Es tan notoria la diversidad cultural que impera en nuestra cotidianeidad, que sigue ésta siendo una de las características que imprimen carácter al desenvolvimiento socioeconómico y político presente. Europa desde el siglo XIV hasta el XVIII historiza el largo camino hacia la modernidad y la sociabilidad. A partir de ahí ya se puede interpretar el “proceso de civilización” que sigue constituyendo hoy a los inicios del siglo XXI, un ideal -resultado y horizonte- de la humanidad (occidental). Con este criterio, no pretendo hacerme eco de ninguna visión reduccionista de la historia del hombre, cerniéndola al paradigma de la cultura europea. Justo me siento enemigo de todos los reduccionismos -intelectuales, sociales, nacionales, económicos y políticos- que nos acechan, que procuran empobrecer el pensamiento y abogan por la inmovilización, en contra de todo progreso real. Entiendo necesario distinguir y reconocer la existencia de diversas civilizaciones en nuestro entorno. Y es factible su coexistencia, pero imposible la fusión intercultural, mientras se mantengan concepciones vitales tan contrapuestas. Casi un abismo nos distancia, aunque existan tantos aspectos culturales e históricos que aparentemente nos acerquen.
Yo reivindico la teoría del jaldunismo para la actual “civilización islámica”. El pensamiento de Ibn Jaldún, el testimonio de su vida como viajero errante y observador apasionado de su época, es de los pocos nexos culturales que nos unen al Islam. Su interpretación y contribución a la «ciencia de la cultura» o «ciencia de la civilización» a la que llamó ‘ilm al-’umrãn, y que definió como la del desarrollo social son tan incuestionables, que difícilmente muchos logros, conductas y razonamientos adquiridos se interpretarían hoy, como naturales y normales. Son consecuentes del avance científico alcanzado ya en las “sociedades del mediterráneo” a finales del siglo XIV, estudiadas por nuestro pensador, atraído por conocer la globalidad del saber de su tiempo. Pero también explica, que las propias estructuras medievales frenan o impiden la evolución económica, social y política, describiendo ya en el siglo XIV las características objetivas que actualmente nos permiten identificar a los países en situación de subdesarrollo: Tercer Mundo. La insistencia por preservar el sometimiento de la sociedad a la ley islámica, imposibilitando todo intento secularizador, ha dejado anclada la cultura del Islam en la Edad Media, y aún permanece en el declive sabiamente analizado en la obra jalduniana.
Es necesario a escala planetaria, una nueva relación entre la fe y la historia, entre la fe y la acción, entre la fe y el mundo: “El diálogo de civilizaciones. Y tiene que fundamentarse en el rechazo a todo ánimo por hacer reinar el miedo, someter las conciencias, imponer una moral única y ahogar la voz de la libertad…y en aceptar como valores universales: la resistencia al totalitarismo religioso y a la promoción de la libertad, la igualdad de oportunidades y el laicismo para todos…
La semana próxima, entre el 16 al 17 de marzo, se cumplen los 600 años de la muerte de nuestro ilustre antepasado. Cuanto antes, pretendo continuar publicando aquí sobre las influencias de Ibn Jaldún, en primer lugar sobre el pensamiento económico de la Escuela de Salamanca. Con ello pienso que podremos distinguir elementos de reflexión que nos acerquen y contribuir al deseado encuentro intercultural entre civilizaciones.
En Salamanca, dos años después de la barbarie del 11-M del 2004, en homenaje a los 191 muertos y más de 1500 heridos.

Términos muy presentes en la obra de Ibn Jaldún (1997). Introducción a la Historia Universal (Al-Muqaddimah). Feres, Juan (trad.) y Trabulse, Elías (estudio preliminar, revisión y apéndices). 2ª reimp. México: Fondo de Cultura Económica. Manifiesta en sus páginas iniciales: Sabed que la historia tiene por verdadera finalidad hacernos conocer el estado social del hombre, en su dimensión humana, o sea la urbanización y civilización del mundo…El hombre se distingue de todos los seres vivientes por los atributos que le son privativos; en cuyo número deben ordenarse: 1º Las ciencias y las artes, producto del pensamiento, … (la capacidad de reflexión, que permite el análisis de los hechos y el conocimiento de los fenómenos de tipos psicológicos-sociales, económicos y políticos). 2º El menester de una autoridad capaz de imponer el orden,… (las sociedades se basan en el principio de origen y evolución de la soberanía). 3º La lucha por la subsistencia y el trabajo, que proporciona los diversos medios del vivir. …4º La sociabilidad, o sea la convivencia colectiva, ya en poblados, ya bajo tiendas. Los hombres son llevados a la vivencia en sociedad naturalmente, bien por sus sentimientos de afinidad hacia sus parientes y cercanos, o bien por las exigencias de sus menesteres, dada su naturaleza congénita de la intercolaboración por la subsistencia, tal como lo explicaremos más adelante (el principio de la división del trabajo y la solidaridad). 5° y 6° El estado social. Comprende dos aspectos: la vida nómada y la vida sedentaria. La primera es aquella que se desenvuelve en las llanuras, sobre las montañas, o bajo las tiendas transitorias, que recorren los puntos de pasturaje ubicados en los desiertos o en los confines de las regiones arenosas. La segunda, es la que se desarrolla en las ciudades, poblaciones, aldeas y caseríos; localidades que ofrecen al hombre seguridad y protección con sus murallas y fortalezas. En todas estas circunstancias, el estado social experimenta modificaciones esenciales en cuanto se refiere a la reunión de individuos en sociedad….Este discurso servirá para demostrar que la congregación de los hombres en sociedad es cosa necesaria. Es por ello que los filósofos han dicho: “el hombre es, por su propia naturaleza, citadino”. Quiere decir, que le es indispensable congregarse en sociedad, término que, en su lenguaje reemplaza por el de ciudad. El vocablo omrán ['umrãn] significa la misma idea [la civilización, sinónimo de cultura y descrito como la organización social humana].
También, es importante recordar la destacada interpretación que el filósofo dio a la expresión ‘asabyya como solidaridad social -resulta redundante-, quizás su aspecto reiterativo es para mostrarla como la «causa eficiente» de la cultura, tal como nos lo manifiesta: Mahdi, Mushin (2003). Alfarabi y la fundación de la filosofía política islámica. Barcelona: Herder. Y en: Enciclopedia internacional de las Ciencias Sociales (1979- ) [dirigida por David L. Sills]. Madrid: Aguilar, s.v. “Ibn Jaldún”.

Taylor, A. C., entiende civilización como ideal: La civilización (plural) termina así por convertirse en sinónimo de cultura (en el sentido técnico del término). En: Bonte, Pierre e Izard, Michael (2002). Diccionario de Etnología y Antropología. Madrid: Akal, p. 165.

Febvre, Lucien (2001). Europa, génesis de una civilización [prólogo de Marc Ferro]. Barcelona: Crítica.

Democracia lejos de la ciudadanía, un tipo de economía de mercado como centro de las estrategias políticas y un sistema internacional centrado en la agenda antiterrorista… Son tres fenómenos reduccionistas que ponen en peligro el auténtico desarrollo de los pueblos y centran el discurso pronunciado por el presidente de Chile en su investidura como doctor honoris causa por la Universidad de Salamanca el pasado 25 de octubre de 2005, cuyo texto íntegro es digno de leerse: Lagos, Ricardo. Contra los reduccionismos. EL PAIS. Opinión, jueves 10 de noviembre de 2005, p.17-18.

Pérez-Reverte, Arturo. Patente de corso. Por qué van a ganar los malos. El Semanal, ABC, 19 de febrero de 2006, p. 8.

Mohamed Ábed Yabri (2001). El legado filosófico árabe. Alfarabi, Avicena, Avempace, Averroes, Abenjaldún. Lecturas contemporáneas. Madrid: Trotta, p. 411: Abenjaldún se preguntaba cómo se instituye una dinastía, tema sobre el que gira toda la problemática que aborda. Su respuesta, inequívoca, se basa en el análisis de la realidad material que él vivió en sus carnes. Nosotros, hoy, nos preguntamos —aunque en privado y no a las claras— sobre qué fundamentos se sustenta actualmente el poder en los países árabes. Pero nos asusta la inequívoca respuesta que la realidad viva nos brinda, o desistimos de formular la pregunta, y callamos, o le confeccionamos una respuesta artificial ajena a nuestra realidad y a nuestra vida cotidiana. Todo eso lo hacemos conscientes en el fondo de huir de lo que debiéramos afrontar en primer lugar y como punto de partida. Al leer, o releer, la Introducción a la historia universal nos sentimos absolutamente fascinados; sentimos que realmente está más cerca de nosotros que nosotros mismos, y que el gran Abenjaldún nos habla de cosas de las que no hemos podido volver a hablar, y nos presenta una realidad que aún no hemos podido transformar.

Un día, entre lecturas de citas sobre nuestro personaje polifacético, viajero errante de personalidad conflictiva y contradictoria -así lo califica nuestra investigadora- me encuentro con una que me remite a: “Abu Said Abd Er-Rahman Ibn Jaldún. El viajero histórico” de Isabel Blanco del Piñal. Una separata publicada por El legado andalusí. Una nueva sociedad mediterránea -número 14-, revista que edita la Fundación El Legado Andalusí y dirige Ana Carreño Leyva, en Granada (su último número 24, es un especial dedicado a Ibn Jaldún). Me encantó el lenguaje empleado y el conocimiento que demuestra acerca de la vida y obra jalduniana. Luego para suerte mía y de todos ustedes, localizo la URL donde se recoge una versión “Ibn Jaldún, un viajero tunecino en Al-Andalus” del relato conciso y preciso sobre la vida de Ibn Jaldún, publicado por El legado andalusí. Merece la pena detenerse a leerlo y admirar de paso el buen hacer de la Sociedad Geográfica Española y su espléndida Web.

- Estapé, Fabián (1993): Ibn Jaldûn o el precursor. Barcelona: Real Academia de Buenas Letras de Barcelona - Publicacions de la Universitat Autònoma de Barcelona. También: “Ibn Jaldûn: un economista del siglo XIV”. En: Fuentes Quintana, Enrique (dir.). Economía y economistas españoles. 2. De los orígenes al mercantilismo. Barcelona: Galaxia Gutenberg - Círculo de Lectores, p. 37-73.
- Mora, Miguel. Eduardo Lourenço / Ensayista. “Ya apenas tenemos fe en nuestro laicismo” [entrevista] EL PAIS, jueves 9 de marzo de 2006, p. 41.

García Lizana, Antonio (1999). “El pensamiento económico andalusí”. En: Fuentes Quintana, Enrique (dir.). Economía y economistas españoles. 2. De los orígenes al mercantilismo. Barcelona: Galaxia Gutenberg - Círculo de Lectores, p. 37-73.

Braudel, Fernand (dir.) (1989). El Mediterráneo. Madrid: Espasa Calpe.

Lacoste, Yves (1971). El nacimiento del Tercer Mundo: Ibn Jaldún. Barcelona: Península.

Garaudy, Roger (1977). Diálogo de civilizaciones. Madrid: Cuadernos para el diálogo, p. 241.

MANIFESTO: Together facing the new totalitarianism. En: Internetavisen y
Extrême-Centre [Consulta: 28 de febrero de 2006].

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