Iberia. El fado y Miguel Torga. [2] O fado
Historia cultural, Iberismo, Poesía Iberoamericana, Principal Marzo 25th, 2008Con esas mimbres se construye la Historia como relato pretenciosamente objetivo del pasado[1]. Y éste es mi deseo con estos artículos, modestamente divulgar, alentar y ayudar a navegar a través de la historia. Por ello, no es la primera vez que sostengo en este weblog, de que leer y viajar, son dos actividades necesarias que se complementan para acrecer en el cultivo de nuestra inteligencia y sensibilidad. Ya lo dijo san Agustín de Hipona: «El mundo es un libro, y aquellos que no viajan sólo leen una página.»
Los fados son dictado de la nostalgia, de las experiencias comunes, de la aventura y la ventura humana, del misterio y la magia, del brío y la fuerza. Son la proyección colectiva del pueblo, de sus pasiones y silencios. Como un libro de viajes, los relatos del día a día, en ellos navega la memoria:
Los músicos ciegos, trovadores de la plebe, de un barrio a otro, de aldea en aldea, iban mendigando inseparablemente acompañados de su lazarillo y de su mulo, mediante sus guitarras y sus folhetos de corda (pliegos de cordel)[2], cantando, gustaban de relatar las pasiones diarias de sus coetáneos, pero sobre todo, aquello que excedía la raya de lo cotidiano.
Los emigrantes[3], mayoritariamente hombres de tierra adentro, labradores cansados de siempre sembrar y apenas recoger[4], campesinos de manos rudas y callosas, enrolados o apelotonados como bultos en cargueros y bergantines, apesadumbrados desde que a duras penas lograban divisar las ciudades y puertos reducidos a meras líneas en el horizonte, musitando, anhelando un amanecer sin ocaso en sus tierras.
Los estibadores de los muelles y el olor a salitre. Los marineros de piel arrugada y físico tosco, curtidos por el sol de justicia, los vientos helados y el relente de las madrugadas en el vasto océano, de cantinas a burdeles, garitos atufados por el tabaco y el alcohol, tatareando, persiguiendo abstraerse con el ensueño del baile y la música.
Las tenderas de toallas y bordados, las vendedoras con cestos de sardinas, mulheres da vida; mujeres de tez tostada y aires graníticos, siempre dispuestas al trabajo. Los inmigrantes con sus maletas, ligeros de equipaje. Los vendedores ambulantes con sombrero y pitillo entre los labios, con sus carromatos de avelãs (avellanas) y globos al aire, silbando, despertando la ilusión de los niños.
Los antiguos ultramarinos con el bacalao colgado y cantinas con mostradores de zinc, manteles de cuadros y sillas de formica, flores en los balcones, gatos en las puertas y periquitos en las ventanas, del Bairro Alto o en la Mouraria. Las camareiras o cafés de lepes, las viejas tascas, las casas de comidas adornadas con grandes murales de azulejos blanquiazules, en cualquiera de las travessas del laberíntico barrio de la Alfama.
Los estudiantes, las serenatas y las queima das fitas[5]. Las tertulias de clubes y casinos entorno a las touradas[6]. Las fiestas populares y carnavalescas – cegadas – y las reuniones nocturnas improvisadas con las violas o guitarras portuguesas. Los bazares y almacenes del Chiado. Los decadentes cafés pessoanos y salones de té del centro lisboeta.
Con estos personajes y en esos ambientes, se engendró, creció y cultivó el fado: fado vadio (vagabundo, no profesional), fado saudoso (nostálgico), fado batido (bailado), fado choradinho (llorado), fado repente (canción improvisada), fado bairrista (como gritos, entre barrios)… Es poesía y música, como la lluvia ligera y tormenta, puede ser tímida o imperativa. Igual que Lisboa, emerge envuelta en la niebla y camina por ella con seguridad, con un colorido extraordinario. Lisboa, dijo Miguel Torga: «es un muestrario coloreado y barroco de una parte aventurera de nuestra sangre»[7], como toda la península ibérica, es una tierra cruce de caminos desde que se hiciera tierra, y mezcla de colores y culturas desde que fuera humana.
Es necesario recorrerse Lisboa[8] y escuchar fados en las casas de fado, porque sólo introduciéndonos y habitando en ellos nos podemos explicar lo que representan. Deleitándonos en sus músicas y letras, con los gestos y poses de los fadistas, nos adentramos en el intimismo, apasionamiento y religiosidad que conllevan. El fado es la poesía del pueblo portugués. En ellos, se encuentran y cuentan, un más allá de la cotidianidad de los últimos dos siglos de la historia de Portugal.
Ahí están: Inés de Castro y el Sebastianismo[9], los descubrimientos del siglo XVI y el regreso masivo de los emigrantes tras la independencia colonial de los siglos XIX y XX. Los resentimientos contra el dominio español, británico o napoleónico, los rasgos altaneros de la aristocracia y los sueños de la plebe, la muestra del absolutismo más rancio y de los aires modernistas del liberalismo, las luchas libertarias de la prerrevolución industrial, la austeridad amarga de la dictadura salazarista y los himnos jubilosos de la revolución de los claveles.
A colación del párrafo anterior, digno es de citar la opinión de uno de los ilustres fadistas actuales Carlos do Carmo: «El fado no está vinculado a ninguna ideología, es ante todo un canto popular, tradicional, suficientemente ecléctico como para que cada uno pueda expresar con él su sensibilidad. Y es esta diversidad lo que constituye su riqueza».
Ahonda sus raíces tanto en la trova provenzal de los romances como en los bailes rituales del lundum de los esclavos negros afroamericanos[10]. Influencias de la morna caboverdiana y de la samba brasileña. Comparte con los cantes de ida y vuelta, los aires viajeros, festivos, sentidos y mundanos, como: «la polca, la habanera y el tango»[11]. Y se ha enriquecido, al igual que el flamenco, de la música y cultura andalusí.
Eduardo Lourenço ha llegado a afirmar que: «está presente en toda la literatura portuguesa […] ha inspirado a autores […como…] José Regio, David Mouráo-Ferreira, Ary dos Santos y, […] Vasco Graça Moura». Desde el fatum (destino) poético de Luis Camões en sus Os Lusiadas, hasta Miguel Torga, raro ha sido el poeta luso que no haya recurrido al lirismo del fado. Y no podemos prescindir de citar la definición del crítico y polifacético escritor Fernando Pessoa, que hizo un juego de identidades único en la historia de la literatura usando unos cuantos heterónimos que criticaban la propia personalidad del autor y a cualquier ser humano:
El fado y el alma portuguesa
«Toda poesía — y la canción es una poesía ayudada — refleja
lo que el alma no tiene. Por eso la canción de los pueblos tristes
es alegre y la canción de los pueblos alegres es triste.
El fado, sin embargo, no es alegre ni triste. Es un episodio de
intervalo. Lo formuló el alma portuguesa cuando no existía y lo
deseaba todo sin tener fuerza para desearlo.
Las almas fuertes lo atribuyen todo al Destino; sólo las débiles
confían en la voluntad propia, porque ésta no existe.
El fado es el cansancio del alma fuerte, la mirada de desprecio
de Portugal al Dios en que creyó y también le abandonó.
En el fado los Dioses regresan legítimos y lejanos. Es ése el
segundo sentido de la figura del Rey Don Sebastián.»[12]
Camané, otro de los incuestionables fadistas de hoy dice: «Se a saudade nos mata, quero ter muita vida p’ra morrer de saudade [Si la nostalgia nos mata, quiero vivir mucho tiempo para morir de nostalgia]»[13].
Como ya he dicho en otra ocasión, saudade es una de las palabras más bellas de la lengua portuguesa, además de expresar uno de los sentimientos más identitarios del pueblo portugués. No es traducible al castellano, dado que en nuestra lengua española no contamos con un término que exprese al unísono: tristeza y alegría, melancolía y satisfacción. Así, que «el fado está íntimamente ligado a la saudade, pilar de la cultura lusitana, que António José Saraiva define como “un dolor de la ausencia y una prolongación de la presencia”». A menudo cruel, la saudade es una especie de desasosiego paradójicamente gozoso, «un modo – dice también Saraiva – de estar en dos lugares a la vez… un estado de insatisfacción sin objeto»[14].
Hoy, en contra del presagio de algunos, por ejemplo la del ensayista e iberista Eduardo Lourenço, que en una entrevista de hace diez años comentó que: «En este momento, una joven generación se propone cambiar el estatuto cultural y literario del fado. Prueba sin duda de que bajo su forma castiça (auténtica), sus días están contados. Pero, más allá de esta muerte anunciada, quedará, por mucho tiempo, el fado tradicional que la voz de Amália [se refiere a Amália Rodrigues] llevó a lo sublime.» Ésta generación[15] ha sabido, ser fiel a sus raíces y llevar el fado hasta cotas de maestría y popularidad internacional mayores si cabe, que con la inconfundible: Amália Rodrigues.
No es la música más hermosa jamás escrita, pero es la queja de siempre más hermosamentecantada:
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Hay una música del pueblo no sé decir si es un fado que oyéndola hay un ritmo nuevo en el ser que tengo guardado Oyéndola soy quien sería si desear ya fuese ser es una simple melodía de las que aprendes al vivir Pero es tan consoladora la vaga y triste canción que mi alma ya no llora, ni yo tengo corazón Soy una emoción extraña un error de sueño ido canto de cualquier manera Y acabo con un sentido! |
Há uma música do Povo, Nem se dizer se é um Fado - Que ouvindo-a há um ritmo novo No ser que tenho guardado… Ouvindo-a sou quem seria Se desejar fosse ser… É urna simples melodia Das que se aprendem a viver… Mas é tão consoladora A vaga e triste canção… Que a minha alma já não chora Nem eu tenho coração… Sou uma emoção estrangeira Um erro de sonho ido… Canto de qualquer maneira E acabo com um sentido! |
No he pretendido darles a conocer un descobrimento, un hallazgo novedoso. Con toda seguridad para muchos, nada de lo dicho les sepa a nuevo, ni sobre el Fado ni sobre la majestuosa ciudad de Lisboa. Lejos de querer ofrecerles una monografía o guía, hay muy buenas en el mercado editorial, tan solo como ya les indicaba al principio, trato de difundir a los cuatro vientos de la red temas que desde hace años despiertan mi atención. Incitarles a detenerse sobre aspectos que a veces no hemos considerado con suficiencia. Invitarles a degustar con los fados momentos únicos. Provocarles a visitar de nuevo Lisboa, que en nuestros sueños muy bien hubiera podido ser la capital de Ibéria o de la Atlantida perdida. Ojalá lo consiga.
Continuará con: [3] Miguel Torga
NOTAS:
[1] Véanse otros artículos de este mismo blog[2] «Cuaderno, de cuatro a ocho folios, conteniendo noticias, avisos, textos literarios en prosa o verso, etcétera, que se difundió junto con otros a través de la imprenta a finales del siglo XV o principios del XVI. (También se llama pliego suelto.)» Acepción de:
Martínez de Sousa, José (2004) Diccionario de bibliología y ciencias afines. Gijón: Trea.Una autoridad en este género es el catedrático de Literatura Española en la Universidad de Salamanca Pedro M. Cátedra,filólogo e intelectual español, que cuenta con extensa bibliografía. Y como, habrán podido comprobar a través del vínculo de esta nota, la Fundación Joaquín Díaz, guarda entre sus valiosas colecciones un importante apartado a este género de los pliegos de ciegos.
[3] Aunque el descubrimiento de Brasil acontece en 1500, hasta el 1700 no es significativa la emigración portuguesa – entorno a 100.000 –, quizá lo único a destacar durante esos dos siglos, es el desembarco de: los esclavos africanos, los judíos, los cristianos nuevos y los gitanos. Es a partir del siglo XVIII, cuando adquiere importancia el fenómeno, tras descubrirse las Minas Gerais (desde 1840 sobrepasó el número de los 600.000). Y es entre 1850 a 1960 cuando se produce la inmigración en masa, cercana al 1.500.000 de inmigrantes portugueses, mayoritariamente de las regiones del interior: Beira Alta y Tras-os-Montes.
[4] Tomado de: Torga, Miguel (1988) Diario (1932-1987). Selección, traducción, índices y notas de Eloísa Álvarez. Madrid: Alianza
[5] Las fiestas populares estudiantiles, de primeros de mayo, de la ciudad universitaria de Coimbra. Los estudiantes, normalmente ya con los efectos de la bebida, ataviados con sus túnicas recorren la ciudad del Mondego (río de la ciudad), con coches engalanados de flores y letreros criticando la gestión de su Universidad y/o del gobierno de turno. Coimbra, junto a Lisboa, es otro enclave fundamental del fado, donde tiene sones propios. Nos hemos servido de la nota que Eloísa Álvarez apunta al comentario de Miguel Torga en su: Diario II. Últimas páginas (1987-1993). Madrid: Alfaguara. p. 13
[6] Las corridas de toros, muy arraigadas como acervo cultural, se diferencian de las españolas porque en ellas no se llega a la muerte del toiro (toro) y además se caracterizan por la importancia del rejoneo y la actividad o arte ecuestre en general.
[7] Véase: Torga, Miguel (2005) Portugal. Traducción del portugués y notas de Eloísa Álvarez. Madrid: Alianza
[8] Se puede comenzar en la praça de Comércio, antigua puerta de entrada a la capital y abierta al Tejo (río Tajo) y corazón de la Baixa pombalina, barrio reconstruido íntegramente tras el terremoto de 1755, que debe su nombre al Marquês de Pombal, pasar por el Arco da Rua Augusta y tomar la calle del mismo nombre hasta la praça de Rossio – hoy plaza de Dom Pedro IV – que es el centro de la Lisboa de sempre. En esta plaza, nudo clave de comunicaciones de la ciudad (autobuses, metro y tren), durante el siglo XVI se ajusticiaban a los reos de la Inquisición. Allí, en un extremo se encuentra el Teatro Nacional de Dona Maria II, reconstruido en 1840, fue en su tiempo la sede de la Inquisición. Un poco más arriba la praça dos Restauradores de donde parte la avenida da Liberdade, paseo señorial, que desemboca en la praça de Marquês de Pombal. Si bajamos de nuevo, pero tomando una de las calles más hermosas de la Baixa, la rua do Ouro, podemos montarnos en el elevador do Carmo – o de Santa Justa – y subir al Chiado, gran parte reconstruido después de haber sufrido un tremendo incendio en 1988. En la praça do Carmo, lugar emblemático de la Revolución de los Claveles del 25 de abril de 1975, contemplar las ruinas del convento do Carmo, pasear por la rua Garret (lugar de los cafés pessoanos, el más conocido de A Brasileira), acercarnos a la Biblioteca Nacional – allá cerca en largo da Biblioteca Pública–, o subir por la calçada do Combro y rua São Bento hasta la Assembleia Nacional, o transitar por cualquiera de las travessas del Bairro Alto, lugar de numerosas casas de fado. En vez de tomar la rua do Ouro, podemos continuar por las calles señeras de la Baixa, bien por la rua da Prata o la rua dos Franquearos, o acercarnos a la praça de Martim Moniz y montarnos en el típico tranvía amarillo para, tras recorrer el Bairro de Graça, subir hasta el Castelo de São Jorge, y desde su mirador divisar Lisboa, el Mar da Palhay el estuario del Tajo. Pasear por el antiguo Bairro de Mouraria y bajar para la praça das Alcaçarias, corazón de la Alfama, unos de los más viejos barrios donde antaño convivieron musulmanes, judíos y cristianos (las tres religiones del libro) cuna de los fados, y llegar hasta la Sé, catedral que se comenzó a construir tras la conquista de Lisboa en 1147, por el primer rey de Portugal Dom Afonso Henriques. En el mismo Bairro de Alfama es aconsejable no dejar de visitar el Museo del Azulejo, el singular palacio del siglo XVI de Casa dos Bicos y las antiguas aduanas o Alfandegas. Para divisar otra gran vista de la ciudad desde el mirador de São Pedro de Alcantara en una de las siete colinas sobre las que asienta y extiende Lisboa, podemos servirnos del funicular de la Gloria que parte de la praça dos Restauradores. Desde Casi do Sodré, podemos gracias al elevador de la Bica, conocer otro laberíntico barrio, el de Santa Catarina, y desde su mirador contemplar el imponente ponte 25 de abrilque une a la capital con la Almada, que fue hasta principios del siglo pasado ciudad de pescadores y marineros. Cerca de Casi do Sodré y de la praça do Duque da Terceira, frente a una de la dársenas del puerto, junto al Mercado da Ribeira podemos tomar de nuevo un tranvía en dirección hacia la praia de Restelo, el Oceano camino de Estoril, y realizar otra visita obligada a: la Torre de Belém, el Centro Cultural de Belém (CCB), el Monumento a los Descobrimentos, la Casa Pastéis de Belém, la praça do Imperio… el Mosteiro dos Jerónimos, que se construyó para que fuera panteón real, de hecho allí reposan los reyes Dom Manuel I, Dom João III, Dom Sebastião y Dom Enrique, el navegante Vasco de Gama y algunos de los más ilustres escritores: Luis Camões, Alexandre Herculano y Fernando Pessoa. Es la muestra más representativa del estilo gótico-renacentista o “manuelino”. Y quedan muchos lugares. Infinidad de recovecos.
[9] La dama gallega Inés de Castro (1325-1355), desdichada y asesinada por sus amores con Dom Pedro I de Portugal, es de los temas más recurrentes de la literatura ibérica. Ya citado en sus Crónicas por Pero López de Ayala (1332-1407), adquiere carácter relevante en el canto III de Os Lusiadas de Luis Camões (1524-1580). Pero, también tomó bastante renombre con la obra maestra del teatro de Luis Vélez de Guevara (1579-1644): Reinar después de morir. El tema continuó produciendo obras literarias y despertando el interés de escritores e historiadores como: Padre Mariana (1536-1623), Don Ramón de la Cruz (1731-1794), Luciano Francisco Comella (1751-1812), Leandro Fernández de Moratín (1760-1828), Francisco Luis de Retes (1822-1901), Miguel de Unamuno (1864-1936), Manuel Amor Meilán (1867-1933), Eugénio de Castro (1869-1944), o Alejandro Casona (1903-1965).
En cuanto al Sebastianismo, en Portugal dio lugar a una corriente literaria e incluso a una forma de interpretar la vida. Y en España, incluso hasta hoy se mantiene su vigorosa actualidad, constituyendo el argumento central de la última novela, bien documentada, publicada por el canario González Déniz, Emilio (2006) El rey perdido. El linaje oculto de Don Sebastián. Madrid: Sial.
[10] Portugal fue la primera potencia en el comercio de esclavos.
[11] Tomado de una obra única y fundamental sobre la bibliografía del Fado en castellano: Mortaigne, Véronique(2003) El fado. Portugal. Barcelona: Océano.
[12] Pessoa, Fernando (1988) El regreso de los dioses. Traducción del portugués y del inglés, organización, introducción y notas de Ángel Crespo. Barcelona: Seix Barral. p.323
[13] Citado por: Mortaigne, Véronique (2003) op. Cit
[14] Citado por: Mortaigne, Véronique (2003) op. Cit
[15] Un amplio repertorio de artistas ya consolidados mantienen actualmente vivo el fado: Ana Moura, Armandinho, Caetano Veloso, Camané, Carlos do Carmo, Cristina Branco, Dulce Pontes, Fernando Machado, Madredeus, Mafalda Arnauth, Mariza, Mísia….
Abril 5th, 2008 a 12:12 pm
Hola,
Estoy realizando un trabajo para la universidad sobre blogs personales de ByD en España (5º de Documentación en Valencia). Y tengo en mente empezar a pasar encuestas a bloguers para realizar mi estudio.
Sólo era por si estás interesado, para que me facilites una dirección de correo electrónico donde poder enviar la encuesta próximamente.
Gracias por tu atención, un saludo.