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	<title>Bibliología</title>
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	<description>"ciencia general que comprende el conjunto sistemático clasificado de los datos relativos a la producción, la conservación, la circulación y la utilización de los escritos y de los documentos de toda especie" Paul Otlet</description>
	<pubDate>Tue, 01 Jul 2008 16:01:15 +0000</pubDate>
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		<title>Instancias del yo autobiográfico</title>
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		<pubDate>Mon, 09 Jun 2008 18:35:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José María Vivancos</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Escrituras del «yo»]]></category>

		<category><![CDATA[Principal]]></category>

		<category><![CDATA[espacio autobiográfico]]></category>

		<category><![CDATA[héroe Robinson Crusoe]]></category>

		<category><![CDATA[mito de la Creación del Mundo]]></category>

		<category><![CDATA[mito de Narciso]]></category>

		<category><![CDATA[mito del Centro del Mundo]]></category>

		<category><![CDATA[mito del laberinto y el hilo de Ariadna]]></category>

		<category><![CDATA[telurismo]]></category>

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		<description><![CDATA[Este artículo prácticamente es un trasunto del capítulo que, con igual título, dedica la profesora Clara Rocha en (1992): Máscaras de Narciso. Estudos sobre a literatura autobiográfica em Portugal. Creo que digo bien al usar el transitivo trasuntar, ya que no me limito a copiar y/o traducir dicho texto, pero lo reflejará sustancialmente. Entiendo que [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Este artículo prácticamente es un trasunto del capítulo que, con igual título, dedica la profesora Clara Rocha en (1992): <em>Máscaras de Narciso. Estudos sobre a literatura autobiográfica em Portugal</em>. Creo que digo bien al usar el transitivo <em>trasuntar</em>, ya que no me limito a copiar y/o traducir dicho texto, pero lo reflejará sustancialmente. Entiendo que no hago aportaciones significativas o novedosas, quizá no hay más originalidad que su inclusión ahora y aquí, y el resultado global del trabajo que me propuse desde primera hora realizar.</p>
<p>Sigo el esquema de desarrollo y transcribo de manera sintética el contenido del citado capítulo añadiendo algunas notas y citas. En definitiva, el objetivo es servirles de guía, animarles a leer la <em>monumental</em> obra de Miguel Torga<code><a href="#cita1">[1]</a></code>, y sí les fuera posible, mejor en su lengua portuguesa. Cada lengua tiene su bagaje y musicalidad propios. Yo, que tengo la dicha de haber podido vivir y residir donde he querido en cada momento, y no verme obligado a transterrarme de mi patria ibérica, cuando leo a ciertos escritores, leo sus <em>tierras</em>: <em>«mi tierra»: Ceres, Proserpina o Cibeles</em>. Dice <a href="http://www.manuelalegre.com/" target="_blank">Manuel Alegre</a>, que lejos de su patria por el exilio, pudo seguir percibiendo a Portugal cuando leía a Miguel Torga<code><a href="#cita2">[2]</a></code>.<span id="more-202"></span></p>
<blockquote><p><em>Coimbra, 3 de enero de 1932</em>.</p>
<p>SANTO Y SEÑA</p>
<p>Dejen pasar al que cumple su jornada.<br />
Dejen pasar<br />
al que va lleno de noche y claridad.<br />
Déjenle pasar y no le digan nada.</p>
<p>Déjenle, que va apenas<br />
a beber agua de Ensueño a cualquier fuente,<br />
o a coger azucenas<br />
a un jardín que él presiente.</p>
<p>Viene de la tierra de todos. Allí mora<br />
y allí regresa después de amanecer.<br />
Déjenle pues pasar, ahora.</p>
<p>Que va lleno de noche y desconsuelo.<br />
Que va a ser<br />
una estrella en el suelo.</p></blockquote>
<p>Ya, y ¿qué es la patria?, ¿la lengua, la historia y el lugar que dice <a href="http://bibliologia.info/archivos/20080424saramago.pdf" target="_blank">José Saramago</a>?, ¿el territorio, el fantasma, el regreso al desconcierto, la humanidad o el imán del que habla <a href="http://www.literatura.us/benedetti/patria.html" target="_blank">Mario Benedetti</a>?, ¿acaso un espacio mítico de nuestra memoria colectiva? o ¿una aporía que pueda resolverse algún día cuando salgamos de este territorio de la confusión humana y ya sin tabúes de ningún tipo el amor auténtico nos dé el conocimiento verdadero? Retomaremos esta pregunta al final cuando se hable de la memoria que – <a href="http://bibliologia.info/diarismo/" target="_blank">ya se dijo</a> - es elemento que une las distintas expresiones que confluyen y/o conforman la escritura del yo. De momento, acudamos a desvelar el perfil caracterial del discurso autobiográfico:</p>
<p>1. La ambivalencia del discurso autobiográfico: el <em>yo es aún y siempre razón de ser una búsqueda finalmente imposible</em>. Causa y efecto del lenguaje, ser absoluto o constructor textual. Su «naturaleza especulativa que por un lado nos hace acreditar el yo que está por detrás de la máscara; la opacidad del lenguaje, por otro, nos hace descreer de esa realidad»<code><a href="#cita3">[3]</a></code>.</p>
<p>2. Desde la construcción textual, el <em>yo</em> se revela como <em>tejido o estructura</em>. En el plano narratológico, el <em>yo</em> que habla es ya un <em>otro</em>, mantiene con el yo de quien habla una relación distanciada. El «relato autobiográfico […] sería la historia de un pasado pensado y contado por un narrador que se acuerda de que vivió. […] En el plano gramatical, el yo se dice en varias personas»<code><a href="#cita4">[4]</a></code>. La primera persona es la más usada, pero no es marca obligatoria en el discurso autobiográfico.</p>
<p>3. El escritor (A = N = P = A) auto/biógrafo, como ya se ha advertido, se guía por la consecución de la plenitud vital, para lo cual se somete a una catarsis (κάθαρσις). La escritura del yo cumple un doble objeto en este proceso catártico. Es instrumento, medio para confesarse públicamente, confiando errores y aciertos, en definitiva sus emociones. Así como, al ofrecer al lector sus confidencias y permitir que participe de su intimidad, le reclama su complicidad. De forma que pone de relieve la excepcionalidad de su conducta y satisface ciertas expectativas del público, pero a la vez pretende justificarse y merecer el perdón o reconocimiento de sus lectores. Por ello y para ello la escritura es un recurso inmenso (<em>immensus</em>) de códigos lingüísticos y estilísticos<code><a href="#cita5">[5]</a></code>.</p>
<blockquote><p><em>Panóias, 6 de octubre de 1951</em>. De nuevo ante este libro de piedra<br />
en el que el pasado dejó grabadas sus devociones. Me interesa esto:<br />
cosas que hablen, que respondan. Mojones, estelas o rocas con<br />
inscripciones, aunque estén borrosas, en las que podamos deletrear<br />
una intención, una protesta, un voto. El pasmo bovino de la<br />
naturaleza en movimiento, retorcido, reducido por la comprensión<br />
a palabras o caracteres inteligibles. Un paisaje con voz, capaz<br />
de dialogar.</p></blockquote>
<p>4. La relación dialogante que el sujeto autobiográfico mantiene con el intertexto, una articulación identidad-alteridad que es «el reconocimiento del sujeto que (se) escribe en el espejo intertextual». El mito de <em>Narciso</em><code><a href="#cita6">[6]</a></code> es probablemente la representación más evocada a propósito de la escritura autobiográfica. El reflejo es auto-contemplación y auto-fascinación, pero no reflejo tal cual como en un espejo, porque la imagen se proyecta en la memoria de manera inquieta, es más bien la síntesis de la dialéctica memorialística que — construye - deconstruye – reconstruye — suscita un «desdoblamiento del sujeto, […] deseo de fijación y eternización de la figura reflejada»<code><a href="#cita7">[7]</a></code>.</p>
<blockquote><p><em>Coimbra, 12 de marzo de 1952</em>.</p>
<p>RETRATO</p>
<p>Mi perfil es tan duro como el perfil del mundo.<br />
¿Quién adivina en él la gracia de la poesía?<br />
Piedra tallada a pico y sufrimiento,<br />
es un muro hostil que circunda el vergel.<br />
Dentro de él hay frutas, hay frescor, y cuanto<br />
hace un poema dulce y deseado.<br />
Mas quien va por la calle<br />
ni siquiera sueña que del otro lado<br />
el paisaje de la vida continúa y late.</p></blockquote>
<p>5. El <em>axis mundi </em>o el mito del Centro del Mundo, casi constante en el dominio literario del discurso autobiográfico. La concepción de que todo en el universo gira en torno a un eje o centro es tan antigua como las propias religiones. El Espíritu de la Tierra o telurismo de Miguel Torga es sin dudas uno de los rasgos más significativos de su obra, su voz es el grito de la tierra: <a href="http://www.espigueiro.pt/reportagem/2a38a4a9316c49e5a833517c45d31070.html" target="_blank">São Martinho de Anta</a>, el <a href="http://dias-com-arvores.blogspot.com/2006/04/um-negrilho.html" target="_blank">Negrilho</a>, el <a href="http://www.celtiberia.net/articulo.asp?id=840" target="_blank">Santuario de Panóias</a>, el <a href="http://bibliologia.info/archivos/reinomaravilloso.pdf" target="_blank">Reino maravilloso de Trás-os-Montes</a>, el <a href="http://carris-geres.blogspot.com/2007/10/altar-de-cabres-e-represa-dos-carris.html" target="_blank"><em>Altar de Cabrões</em></a> y hasta el seudónimo <em>Torga</em><code><a href="#cita8">[8]</a></code>. Y también en esa voz «se expresa con un gran poder […] la intrahistoria de las vidas humildes que sufren y padecen en sus destinos la dureza del existir»<code><a href="#cita9">[9]</a></code>.</p>
<blockquote><p><em>Altar de Cabróes, 9 de agosto de 1944</em>. Estoy a 1.536 metros de<br />
altura, cerca del cielo, viendo los picos del Barroso, del Mario,<br />
de la Peneda, de la Serra Amarela y del Lindoso. Estoy sentado<br />
en un mojón que separa Portugal de España, en un lugar llamado<br />
Altar de Cabrones y que fue, como su nombre indica, el Olimpo<br />
de divinidades con cuernos, el ara de uno de tantos sagrados<br />
dioses lusitanos, del que sólo quedan el nombre y las huellas.<br />
Cada vez me considero menos entendido en oraciones y en santos.<br />
Pero cuando presiento los rastros del viejo Endovelicos, me dan<br />
ganas de arrodillarme y de santiguarme. El catolicismo, aun sin<br />
haberlo querido Cristo, ha inundado este mundo de cruces y de<br />
agua bendita. Por el contrario, estos nacionales dioses con<br />
cornamenta eran portadores de una virilidad mágica, que no niega<br />
ni degrada a la naturaleza. Nada de agonías lentas en maderos de<br />
cedro. Agua, frutos, sol, y un dios que hace de la verdad<br />
hechicera de las cosas su fundamento.</p>
<p><em>Coimbra, 12 de diciembre de 1949</em>. Saber aceptar el fracaso y<br />
agarrarse de nuevo al arado con mayor energía: en esto reside la<br />
gran fuerza y la gran lección del campesino. Para él, la vida no<br />
consiste tanto en recoger, como en sembrar. Como ser humano se<br />
justifica lanzando a la tierra energía viva, sueños sin cizaña. Lo<br />
demás es asunto de los elementos, que a veces cubren la mies con<br />
la bendición de un sol fecundador y otras la sacuden con la<br />
estúpida furia de la destrucción.</p></blockquote>
<p>6. Del Centro del Mundo a la <em>Creación del Mundo</em>. «Del mito de la Creación, retienen los autobiógrafos sobre todo dos motivos; 1) la organización del caos en el cosmos (pudiendo ser el caos, por ejemplo, la masa desordenada de recuerdos y el cosmos la escritura que los fija); 2) la omnipotencia del Creador es una relación entre Creador y criatura»<code><a href="#cita10">[10]</a></code>. El hombre en el mundo no sólo anhela su salvación, también se exhibe como ejemplo ante los otros. Es singular por sus proyectos, y universal por la universalidad singular de la historia humana.<em> </em><a href="http://books.google.es/books?id=0wdYqh4PcCEC&amp;pg=PA11&amp;lpg=PA11&amp;dq=universal+singular&amp;source=web&amp;ots=vxqTOwEwA3&amp;sig=5ufk9TjHjf1MNH3q8KVos5l3Ptg&amp;hl=es" target="_blank"><em>El  universal singular</em> </a>de J. P. Sastre.</p>
<blockquote><p><em>S. Martinho de Anta, 28 de diciembre de 1953</em>. Es una pena que los<br />
montes no hablen, ni dialoguen, ni testimonien. Éstos míos, al menos.<br />
Además de la emoción de oírlos responder al monólogo que ese<br />
silencio que los rodea borró de mis labios y lo interiorizó, me gustaría<br />
sobre todo saber que en su alma, como en la mía, queda la señal<br />
indeleble de cada una de nuestras citas. Es tan fuerte y medular el<br />
abrazo que nos damos, tan íntima la comunión que nos une durante<br />
horas y horas que no me resigno a la idea de que sólo yo tenga<br />
conciencia de ello, y de que por parte del otro el amor sea pasivo.<br />
Pero estoy condenado a no saberlo. Y cuando regreso a casa, después<br />
de recorrerlos, parezco un enamorado infeliz: miro desde la ventana,<br />
comido de celos, el crepúsculo que los envuelve, y me paso la noche<br />
soñando con el milagro de una palabra que sería, como en todas las<br />
pasiones, el bálsamo de una herida abierta y el comienzo del desencanto.</p></blockquote>
<p>7. No resulta fácil para el autobiógrafo sobresalir del encadenamiento de los acontecimientos, ordenar el conjunto de los recuerdos, comprender y explicar la globalidad de su existencia. Aparecen inscritos narrador y narración en un espacio laberíntico. El mito del <em>laberinto y el hilo de Ariadna</em>, «la imagen de Ariane [traducción al francés del nombre de la diosa griega Ariadna] atraviesa implícita o explícitamente, la escritura del yo: tanto puede figurar una salida para el laberinto de las palabras como una salida para el laberinto de la vida narrada»<code><a href="#cita11">[11]</a></code>.</p>
<blockquote><p><em>Coimbra, 12 de noviembre de 1953</em>. ¡Qué complicado organillo<br />
psicológico estoy hecho! Un mar en el que una resaca sigue a otra.<br />
La pereza de un momento anula a mis ojos los esfuerzos que he<br />
hecho durante toda mi vida; un roce familiar me hace desconfiar<br />
de la pureza de los lazos del afecto; un contratiempo en la caza<br />
ennegrece la imagen de los montes. Anulo en un segundo de<br />
desilusión el trabajo paciente y tenaz de muchos años de esperanza.<br />
Sé que cumplo mis obligaciones concienzudamente, y que en ningún<br />
terreno podría hacer más, dada la fragilidad de mi barro, la pobreza<br />
de mis dones, y los condicionamientos sociales que he sufrido. Pero,<br />
a pesar de todo, me considero indigno ante no sé qué juez, que me<br />
juzga a cada momento y que me condena. Soy médico y poeta y ni<br />
en la piel de uno ni en la del otro me siento justificado. En el rostro<br />
de cada enfermo estoy viendo siempre la sombra de la muerte,<br />
cuyo triunfo, en el mejor de los casos, no hago sino postergar; en<br />
cuanto a mis poemas, no es bueno que diga lo que pienso de ellos.<br />
Y al final de cada consulta, o después de imprimir un libro, me dan<br />
ganas de correr detrás del paciente o del lector y confesárselo todo,<br />
confesarles que la receta es inútil y que los versos son inútiles<br />
también, porque el destino es más fuerte que mi pobre ciencia, y la<br />
poesía más alta que mi terrosa inspiración.</p></blockquote>
<p>8. «Otra representación, de esta vez proveniente de la narrativa de ficción, en la cual la literatura autobiográfica se reconoce es el héroe de la novela de Daniel Defoë, Robinson Crusoe. […] El héroe escribe por dos razones esenciales: para comunicar y para registrar los días que pasan. […] Robinson […] percibe que precisa de algo más que un simple calendario: precisa registrar lo que hace en cada día, de documentar la memoria. Y también de comunicar. […] Robinson habla consigo mismo a través de la escritura»<code><a href="#cita12">[12]</a></code>.</p>
<p>Los caracteres de las relaciones y todos los referentes míticos expuestos: el de <em>Narciso</em>, el <em>axis mundi</em>, el del <em>Creador del Mundo</em>, el del <em>laberinto y el hilo de Ariadna</em>; se inscriben en la línea heroica de los Robinsones. Y todo héroe plantea una trama de autosuficiencia, de intimismo, de agonía, de inquietud, de desasosiego, de <em>in púribus</em>, de esperanza… de consumación.</p>
<blockquote><p><em>Coimbra, 8 de abril de 1954</em>. Me quejo, me rebelo, digo que me<br />
repugna y que soy alérgico a sus toxinas, pero no cambiaba esta<br />
época por ninguna otra. Asistir a la metamorfosis del mundo es un<br />
espectáculo que no se puede perder. Por encima de la sensibilidad<br />
ofendida, la razón está radiante. El terremoto actual mata y sepulta<br />
valores importantes, pero también es un vivero de esperanzas y de<br />
posibilidades nuevas. Y aunque ese pobre poeta que soy yo se las vea<br />
y se las desee en el clima febril de un cataclismo en que los<br />
sismógrafos son las primeras víctimas, dar testimonio de la crisis, ya<br />
ha valido la pena. Poder ver anunciado un futuro sin fronteras de<br />
ningún tipo —ni clases, ni patrias, ni desigualdades económicas y<br />
culturales—, es una riqueza mayor que hacer unos poemas en una<br />
paz social con remordimientos de conciencia. <code><a href="#cita13">[13]</a></code></p></blockquote>
<hr size="2" />
<p align="left"><span style="color: #0000ff;"><strong><span style="text-decoration: underline;">NOTAS:</span></strong></span></p>
<blockquote><p><a name="cita1"><code>[1]</code></a> <a href="http://www.astormentas.com/din/biografia.asp?autor=David+Mour%E3o%2DFerreira" target="_blank">Mourao-Ferreira, David</a> (1978) “Poética e poesía no <em>Diário</em> de Miguel Torga”. <em>Colóquio/Letras</em>, nº 43, maio de 1978, pp.7-19: «De edifício se trata, com efeito. De monumento, em suma. E de substantivo monumento que adjectivamente apresenta, como todos os monumentos dignos deste asome, um interesse documental de variada ordem e do mais alto significado. Monumento que é documento, antes de mais, do pessoalíssimo itinerário humano de quem o escreve, o <em>Diario</em> de impõe-se também como privilegiado documento — e nem há outro que entre nós se lhe compare — do tempo e do espaço em que tem sido escrito. As vicissitudes históricas que lhe servem não só de <em>background</em>, mas ainda de continuado referente, <em>espacializam-se</em>, a cada instante, na realidade portuguesa — tanto geográfica e social como espiritual e étnica — que Miguel Torga conhece como ninguém; e incessantemente se confrontam, por outro lado, com os estalões culturais de além-fronteiras a que atento se mantém, ou <em>in locis</em> ou através da leitura e da reflexão». p. 8</p>
<p><a name="cita2"><code>[2]</code></a> El poeta <strong>Manuel Alegre</strong>, es el discípulo, amigo de Miguel Torga. Premio de Poesía de la <a href="http://triplov.com/APE/index.htm" target="_blank">Associação Portuguesa de Escritores </a>de 1998, <a href="http://www.premiopessoa.pt/pessoa.html" target="_blank">Premio Pessoa</a> de 1999 y <a href="http://www.casademateus.com/actividades_dinis.htm" target="_blank">Premio D. Dinis</a> 2008. Pueden leer en su Prefacio: “<a href="http://bibliologia.info/archivos/fotobioTorgaintro.pdf" target="_blank">O Rosto de Viriato</a>” de la <em>Fotobiografía de Miguel Torga</em> realizada por su hija <strong>Clara Rocha</strong>, que respecto a Miguel Torga: «Não consigo ser neuto». Y sigue que con él aprendió cierto código:</p>
<p>- puede transigirse en todo, más no en la literatura;<br />
- nunca cambiar un verso por cosa ninguna;<br />
- “es preciso estar contra esto para ser esto”;<br />
- el único poder que cuenta es “el terrible poder de recusar”;<br />
- “cada nación tiene un rostro inconfundible”;<br />
- “nunca descreer / del llano duro y ruin”;<br />
- “decir no en la hora de todas las condescendencias, ser verdadero en la hora de todas las mentiras”;<br />
- “Llevaré un poema<br />
No quiero otro equipaje”.</p>
<p>El político Manuel Alegre, fue el símbolo de la resistencia contra la dictadura salazarista, fundador del Partido Socialista Portugués, repudiado por su propio partido por no querer someterse a su disciplina y mantener un discurso comprometido por una verdadera renovación, no comulgar con los neo-liberales y apostar por una ciudadanía social, por luchar contra aquellos que entienden los derechos civiles y políticos como meros productos del mercado. Obtuvo el 20,7 % de los votos en las <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Elecciones_presidenciales_portuguesas_de_2006" target="_blank">elecciones presidenciales portuguesas de enero de 2006</a>, sin apoyo de partido alguno. Fue y va de independiente, en un país que tiene mal visto esa condición política.</p>
<p><a name="cita3"><code>[3]</code></a> <a href="http://pt.wordpress.com/tag/clara-rocha/" target="_blank">Rocha, Clara</a> (1992) <em>Máscaras de Narciso. Estudos sobre a literatura autobiográfica em Portugal</em>. Coimbra: Almedina. pp. 46-47: «Cuando Benveniste define el <em>yo</em> como “el individuo que enuncia la presente instancia del discurso continente de la instancia lingüística <em>je</em>”, subraya que la <em>deixis</em> es apenas una indicación de la circunstancia del discurso, y no remite para ninguna realidad consistente y tangible.<br />
Sobre el signo de esta denegación de una referencialidad objetiva fuera del discurso surgirán construcciones teóricas como la de Lejeune en <em>Le pacte autobiographique</em>, que afortunadamente previene del papel fundamental de la deixis en la determinación del estatuto autobiográfico de un texto, toma el cuidado de fundar esa referencia en una identidad, afirmada al nivel del texto, entre el personaje central, el narrador y el autor.<br />
Más interesada en la observación de la emergencia del yo al nivel del discurso, la crítica diegética de encontrar en la autobiografía la representación más o menos fiel de una historia personal, y prefiere entenderla como una restricción en la que se funden memoria e imaginación, una combinación entre experiencia vivida y fabulación. En esta perspectiva, la formación del yo a través de la palabra corresponde a un segundo nacimiento, y el sujeto que se narra es otro, un doble de la persona real. Ese yo es un personaje, que apenas difiere del personaje de ficción por ser protagonista de una vida de la cual el propio yo no es autor, es solamente el co-autor, o <em>sunaition</em>».</p>
<p><a name="cita4"><code>[4]</code></a> <strong>Rocha, Clara</strong> (1992) <em>ibid</em>. p. 49.</p>
<p><a name="cita5"><code>[5]</code></a> <strong>Rocha, Clara</strong> (1977) <em>O espaço autobiográfico em Miguel Torga</em>. Coimbra: Livraria Almedina. p. 81-86. Como lo explicita la profesora Rocha se trata de un <em>desbordamiento de emociones</em>, <em>donación del yo</em> y <em>deseo de absolución</em>: «Así, tras una liquidación catártica, la literatura confesional expresa también un deseo de absolución, cuyo precio es el comprometimiento total del escritor en su obra. El narrador-torero que arriesga todo por todo en su autobiografía puede esperar absolución de sí mismo, de los hombres o de Dios».</p>
<p><a name="cita6"><code>[6]</code></a><strong> Narciso</strong> [etimológicamente el <em>atontado</em>, de allí &#8220;narcosis&#8221; o “narcótico”; véase <a href="http://www.geocities.com/toponimia_valles/bibliografia/coromines.html" target="_blank">Coromines, Joan</a> (1991) <em>Diccionario crítico etimológico castellano e hispánico</em>. Madrid: Gredos], nace de una relación impensada. El <em>dios río Cefiso</em> violó a la <em>ninfa oceánida Liríope</em>, quien concibió a un hijo no deseado. La belleza de tal hijo favoreció su aceptación, y ansiosa por saber si viviría muchos años, la joven madre fue en busca del ciego <em>Tiresias</em>. &#8220;Sí, (dijo) tendrá larga vida, siempre que no llegue jamás a conocerse, a escudriñarse&#8221;. El mito es la expresión en forma sucesiva y anecdótica de lo que es supratemporal y permanente, de lo inexorable que jamás deja de ocurrir y que como paradigma, vale para todos los tiempos. La realidad destruye al mito (o al  menos lo fragmenta), porque el mito intenta fijar una realidad que de hecho fluye.</p>
<p>El Narcicismo, normalmente, alude a situaciones del yo, donde lo primordial es el amor a sí mismo. Pero el Mito de Narciso da para más, es: ilusión, alusión y elusión. No está de más recordar a: <a href="http://www.psicomundo.org/freud/" target="_blank">Freud, Sigmund</a> (1973) <em>Introducción al narcisismo y otros ensayos</em>. Madrid: Alianza.</p>
<p><a name="cita7"><code>[7]</code></a> <strong>Rocha, Clara</strong> (1992) <em>op. cit</em>. pp. 50-51. «Narciso es, al mismo tiempo, realidad e ilusión: tiene un cuerpo verdadero, y se enamora de ese cuerpo reflejado. Según Genette, es éste un “complejo de cultura”, en la acepción bacherlardiana [<a href="http://www.gastonbachelard.org/" target="_blank">Gaston Bachelard</a>]. En él se conjugan dos motivos: el de reflejo y el de la huída».</p>
<p><a name="cita8"><code>[8]</code></a> <strong>torga</strong>, <em>s. f. bot</em>. Brezo, arbusto ericáceo; cepa; raíz de brezo; <em>pop. fig</em>. cabeza grande. Acepción tomada de: <strong>Martínez Almoyna, Julio</strong> (2000) <em>Diccionário de Português - Espanhol</em>. Porto: Porto Editora.</p>
<p><a name="cita9"><code>[9]</code></a> <a href="http://www.cervantesvirtual.com/bib_autor/puerto/" target="_blank">Puerto, José Luis</a> (2002) “Introducción”. En: <strong>Torga, Miguel</strong>. <em>El Espíritu de la Tierra. Antología poética</em>. Selección, traducción e introducción de <strong>José Luis Puerto</strong>. Ourense: Ediciones Linteo. p. 12.</p>
<p><a name="cita10"><code>[10]</code></a> <strong>Rocha, Clara</strong> (1992) <em>op. cit</em> p. 53:  «Miguel Torga, con <em>La Creación del Mundo</em> [..o..] W. B. Yeats en sus <em>Reveries over Childhood and Youth</em> (1914), aluden a la Creación».</p>
<p><a name="cita11"><code>[11]</code></a> <strong>Rocha, Clara</strong> (1992) <em>ibid</em>. pp. 54-55: «Recordemos que <a href="http://www.revistanumero.com/30marga.htm" target="_blank">Marguerite Yourcenar</a>, intitula <em>Le Labyrinthe du Monde</em> a los dos volúmenes de su narrativa autobiográfica (<em>Souvenirs pieux</em> y <em>Archives du Nord</em>)».</p>
<p><a name="cita12"><code>[12]</code></a> <strong>Rocha, Clara</strong> (1992) <em>ibid</em>. pp. 55-56.</p>
<p><a name="cita13"><code>[13]</code></a> Todas las citas de <strong>Miguel Torga</strong> corresponden a: (1988) <em>Diario (1932-1987)</em>. Selección, traducción, índices y notas de <strong>Eloísa Álvarez</strong>. Madrid: Alianza.</p></blockquote>
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		<title>El discurso autobiográfico</title>
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		<pubDate>Mon, 02 Jun 2008 16:32:27 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José María Vivancos</dc:creator>
		
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			<content:encoded><![CDATA[<p>Desde el romanticismo – finales del siglo XVIII - hasta hoy, no han sido pocos, los que han sugerido que toda producción literaria es autobiográfica. Y actualmente sigue vigente el problema autobiográfico enfrentando a dos corrientes críticas, cuyas interpretaciones se verán más adelante, una, la de los <em>deconstruccionistas</em> que en línea con la proposición antes indicada, sostienen que «toda autobiografía se ha literaturizado», frente a otra de los <em>pragmáticos</em>, que abogan por «afirmar una especificidad genérica a la escritura del yo al margen de la ficción».</p>
<p>Desde ya expondré mi alineación con una tercera corriente, entre los que se encuentran estudiosos de la temática como el ya citado profesor <a href="http://www.cervantesvirtual.com/servlet/SirveObras/01394908622682634868802/index.htm" target="_blank">José María Pozuelo</a> que, sin pretender situar sus criterios en la síntesis de las anteriores – muy al uso en la historia de los planteamientos de investigación cuando pretenden alcanzar una definición de consenso sobre una disciplina o campo de estudio -, ni partir de una visión híbrida – muy fácil de objetivar -, proponen que el discurso autobiográfico es un género autónomo y fronterizo («frontera convencional»<code><a href="#cita1">[1]</a></code>) entre el <a href="http://bibliologia.info/discurso-historico-%e2%80%93-discurso-literario/" target="_blank"><em>discurso histórico vs discurso literario</em></a>.</p>
<p>La <a href="http://www.antroposmoderno.com/textos/posmodernismo.shtml" target="_blank">modernidad</a> y la <a href="http://www.giannivattimo.it/" target="_blank">posmodernidad</a> han cuestionado permanentemente el concepto de género, enfatizando y justificando la libertad ilimitada de la escritura y la trasgresión de todas las reglas. Admitir la libertad y singularidad de cada escritor y su obra no está reñida con la existencia de los géneros literarios, es posible y necesario aceptar con <a href="http://en.wikipedia.org/wiki/G%C3%A9rard_Genette" target="_blank">Genette</a> los géneros como «categorías propiamente literarias»<code><a href="#cita2">[2]</a></code> que «se especifican por el hecho de representar la realidad de modo particular y presentar caracteres estructurales distintos. Cada género literario representa un dominio particular de la experiencia humana, […y…] cada género representa al hombre y al mundo a través de una técnica y de una estilística propias […]»<code><a href="#cita3">[3]</a></code>.<span id="more-201"></span></p>
<p>El no cuestionar la existencia de normas que deben ser respetadas, no conlleva a su absolutización. Las normas deben ser relativizadas en función de las «modificaciones históricas, socioculturales y estéticas sobrevenientes a la producción del texto», los géneros no deben «ser comprendidos como entidades cerradas e incomunicables entre sí. La realidad concreta de la literatura comprueba que, en la misma obra, pueden confluir diversos géneros literarios, aunque se verifique el predominio de uno de ellos»<code><a href="#cita4">[4]</a></code>. Sea dicho de paso, muy presente en la obra de Miguel Torga y otros muchos escritores actuales. Entendemos así, que nuestra opción por situar el discurso autobiográfico al otro lado de lo <em>ficcional</em> y de lo <em>factual</em>, es perfectamente válida y para nada con ella se pretende una práctica del doble discurso o doble lectura.</p>
<p>«Cualquier género literario es una parte integrante de un fenómeno comunicativo, social»<code><a href="#cita5">[5]</a></code>. Vamos a considerar el discurso autobiográfico en sentido amplio como soporte lingüístico, como producto de un acto de enunciación y como proceso que engloba toda la «escritura del yo»<code><a href="#cita6">[6]</a></code>, así que no diferenciamos aquí las autobiografías del resto de la «literatura autobiográfica», incluyendo en ella los diarios claro está – véase <a href="http://bibliologia.info/diarismo/" target="_blank">Diarismo</a> -.</p>
<blockquote><p><em>Coimbra, 20 de Fevereiro de 1969</em>— Que insondável mistério é<br />
um ser humano! Quanto mais vivo e convivo — a observar homens<br />
sãos e doentes —, mais se arreiga no meu espírito a convicção de<br />
que nunca consegui conhecer verdadeiramente nenhum. O que<br />
dizemos e o que fazemos pouco ou nada revelam de nós. Por mim<br />
falo. Converso, escrevo páginas maciças de confissão, actuo, pareço<br />
transparente. E quem um dia quiser saber o que fui, terá de me<br />
adivinhar&#8230;<code><a href="#cita7">[7]</a></code></p></blockquote>
<p>Recordemos pues, que «la coherencia de la forma autobiográfica reside simultáneamente en la diferencia y en la proximidad que existe entre el sujeto y el objeto de la enunciación [Autor]»<code><a href="#cita8">[8]</a></code>, dado que presupone la identidad y la distancia temporal entre un <em>yo</em> actual (A = Narrador) y el <em>yo </em>pasado (A = Personaje retratado). El <em>yo</em> es principio y fin del discurso autobiográfico. No obstante, la &#8220;escritura del yo&#8221; «no puede ser encarada como un proyecto meramente individual ya que las opciones de su esencia pasan, necesariamente, por el factor de coexistencia. El uso del pronombre de primera persona legitima la posibilidad de una elección [escolha], más el sujeto no existe sin el mundo, en virtud de la índole constructiva del existir»<code><a href="#cita9">[9]</a></code>.</p>
<p>«La persona de quien se habla es también la que habla»<code><a href="#cita10">[10]</a></code>, confiere un cierto estatuto ontológico a la escritura del yo, que mantiene una <em>búsqueda de identidad</em> entretanto escribe sobre su vida constatando que la propia acción narrativa, transcrita en el propio texto nunca le repara plenamente la totalidad de lo vivido. Por otra parte, retomando las funciones deícticas de los pronombres personales, hay que recordar que la <em>deixis</em><code><a href="#cita11">[11]</a></code>, cumple un papel importante, ciertamente apunta a un sujeto que enuncia la comunicación en una instancia espacio-temporal, pero ya se refería que dicho argumento es insuficiente para clasificar la escritura del yo, porque atendiendo a la concepción que <a href="http://www.phillwebb.net/History/TwentiethCentury/Continental/(Post)Structuralisms/Structuralism/Benveniste/Benveniste.htm" target="_blank">Benveniste</a> ha dado al discurso, «las partículas lingüísticas por sí mismas no pueden definir la actividad discursiva»<code><a href="#cita12">[12]</a></code>.</p>
<blockquote><p><em>Coimbra, 6 de marzo de 1978</em>. Sigue el calvario del último volumen<br />
de este <em>Diario</em> entre los que lo leen con malos ojos y los que lo<br />
despellejan tendenciosamente. Y no puedo hacer nada. Ni vale la<br />
pena. Al fin y al cabo no lo publiqué para gente así, sino para esos<br />
bienaventurados que, de manera anónima, pero humana, son<br />
capaces de seguir sin reservas el gráfico de las vivencias de un<br />
semejante suyo, agónico, conmocionado por los estremecimientos<br />
atroces de un tiempo sísmico. A seres limpios de alma que, antes<br />
de entrar en la intimidad de un texto, se sienten moralmente<br />
obligados a respetarlo.<code><a href="#cita13">[13]</a></code></p></blockquote>
<p>Que deriva precisamente de la «dimensión pragmática» del <em>discurso autobiográfico</em> comprendiéndolo como «acto literario»<code><a href="#cita14">[14]</a></code>, que bien lo expresa en el título y en el cuerpo de su ensayo Elisabeth Bruss: “L’autobiographie considérée comme acte litteraire” (ya <a href="http://bibliologia.info/discurso-historico-%e2%80%93-discurso-literario/#cita2" target="_blank">citado</a>). Posición que suscriben aquellos que «aun admitiendo que algunas formas autobiográficas utilizan procedimientos comunes a la novela, se resisten a considerar toda autobiografía una ficción», que como ya decíamos al principio, es la postura <em>pragmática</em> que suscriben, además de la mencionada E. Bruss, entre otros P. Lejeune; en oposición a los <em>deconstruccionistas</em> como Derrida, Paul de Man, R. Barthes, que insisten en que «toda narración de un yo es una forma de ficcionalización»<code><a href="#cita15">[15]</a></code>.</p>
<p>Y se llegaba a que el <em>pacto autobiográfico</em> (en el cual el autor se declaraba explícitamente idéntico al narrador y por tanto al personaje, dado que la narrativa es <em>autodiegética</em>), constituye la fórmula más adecuada para definir el <em>discurso autobiográfico</em> porque infiere un contrato de lectura o convenio de identidad que el autor (A = N = P) contrae ante el lector, obligándose a que los hechos presentados del personaje y apoyados por su testimonio (el narrador-autor los testifica) remiten a una verificación histórica. Es decir, pueden tomarse «como <em>argumentos</em> con valor casi documental en una construcción histórica, en un relato con atribuciones de verdad»<code><a href="#cita16">[16]</a></code>.</p>
<blockquote><p><em>Coimbra, 24 de agosto de 1988</em>. El que lea este <em>Diario</em> y se fije en<br />
las fechas, ha de preguntarse sin duda por qué hay tantos vacíos. Y<br />
la respuesta es simple: no he tenido nada que decir. No se me ha<br />
ocurrido una idea, no he sido capaz de un comentario, me he<br />
quedado mudo ante el espectáculo insólito de la vida. Fascinado,<br />
pero aturdido y sin voz. Sólo cuando está muy condicionado mi<br />
espíritu consigue lucirse en la escritura. Soy poeta<br />
circunstancialmente y cronista eventual de mis estados de espíritu.<br />
Y hay ocasiones en que ningún verso aflora, en que ningún estímulo<br />
interior o exterior motiva ninguna expansión. Y me callo. En este<br />
sentido, dejo el mundo con la conciencia tranquila: nunca he escrito<br />
una línea que no fuese para mí un imperativo. Como hombre de<br />
letras he sido siempre un poseso.<code><a href="#cita17">[17]</a></code></p></blockquote>
<p>«El autor es más que una persona: es una persona que escribe y publica. […] la persona socialmente responsable de sus escritos, es el productor de un producto, la obra, y el lector sabe que detrás del nombre de la cubierta, que forma por cierto parte del libro y se sitúa entre el texto y el extratexto, hay alguien capaz de producir ese escrito y a quien remitir esa identificación. Porque en la autobiografía hay un hecho relevante socialmente: el lector entiende que el autor es productor de textos, que su obra justifica su narración y quizá su vida»<code><a href="#cita18">[18]</a></code>. También, al menos para mí, este <em>contrato social</em> se coliga con el <em>principio de autoridad del autor</em>, ya expuesto, al poder autónomo del intelectual, a la búsqueda de su autonomía, de su compromiso político y de su libertad crítica, como diría <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Bourdieu" target="_blank">P. Bourdie</a><code><a href="#cita19">[19]</a></code>.</p>
<p>Explicaba <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Antonio_Gramsci" target="_blank">Antonio Gramsci</a>, que «la autobiografía tiene ciertamente un valor histórico en cuanto que muestra la vida en acción. Por ello, la autobiografía viene a sustituir al ensayo político y filosófico pues describe en acción lo que de otro modo se deduciría lógicamente»<code><a href="#cita20">[20]</a></code></p>
<hr size="2" />
<p align="left"><span style="color: #0000ff;"><strong><span style="text-decoration: underline;">NOTAS:</span></strong></span></p>
<blockquote><p><a name="cita1"><code>[1]</code></a> <strong>Pozuelo Yvancos, José María</strong> (2006) <em>De la autobiografía. Teoría y estilos</em>. Barcelona: Crítica. p. 43: «Una frontera, claro está, convencional, como todas las fronteras, que separa artificialmente un territorio que como territorio será acaso uniformemente ficcional, pero que es línea fronteriza que, en efecto, actúa en la sociedad —y ha actuado— al entenderse en su producción y recepción como discurso distinto, específico y autentificador».</p>
<p><a name="cita2"><code>[2]</code></a> <a href="http://findarticles.com/p/articles/mi_m2342/is_n4_v30/ai_20825547" target="_blank"><strong>Genette, Gerard</strong> </a>(1998) <em>Nuevo discurso del relato</em>. Madrid: Cátedra. p. 79: «los géneros son categorías propiamente literarias, los modos son categorías que dependen de la lingüística, o más exactamente de aquello a lo que hoy se llama pragmática».</p>
<p><a name="cita3"><code>[3]</code></a> <strong>Aguiar e Silva, Vítor Manuel de</strong> (1986) <em>Teoría de la Literatura</em>. Versión española de <strong>Valentín García Yebra</strong>. Madrid: Gredos. p. 188</p>
<p><a name="cita4"><code>[4]</code></a> <strong>Aguiar e Silva, Vítor Manuel de</strong> (1986)<em> ibid.</em> p. 188 y 189. A continuación subraya el profesor Aguiar como «La poética moderna, desengañada de toda clase de tentaciones dogmáticas y absolutistas, buscando en la historia su fundamentación, ha rehabilitado el concepto de género literario. Mencionaremos sólo dos grandes nombres [Staiger y Lukás] de la poética y de la crítica literaria contemporáneas, dos autores profundamente distintos en su formación, en su ideología y en sus métodos de investigación, que repensaron con calma y rigor el concepto de género literario, concediéndole en su obra lugar preponderante».<br />
Si desean profundizar sobre ello, pueden hacerlo leyendo de este clásico de la “Teoría de la Literatura” su capítulo IV sobre los “<a href="http://bibliologia.info/archivos/teorialiteteAguiar4.pdf" target="_blank">Géneros literarios</a>”.</p>
<p><a name="cita5"><code>[5]</code></a> <strong>Pozuelo Yvancos, José María</strong> (2006) <em>op. cit</em> p. 51.</p>
<p><a name="cita6"><code>[6]</code></a> De acuerdo a las acepciones más significativas que del concepto de <a href="http://bibliologia.info/archivos/discursoReis.pdf" target="_blank">discurso</a> refieren:  <strong><a href="http://dialnet.unirioja.es/servlet/extaut?codigo=159055" target="_blank">Reis, Carlos</a> y <a href="http://dialnet.unirioja.es/servlet/autor?codigo=1391570" target="_blank">Lopes, Ana Cristina M</a>.</strong>(2002) <a href="http://jamillan.com/narrato.htm" target="_blank"><em>Diccionario de Narratología</em></a>. Traducción de <a href="http://dialnet.unirioja.es/servlet/extaut?codigo=316458" target="_blank"><strong>Ángel Marcos de Dios</strong></a>. Salamanca: Ediciones Almar.</p>
<p><a name="cita7"><code>[7]</code></a> El texto sólo se encuentra en la versión original portuguesa. La traducción es mía:<br />
<strong>Torga, Miguel</strong> (1999) <em>Diário Vols. IX a XVI (1964-1993)</em>. Lisboa: Dom Quixote. pp. 1153-1154:<br />
Que insondable misterio es un ser humano! Cuanto<br />
más vivo y convivo – al observar hombres sanos y<br />
enfermos – más se arraiga en mi espíritu la convicción<br />
de que nunca conseguiré conocer verdaderamente<br />
ninguno. Lo que decimos y hacemos poco o nada nos<br />
revela. Hablo por mí. Converso, escribo páginas<br />
rellenas de confesiones, actúo, opino claramente. Y<br />
quién un día quiera saber el que fui, tendrá que<br />
adivinarme…</p>
<p><a name="cita8"><code>[8]</code></a> <strong>Rocha, Clara</strong> (1977) <em>O espaço autobiográfico em Miguel Torga</em>. Coimbra: Livraria Almedina. p. 65.</p>
<p><a name="cita9"><code>[9]</code></a> <a href="http://www.ufp.pt/homepage/ivaz/" target="_blank"><strong>Leão, Isabel Vaz Ponce de</strong></a> (2005) <em>A obrigação, a devoção e a maceração (O diário de Miguel Torga)</em>. Lisboa: Impresa Nacional-Casa da Moeda. p. 23. También se podría haber traducido por “opción”. En portugués <strong>escolha</strong> es acción y efecto del verbo <em>escolher</em>: escoger, preferir, elegir; separar; marcar; optar. Véase:<br />
&gt; <strong>Martínez Almoyna, Julio</strong> (2000) <em>Diccionário de Português - Espanhol</em>. Porto: Porto Editora.</p>
<p><a name="cita10"><code>[10]</code></a> <strong>Rocha, Clara</strong> (1992) <em>Máscaras de Narciso. Estudos sobre a literatura autobiográfica em Portugal</em>. Coimbra: Livraria Almedina. p. 45.</p>
<p><a name="cita11"><code>[11]</code></a> «<strong>Deixis</strong>. Término griego que significa &#8220;indicación&#8221;, acción de mostrar o señalar, y que se viene utilizando en Lingüística como palabra técnica para designar «los rasgos orientativos de la lengua relativos al tiempo y al lugar de la expresión» (I. Lyons, 1971). Toda comunicación lingüística supone un hablante que se dirige a un oyente en unas determinadas circunstancias de tiempo y de lugar. Son los términos deícticos los que señalan esas circunstancias espacio-temporales en las que se desarrolla la expresión o enunciación y concretan la posición de los interlocutores con respecto al referente. En el ejemplo «Ayer llegamos aquí», los términos &#8220;ayer&#8221; y &#8220;aquí&#8221; señalan el tiempo y el lugar en los que el hablante sitúa el hecho de su llegada; en la frase «Allí está su maleta», el deíctico indica el lugar donde se encuentra el objeto y la distancia entre dicho objeto y el hablante. Se consideran términos deícticos los pronombres personales (&#8221;yo&#8221;, &#8220;tú&#8221;), los demostrativos (&#8221;este&#8221;, &#8220;ese&#8221;, &#8220;aquel&#8221;), los adverbios de tiempo y lugar (&#8221;ahora&#8221;, &#8220;aquí&#8221;, &#8220;allí&#8221;), y otras expresiones de referencia espaciotemporal. Evidentemente, también los nombres propios cumplen una función deíctica». Tomado de:<br />
&gt; <strong>Estébanez Calderón, Demetrio</strong> (1996) <em>Diccionario de términos literarios</em>. Madrid: Alianza. p. 277.</p>
<p><a name="cita12"><code>[12]</code></a> <strong>Benveniste, Émile</strong> (1977) <em>Problemas de lingüística general II</em>. México: Siglo XXI.</p>
<p><a name="cita13"><code>[13]</code></a> <strong>Torga, Miguel</strong> (1988) <em>Diario (1932-1987)</em>. Selección, traducción, índices y notas de <strong>Eloísa Álvarez</strong>. Madrid: Alianza. p. 397.</p>
<p><a name="cita14"><code>[14]</code></a> Tal como indica la profesora Clara Rocha, E. Bruss en dicho ensayo: «establece una analogía entre la noción de género literario y la de “acto ilocutivo”, tal como desarrolló, entre otros filósofos del lenguaje, J.R. Searle. Tal como los actos ilocutivos lingüísticos, los actos ilocutivos literarios reflejan situaciones específicas del lenguaje que la comunicación ha institucionalizado. Tal como una pregunta pretende obtener una información del receptor, también un género como la autobiografía se define, según E. Bruss, por el papel que desempeña y por las funciones a las que está asociada. De este modo, la autobiografía no es tanto un hecho “bruto” como un hecho institucional, que se asienta en un sistema de reglas de la forma “X corresponde a Y en la situación S”. Es en virtud de estas reglas que las características textuales asumen el valor de “señales” de una función determinada». Traducido de: <strong>Rocha, Clara</strong> (1977) <em>op. cit</em> p. 67.<br />
Los actos ilocutivos son una de las modalidades que J.J. Austin y J.R. Searle utilizaron para distinguir los <a href="http://bibliologia.info/archivos/actosEstebanez.pdf" target="_blank">Actos de habla</a> en: <strong>Estébanez Calderón, Demetrio</strong> (1996) <em>op. cit</em> pp. 14-15.</p>
<p><a name="cita15"><code>[15]</code></a> <strong>Pozuelo Yvancos, José María</strong> (2006) <em>op. cit </em> p. 24-25: «el problema autobiográfico, tal como se plantea hoy, enfrenta dos corrientes críticas, dos interpretaciones:<br />
a) Quienes piensan que toda narración de un yo es una forma de ficcionalización, inherente al estatuto retórico de la identidad y en concomitancia con una interpretación del sujeto como esfera del discurso. Una línea que arranca de Nietzsche, que reúne a Derrida, Paul de Man, R. Barthes y lo que se conoce en general como «deconstrucción», plantea un intrínseco carácter ficcional al género autobiográfico. Esta línea refuerza argumentativamente una tradición literaria que ha querido extender a toda literatura el dominio autobiográfico. Que la literatura toda es una forma autobiográfica lo han afirmado Goethe, Proust, Valéry en textos muy famosos. Lo que la deconstrucción hace es invertir la proposición haciendo que también toda autobiografía sea una literaturización —por el procedimiento de la ficcionalización— de tal práctica. Ambos dominios, como el filosófico, crítico y literario, no se distinguirían entre sí, sino retóricamente.<br />
b) Quienes como Lejeune, E. Bruss, aun admitiendo que algunas formas autobiográficas utilizan procedimientos comunes a la novela, se resisten a considerar toda autobiografía una ficción. Precisamente buscarán definir los términos por los cuales la autobiografía se propone como discurso que afirma una especificidad de alguna naturaleza: histórica, pragmática o en el horizonte de las convenciones genéricas, toda vez que las autobiografías no son novelas ni la mayor parte de ellas entran siquiera en la categorización de obras literarias. En cualquiera de los elencos recogidos por los estudiosos encontramos cientos de textos autobiográficos que se proponen a sí mismos como testimonios verídicos, históricos y que son utilizados como base documental por los historiadores.<br />
Que sea posible sostener tan dispar criterio se explica por la imposibilidad de discernir un estatuto <em>formal</em> de lo autobiográfico, puesto que autobiografías que se proponen como no ficcionales y novelas construidas con forma autobiográfica comparten idénticas formas discursivas. A ello se añade el continuo juego de trasvases de unas prácticas a otras y de ironización continua por la que los autores, en el horizonte de expectativas de la autobiografía y con sus propias formas, han construido ficciones que sólo cabe leer como tales».</p>
<p><a name="cita16"><code>[16]</code></a> <strong>Pozuelo Yvancos, José María</strong> (2006) <em>ibid.</em> p. 29.</p>
<p><a name="cita17"><code>[17]</code></a> <strong>Torga, Miguel</strong> (1997) <em>Diario II (Últimas páginas. 1987-1993)</em>. Traducción, índices y notas de <strong>Eloísa Álvarez</strong>. Madrid: Alfaguara-Santillana. p. 93.</p>
<p><a name="cita18"><code>[18]</code></a> <strong>Pozuelo Yvancos, José María</strong> (2006) <em>ibid.</em> p. 28.</p>
<p><a name="cita19"><code>[19]</code></a> <strong>Bourdieu, Pierre</strong> (1995) <em>Las reglas del arte. Génesis y estructura del campo literario</em>. Traducción de <strong>Thomas Kauf</strong>. Barcelona: Anagrama, 1995.<br />
De ella pueden leer su “<a href="http://bibliologia.info/archivos/postBourdieu.pdf" target="_blank">Post-scriptum</a>” en donde afirma que: «El intelectual es un personaje bidimensional que sólo existe y subsiste como tal si (y tan sólo si) está investido de una autoridad específica, conferida por un mundo intelectual autónomo (es decir independiente de los poderes religiosos, políticos, económicos) cuyas leyes específicas respeta, y si (y tan sólo si) compromete esa autoridad específica en luchas políticas. Lejos de existir, como se suele creer, una antinomia entre la búsqueda de la autonomía (que caracteriza al arte, a la ciencia o a la literatura que se llaman «puros») y la búsqueda de la eficacia política, incrementando su autonomía (y, a través de ello, entre otras cosas, su libertad de crítica respecto a los poderes) los intelectuales pueden incrementar la eficacia de una acción política cuyos fines y medios se originan en la lógica específica de los campos de producción cultural».</p>
<p><a name="cita20"><code>[20]</code></a> <strong>Baena Molina, Rosalía [et al]</strong> (2006) “El discurso autobiográfico: un análisis desde la historia, la pragmática y la poética”. <em>Curso de Doctorado 2005-2006 de la Universidad de Navarra</em>.</p></blockquote>
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		<title>Racionalización. La totalización de las informaciones</title>
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		<pubDate>Tue, 27 May 2008 21:39:45 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José María Vivancos</dc:creator>
		
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		<description><![CDATA[Como hemos visto ya, las auto/biografías tratan de recuperar el pasado, los hechos históricos y sus motivaciones, procurando re-construir la vida individual, interpretándola el propio personaje (A = N = P = A) desde el presente en el caso de las autobiografías, o (re)construyéndola un tercero (A = N ≠ P ≠ A) con todas [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Como hemos visto ya, las auto/biografías tratan de recuperar <em>el pasado</em>, los hechos históricos y sus motivaciones, procurando re-construir la vida individual, interpretándola el propio personaje (A = N = P = A) desde el presente en el caso de las <em>autobiografías</em>, o (re)construyéndola un tercero (A = N ≠ P ≠ A) con todas las informaciones a su alcance, que es el supuesto en el cual se encuentran las <em>biografías</em> y las <em>historias de vida</em> (que siempre son inducidas por un científico o investigador social). Todas ellas tienen en común el objetivo de retratar una <em>realidad exterior/interior</em> y someterse a su verificación. Este <em>pacto referencial</em> les distingue de las narraciones <em>heterodiegéticas</em> o <em>ficcionales</em><code><a href="#cita1">[1]</a></code>.</p>
<p>La mayoría de las auto/biografías están escritas con una estrategia/estructura cronológica <em>de la cuna a la tumba</em>, menos las <em>autobiografías propiamente dichas</em> claro está. La autobiografía es una historia que nunca podrá ser completada por su autor, queda inconclusa antes de la muerte del personaje. La muerte que será argumento inspirador, incluso obsesivo, para gran parte de los autobiógrafos. En cambio, la secuencia temporal desde el nacimiento hasta el fallecimiento del personaje, será otro de los rasgos distintivos del texto biográfico. El «<em>orden cronológico</em> proporciona causalidad a la historia de vida, y por lo tanto coherencia interna»<code><a href="#cita2">[2]</a></code>.</p>
<p>El biógrafo dispone de informaciones de naturaleza diversa, unas (documentos oficiales, fuentes biográficas y documentales<code><a href="#citaEnlaces">[Enlaces]</a></code>) son de mayor confianza que otras (declaraciones personales, memorias). En consecuencia, con la diversidad de los testimonios y a su grado de autenticidad, el biógrafo corre el peligro de enfrentarse ante planos de significación heterogéneos e irreductibles. Ahora bien, «cada información es parte integrante de un todo en continua estructuración, y revela, por eso mismo, su homogeneidad con todas las otras informaciones»<code><a href="#cita3">[3]</a></code>.<span id="more-200"></span></p>
<p>El desarrollo de esta noción abre camino a la idea de que «la biografía es un escenario ocupado por bloques de sentidos, variados y discontinuos, aunque sujetos a una ordenación». Discontinuidad que no es difícil de explicarse por el hecho de que la biografía de alguien se escribe después de su muerte. «El texto nos revela, en este caso, un sujeto disperso. La erosión del tiempo reduce la existencia pasada a algunos pormenores más significativos, a algunos <em>biografemas</em> o <em>anamnesis</em> [reminiscencias] aisladas que el biógrafo atribuye al objeto del enunciado»<code><a href="#cita4">[4]</a></code>. La discontinuidad de los datos, se origina por la ausencia de un sujeto vivo unificador.</p>
<p>No ocurre de igual manera con los hechos en la autobiografía - y  aquí se destaca otra diferencia fundamental – que, «por presuponer la identidad narrador/personaje principal, podrá ser definida como <em>escritura de la historia de una personalidad implicando la vida de esa misma personalidad</em>»<code><a href="#cita5">[5]</a></code>. Y aunque la lectura de la autobiografía se asemeja a la de la biografía, ella – la autobiografía - constituye una reconstrucción presente del pasado, a través de una sucesión de informaciones dadas que se estructuran en un todo. Procede «de la auto-interpretación y de una continua “búsqueda del yo”, [&#8230;fácilmente se&#8230;] concluye que existe en él en menor grado el peligro de totalización de la informaciones, ya porque el narrador/personaje está vivo y es consecuentemente profundo conocedor de las fuentes, ya porque se acredita en la realidad plural de su “yo”»<code><a href="#cita6">[6]</a></code>.</p>
<blockquote><p><em>Lamego, 5 de octubre de 1946</em>. En una ocasión escribí unas<br />
páginas acerca de un período de mi niñez que transcurrió<br />
aquí. Pero no me gustó el resultado. La infancia no puede<br />
revivirse ni con el recuerdo ni con la imaginación. Cuando<br />
mucho, lo que se crea es otra infancia. Las escenas ingenuas,<br />
precisamente por ser ingenuas, eran inconsciente; y las<br />
humillaciones, de dolorosas que eran, no hay memoria que<br />
soporte el expresarlas de manera perfecta.</p>
<p><em>Coimbra, 19 de enero de 1950</em>. Es difícil, pero hemos de tener<br />
el coraje de quedarnos solos. Una única voz es suficiente para<br />
enfrentarse al mundo y tener razón. La muerte está sola<br />
contra la vida, y ahí está, como verdad indiscutible.</p>
<p><em>Gerés, 14 de agosto de 1962</em>. Esta obsesión mía por el tiempo<br />
es insufrible. Devoro cada momento con una ansiedad tal que<br />
me veo igual que esos niños ávidos que mordisquean el seno<br />
materno hasta hacer doloroso el acto placentero del<br />
amamantamiento. Por culpa de esta vehemencia no consigo<br />
sentir bajo mis pies ningún instante firme. El presente que<br />
estoy pisando es siempre futuro. Cuando aún estoy cruzando<br />
el río, ya he desembarcado en la otra orilla. En la otra orilla<br />
de la angustia&#8230;<code><a href="#cita7">[7]</a></code></p></blockquote>
<p>De ahí se puede llegar a que los auto/biógrafos se encuentran abocados a un ejercicio racionalizador mediante la legitimación de la reconstrucción de una vida. Dicho ejercicio está sometido a la temporalidad en toda escritura auto/biográfica. Ahora bien, en la autobiografía «se enjuicia el presente, re-evaluando el pasado, y diseñan un futuro coherente. […] Está escrita hacia el futuro […y…] difícilmente se realiza en sentido cronológico estricto. Hay incursiones continuas al tiempo presente, y <em>flash-backs</em> del pasado». Necesariamente <em>desvela el pasado</em> «en forma de estratos»<code><a href="#cita8">[8]</a></code>. Y será la memoria la clave de unificación y racionalización. No olvidemos que la escritura es la memoria de la cultura y de que «la escritura fue el gran descubrimiento para vencer esta claudicación ante el tiempo, esta limitación ante el presente»<code><a href="#cita9">[9]</a></code>, como admirablemente nos lo describe Emilio Lledó.</p>
<p>Tal como se ha visto, la biografía es comparable a un conjunto de bloques de sentidos variados y dispersos. Es de su ordenación temática, retórica y fraseológica de donde surge un diagrama del personaje retratado. «Al concepto de <em>copia</em> se sobrepone el de <em>analogía diagramática</em>, y el texto biográfico es así concebido como una representación cubista, en la que los sentidos se yuxtaponen y amontonan, de forma para constituir por sí mismo un todo significativo. Al conjunto de sentidos particulares se van acrecentando el sentido suplementario de la propia ordenación de los bloques informativos»<code><a href="#cita10">[10]</a></code>. En la biografía, donde tal ordenación es de la responsabilidad de un narrador/sujeto distinto al personaje central, su sentido último nada acrecienta en relación al héroe del enunciado o «<em>actante</em> ejecutor de una trayectoria vital»<code><a href="#cita11">[11]</a></code>, ya que sólo dice respecto al narrador extra u homodiegético. Es el biógrafo el que relata, argumenta y depura las fuentes historiográficas<code><a href="#cita12">[12]</a></code>, y el que con cierta frecuencia se preocupa de insistir que se ha documentado bien para narrar lo que ha acontecido realmente.</p>
<p>Ya se puede concluir en lo que <span style="text-decoration: underline;">caracteriza al <em>espacio biográfico</em></span>:<br />
1. Mayormente un <em>relato en tercera persona y en prosa – aunque ocasionalmente existan hagiografías en verso</em> -.<br />
2. La relación de <em>semejanza entre el personaje y el modelo</em> tiene una función primordial y es  <em>bilateral</em> (autor y modelo son elementos independientes y diferenciados).<br />
3. Obra sobre la <em>vida de un personaje histórico</em>, principalmente, ordenada con una secuencia temporal cronológica (<em>de la cuna a la tumba</em>).<br />
4. En la mayoría de los casos son <em>historias individuales</em> (raramente sobre colectivos o instituciones), en las cuales, se destaca <em>su carácter utilitario e informativo</em>.<br />
5. El proyecto del biógrafo es (re)<em>construir</em> un pasado y retratar al <em>personaje y su realidad</em> – extra-textual -, sometiéndola a la verificación de lectores/receptores. Concluye <em>un pacto referencial</em>.<br />
6. El narrador/autor – el <em>biógrafo</em> – debe procurar la objetividad, al igual, que la veracidad de los hechos relatados, permitiendo que <em>el lector deduzca sus propias conclusiones</em>.<br />
7. Para la investigación y elaboración, el biógrafo, aplica métodos de interpretación diferentes: historiográficos, antropológicos, filosóficos, psicológicos, psicoanalíticos, etc.<br />
8. El discurso <em>biblio-bio-gráfico</em>, que <em>se estructura a partir de la interacción vida-obra</em> del personaje/modelo, lo ordena el biógrafo, buscando <em>una totalización del biografiado</em>. Así, son como una ventana abierta e integrada en la realidad social que re-crea.<br />
9. Historias de <em>individuos sobresalientes</em> (héroes/protagonistas) que, gracias a un <em>pacto de lectura</em>, el receptor/lector puede <em>re-crearlas</em>.<br />
10. El lector suele reconocer y confiar en la autoridad del biógrafo.<br />
11. No son <em>una serie de hechos puntuales (o momentos estelares) de la vida</em>, constituyen un relato para <strong><em>entender una vida</em></strong>.<br />
12. Pueden ser o aspiran a ser: <em><strong>ciencia &amp; arte</strong></em><code><a href="#cita13">[13]</a></code>.</p>
<hr size="2" />
<p align="left"><span style="color: #0000ff;"><strong><span style="text-decoration: underline;">NOTAS:</span></strong></span></p>
<blockquote><p><a name="cita1"><code>[1]</code></a> Sobre los rasgos diferenciadores entre la novela (<em>pacto novelesco</em>) y el resto de obras no ficcionales (<em>pacto referencial</em>), véanse los textos de las notas 12 y 13.</p>
<p><a name="cita2"><code>[2]</code></a> <strong>Miguel, Jesús M. de</strong> (1996) “Auto/biografías”. <em>Cuadernos Metodológicos</em>, nº 17 enero de 1996. Madrid: CIS-Centro de Investigaciones Sociológicas. p. 40.</p>
<p>En relación a la <em>muerte</em>, sin menospreciar que represente un rasgo diferencial de la <em>biografía vs autobiografía</em>, actualmente al ser corriente, incluso se entiende como signo de modernidad, que los biógrafos no la contemplen dentro del relato de su personaje (sea dicho en honor a la verdad, mayormente en las <em>biografías literarias o biografías de escritores por escritores</em>), puede disuadir a que algunos (véase en esta misma nota la cita de Alicia Molero) la sigan considerando – la muerte - como diferencia fundamental tal como la siguen apreciando otros (véase en esta misma nota la cita de María Antonia Álvarez). No obstante, se debe mantener que la «ordenación cronológica de los hechos», <em>de la cuna a la tumba</em>, tal como sostiene <strong>Ricardo Senabre</strong> en su ponencia “Sobre el estatuto genérico de la biografía”. En: <strong>Romera Castillo, José y Gutiérrez Carbajo (Eds.)</strong> (1998) <em>Biografías literarias (1975-1997). Actas del VII Seminario Internacional del Instituto de Semiótica Literaria, Teatral y Nuevas Tecnologías de la UNED</em>. Madrid: Visor Libros. p. 33.</p>
<p>&gt; <strong>Molero de de la Iglesia, Alicia</strong> (1998) “Los sujetos literarios de la creación biográfica”. En: <strong>Romera Castillo, José y Gutiérrez Carbajo (Eds.)</strong>, <em>ibid</em>. p. 527 y 529: «La no inscripción de la muerte del personaje en las biografías de los contemporáneos ha acabado con el rasgo semánticó que las diferenciaba, dentro, de las preceptivas <em>figuras biográficas</em> que atañen tanto a la biografía como a la autobiografía (tiempo y lugar de nacimiento, madre, padre y familia, espacio doméstico, etc.); con la incorporación del modo introspectivo al discurso biográfico, el reconocimiento de la vida interior ha venido a ser signo de modernidad para ambas variantes referenciales. […] La preferencia que ha mostrado el historiador moderno por el sujeto literario, explicada en función de la afinidad entre hombres de letras, podría convertirse en exaltación cuando ambos comparten oficio y se propicia cierta transferencialidad de la emoción poética; entonces, no sólo el personaje hablará con la voz del autor sino que éste puede acabar confundiéndose con su propia creación. Si tomamos algunos ejemplos recientes de obras biográficas que los profesionales de la literatura dedican a otros de su misma condición, notaremos que la atracción ejercida por la figura y el entorno del biografiado sobre su biógrafo redunda en beneficio de la creación literaria.»</p>
<p>&gt; <strong>Álvarez, María Antonia</strong> (1998) “Biografía literaria de Henry james: recuperación del yo en otro discurso narrativo”. En: <strong>Romera Castillo, José y Gutiérrez Carbajo (Eds.)</strong>, <em>ibid</em>. p. 304 y 305: «Entre las diferencias fundamentales de la biografía con el género autobiográfico está el papel de la muerte. Las autobiografías no finalizan con la muerte del personaje. La esencia de cualquier autobiografía es que jamás puede llegar hasta el fin, nunca puede decir la última palabra, como hace el biógrafo. Si uno de los móviles fundamentales del escritor es triunfar sobre la muerte, nunca llega a conocer si alcanzará este fin. Por el contrario, el biógrafo, desde el momento en que comienza a escribir, sabe que la memoria de su personaje ya se ha perpetuado más allá de la muerte. La ausencia de la muerte en la narración es una de las condiciones inherentes a la autobiografía. […] El orden de presentación es otro elemento que diferencia el género autobiográfico del biográfico. El primero procede remontando el curso del tiempo, partiendo del presente de la narración para alcanzar el pasado de la experiencia, objeto de su obra; el segundo también escribe en el presente, pero cuando habla de la infancia de su personaje, sus conocimientos proceden de la documentación que posee, no de su experiencia. El autobiógrafo percibe su vida como compuesta de estratos de recuerdos entre los cuales el más elevado, el que está en la superficie, es el último, el que limita con el presente, mientras que la vida que ha de construir el biógrafo, basándose en la documentación que posee, consta de episodios dispuestos cronológicamente en sentido inverso, del nacimiento a la muerte.»</p>
<p><a name="cita3"><code>[3]</code></a> <strong>Rocha, Clara</strong> (1977) <em>O espaço autobiográfico em Miguel Torga</em>. Coimbra: Livraria Almedina. p. 56.</p>
<p><a name="cita4"><code>[4]</code></a> <strong>Rocha, Clara</strong> (1977) <em>ibid</em>. p. 57. Los <em>biografemas</em> fueron definidos por <strong>Roland Barthes</strong> como «una serie de destellos de sentido que conforman algo así como “una historia pulverizada” de un narrador, de un de un pintor, de un poeta» En: (1975) <em>Roland Barthes par Roland Barthes</em>. París: Seuil. p. 114. Aquí se puede comprender como un intentar programar la biografía de un escritor a través de lo escrito en sus libros.</p>
<p><a name="cita5"><code>[5]</code></a> <strong>Rocha, Clara</strong> (1977) <em>ibid</em>. p. 57.</p>
<p><a name="cita6"><code>[6]</code></a> <strong>Rocha, Clara</strong> (1977)<em> ibid</em>. p. 57.</p>
<p><a name="cita7"><code>[7]</code></a> <strong>Torga, Miguel</strong> (1988) <em>Diario (1932-1987)</em>. Selección, traducción, índices y notas de <strong>Eloísa Álvarez</strong>. Madrid: Alianza. pp. 118, 144 y 271.</p>
<p><a name="cita8"><code>[8]</code></a> <strong>Miguel, Jesús M. de</strong> (1996) op. cit 15, 28 y 29.</p>
<p><a name="cita9"><code>[9]</code></a> Aunque tendremos ocasión de tratar la memoria como clave en la escritura autobiográfica, más adelante en “<a href="http://bibliologia.info/archivos/lledoSilencio.pdf" target="_blank">Memoria y escritura</a>”, pueden leer el texto que bajo ese epígrafe le dedica el gran pensador español del cual tengo el privilegio de haber sido alumno, en la obra que le valió para recibir el premio Nacional de Ensayo en 1992:<br />
&gt; <strong>Lledó, Emilio</strong> (1998) <em>El silencio de la escritura</em>. Madrid: Espasa Calpe.</p>
<p><a name="cita10"><code>[10]</code></a> <strong>Rocha, Clara</strong> (1977) op. cit  p. 58-59. El concepto de copia certificada o compulsada es el argumento de partida y llegada para <strong>Philippe Lejeune</strong> sobre la autobiografía, de identidad y semejanza como elementos contrapuestos entre “biografía <em>vs</em> autobiografía”. En: (1994) <em>El pacto autobiográfico y otros escritos</em>. Madrid: Megazul-Endymion. pp. 75-81.</p>
<p><a name="cita11"><code>[11]</code></a> <strong>Romera Castillo, José</strong> (2006) D<em>e primera mano. Sobre escritura autobiográfica en España (siglo XX)</em>. Madrid: Visor Libros. p. 40.</p>
<p><a name="cita12"><code>[12]</code></a> «La depuración de los métodos historiográficos es un proceso lento» del profesor <strong>Ricardo Senabre</strong> que impartió en octubre de 2004 un curso de doctorado en el Graduate Center de la City University of New Cork (que con la Universidad de Valladolid conforman las sedes permanentes de la cátedra dedicada al estudio de la literatura española contemporánea “<a href="http://www.catedramdelibes.com/" target="_blank">Cátedra Miguel Delibes</a>”), cuyas lecciones ha recogido en un librito, que lejos de lo peyorativo se trata de un <em>libro de cabecera</em> (según la apreciación que haría de él Marguerite Yourcenar): (2005) <em>Metáfora y novela</em>. Valladolid: Cátedra Miguel Delibes. De él pueden leer su capítulo: “<a href="http://bibliologia.info/archivos/senabreMetafora.pdf" target="_blank">De la historia a la novela</a>”.</p>
<p><a name="cita13"><code>[13]</code></a> Entiendo que así queda subrayado la definición de biografía que propone <strong>Daniel Madelénat</strong>, del cual por su interés e importancia, incluyo aquí para que lo puedan leer su ponencia “<a href="http://bibliologia.info/archivos/madelenatBiographie.pdf" target="_blank">La biographie littéraire aujourd’hui</a>” al VII Seminario Internacional del ISLTYNT-UNED. En: <strong>Romera Castillo, José y Gutiérrez Carbajo (Eds.)</strong> (1998) <em>Biografías literarias (1975-1997). Actas del VII Seminario Internacional del Instituto de Semiótica Literaria, Teatral y Nuevas Tecnologías de la UNED</em>. Madrid: Visor Libros. pp. 39-53.</p></blockquote>
<p><a name="citaEnlaces"><code><strong>[Enlaces]</strong></code></a></p>
<blockquote><p>→ <a href="http://www.cidob.org/es/documentacion/biografias_lideres_politicos" target="_blank">Biografías Líderes Políticos CIDOB</a><br />
→ <a href="http://www.biografiasyvidas.com/" target="_blank">Biografias y Vidas</a><br />
→ <a href="http://www.s9.com/" target="_blank">Biographical Dictionary</a><br />
→ <a href="http://biographie.net/" target="_blank">Biographie.net </a><br />
→ <a href="http://www.biography.com/" target="_blank">Biography.com </a><br />
→ <a href="http://www.buscabiografias.com/" target="_blank">Busca biografías </a><br />
→ <a href="http://www.conocimientosweb.net/portal/encyclopedia.html" target="_blank">ConocimientosWeb </a><br />
→ <a href="http://www.iqb.es/mapa.htm" target="_blank">Diccionario Ilustrado de Términos Médicos</a><br />
→ <a href="http://www.britannica.com/" target="_blank">Enciclopaedia Britannica</a><br />
→ <a href="http://www.larousse.es/cgi-bin/html_generados/index.pl" target="_blank">Enciclopedia Larousse</a><br />
→ <a href="http://www.wikipedia.org/" target="_blank">Enciclopedia libre Wikipedia</a><br />
→ <a href="http://es.encarta.msn.com/" target="_blank">Enciclopedia Microsoft Encarta</a><br />
→ <a href="http://www.salvat.com/" target="_blank">Enciclopedia Salvat</a><br />
→ <a href="http://www.kalipedia.com/" target="_blank">Enciclopedia Santillana Kalipedia </a><br />
→ <a href="http://www.enciclopedia.net/" target="_blank">Enciclopedia Universal Micronet</a><br />
→ <a href="http://www.infodoctor.org/bibliotecapublicadelaciencia/glosario.php" target="_blank">Glosario del Movimiento por el acceso abierto </a><br />
→ <a href="http://www.history.com/" target="_blank">The History Channel </a><br />
→ <a href="http://www.imdb.com/" target="_blank">The Internet Movie Database (IMDb)</a><br />
→ <a href="http://www.marquiswhoswho.com/" target="_blank">Marquis Who&#8217;s Who </a><br />
→ <a href="http://nobelprize.org/" target="_blank">Nobelprize.org </a><br />
→ <a href="http://www.thefreedictionary.com/" target="_blank">Online Dictionary, Encyclopedia and Thesaurus</a><br />
→ <a href="http://www.un.org/depts/Cartographic/english/htmain.htm" target="_blank">United Nations Cartographic Section</a><br />
→ <a href="http://www.cia.gov/library/publications/the-world-factbook/" target="_blank">The World Factbook CIA</a><br />
→ <a href="http://www.hyperhistory.com/online_n2/History_n2/a.html" target="_blank">World History : HyperHistory </a><br />
→ <a href="http://www.whoswho.eu/" target="_blank">Who’s who</a><br />
→ <a href="http://www.wordreference.com/" target="_blank">WordReference Dictionary</a></p></blockquote>
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		<title>Actitudes del narrador. Referencia y auto-referencia</title>
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		<pubDate>Thu, 22 May 2008 22:27:10 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José María Vivancos</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Escrituras del «yo»]]></category>

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		<category><![CDATA[autobiografías]]></category>

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		<description><![CDATA[La biografía y la autobiografía pretenden describir la vida de una individualidad. Escribir de una vida y no estrictamente historiar. En el caso de la biografía, entiéndase por individualidad, al ámbito individual, dado que existe el biografismo colectivo[1]. El discurso biográfico procura ajustarse a los acontecimientos históricos, vividos, por el personaje o protagonista, huyendo el [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>La biografía y la autobiografía pretenden describir la vida de una individualidad. Escribir de una vida y no estrictamente historiar. En el caso de la biografía, entiéndase por individualidad, al ámbito individual, dado que existe el <em>biografismo</em> colectivo<code><a href="#cita1">[1]</a></code>. El <em>discurso biográfico</em> procura ajustarse a los acontecimientos históricos, vividos, por el personaje o protagonista, huyendo el narrador de la introspección, o al menos sólo acude al mundo interior cuando es inferido por los propios hechos históricos.</p>
<p>El proyecto del biógrafo es (re)<em>construir</em> un pasado con toda la información a su alcance, pasada y presente, que debe verificar e interpretar. Que conviene diferenciarlo del historiador. Mientras que el biógrafo, aspira sólo a descubrir los aspectos concretos que le interesan para su proyecto; el historiador, se afana por indagar la verdad acerca del pasado en su completitud, reflexiona sobre él y toma conciencia histórica<code><a href="#cita2">[2]</a></code>. Y el autobiógrafo dirige su obra a <em>re-construir</em> un pasado - <em>su pasado</em> - y lo estructura como un proyecto que pertenece al presente - <em>su presente</em> -. Es su proyecto, consciente y consiguientemente subjetivo e introspectivo.</p>
<p>Ahora bien, conviene subrayar que ambos discursos son inevitablemente interpretantes.<br />
En la biografía existe siempre, en mayor o menor grado, la marca de la emotividad del sujeto emisor, que suele traducirse, en juicios de valor, connotaciones y otras formas que denuncian la simpatía o antipatía del narrador por el héroe de la biografía. «La empatía es una actitud ejemplar que el acto biográfico requiere del narrador»<code><a href="#cita3">[3]</a></code>, que proviene desde el hecho y momento de la elección del personaje.<span id="more-199"></span></p>
<p>Por otra parte, el responsable de la autobiografía se encuentra en «una actitud de <em>simpatía</em>, lo que no es de admirar si se tiene en cuenta que entre el narrador y el personaje existe una relación de identidad. El narrador “sufre con” el personaje. Aunque en ciertos escritos autobiográficos “el narrador actual (<em>narrating self</em>) es totalmente diverso del personaje narrado (<em>experiencing self</em>)»<code><a href="#cita4">[4]</a></code>. Simpatía y antipatía son dos actitudes posibles del narrador autobiográfico, que derivan de la estrecha relación entre éste y el personaje narrado. El autobiógrafo diverge pues del biógrafo, en la medida en que, por coherencia, nunca aspira a una actitud ejemplar de empatía.</p>
<p>Tradicionalmente la biografía requiere un personaje relevante, de manera que su vida sea capaz de representar a su época. La vida del personaje elegido configura un patrón con el cual, el biógrafo, suele re-crear la realidad social. Igual propósito asiste al autobiógrafo, con una diferencia que no es un detalle menor tal como se expondrá. Este método/fenómeno <em>re-creador</em>, desde el campo de la fotografía como arte ha sido estudiado por <a href="http://en.wikipedia.org/wiki/John_Szarkowski" target="_blank">John Szarkowski</a>, que fue el primero en contemplarlo como el argumento de <em>mirrors/windows</em>.</p>
<p>Las auto/biografías como la fotografías son <em>ventanas o espejos</em> que reflejan al personaje/modelo. En las <em>ventanas</em> prima la temática sociopolítica, tal y como el fotógrafo o narrador los interpreta. Y tal y como el personaje/modelo los refleja. Es decir, representan una visión del mundo. Hay muchos temas sociales que no pueden describirse bien con palabras o fotos. Los <em>espejos</em> representan la introspección en la vida personal del personaje y narrador. Son como una manera de auto-expresarse.</p>
<blockquote><p><em>Coimbra, 15 de diciembre de 1942</em>. Otra vez a propósito de Flaubert.<br />
No hay duda de que su obra (la obra que él nos legó voluntariamente,<br />
no las cartas, que son estupendas, pero al leerlas cometemos una<br />
violación), es, desde el punto de vista formal, la mayor de las<br />
perfecciones. Ante páginas como éstas uno no puede dejar de pensar<br />
en un álgebra literaria, en que los valores, una vez admitidas ciertas<br />
convenciones, encajan tan neutral y perfectamente como los factores<br />
de una operación. Y en el momento actual, en que lo que se entiende<br />
por «social» está llenando tantas páginas (y yo todavía no sé muy bien<br />
a qué se refieren con eso de social), un ejemplo como éste no deja de<br />
ser beneficioso. Contra una literatura sin arte, una literatura hecha<br />
sólo de arte. Pero&#8230; Nada más triste que predicar, y hacerlo a medias<br />
tintas. El artista, no lo olvidemos, en la medida en que pisa el suelo y<br />
aspira a la eternidad, tiene que vérselas precisamente con hombres.<br />
Y los hombres tiran siempre por el camino de en medio&#8230;<br />
Ni un arte puro, pues, que termina por secarse como esas hermosas<br />
mujeres con las que no se atreve ningún conquistador, ni un arte<br />
puramente social, que acaba por ser repugnante como las más<br />
humanas llagas de los leprosos.<code><a href="#cita5">[5]</a></code></p></blockquote>
<p>Aunque, el biografismo haya sido poco afín a las concepciones colectivistas y la escritura  autobiográfica se haya siempre acomodado mejor al intimismo y la confidencialidad, está claro que los individuos nunca viven absolutamente aislados del mundo, menos aún los que son sujetos/objetos del discurso auto/biográfico<code><a href="#cita6">[6]</a></code>. «Toda auto/biografía es un relato grupal, [que] se le puede dar un significado colectivo». Las biografías tienden a ser más <em>ventanas</em> abiertas e integradas a/en la sociedad, presentándose como una «estructura de historias dentro de historias». Las autobiografías despliegan a mostrar más como espejos «realidades individuales que son sustitutivas de otras realidades. Cuentan más sentimientos que realidades. Se dedican más al autoanálisis»<code><a href="#cita7">[7]</a></code>.</p>
<p>Como ya hemos visto, la biografía y la autobiografía –por oposición a todas las formas de ficción- son textos referenciales, esto es, reenvían a una realidad extratextual, sobre la cual pretenden informar, y se someten a una prueba de verificación. «Este rasgo característico presupone la conclusión de un <em>pacto referencial</em>, que define las modalidades y el grado de semejanza con lo real al cual dichos textos aspiran»<code><a href="#cita8">[8]</a></code>.</p>
<p>Respecto al discurso biográfico –referencial-, cuyo objetivo primero es la semejanza con la realidad, le «son exigidas dos cualidades, que lo aproximan al discurso histórico: la exactitud y la fidelidad»<code><a href="#cita9">[9]</a></code>. Tal como el historiador, el biógrafo debe interpretar los documentos, las cartas, las declaraciones autobiográficas, las memorias, los testimonios, y pronunciarse sobre la confianza que tales fuentes le merecen. La credibilidad de la biografía está por tanto en íntima relación con «la objetividad» que debe presidir el cometido del biógrafo porque esta es uno de sus rasgos distintivos<code><a href="#cita10">[10]</a></code>.</p>
<p>La autobiografía, que se singulariza por la identidad del narrador y del personaje principal, es un texto auto-referencial. Además de constatar este hecho, interesa destacar la dualidad de la auto-referencia en el <em>discurso autobiográfico</em>. Efectivamente, «el estilo está ligado al presente del acto de escribir, y su valor auto-referencial reenvía por tanto al momento de la escritura, al yo actual. De este modo, la auto-referencia implícita puede constituir un obstáculo a la reproducción exacta y fiel de los acontecimientos pasados. Así, toda la autobiografía es una auto-interpretación, en que el estilo, al mismo tiempo que denuncia la intención de reconstruir el pasado conforme a un proyecto presente, señala la relación del escritor con su propio pasado»<code><a href="#cita11">[11]</a></code>. Con todo, el autobiógrafo a pesar del subjetivismo, del nivel de ficcionalidad que tenga su relato, adquiere el compromiso de «la autenticidad» que es uno de los rasgos distintivos de la autobiografía.</p>
<p>La objetividad de la biografía entronca con la «autoridad». Ya en el siglo XV «comienza a cobrar cuerpo la voz individual y comienza a ser reconocido por los otros el <strong>autor</strong>, la <em>auctoritas</em>»<code><a href="#cita12">[12]</a></code>. El “principio de autoridad”, que José Antonio Cordón entiende tan importante como el argumento del «pacto» (el referencial, el autobiográfico, el narrativo o novelesco). <em>Auctoritas</em> avalada por el hecho de la publicación que otorga reconocimiento y soslaya las desconfianzas<code><a href="#cita13">[13]</a></code>. Hoy más ostensible, si cabe, por «la progresiva <em>dimensión mercantil </em>de la escritura y un triunfo decisivo del <em>nombre de autor </em>como valor de comercio y garantía para el consumo»<code><a href="#cita14">[14]</a></code>.</p>
<p>La autenticidad de la autobiografía se encuentra estrechamente relacionada con la «coherencia», principio de racionalización que veremos más adelante, y lógicamente infiere con el «reconocimiento», a su vez muy relacionado con la autoridad, ya que el autor escribe amparado en aquélla [la autoridad], que le proporciona credibilidad, [..y..] persigue, en su inmensa mayoría, éste [el reconocimiento]<code><a href="#cita15">[15]</a></code>.</p>
<p>Se comparan así la autenticidad del personaje biográfico a la autenticidad del narrador autobiográfico: “biografía <em>versus</em> autobiografía”.</p>
<hr size="2" />
<p align="left"><span style="color: #0000ff;"><strong><span style="text-decoration: underline;">NOTAS:</span></strong></span></p>
<blockquote><p><a name="cita1"><code>[1]</code></a> Tal como sugiere el profesor <strong>Ricardo Senabre </strong>en su ponencia “Sobre el estatuto genérico de la biografía” del VII Seminario Internacional del ISLTYNT-UNED: «Los diccionarios señalan, con pocas variaciones, que <em>biografía</em> es la historia de la vida de una persona. Se trataría, pues, de una variante de la historia, que es propiamente la narración de los sucesos acontecidos en una colectividad —un pueblo, una cultura, una familia—, mientras que la biografía reduciría el panorama amplio de la historia al ámbito estrictamente individual. Sin embargo, y sin retroceder más allá de medio siglo, podemos encontrar el término aplicado a una ciudad —<em>Biografía de Buenos Aires </em>(1944), de Pablo Rojas Paz—, a una zona geográfica —<em>Biografía del Caribe</em> (1945), de Germán Arciniegas—, a un periódico —<em>Biografía de «La Época»</em> (1946), de Luis Araujo Costa—, a un restaurante madrileño —<em>Biografía de Lbardy</em> (1947), de Julia Mélida—, a una actividad intelectual —<em>Biografía de la filosofía</em> (1986). de Julián Marías— y a otras que no lo son tanto, como la <em>Biografía de las perversiones</em> (1973), de Carlos de Arce. Sin duda esto es posible desde que Spengler, en <em>La decadencia de Occidente</em>, afirmó que «las culturas son organismos» y que, en consecuencia, «la historia del mundo es su biografía general». Por eso puede haber biografías «particulares» —de países, de lugares, de instituciones—». En:<br />
&gt; <strong>Romera Castillo, José y Gutiérrez Carbajo (Eds.) </strong>(1998) <em>Biografías literarias (1975-1997). Actas del VII Seminario Internacional del Instituto de Semiótica Literaria, Teatral y Nuevas Tecnologías de la UNED</em>. Madrid: Visor Libros.)</p>
<p>En cuanto al <em><strong>biografismo</strong></em>: «necesidad, gusto por conocer acerca de las vidas humanas, de una vida singular», según <strong>Andrés Soria Ortega</strong> en su artículo:<br />
&gt; (1978) “El biografismo y las biografías: aspectos y perspectivas”. <em>1616. Anuario de la Sociedad Española de Literatura General y Comparada</em>, Vol. I, nº 1 de 1978. Madrid: Cátedra.<br />
En este trabajo el profesor Soria reivindica para la biografía moderna, al igual que postula Ricardo Senabre (véase nota 3), un espacio propio fronterizo entre la historia y la literatura. «La biografía no es una forma historiográfica popular y subsidiaria» y debe disociarse de la obra literaria, pues, «La literatura, que como tal producto está bajo graves sospechas, no tiene que ver con el biografismo». Y propone que el <em>espacio biográfico</em> «se dirigiese hacia otra meta brillante y autónoma: el arte». Andrés Soria, concluye así, tras sus estudios sobre el que estima más «profundo análisis de la biografía y el moderno biografismo, obra del pensador argentino José Luis Romero. En un ensayo, publicado en 1945, en el capítulo intitulado «La biografía como tipo historiográfico», formula casi todas las cuestiones en torno al problema». Se refiere a:<br />
&gt; <strong>Romero, José Luis </strong>(1945) <em>Sobre la biografía y la historia</em>. Buenos Aires: Sudamericana.</p>
<p>De ella resalta los tres tipos historiográficos que distingue José Luis Romero: «La historia de los, que historian una <em>comunidad</em> cualquiera (Heródoto, G. Villani, J. Michelet), la de aquéllos que historian la <em>totalidad</em> (Polibio, Voltaire) y, por último, los que acotan históricamente al <em>individuo </em>(los biógrafos). Romero apunta, a continuación, a uno de los más importantes aspectos del problema: la biografía está más próxima al gran público, a los lectores no especializados».</p>
<p>Sobre el «hibridismo» del género biográfico, que la profesora <strong>Belén Hernández</strong> en su comunicación “Dos tendencias biográficas de la literatura italiana actual” para el VII Seminario Internacional del ISLTYNT, concluye «como parte esencial de esta forma narrativa desde el momento en que se sirve de elementos ficcionales y de medios científicos elevados tanto en el plano intelectual como estético». También, en la misma ponencia mantiene con el ilustre escritor y pensador mexicano Alfonso Reyes el carácter fronterizo de la biografía: «El ejercicio creador consiste en el delicado juego entre los datos que posee el biógrafo y las lagunas que va rellenando a medida que avanza la trama, con su imaginación y su análisis crítico. Nótese que se vale de dos instrumentos, la imaginación y el análisis, que delimitan la frontera en la que Alfonso Reyes sitúa a la biografía: “La comunidad de tema humano entre la literatura y la historia, cuya frontera es la biografía”». En: <strong>Romera Castillo, José y Gutiérrez Carbajo (Eds.)</strong> (1998) ibid. p. 460. La cita de <strong>Alfonso Reyes</strong> se corresponde con su obra:<br />
&gt; (1983) <em>El deslinde</em>. México: Fondo de Cultura Económica.</p>
<p><a name="cita2"><code>[2]</code></a> Así podríamos describir la conciencia histórica, siguiendo a:<br />
<strong>Romero, José Luis </strong>(1945) <em>op. cit</em>. Del cual les sugiero leer &#8220;<a href="http://bibliologia.info/archivos/sobrebiografiaRomero.pdf" target="_blank">El despertar de la conciencia histórica</a>&#8221; pp. 173-187.</p>
<p><a name="cita3"><code>[3]</code></a> <strong>Rocha, Clara</strong> (1977) <em>O espaço autobiográfico em Miguel Torga</em>. Coimbra: Livraria Almedina. p. 53.</p>
<p><a name="cita4"><code>[4]</code></a> <strong>Rocha, Clara</strong> (1977) <em>ibid.</em> p. 53: «Así acontece, por ejemplo, en las Confesiones de san Agustín, en cuanto el narrador retrata un “yo” juvenil y aún no regenerado. En este caso, es una actitud de <em>antipatía</em>, resultante de la distancia temporal que separa el sujeto del objeto de la narración, que guía al escritor»</p>
<p><a name="cita5"><code>[5]</code></a> <strong>Torga, Miguel</strong> (1988) <em>Diario (1932-1987)</em>. Selección, traducción, índices y notas de <strong>Eloísa Álvarez</strong>. Madrid: Alianza. p. 75-76.</p>
<p><a name="cita6"><code>[6]</code></a> Para la biografía basta cotejar de nuevo la ponencia de <strong>Ricardo Senabre</strong> (1998) op. cit, p. 35: «Su dependencia de la historia es de tal naturaleza que brota precisamente de una determinada concepción del hombre y de la historia: aquélla que considera que la marcha de los pueblos se debe al impulso de individualidades egregias».</p>
<p>Para la autobiografía véase “<a href="http://bibliologia.info/archivos/crochaMascaras1.pdf" target="_blank">A explosão intimista na época contemporânea</a>” Capitulo 1 de: <strong>Rocha, Clara</strong> (1970) <em>Máscaras de Narciso. Estudos sobre a literatura autobiográfica em Portugal</em>. Coimbra: Livraria Almedina.</p>
<p><a name="cita7"><code>[7]</code></a> <strong>Miguel, Jesús M. de</strong> (1996) “Auto/biografías”. <em>Cuadernos Metodológicos</em>, nº 17 enero de 1996. Madrid: CIS-Centro de Investigaciones Sociológicas. pp. 49-51.</p>
<p><a name="cita8"><code>[8]</code></a> <strong>Rocha, Clara</strong> (1977) <em>ibid.</em> p. 54.</p>
<p><a name="cita9"><code>[9]</code></a> <strong>Rocha, Clara</strong> (1977) <em>ibid.</em> p. 55.</p>
<p><a name="cita10"><code>[10]</code></a> «la prueba definitiva de que nos hallamos ante una biografía es su correspondencia con la realidad […] cuando la biografía rebasa los estrechos límites de la historia, ya es otra cosa, aunque esa cosa tenga <em>forma</em> autobiográfica […] convendría reservar el término biografía a las puramente informativas, habitualmente salidas de la mano de historiadores o de periodistas, que se limitan a narrar datos fehacientes para permitir que el lector deduzca sus propias conclusiones y se forme su propia idea del biografiado». Pero, sin caer en ser una mera variante o subgénero de la historia, «en las biografías se aplican métodos de interpretación diferentes: materialistas, psicológicos, psicoanalíticos&#8230;» porque consiste: «en entender una vida»: <strong>Senabre, Ricardo</strong> (1998) <em>op. cit</em> pp. 35-36.</p>
<p><a name="cita11"><code>[11]</code></a> <strong>Rocha, Clara</strong> (1977) <em>ibid.</em> p. 55: «Al acentuarse la importancia del presente en el acto de escribir, el estilo parece estorbar a la fidelidad de las reminiscencias y contribuir al carácter arbitrario de la narración. En realidad, porque, el estilo autobiográfico vincula una y otra imagen de veracidad. Su originalidad puede agravar el peligro de inexactitud de los hechos relatados, mas acentúa la autenticidad actual del yo narrador. A través de un modo singular de elocución, éste va diseñando a lo largo de la escritura una imagen verdadera de su personalidad».</p>
<p><a name="cita12"><code>[12]</code></a> Uno de los aspectos argumentativos del desarrollo del biografismo que sostiene el profesor <strong>Miguel Ángel Pérez Priego</strong> en su ponencia “Sobre la biografía de los autores medievales” del VII Seminario Internacional del ISLTYNT-UNED. En:<br />
&gt; <strong>Romera Castillo, José y Gutiérrez Carbajo (Eds.)</strong> (1998) <em>op. cit</em> p. 58.</p>
<p><a name="cita13"><code>[13]</code></a> <strong>Cordón García, José Antonio [et al.] </strong>(2001) <em>Manual de investigación bibliográfica y documental. Teoría y práctica</em>. Madrid: Pirámide. p. 222-223: «La mayoría de los escritos biográficos están realizados por intelectuales identificados y reconocidos, imbuidos de un componente que impregna poderosamente a todos los sectores sociales y que se erige en factor de confianza básica en la transmisión social del conocimiento: éste es la Autoridad. La actual división del trabajo intelectual, y sobre todo sus derivaciones mediáticas, vía prensa, radio y televisión, parece exigir que una persona acepte las percepciones, el razonamiento y las recomendaciones de otra simplemente sobre la base de su posición, en nuestro caso de la representatividad cognitiva que se le presupone. A medida que la sociedad se hace más compleja, más especializada y diferenciada, mayor es también la distancia que separa al ser social de la conciencia social. A través del intelectual los colectivos se exploran, se analizan, se descubren, de tal forma que éste contribuye a la autotransparencia ajena, al tiempo que busca aprecio y estatus propio. Pero este papel emergente del intelectual sólo se puede desarrollar a cambio de una fuerte transferencia de reconocimiento sobre su autoridad cognitiva. […] El principio de autoridad sería de todas formas poco eficaz si no se viera reforzado el sujeto enunciador por un medio cuyo prestigio está profundamente arraigado en la estructura interna del subsconsciente colectivo. La fascinación por la palabra impresa opera como una instancia de persuasión formal, de la misma naturaleza que la que subyace en el resto de los medios de comunicación. El hecho de ser publicado constituye un a priori argumental que desarma prevenciones desconfiadas, como las que puede suscitar la interlocución, y predispone a esa confianza delegada por la autoridad».</p>
<p><a name="cita14"><code>[14]</code></a> <strong>Pozuelo Yvancos, José María</strong> (2006) <em>De la autobiografía. Teoría y estilos</em>. Barcelona: Crítica. p.47: «El mercado editorial es, cada vez más, un mercado de nombres propios y el mayor problema de cualquier autor que empiece es, paradójicamente, el de hacerse un nombre».</p>
<p>Esto nos lleva a los planteamientos enseñados por el profesor <strong>Cordón</strong> en su asignatura de <em>Industria editorial</em> en la Facultad de Traducción y Documentación de la Universidad de Salamanca: el panorama actual de la edición, los entresijos y funcionamiento del mundo editorial, la visibilidad de los autores y la sociología de la cultura, específicamente la sociología del campo literario. La explicación de la obra y legado del sociólogo francés <strong>Pierre Bourdie</strong>, especialmente de su obra:<br />
&gt; (1995) <em>Las reglas del arte. Génesis y estructura del campo literario</em>. Traducción de Thomas Kauf. Barcelona: Anagrama, 1995. De ella pueden leer su “<a href="http://bibliologia.info/archivos/postBourdieu.pdf" target="_blank">Post-scriptum</a>”.</p>
<p><a name="cita15"><code>[15]</code></a> <strong>Cordón García, José Antonio [et al.]</strong> (2001) <em>op. cit</em> p. 223.</p></blockquote>
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		<title>Autenticidad. La jerarquización de las relaciones identidad / semejanza</title>
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		<pubDate>Sun, 18 May 2008 17:48:08 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José María Vivancos</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Escrituras del «yo»]]></category>

		<category><![CDATA[Principal]]></category>

		<category><![CDATA[autenticidad]]></category>

		<category><![CDATA[autobiografías]]></category>

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		<category><![CDATA[pacto referencial]]></category>

		<category><![CDATA[semejanza]]></category>

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		<description><![CDATA[Identidad no es sinónimo de semejanza. Tal como señala Lejeune, “la identidad” es un hecho aprehensible en la enunciación, “la semejanza” es una relación establecida a partir del enunciado. La identidad implica solo tres términos: autor, narrador y el personaje. Para que exista semejanza, por el contrario, debe entrar en juego un cuarto término, de [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Identidad no es sinónimo de semejanza. Tal como señala Lejeune, “la identidad” es un <em>hecho </em>aprehensible en la enunciación, “la semejanza” es una relación establecida a partir del enunciado. La <em>identidad</em> implica solo tres términos: <em>autor, narrador y el personaje</em>. Para que exista semejanza, por el contrario, debe entrar en juego un cuarto término, de naturaleza extratextual, el <em>modelo</em>. Por “modelo” entiende Lejeune el prototipo “lo real al que el enunciado quiere <em>asemejarse</em>”.</p>
<p>Con respecto a todo el resto de formas de ficción, la biografía y la autobiografía tienen en común la característica de que son textos <em>referenciales</em>. Esto quiere decir que, tal como los textos científicos o históricos, pretenden producir una imagen de la <em>realidad</em>, y no sólo el “efecto de lo real” –mera verosimilitud-. El objetivo es retratar una <em>realidad</em> exterior y someterse a una prueba de <em>verificación</em>.<span id="more-198"></span></p>
<blockquote><p><em>Coimbra, 2 de noviembre de 1988</em>. Decididamente, muero<br />
incomprendido. ¿Quién va a entender ciertas reacciones,<br />
ciertas actitudes, ciertas palabras a que me obligan cuando<br />
menos lo espero? No sé qué daría por no haber tenido que<br />
decir lo que le he dicho hoy a un bienaventurado pobre de<br />
espíritu que se toma en serio. Pero callarme sería pactar.<br />
Y yo no puedo pactar ni conmigo mismo. Mi autenticidad<br />
exige mi sinceridad. Y tengo que pagar el precio de esta<br />
autoconciencia y de esta franqueza sin contemplaciones:<br />
ser en el mundo un eremita que convive.<code><a href="#cita1">[1]</a></code></p></blockquote>
<p>Lejeune apela al <em>pacto referencial</em><code><a href="#cita2">[2]</a></code>. En la biografía el pacto referencial debe ser <em>concluido y mantenido</em>, de modo que el resultado conlleva un orden de estricta semejanza, en la autobiografía la semejanza puede evaporarse, sin que ello suponga la anulación del valor referencial del texto. La autobiografía implica la identidad del <em>autor</em> y del <em>narrador</em>; es esa identidad la que conlleva una cierta forma de semejanza entre el <em>personaje</em> y el <em>modelo</em>. Por el contrario, la relación que une el <em>personaje</em> biográfico al <em>modelo</em> (prototipo extratextual: la vida del <em>personaje</em> “tal como ha sido”) es, en primer lugar una relación de identidad, pero sobre todo de semejanza.</p>
<p>Así que, «lo que va oponer la biografía y la autobiografía es la jerarquización de las relaciones de semejanza y de identidad»; la semejanza desempeña en la autobiografía una función secundaria, es una consecuencia de la identidad –y esta es una de las razones por las que aceptamos buenamente constatar desemejanzas entre el <em>personaje</em> y el <em>modelo</em> en ciertos escritos autobiográficos-, y en la biografía una función primordial, ya que el <em>personaje</em> biográfico solo encuentra razón de ser en su semejanza con el <em>modelo</em>.</p>
<p>El <em>modelo</em> extratextual puede confundirse, en la autobiografía, con la persona del <em>autor</em>, situado igualmente en un espacio exterior al texto. Precisamente en la convergencia del <em>modelo</em> y el <em>autor</em> se asienta el carácter <em>unilateral </em>de la “referencia” autobiográfica. Mientras que, en la biografía la “referencia” extra-texto es <em>bilateral</em> (<em>autor</em> y <em>modelo</em> son elementos independientes y diferenciados)<code><a href="#cita3">[3]</a></code>.</p>
<p style="text-align: center;"><img style="vertical-align: middle;" src="http://bibliologia.info/archivos/img154.jpg" alt="" width="408" height="314" /></p>
<p>Podemos constatar, con Lejeune, que la fórmula biográfica se caracteriza por ser una relación lineal, la de la autobiografía al derivar de la articulación de identidad y semejanza es una relación de relaciones, imposible de ser representada linealmente. En estas raíces formales y estructurales ahonda la “escritura y la existencia”. De aquí la “búsqueda de identidad”, la “re-construcción de la vida”, la “legitimación y racionalización” del discurso, la “autenticidad”<code><a href="#cita4">[4]</a></code>:</p>
<blockquote><p><em>Coimbra, 2 de octubre de 1990</em>. He luchado toda mi vida<br />
para ser libre. Pero no he conseguido más que preservar<br />
mi identidad.</p>
<p><em>Coimbra, 17 de agosto de 1993</em>. Espero, espero. Y ya lo<br />
hago sólo por dos fortunas: el último verso y el postrer<br />
latido de mi corazón. Los versos que van surgiendo son<br />
lo que pueden ser, pero ninguno es ese definitivo,<br />
totalmente revelador. Y mis pulsaciones cardiacas,<br />
estimuladas por nitratos, digitalina e impulsos electrónicos,<br />
lo que hacen es simplemente dificultarle el camino a la<br />
natural que ha de desmentirlas a todas. De todos modos,<br />
pacientemente, espero. Quiero ser auténtico hasta el final,<br />
y llevarme las pruebas de que lo he sido verdaderamente,<br />
para identificarme y avalarme, si fuera necesario, en el<br />
cielo o en el infierno.<code><a href="#cita5">[5]</a></code></p></blockquote>
<pre>  </pre>
<hr size="2" />
<p align="left"><span style="color: #0000ff;"><strong><span style="text-decoration: underline;">NOTAS:</span></strong></span></p>
<blockquote><p><a name="cita1"><code>[1]</code></a> <strong>Torga, Miguel </strong>(1997) <em>Diario II (Últimas páginas. 1987-1993)</em>. Traducción, índices y notas de <strong>Eloísa Álvarez</strong>. Madrid: Alfaguara-Santillana. p. 105.</p>
<p><a name="cita2"><code>[2]</code></a> Según <strong>Lejeune, Philippe</strong> (1994) <em>El pacto autobiográfico y otros escritos</em>. Madrid: Megazul-Endymion.p. 64: «Todos los textos referenciales conllevan, por lo tanto, lo que yo denominaría &#8220;pacto referencial&#8221;, implícito o explícito, en el que se incluyen una definición del campo de lo real al que se apunta y un enunciado de las modalidades y del grado de parecido a los que el texto aspira»</p>
<p><a name="cita3"><code>[3]</code></a> La pura <em>referencia textual</em> relaciona los distintos términos del texto con la realidad. La biografía y la autobiografía son textos referenciales, esto es, reenvían a una realidad extratextual.</p>
<p><a name="cita4"><code>[4]</code></a> «Vemos entonces que la relación designada por &#8220;=&#8221; no es en absoluto una <em>relación simple</em>, sino sobre todo una <em>relación de relaciones</em>; significa que el <em>narrador</em> es al <em>personaje</em> (pasado o actual) lo que el <em>autor</em> es al <em>modelo</em>; vemos que esto implica que el término último de verdad (si razonamos en términos de semejanza) no puede ser el ser-en-sí del pasado (si tal cosa existe), sino el ser-para-sí, manifestado en el presente de la enunciación. Si el <em>narrador </em>se equivoca, miente, olvida o deforma en relación a la historia (lejana o casi contemporánea) del <em>personaje</em>, ese error, mentira, olvido o deformación tienen simplemente, si los percibimos, valor de aspectos, entre otros, de una enunciación que permanece auténtica. Llamamos <strong><em>autenticidad</em></strong> a esa relación interior propia del empleo de la primera persona en la narración personal; no se la confundirá ni con la <em>identidad</em>, que remite al nombre propio, ni con la <em>semejanza</em>, el cual supone un juicio de similitud entre dos imágenes diferentes, emitido por una tercera persona». De:<br />
&gt; <strong>Lejeune, Philippe</strong> (1994) <em>ibid</em>.  pp. 81-82.<br />
El subrayado es mío, para destacar esta cualidad fundamental en la «escritura del yo»: la autenticidad. Los gráficos están basados en los esquemas de Lejeune (pp. 78-79). Y he preferido el término “semejanza” al de <em>parecido</em> utilizado en la traducción española, que no ha sido una ocurrencia personal, se la debemos a la <em>semelhança</em> que usa la profesora Rocha.</p>
<p><a name="cita5"><code>[5]</code></a> <strong>Torga, Miguel</strong> (1997) op. cit pp. 161 y 263.</p></blockquote>
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		<title>El pacto autobiográfico. Las marcas pronominales o partículas  deícticas</title>
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		<pubDate>Thu, 15 May 2008 17:05:35 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José María Vivancos</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Escrituras del «yo»]]></category>

		<category><![CDATA[Poesía Iberoamericana]]></category>

		<category><![CDATA[Principal]]></category>

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		<description><![CDATA[Durante tiempo se ha visto como rasgo importante del texto autobiográfico el que se encuentre escrito en primera persona – escribo yo - con la intención de dar más verosimilitud al texto (narración autodiegética), mientras de la biografía clásica que esté escrita en tercera persona gramatical (heterodiegética)[1], haciendo gala de su carácter científico. Hoy se [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Durante tiempo se ha visto como rasgo importante del texto autobiográfico el que se encuentre escrito en primera persona – escribo yo - con la intención de dar más verosimilitud al texto (narración <em>autodiegética</em>), mientras de la biografía clásica que esté escrita en tercera persona gramatical (<em>heterodiegética</em>)<code><a href="#cita1">[1]</a></code>, haciendo gala de su carácter científico. Hoy se sigue enseñando en las aulas universitarias la conveniencia de no personalizar los escritos o documentos, tendiéndose a utilizar el impersonal (“se analiza”, “se concluye”, “se observa”, etc.). Y en muchas ocasiones «la reflexividad es un instrumento necesario para presentar el yo en la vida cotidiana»<code><a href="#cita2">[2]</a></code>.</p>
<p>Este argumento de los caracteres de la voz narrativa no es erróneo, pero como se verá es claramente insuficiente para clasificar la escritura del yo. Del análisis de los propios textos a lo largo de la historia literaria, se extraen numerosos testimonios – narrativa <em>homodiegética</em> – de que el narrador, registrado en primera persona, acude en el discurso a relatar episodios biográficos de un personaje principal distinto a él. También ocurre que dándose la identidad del narrador y del personaje principal, el narrador no usa la primera persona gramatical y acude a la tercera persona, incluso al “tu” y a combinar las formas nominales, distintos procedimientos para dar la sensación de objetividad y distanciamiento púdico/irónico o causar efectos de desdoblamiento de personalidad<code><a href="#cita3">[3]</a></code>.<span id="more-197"></span></p>
<p>Situaciones frecuentes en el acto autobiográfico donde se: «conjuga una <em>experiencing self</em> y un <em>narrating self</em>, un <em>yo</em> que experimenta los hechos relatados y otro <em>yo</em> que narra esos hechos con cierta distancia temporal y vivencial»<code><a href="#cita4">[4]</a></code>. O sencillamente los escritos literarios en primera persona gramatical que no ponen de relieve a un personaje autobiográfico. «Elisabeth W. Bruss demuestra que durante ciertos periodos de la historia de la literatura no se establece una distinción entre “una primera persona” idealizada y un autor-héroe autobiográfico particular»<code><a href="#cita5">[5]</a></code>, remitiendo a los salmos del Antiguo Testamento – narrativa <em>metadiegética</em>-<code><a href="#cita6">[6]</a></code>.</p>
<p>Así que resulte necesario recurrir a otro criterio, para fundamentar la distinción biografía/autobiografía, el de la jerarquización de las relaciones de semejanza y de identidad que se establecen entre el narrador y el personaje principal. Para ello es imprescindible acudir a Philippe Lejeune, y a su <a href="http://www.autopacte.org/pacte_autobiographique.html" target="_blank"><em>Le pacte autobiographique</em></a>, donde demuestra que la autobiografía canónica se caracteriza por la identidad  <em>autor = narrador = personaje</em>.</p>
<p>Justamente, «<em>el pacto autobiográfico</em><code><a href="#cita7">[7]</a></code>es la afirmación en el texto de esta identidad». Y reservando la fórmula <em>autor = narrador ≠ personaje</em>, para la «autobiografía en tercera persona»:</p>
<p style="padding-left: 270px;"><img class="alignright" style="float: right;" src="http://bibliologia.info/archivos/img152.jpg" alt="" width="390" height="220" /><code><a href="#cita8">[8]</a></code></p>
<p>Gérard Genette, que ha sabido explotar las distintas posibilidades a que da lugar la relación triangular de Lejeune, propone una configuración muy interesante de asociación de los discursos con las cuestiones de voz y los vínculos entre narrador y autor, que podemos ver en el siguiente cuadro con cinco figuras lógicas y coherentes partiendo de la doble fórmula:</p>
<p style="padding-left: 60px;"><em>Autor <strong>=</strong> Narrador</em> <em><strong>→</strong></em> <em>discurso factual</em> (histórico) = <em>dicción</em><br />
<em>Autor</em> <strong>≠</strong> <em>Narrador</em> <em><strong>→</strong></em> <em>discurso ficcional</em> (literario) = <em>ficción</em></p>
<p><code><a href="#cita9">[9]</a></code><br />
<img class="alignleft" style="float: left;" src="http://bibliologia.info/archivos/img153.jpg" alt="" width="396" height="250" /></p>
<pre></pre>
<p>A = N = P = A</p>
<p>A = N ≠ P ≠ A</p>
<p>A ≠ N = P ≠ A</p>
<p>A ≠ N ≠ P = A</p>
<p>A ≠ N ≠ P ≠ A</p>
<pre></pre>
<p>De acuerdo con la profesora Rocha: «La presencia de partículas deícticas, el parámetro espacial en la situación del discurso y la indicación sistemática de nombres propios son procesos de utilización casi inevitables, que contribuyen para reducir la ambigüedad en el proceso de identificación del sujeto enunciador»<code><a href="#cita10">[10]</a></code>, pero no suficientes para explicar la oposición biografía/autobiografía.</p>
<blockquote><p><em>Vila Nova, 10 de octubre de 1936</em>. Un Diario no es esto. Para<br />
Diario, el de aquel inglés que, para que nadie pudiera leérselo,<br />
llegó a inventar un lenguaje cifrado.<br />
¡Qué no diría yo aquí si pudiese escribir en cifra!</p>
<p><em>Coimbra, 22 de mayo de 1982</em>. Mantener este registro<br />
de mis días hasta el último día. No con la vana pretensión<br />
de completar un testimonio de mi época, sino para,<br />
con el mismo acto clarificador de la escritura, aclarar en<br />
mi espíritu, junto a momentos poco significativos, otros<br />
que serán cruciales en mi vida. Con la obsesión del final<br />
que los hace cada vez más contingentes, y con esa precariedad<br />
que los hace cada vez más agónicos. Mi juego con<br />
la muerte ha sido siempre en serio, pero el cargador del<br />
revólver no tenía más que una bala. Ahora tiene varias.<code><a href="#cita14">[11]</a></code></p></blockquote>
<pre></pre>
<hr size="2" />
<p align="left"><span style="color: #0000ff;"><strong><span style="text-decoration: underline;">NOTAS:</span></strong></span></p>
<blockquote><p><a name="cita1"><code>[1]</code></a> La concepción clasificatoria de la narración en función de las “voces” que <strong>Gérard Gennete</strong> establece para las obras de ficción en: (1993) <em>Ficción y dicción</em>. Barcelona: Lumen.</p>
<p><a name="cita2"><code>[2]</code></a> <strong>Miguel, Jesús M. de</strong> (1996) “Auto/biografías”. <em>Cuadernos Metodológicos</em>, nº 17 enero de 1996. Madrid: CIS Centro de Investigaciones Sociológicas.</p>
<p><a name="cita3"><code>[3]</code></a> <strong>Romera Castillo, José </strong>(2006) <em>De primera mano. Sobre escritura autobiográfica en España (siglo XX)</em>. Madrid: Visor Libros.<br />
Ejemplos de usos y combinaciones de la personas gramaticales (yo, tú, él-ella, nosotros y formas impersonales):<br />
- las Memorias de <a href="http://www.escritores.org/goytisolo.htm" target="_blank">Juan Goytisolo</a>: (1985) <em>Coto vedado </em>y (1986) <em>En los reinos de taifa</em>. Barcelona: Seix Barral. (1993) Diario de Sarajevo. Madrid: El País/Aguilar.<br />
- <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Jorge_Sempr%C3%BAn" target="_blank">Semprún, Jorge</a> (1982) <em>Autobiografía de Federico Sánchez</em>. Barcelona: Planeta<br />
- <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Albert_Boadella" target="_blank">Boadella, Albert</a> (2001) <em>Memorias de un bufón</em>. Madrid: Espasa Calpe.</p>
<p><a name="cita4"><code>[4]</code></a> <strong>Rocha, Clara</strong> (1977) <em>O espaço autobiográfico em Miguel Torga</em>. Coimbra: Livraria Almedina. Y cita el caso de <em>Roland Barthes par Roland Barthes</em> un ejemplo de escritura heterodiegética. p. 46</p>
<p><a name="cita5"><code>[5]</code></a> Según <strong>Rocha, Clara</strong> (1977) ibid. p. 48</p>
<p><a name="cita6"><code>[6]</code></a> <strong>Estébanez Calderón, Demetrio</strong> (1996) <em>Diccionario de términos literarios</em>. Madrid: Alianza.<br />
«<strong>Diégesis</strong>. Término griego, que significa relato o exposición, con el que se designa la sucesión cronológica de las acciones y acontecimientos que constituyen una historia narrada o representada. El término <em>diegesis</em> aparece en Platón con el sentido de simple relato de una historia (sin diálogos), frente al de <em>mimesis</em>, o imitación de esa historia que representarían los personajes en un drama. En la narratología contemporánea, G. Genette considera la diégesis como el contenido narrativo constituido por los acontecimientos: en ese sentido, <em>diégesis</em> sería sinónimo de <em>historia</em>, término utilizado por <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Tzvetan_Todorov" target="_blank">Tzvetan Todorov</a> . La <em>diégesis</em> se diferencia del <em>relato</em> (conjunto de palabras que forman el discurso o enunciado del narrador) y de la <em>narración</em>, que es el &#8220;acto narrativo&#8221; productor del relato (G. Genette, 1972). Atendiendo a la posición del narrador de una historia frente a los acontecimientos relatados, el mencionado crítico habla de relato <em>homodiegético</em>, cuando el narrador es un personaje que participa en la historia que cuenta; si está fuera de la misma, se trataría de un relato <em>heterodiegético</em>; en el caso de que el narrador fuera el protagonista de dicha historia, el relato sería <em>autodiegético</em>. Se habla de relato <em>metadíegético</em> cuando se trata de una narración subordinada o de segundo grado: p. e., en <em>Las mil y una noches</em>, Sherezade, que es un personaje introducido en la historia por el narrador primero (<em>extradiegético</em>), se convierte ella misma en narradora de nuevos relatos que son, por tanto, <em>metadiegéticos</em> (en terminología de G. Genette), es decir, relatos subordinados o de segundo grado.»</p>
<p><a name="cita7"><code>[7]</code></a> De <strong>Lejeune, Philippe</strong> (1994) E<em>l pacto autobiográfico y otros escritos</em>. Madrid: Megazul-Endymion. p. 65: «La identidad de nombre entre autor, narrador y personaje puede ser establecida de dos maneras:<br />
1. <em>Implícitamente</em>, en la conexión autor-narrador, con ocasión del <em>pacto autobiográfico</em>, la cual puede tomar dos formas: a) empleo de <em>títulos</em> que no dejan lugar a dudas acerca del hecho de que la primera persona nos remite al nombre del autor (<em>Historia de mi vida</em>, <em>Autobiografía</em>, etc.); b) <em>sección inicial </em>del texto en la que el narrador se compromete con el lector a comportarse como si fuera el autor, de tal manera que el lector no duda de que el &#8220;yo&#8221; remite al nombre que figura en la portada, incluso cuando el nombre no se repita en el texto.<br />
2. <em>De manera patente</em>, en el nombre que se da el narrador-personaje en la narración, y que coincide con el del autor en la portada.<br />
Es necesario que la identidad sea establecida al menos por uno de esos dos medios; muchas veces es establecida por los dos al mismo tiempo.»</p>
<p><a name="cita8"><code>[8]</code></a> De <strong>Lejeune, Philippe</strong> (1994) ibid.  p. 55</p>
<p><a name="cita9"><code>[9]</code></a> En <strong>Gennete, Gérard </strong>(1993) op. cit p. 67</p>
<p><a name="cita10"><code>[10]</code></a> Según <strong>Rocha, Clara</strong> (1977) ibid. p. 47</p>
<p><a name="cita11"><code>[11]</code></a> <strong>Torga, Miguel</strong> (1988) <em>Diario (1932-1987)</em>. Selección, traducción, índices y notas de <strong>Eloísa Álvarez</strong>. Madrid: Alianza. p. 20 y 417.</p></blockquote>
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		<title>Biografía - Autobiografía</title>
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		<pubDate>Sun, 11 May 2008 17:39:39 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José María Vivancos</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Escrituras del «yo»]]></category>

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		<description><![CDATA[La «escritura del yo» ha experimentado, en las últimas décadas, una verdadera eclosión –“A explosão intimista na época contemporânea”[1]-, al unísono un incremento importante en estudios sobre ella, basta con ver las secciones de novedades de las grandes librerías y los catálogos de las más importantes editoriales[2]. Las tendencias del mercado editorial revelan un crecimiento [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>La «escritura del yo» ha experimentado, en las últimas décadas, una verdadera eclosión –“<a href="http://bibliologia.info/archivos/crochaMascaras1.pdf" target="_self">A explosão intimista na época contemporânea</a>”<code><a href="#cita1">[1]</a></code>-, al unísono un incremento importante en estudios sobre ella, basta con ver las secciones de novedades de las grandes librerías y los catálogos de las más importantes editoriales<code><a href="#cita2">[2]</a></code>. Las tendencias del mercado editorial revelan un crecimiento sostenido (superior al 5% anual) de la producción biográfica, para comprobarlo consúltese <a href="http://www.mcu.es/libro/MC/PEE/index.html" target="_blank"><em>La Panorámica de la Edición Española de Libros</em></a>. Las estadísticas y clasificaciones oficiales propician la confusión, entre “lo biográfico y lo autobiográfico&#8221;, al englobarse todas las publicaciones bajo el epígrafe: “Historia. Biografía”. O en la <a href="http://www.udcc.org/" target="_blank">CDU</a> con un registro común<em> 82-94 </em>para el conjunto de la <em>Historia como género literario</em>.</p>
<p>El propio término “Autobiografía” delata como esta palabra deriva claramente de la primera de “Biografía”. De acuerdo con Georges May, «uno puede preguntarse si no sucede lo mismo con las formas literarias que ambas designan»<code><a href="#cita3">[3]</a></code>: <em>relatos de vida, novelas históricas, retratos, memorias, biografías propiamente dichas o biografías literarias, </em>etc. Historias o <em>documentos personales</em>, como los denomina el sociólogo Ken Plummer<code><a href="#cita4">[4]</a></code>, que estudiados por el español Juan José Pujadas, se pueden definir como: «todo aquel conjunto de registros escritos que reflejan una trayectoria humana o que dan noticia de la visión subjetiva que los sujetos tienen de la realidad circundante, así como de su propia existencia»<code><a href="#cita5">[5]</a></code>.<span id="more-196"></span></p>
<p>Otro de los grandes intelectuales que han dedicado estudios a esta temática, <a href="http://www.asmp.fr/fiches_academiciens/STAROBINSKI.HTM" target="_blank">Jean Starobinski</a>, ha definido la <em>autobiografía</em> como «la biografía de una persona hecha por ella misma»<code><a href="#cita6">[6]</a></code>. La más explícita de las definiciones de <em>biografía</em> es la de Daniel Madelénat: «Relato escrito u oral, en prosa, que un narrador hace de la vida de un personaje histórico (poniendo el acento sobre la singularidad de una existencia individual y la continuidad de una personalidad)»<code><a href="#cita7">[7]</a></code>. Conviene diferenciarlas de la <em>historia de vida</em> (en francés <em>histoire de vie</em>): «estudio de caso referido a una persona dada, comprendiendo no sólo su narración biográfica, sino cualquier otro tipo de información o documentación adicional que permita la reconstrucción de dicha biografía de la forma más exhaustiva y objetiva posible» (Pujadas; 1992). «La historia de vida no es nunca de una sola vida» y suelen ser contadas por  científicos sociales (antropólogo social, sociólogo, psicólogo social, etc.)<code><a href="#cita8">[8]</a></code>.</p>
<blockquote><p><em>Vila Nova, 7 de octubre de 1936</em>. Ante mí, una hoja de papel<br />
en blanco, esperando; dentro de mí, esta angustia, esperando:<br />
y no escribo nada. La vida no se ha hecho para ser escrita. La<br />
vida —esta intimidad profunda, este existir sin remedio, esta<br />
noche de pesadilla que ni consigue aclararnos por qué ha sido<br />
así— es para ser vivida, y no para hacer con ella literatura.<code><a href="#cita9">[9]</a></code></p></blockquote>
<p>La simple «descripción de un personaje» es un <em>retrato</em>, donde se combinan sus rasgos físicos y su carácter, donde puede predominar la descripción física (<em>prosopografía</em>) o centrarse «en la presentación del “interior” del individuo, del sustrato anímico y espiritual que guía su co