Le tengo rabia al silencio
por todo lo que perdí
Que no se quede callado
Quién quiera vivir feliz.

[Estrofa de la popular canción “Le tengo rabia al silencio” del payador Atahualpa Yupanqui de su Cancionero][1].

Especialmente dedicado este post a todos mis compañer@s de la Facultad de Traducción y Documentación de la Universidad de Salamanca.

La vida da muchas vueltas y uno no deja de darle vueltas a la vida. Nos encontramos viviendo e interpretando un presente en el que las palabras, al igual que otros muchos objetos, pierden notoriedad y terminan corrompiéndose. Los libros no son ovnis, los compramos por ser objetos comunicantes que aspiran a ser perdurables y por presuponer que transfieren conocimiento. De ahí provienen sus aspectos diferenciales más notables con los géneros digitales.

Para que la Web 2.0 no sea asimilada como Porquería 2.0, entiendo necesario formularnos unas cuantas consideraciones.

La justificación de la Arquitectura de la información como disciplina científica y arte que se ocupa del «diseño estructural de los sistemas de información, de la organización, recuperación y presentación de información mediante el diseño de ambientes intuitivos»[2]. La integración de lo real y lo virtual con sentido común, construyendo como dijo Marcos Novak, «espacios inteligentes»[3]. De ahí la importancia de la usabilidad, del orden y gestión de contenidos.

El ciberespacio no puede, ni debe ser un no-lugar. Debe procurar, ser un espacio público que pueda definirse como «lugar de identidad, relacional e histórico». Siguiendo a Marc Augé, se trata de ver a «la sobremodernidad es [como] productora de no lugares, es decir, de espacios que nos son en sí lugares antropológicos». La evidencia nos demuestra que los lugares y no-lugares coexisten, a veces, son difícilmente diferenciables. «El lugar y el no lugar son más bien polaridades falsas: el primero no queda nunca completamente borrado y el segundo no se cumple nunca totalmente: son palimpsestos donde se reinscribe sin cesar el juego intricado de la identidad y de la relación»[4].

Conocimiento y comunicación están fuertemente vinculados. Tal como afirma José Luis Molinuevo: «Ya no se trata de que una élite genere conocimiento y otros lo reciban pasivamente, sino que conocimiento es comunicación y se construye en el proceso comunicativo. En él tiene lugar esa creación colectiva cuyo sujeto es el individuo, pero entendido como público. Ésta es a mi juicio, una de las tareas más importantes de una cibercultura: la construcción de la identidad del individuo como público»[5].

El elogio de la asimetría en la transmisión de las tradiciones. Con Peter Sloterdijk, la “globalización” además de ser lo que sea en sí misma, a más es un topos, «la escuela de la existencia implica un aprendizaje de la extensión como un navegar en estructuras-espacio-tiempo incomprimibles […] No ha habido hasta ahora cultura alguna que no haya esperado de sus hijos que se comporten como el lado receptor en cuanto a la transmisión del saber cultural. El lenguaje es anterior inevitablemente a aquellos que lo aprenderán; su espesor interno es tan vasto que hubo bien motivo para ver en él la “casa del ser”»[6].

«La sociedad, el individuo y el conocimiento son tres finalidades que definen la condición humana». Mientras que la globalización parece haber acabado con los fines haciéndonos creer que los hemos logrado. La realidad, que se mueve en la contradicción local-global, nos indica que «los tres vértices del triángulo con los que se ha desarrollado la historia del hombre hasta ahora», siguen representando el centro de nuestras aspiraciones: relacionarnos con los demás, la conciencia del yo y conocer el mundo[7].

Es fundamental concebir la movilidad en el espacio y en el tiempo. Huir de las «antiguas divisiones espaciales (fronteras, culturas, identidades), las cuales han sido siempre el fermento activo que ha originado los enfrentamientos y la violencia». Aunque resulte para muchos, inaccesible la movilidad en el espacio – imprescindible para una educación social –, e incomprehensible la movilidad en el tiempo – necesaria para el aprendizaje de la historia –, son inevitables para «escapar, en la medida de lo posible, a las barreras de la época en la que se vive [que] es el modo más auténtico de libertad […] Necesitamos la utopía, no para soñar con realizarla, sino para tender hacia ella y obtener, así, los medios de reinventar lo cotidiano»[8].

La comunicación sigue siendo precisa. El mundo de la imagen y la sociedad del conocimiento no han vaciado de contenido las ansias de fraternidad, de pensamiento y de saber más. La historia cultural, la de las sociedades, las ciencias, la economía, la empresa… de los hombres, demanda comunicación, «comunicabilidad: capacidad de comunicarse con los demás»[9].

Aunque las palabras se desprecien, cómo no aspirar a ser feliz, sacándole «el máximo jugo posible a nuestra existencia, en hacer algo que merezca la pena con la vida que uno tiene, cada uno de acuerdo con sus posibilidades y su situación»[10]. La verdad sea dicha, pese a que pueda interpretarse que los estás haciendo en «una botella lanzada a las profundidades abisales de la web invisible»[11], hay que seguir dando vueltas a la vida, merece escribir un blog.

Finalmente, agradecer las estimables contribuciones a este blog de Julio Alonso, José Antonio Cordón, Ángel Francisco Zazo y Ángel María Herrera.

 

 


 NOTAS:

[1] Véanse: Cancionero y Por un 2008 Yupanquiano!!!.

[2] Baeza-Yates, Ricardo; Rivera Loaiza, Cuauhtémoc y Velasco Martín, Javier. “Arquitectura de la información y usabilidad en la web”. El profesional de la Información, vol. 13, n. 3, mayo-junio 2004, pp. 168-178.

[3] Novak, Marcos (1991). “Liquid Architectures in Cyberspace”. En Benedikt, Michael (Ed.) Cyberspace: First Steps. Cambridge, MIT Press.

[4] Augé, Marc (2004). Los «no lugares». Espacios del anonimato. Una antropología de la sobremodernidad. Barcelona, Gedisa.

[5] Molinuevo, José Luis
- (2004). Humanismo y nuevas tecnologías. Madrid, Alianza.
- (2006). La vida en tiempo real. La crisis de las utopías digitales. Madrid, Biblioteca Nueva.

[6] Sloterdijk, Peter (2007). En el mundo interior del capital. Para una teoría filosófica de la globalización. Madrid, Siruela.

[7] Augé, Marc (2004). ¿Por qué vivimos?. Por una antropología de los fines. Barcelona, Gedisa.

[8] Augé, Marc (2007). Por una antropología de la movilidad. Barcelona, Gedisa.

[9] Seco, Manuel; Andrés, Olimpia; Ramos, Gabino (1999). Diccionario del español actual, 2 vol., Madrid, Aguilar.

[10] Rojas, Enrique. “La felicidad como proyecto de vida”. EL MUNDO, sábado 15 de septiembre de 2007, pp.6-7.

[11] Rodríguez, Joaquín (2007). Edición 2.0. Los futuros del libro. Barcelona?, Melusina.

Otras referencias bibliográficas:

Bauman, Zygmunt
- (2005). Amor líquido. Acerca de la fragilidad de los vínculos humanos. México, Fondo de Cultura Económica.
- (2006). Vida líquida. Barcelona, Paidós Ibérica.
- (2007). Vida de consumo. México, Fondo de Cultura Económica.

Cornella, Alfons “La cultura de la información como institución previa
a la Sociedad de la Información”. Disponible en web. [Consultado: 8 de septiembre de 2007].

Gala, Antonio. “Fronteras”, La tronera, EL MUNDO, sábado 15 de septiembre de 2007, p.5.

Kapuscinski, Ryszard (2007). Encuentro con el otro. Barcelona, Anagrama.

Martí Lahera, Yohannis (2007). Alfabetización informacional. Buenos Aires, Alfagrama.

Novak, Joseph D. (1998).Conocimiento y aprendizaje. Los mapas conceptuales como herramientas facilitadoras para escuelas y empresas. Madrid, Alianza

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