Buen talante
Ibn Jaldún, Pensamiento crítico, Principal Julio 3rd, 2007«El hombre – cada hombre – posee siempre un talante fundamental del que emergen cambiantes estados de ánimo»[1]. Quien se dedique a investigar debe procurar el más adecuado estado de ánimo para enriquecer dicha gimnasia intelectual. Para disponerse a dialogar también se debe adoptar la mejor actitud que pueda facilitar el diálogo. Y así para cualquier quehacer es imprescindible admitir la necesidad de que no se puede encarar sin fuerzas y dominio de uno mismo. No se puede pretender querer y no querer al unísono.
El talante no queda en ejercitar la voluntad ni equivale al humor. Con los ejercicios de abstracción el hombre va construyendo el pensamiento, generando el aparataje de comprensión que hace viable aprehender algo y que terminan convirtiéndose en instrumentos de acción. De esa manera podemos entender separados “el talante y el carácter”, como otras parejas de conceptos que indisociablemente explican la unidad vital del hombre, la de cada hombre: «inteligencia sentiente»[2] .
Talante y carácter, radicalmente necesarios para afrontar la política, para aceptar la diversidad de pensamiento, para convenir la libertad de todos los otros, para edificar sobre ella la convivencia de la polis. En el discurso político ha de estar presente siempre la capacidad de persuasión, como en la acción política el ansia constante de transformar la sociedad para mejor. Cuando ambas – convencimiento y actuación – brillan por su ausencia y lo que prevalece es la toma del poder, de gobernar la polis a costa de lo que sea, proviene la perversión de la democracia o el vicio del poder:
«todo poder, por el hecho mismo de serlo, tiende a perpetuarse, y quiere, como consecuencia, mantener el estado de cosas; todo poder, sea cual sea el partido del que emane, es por lo tanto conservador por esencia y prefiere declarar imposibles las reivindicaciones del pueblo a intentar realizarlas […]»[3].
La Historia no se repite[4]. Somos testigos del presente, intérpretes del pasado y proyectistas del futuro. De estos escenarios, reconozcamos que es el pasado – la historia – el que más malas pasadas nos depara. El que apela a la Historia como fuente de experiencia ética para los hombres es un retrógrado, sencillamente un necio. Y el que juega con la memoria – manipulando la historia[5] – es un falsario.
Ocurre que los hombres somos semejantes o poco menos, como bien dijo Simone Weil, y también existe un absurdo esencial que asemeja la historia a un largo delirio:
«El prestigio, es decir, la ilusión, está así en el centro mismo del poder. […] La contradicción esencial de la sociedad humana es que toda situación social se basa en un equilibrio de fuerzas, equilibrio de presiones análogo al equilibrio de los fluidos; pero los prestigios no se equilibran, el prestigio no implica límites, toda satisfacción de prestigio es un ataque al prestigio o la dignidad de otro. Ahora bien, el prestigio es inseparable del poder. Parece que existe ahí un callejón sin salida del que la humanidad no puede salir sino por un milagro. Pero la vida humana está hecha de milagros.»[6]
El desasosiego no ha de ser nuestro dominante estado de ánimo. No se trata de dar por perdida la batalla. No es cuestión de ser perdedor o vencedor. Creer en el milagro, la confianza en el hombre sin caer en la fácil demagogia, no abandonando el pensamiento crítico, estar de buen talante[7].
NOTAS:
[1] L. Aranguren, José Luis (1981). Ética. Madrid: Alianza. p. 218.
[2] Zubiri, Xavier (1980). Inteligencia Sentiente. Madrid: Alianza.
[3] Weil, Simone (2007). Escritos históricos y políticos. Madrid: Trotta. p. 45.
[4] Ibn Khaldûn (2002). Le Livre des Exemples. I Autobiographie. Muqaddima. [Versión francesa de Abdesselam Cheddadi]. París: Gallimard. p. 12: «Le présent en porte témoignage. Et ce qui est passé ressemble plus à ce qui viendra que l’eau à l’eau.» = «…pues el pasado es más parecido al futuro que el agua al agua».
[5] Léanse por ejemplo, de Antonio Elorza: “Jugar con el pasado”. EL PAIS, sábado 12 de mayo de 2007. Y de Fernando García de Cortazar: “Mayo, 1937: la desmemoria histórica”. EL MUNDO, jueves 31 de mayo de 2007.
[6] Weil, Simone. op. cit p. 363-364. Y en sus páginas 377-378, conviene leer: “El desasosiego de nuestro tiempo” [Proyecto de artículo]. También les remito a sus reflexiones sobre la experiencia vivida en el frente de Aragón durante los primeros meses de la guerra civil española y a la carta que escribe a Georges Bernanos.
[7] L. Aranguren, José Luis (1985). El buen talante. Madrid: Tecnos. p. 46-47: «La filosofía, como la poesía y, en general, todos los modos de comportamiento humano, se aleja del sistema preconstruido para acercarse a la vida tal como en verdad y cada día es. Pero la vida es alegría y tristeza, paciencia e impaciencia, sosiego y prisa, inevidencia y fe, tedio y diversión, amor y odio, desesperación y esperanza, angustia y confianza, paz y desgarramiento interior. El que de veras quiere conocer la realidad debe verla a través de todos los colores, a todas sus luces, a la del sol, en la penumbra y hasta en la oscuridad. No hay, pues, un único estado de ánimo apto para el conocimiento. Pero hay, sí, una jerarquía de estados de ánimo y en lo alto de ella están —buen talante— la esperanza, la confianza, la fe, la paz.»
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