Diarios. Memoria e historia [3]
Escrituras del «yo», Principal Septiembre 6th, 2008Merced a recuerdos y olvidos se plasma lo autobiográfico. Justo ahora podemos retornar al artículo del Diarismo, introductorio a esta serie sobre la Escritura del yo y la Poética de Miguel Torga, para concretar y explicar mejor la relación de la memoria con la escritura del yo, que decíamos era la que subtiende las diversas expresiones del genero memorialístico. Una memoria que no es historia. Son los recuerdos y olvidos autobiográficos los que constituyen y organizan nuestra biografía. Y en el caso de los escritores, como dice Francisco Ayala: «la biografía de un escritor consiste en sus escritos».
Procuro que no me queden muchas cosas en la memoria porque
vivo para el futuro. Y el futuro para mí ahora es un muro, una
pared. Yo no quiero recordar. Ya escribí ese libro, Recuerdos y
olvidos. Con más recuerdos que olvidos, a decir verdad.
Los recuerdos a veces son como un martirio.
El pasado no lo tengo ya, se muere. Recuerdo una cosa y al día
siguiente la recuerdo de otro modo y es otra cosa. Cada recuerdo
es una experiencia pasada que no tiene vigencia, no tiene
inmovilidad. No es que sea una estatua, es una película.
A veces está bien que la vida vaya conduciéndolo a uno a los
disparates. Porque eso es la literatura. Yo digo que la literatura
es lo esencial, lo básico. Todo lo que no sea literatura no existe.
Porque, ¿dónde está la realidad? Un árbol lo es porque uno lo está
nombrando. Y al nombrarlo está suscitando la imagen inventada
que teníamos. Pero si no lo nombras el árbol no existe.[1]
Convendría definir la memoria y sus distintas taxonomías, para ello les remito a una bibliografía básica que el profesor Ruiz-Vargas nos ofrece en su ponencia “Claves de la memoria autobiográfica”. Quedémonos con su apreciación relativa a la memoria episódica, en la que «la información está organizada en torno a un episodio vivido y su recuperación implica necesariamente que las claves disponibles formasen también parte del contexto de codificación […] fundamental para entender tanto el recuerdo como el olvido de la información episódica»; y en los trabajos recientes de Tulving que manifiestan la singularidad del sistema que caracteriza la memoria episódica: «que es el único orientado hacia el pasado […] y que la evocación o rememoración episódica va acompañada de “conciencia autonoética”» En base a ello, Tulving, considera que la función de la memoria episódica es «la recuperación consciente del pasado personal»[2].
Memoria episódica o “recuerdos y olvidos autobiográficos”. Hannah Arendt nos dijo que pensar sobre un suceso es recordarlo, que «de otro modo se olvida, y que dicho olvido pone en peligro la significatividad de nuestro mundo», que el «sentido específico de un suceso que tuvo lugar en el pasado permanece potencialmente vivo en la imaginación reproductiva»[3]. En La memoria, la historia, el olvido[4] Paul Ricoeur centra y clarifica la problemática de la narración histórica y la temática que nos ocupa. La necesidad de reflexionar sobre el «doble sentido del término historia, como conjunto de acontecimientos sucedidos y conjunto de informes sobres esos acontecimientos»[5].
Coimbra, 28 de diciembre de 1989. Ha sido una suerte vivir tanto
como he vivido. Ochenta y dos años que parecen de ficción. No
sin cierto esfuerzo, es verdad, pero no me he perdido ningún
acontecimiento. Y mi memoria está llena de imágenes insólitas,
que van de las terrazas de viñedos del Duero a las selvas tropicales,
de las llanuras de Castilla taladas por la Guerra Civil a los campos
de concentración y de exterminio, de los áridos paisajes lunares a
los desiertos africanos, del telón de acero a las plazas abiertas de
las contestaciones en el Este. Todas me han maravillado u
horrorizado, y han condicionado los pasos que he dado. Pero son
sobre todo las últimas las que más le agradezco al destino.
Medularmente confiado, siempre las he esperado, incluso en los
peores momentos. Con lo que no contaba era con tener la dicha de
contemplarlas en vida, tan elocuentes y con tan buenos auspicios.
No significarán todavía la conversión del mundo en un paraíso. Pero
son, ciertamente, un amplio camino abierto hacia una existencia
colectiva de paz, libertad y justicia social. Ya era hora. Después de
tanto sufrimiento y tanta lucha, la humanidad bien merece este
momento de esperanza. Ojalá el futuro no lo desmienta. Yo, que
tengo mis días cumplidos, lo que puedo hacer es bendecirlo y
guardarlo celosamente en ese cofre que es mi espíritu junto a otros
tan significativos que, a veces incluso a contrapelo, lo han
impresionado y enriquecido. Soy un archivo de vivencias. Miguel Torga[6]El poema de los 82 años
Ha pasado casi un siglo.
Soy un señor muy antiguo.
O mejor,
lo que queda de un señor:
unos restos
desvaídos,
algún gesto
que pretende ser cortés.
Es poco, pero algo es.Dicen que el agua pasada
no mueve molino.
Pero el río de la vida
que pasó
sigue moliéndome vivo,
hecho polvo
enamorado
del agua. Del agua aquella,
cuyo murmullo lejano
aún oye mi corazón. Ángel González[7]
«El olvido es el reto por excelencia opuesto a la ambición de fiabilidad de la memoria [se encuentra…] en el polo opuesto a este pequeño milagro de memoria feliz constituida por el reconocimiento actual del recuerdo pasado». Según Ricoeur existe el “olvido por destrucción de las huellas” y el “olvido de reserva”, y distingue tres tipos de huellas: la huella escrita (que se convierte mediante la operación historiográfica) en documental; la huella psíquica (la impresión o afección) o marca de un acontecimiento y la huella cerebral (de la que tratan las neurociencias). Y que las huellas materiales: documental y cerebral, pueden ser alteradas psíquicamente, borradas o destruidas. El “olvido de reserva”, es un olvido positivo, es como la existencia inconsciente del recuerdo[8].
La memoria no es historia. Aunque, la desmemoria es olvidar la historia. La memoria y el olvido son recursos para los que narramos la historia de una vida, sea nuestra o ajena. Afirma Antonio Muñoz Molina: «En una autobiografía un escritor cuenta sus pecados veniales. Para contar los mortales inventa una ficción»[9]. Al final, como siempre, depende de la condición humana[10], de que sí el yo interior del escritor coincide o es distinto del que vive en sociedad. Con razón Paul Ricoeur escribe, en la última página de su libro antes citado, la siguiente nota:
En la historia, la memoria y el olvido.
En la memoria y el olvido, la vida.
Pero escribir la vida es otra historia.
Inconclusión.
NOTAS:
Cruz, Juan (2007) “Soy el mismo que se ríe de sí mismo”. Entrevista Francisco Ayala. Escritor. EL PAÍS, viernes 16 de marzo de 2007, p. 53.
> Les invito a leer: “Prólogo a la edición de 1988”. “Prólogo a esta nueva edición” [de 2006]. “Un siglo entero” [Madrid, 17.10.2005, pp. 547-553] y “Una muerte propia” [6.01.1996, pp. 656-660]: Ayala, Francisco (2006) Recuerdo y olvidos (1906-2006). Madrid: Alianza.Ruiz-Vargas, José María (2004) “Claves de la memoria autobiográfica”. En: Fernández Prieto, Celia y Hermosilla Álvarez, Mª Ángeles (eds.) Autobiografía en España: un balance. Actas del congreso Internacional celebrado en la Facultad de Filosofía y letras de Córdoba del 25 al 27 de octubre de 2001. Madrid: Visor Libros. pp. 187 y 189.
Arendt, Hannah (2008) La promesa de la política. Edición e introducción de Jerome Kohn. Barcelona: Paidós Ibérica. De su introducción en pp. 25 y 26.
Ricoeur, Paul (2003) La memoria, la historia, el olvido. Madrid: Trotta.
Indiscutiblemente estamos ante una gran obra, de consulta obligada para conformarse hoy, una visión clara de entre la fenomenología de la memoria, la epistemología de la historia y la hermenéutica de la condición histórica.Ricoeur, Paul (2003) ibid. p. 406.
Torga, Miguel (1997) Diario II (Últimas páginas. 1987-1993). Traducción, índices y notas de Eloísa Álvarez. Madrid: Alfaguara-Santillana. p.p. 139-140.
82 años había cumplido, en 1989, Miguel Torga cuando escribe en su Diário la nota citada y, también tenía esa edad en 2007 Ángel González cuando compuso: “El poema de los 82 años”.
González, Ángel (2008) Nada grave. Madrid: Visor Libros. p. 55.Ricoeur, Paul (2003) op. cit. pp. 539 y ss.
Muñoz Molina, Antonio (2008) “La autobiografía secreta”. Babelia. EL PAÍS, nº 874, sábado 23 de agosto de 2008. p. 8.
Los españoles somos propensos a olvidar la historia o al desconocimiento de la historia. Como: «España es país muy propenso a las coacciones de la moda literaria o política,»: en “Desmemorias”. Babelia. EL PAÍS, nº 875, sábado 6 de septiembre de 2008. p. 8.
Merece la pena leer la página semanal del escritor ubetense, no tiene desperdicio. Pueden seguirlo de cerca también a través del blog El Boomeran(g).
Uno de los mejores ensayos del siglo XX: Arendt, Hannah (1993) La condición humana. Introducción de Manuel Cruz. Barcelona: Paidós Ibérica.
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