uno de los rasgos más significativos de su obra, su voz es el grito de la tierra: São Martinho de Anta, el Negrilho, el Santuario de Panóias, el Reino maravilloso de Trás-os-Montes, el Altar de Cabrões y hasta el seudónimo Torga[8]. Y también en esa voz «se expresa con un gran poder […] la intrahistoria de las vidas humildes que sufren y padecen en sus destinos la dureza del existir»[9].

Altar de Cabróes, 9 de agosto de 1944. Estoy a 1.536 metros de
altura, cerca del cielo, viendo los picos del Barroso, del Mario,
de la Peneda, de la Serra Amarela y del Lindoso. Estoy sentado
en un mojón que separa Portugal de España, en un lugar llamado
Altar de Cabrones y que fue, como su nombre indica, el Olimpo
de divinidades con cuernos, el ara de uno de tantos sagrados
dioses lusitanos, del que sólo quedan el nombre y las huellas.
Cada vez me considero menos entendido en oraciones y en santos.
Pero cuando presiento los rastros del viejo Endovelicos, me dan
ganas de arrodillarme y de santiguarme. El catolicismo, aun sin
haberlo querido Cristo, ha inundado este mundo de cruces y de
agua bendita. Por el contrario, estos nacionales dioses con
cornamenta eran portadores de una virilidad mágica, que no niega
ni degrada a la naturaleza. Nada de agonías lentas en maderos de
cedro. Agua, frutos, sol, y un dios que hace de la verdad
hechicera de las cosas su fundamento.

Coimbra, 12 de diciembre de 1949. Saber aceptar el fracaso y
agarrarse de nuevo al arado con mayor energía: en esto reside la
gran fuerza y la gran lección del campesino. Para él, la vida no
consiste tanto en recoger, como en sembrar. Como ser humano se
justifica lanzando a la tierra energía viva, sueños sin cizaña. Lo
demás es asunto de los elementos, que a veces cubren la mies con
la bendición de un sol fecundador y otras la sacuden con la
estúpida furia de la destrucción.

6. Del Centro del Mundo a la Creación del Mundo. «Del mito de la Creación, retienen los autobiógrafos sobre todo dos motivos; 1) la organización del caos en el cosmos (pudiendo ser el caos, por ejemplo, la masa desordenada de recuerdos y el cosmos la escritura que los fija); 2) la omnipotencia del Creador es una relación entre Creador y criatura»[10]. El hombre en el mundo no sólo anhela su salvación, también se exhibe como ejemplo ante los otros. Es singular por sus proyectos, y universal por la universalidad singular de la historia humana. El universal singular de J. P. Sastre.

S. Martinho de Anta, 28 de diciembre de 1953. Es una pena que los
montes no hablen, ni dialoguen, ni testimonien. Éstos míos, al menos.
Además de la emoción de oírlos responder al monólogo que ese
silencio que los rodea borró de mis labios y lo interiorizó, me gustaría
sobre todo saber que en su alma, como en la mía, queda la señal
indeleble de cada una de nuestras citas. Es tan fuerte y medular el
abrazo que nos damos, tan íntima la comunión que nos une durante
horas y horas que no me resigno a la idea de que sólo yo tenga
conciencia de ello, y de que por parte del otro el amor sea pasivo.
Pero estoy condenado a no saberlo. Y cuando regreso a casa, después
de recorrerlos, parezco un enamorado infeliz: miro desde la ventana,
comido de celos, el crepúsculo que los envuelve, y me paso la noche
soñando con el milagro de una palabra que sería, como en todas las
pasiones, el bálsamo de una herida abierta y el comienzo del desencanto.

7. No resulta fácil para el autobiógrafo sobresalir del encadenamiento de los acontecimientos, ordenar el conjunto de los recuerdos, comprender y explicar la globalidad de su existencia. Aparecen inscritos narrador y narración en un espacio laberíntico. El mito del laberinto y el hilo de Ariadna, «la imagen de Ariane [traducción al francés del nombre de la diosa griega Ariadna] atraviesa implícita o explícitamente, la escritura del yo: tanto puede figurar una salida para el laberinto de las palabras como una salida para el laberinto de la vida narrada»[11].

Coimbra, 12 de noviembre de 1953. ¡Qué complicado organillo
psicológico estoy hecho! Un mar en el que una resaca sigue a otra.
La pereza de un momento anula a mis ojos los esfuerzos que he
hecho durante toda mi vida; un roce familiar me hace desconfiar
de la pureza de los lazos del afecto; un contratiempo en la caza
ennegrece la imagen de los montes. Anulo en un segundo de
desilusión el trabajo paciente y tenaz de muchos años de esperanza.
Sé que cumplo mis obligaciones concienzudamente, y que en ningún
terreno podría hacer más, dada la fragilidad de mi barro, la pobreza
de mis dones, y los condicionamientos sociales que he sufrido. Pero,
a pesar de todo, me considero indigno ante no sé qué juez, que me
juzga a cada momento y que me condena. Soy médico y poeta y ni
en la piel de uno ni en la del otro me siento justificado. En el rostro
de cada enfermo estoy viendo siempre la sombra de la muerte,
cuyo triunfo, en el mejor de los casos, no hago sino postergar; en
cuanto a mis poemas, no es bueno que diga lo que pienso de ellos.
Y al final de cada consulta, o después de imprimir un libro, me dan
ganas de correr detrás del paciente o del lector y confesárselo todo,
confesarles que la receta es inútil y que los versos son inútiles
también, porque el destino es más fuerte que mi pobre ciencia, y la
poesía más alta que mi terrosa inspiración.

8. «Otra representación, de esta vez proveniente de la narrativa de ficción, en la cual la literatura autobiográfica se reconoce es el héroe de la novela de Daniel Defoë, Robinson Crusoe. […] El héroe escribe por dos razones esenciales: para comunicar y para registrar los días que pasan. […] Robinson […] percibe que precisa de algo más que un simple calendario: precisa registrar lo que hace en cada día, de documentar la memoria. Y también de comunicar. […] Robinson habla consigo mismo a través de la escritura»[12].

Los caracteres de las relaciones y todos los referentes míticos expuestos: el de Narciso, el axis mundi, el del Creador del Mundo, el del laberinto y el hilo de Ariadna; se inscriben en la línea heroica de los Robinsones. Y todo héroe plantea una trama de autosuficiencia, de intimismo, de agonía, de inquietud, de desasosiego, de in púribus, de esperanza… de consumación.

Coimbra, 8 de abril de 1954. Me quejo, me rebelo, digo que me
repugna y que soy alérgico a sus toxinas, pero no cambiaba esta
época por ninguna otra. Asistir a la metamorfosis del mundo es un
espectáculo que no se puede perder. Por encima de la sensibilidad
ofendida, la razón está radiante. El terremoto actual mata y sepulta
valores importantes, pero también es un vivero de esperanzas y de
posibilidades nuevas. Y aunque ese pobre poeta que soy yo se las vea
y se las desee en el clima febril de un cataclismo en que los
sismógrafos son las primeras víctimas, dar testimonio de la crisis, ya
ha valido la pena. Poder ver anunciado un futuro sin fronteras de
ningún tipo —ni clases, ni patrias, ni desigualdades económicas y
culturales—, es una riqueza mayor que hacer unos poemas en una
paz social con remordimientos de conciencia. [13]


NOTAS:

[1] Mourao-Ferreira, David (1978) “Poética e poesía no Diário de Miguel Torga”. Colóquio/Letras, nº 43, maio de 1978, pp.7-19: «De edifício se trata, com efeito. De monumento, em suma. E de substantivo monumento que adjectivamente apresenta, como todos os monumentos dignos deste asome, um interesse documental de variada ordem e do mais alto significado. Monumento que é documento, antes de mais, do pessoalíssimo itinerário humano de quem o escreve, o Diario de impõe-se também como privilegiado documento — e nem há outro que entre nós se lhe compare — do tempo e do espaço em que tem sido escrito. As vicissitudes históricas que lhe servem não só de background, mas ainda de continuado referente, espacializam-se, a cada instante, na realidade portuguesa — tanto geográfica e social como espiritual e étnica — que Miguel Torga conhece como ninguém; e incessantemente se confrontam, por outro lado, com os estalões culturais de além-fronteiras a que atento se mantém, ou in locis ou através da leitura e da reflexão». p. 8

[2] El poeta Manuel Alegre, es el discípulo, amigo de Miguel Torga. Premio de Poesía de la Associação Portuguesa de Escritores de 1998, Premio Pessoa de 1999 y Premio D. Dinis 2008. Pueden leer en su Prefacio: “O Rosto de Viriato” de la Fotobiografía de Miguel Torga realizada por su hija Clara Rocha, que respecto a Miguel Torga: «Não consigo ser neuto». Y sigue que con él aprendió cierto código:

- puede transigirse en todo, más no en la literatura;
- nunca cambiar un verso por cosa ninguna;
- “es preciso estar contra esto para ser esto”;
- el único poder que cuenta es “el terrible poder de recusar”;
- “cada nación tiene un rostro inconfundible”;
- “nunca descreer / del llano duro y ruin”;
- “decir no en la hora de todas las condescendencias, ser verdadero en la hora de todas las mentiras”;
- “Llevaré un poema
No quiero otro equipaje”.

El político Manuel Alegre, fue el símbolo de la resistencia contra la dictadura salazarista, fundador del Partido Socialista Portugués, repudiado por su propio partido por no querer someterse a su disciplina y mantener un discurso comprometido por una verdadera renovación, no comulgar con los neo-liberales y apostar por una ciudadanía social, por luchar contra aquellos que entienden los derechos civiles y políticos como meros productos del mercado. Obtuvo el 20,7 % de los votos en las elecciones presidenciales portuguesas de enero de 2006, sin apoyo de partido alguno. Fue y va de independiente, en un país que tiene mal visto esa condición política.

[3] Rocha, Clara (1992) Máscaras de Narciso. Estudos sobre a literatura autobiográfica em Portugal. Coimbra: Almedina. pp. 46-47: «Cuando Benveniste define el yo como “el individuo que enuncia la presente instancia del discurso continente de la instancia lingüística je”, subraya que la deixis es apenas una indicación de la circunstancia del discurso, y no remite para ninguna realidad consistente y tangible.
Sobre el signo de esta denegación de una referencialidad objetiva fuera del discurso surgirán construcciones teóricas como la de Lejeune en Le pacte autobiographique, que afortunadamente previene del papel fundamental de la deixis en la determinación del estatuto autobiográfico de un texto, toma el cuidado de fundar esa referencia en una identidad, afirmada al nivel del texto, entre el personaje central, el narrador y el autor.
Más interesada en la observación de la emergencia del yo al nivel del discurso, la crítica diegética de encontrar en la autobiografía la representación más o menos fiel de una historia personal, y prefiere entenderla como una restricción en la que se funden memoria e imaginación, una combinación entre experiencia vivida y fabulación. En esta perspectiva, la formación del yo a través de la palabra corresponde a un segundo nacimiento, y el sujeto que se narra es otro, un doble de la persona real. Ese yo es un personaje, que apenas difiere del personaje de ficción por ser protagonista de una vida de la cual el propio yo no es autor, es solamente el co-autor, o sunaition».

[4] Rocha, Clara (1992) ibid. p. 49.

[5] Rocha, Clara (1977) O espaço autobiográfico em Miguel Torga. Coimbra: Livraria Almedina. p. 81-86. Como lo explicita la profesora Rocha se trata de un desbordamiento de emociones, donación del yo y deseo de absolución: «Así, tras una liquidación catártica, la literatura confesional expresa también un deseo de absolución, cuyo precio es el comprometimiento total del escritor en su obra. El narrador-torero que arriesga todo por todo en su autobiografía puede esperar absolución de sí mismo, de los hombres o de Dios».

[6] Narciso [etimológicamente el atontado, de allí "narcosis" o “narcótico”; véase Coromines, Joan (1991) Diccionario crítico etimológico castellano e hispánico. Madrid: Gredos], nace de una relación impensada. El dios río Cefiso violó a la ninfa oceánida Liríope, quien concibió a un hijo no deseado. La belleza de tal hijo favoreció su aceptación, y ansiosa por saber si viviría muchos años, la joven madre fue en busca del ciego Tiresias. “Sí, (dijo) tendrá larga vida, siempre que no llegue jamás a conocerse, a escudriñarse”. El mito es la expresión en forma sucesiva y anecdótica de lo que es supratemporal y permanente, de lo inexorable que jamás deja de ocurrir y que como paradigma, vale para todos los tiempos. La realidad destruye al mito (o al menos lo fragmenta), porque el mito intenta fijar una realidad que de hecho fluye.

El Narcicismo, normalmente, alude a situaciones del yo, donde lo primordial es el amor a sí mismo. Pero el Mito de Narciso da para más, es: ilusión, alusión y elusión. No está de más recordar a: Freud, Sigmund (1973) Introducción al narcisismo y otros ensayos. Madrid: Alianza.

[7] Rocha, Clara (1992) op. cit. pp. 50-51. «Narciso es, al mismo tiempo, realidad e ilusión: tiene un cuerpo verdadero, y se enamora de ese cuerpo reflejado. Según Genette, es éste un “complejo de cultura”, en la acepción bacherlardiana [Gaston Bachelard]. En él se conjugan dos motivos: el de reflejo y el de la huída».

[8] torga, s. f. bot. Brezo, arbusto ericáceo; cepa; raíz de brezo; pop. fig. cabeza grande. Acepción tomada de: Martínez Almoyna, Julio (2000) Diccionário de Português - Espanhol. Porto: Porto Editora.

[9] Puerto, José Luis (2002) “Introducción”. En: Torga, Miguel. El Espíritu de la Tierra. Antología poética. Selección, traducción e introducción de José Luis Puerto. Ourense: Ediciones Linteo. p. 12.

[10] Rocha, Clara (1992) op. cit p. 53: «Miguel Torga, con La Creación del Mundo [..o..] W. B. Yeats en sus Reveries over Childhood and Youth (1914), aluden a la Creación».

[11] Rocha, Clara (1992) ibid. pp. 54-55: «Recordemos que Marguerite Yourcenar, intitula Le Labyrinthe du Monde a los dos volúmenes de su narrativa autobiográfica (Souvenirs pieux y Archives du Nord)».

[12] Rocha, Clara (1992) ibid. pp. 55-56.

[13] Todas las citas de Miguel Torga corresponden a: (1988) Diario (1932-1987). Selección, traducción, índices y notas de Eloísa Álvarez. Madrid: Alianza.

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