Biografía - Autobiografía
Escrituras del «yo», Principal Mayo 11th, 2008La «escritura del yo» ha experimentado, en las últimas décadas, una verdadera eclosión –“A explosão intimista na época contemporânea”[1]-, al unísono un incremento importante en estudios sobre ella, basta con ver las secciones de novedades de las grandes librerías y los catálogos de las más importantes editoriales[2]. Las tendencias del mercado editorial revelan un crecimiento sostenido (superior al 5% anual) de la producción biográfica, para comprobarlo consúltese La Panorámica de la Edición Española de Libros. Las estadísticas y clasificaciones oficiales propician la confusión, entre “lo biográfico y lo autobiográfico”, al englobarse todas las publicaciones bajo el epígrafe: “Historia. Biografía”. O en la CDU con un registro común 82-94 para el conjunto de la Historia como género literario.
El propio término “Autobiografía” delata como esta palabra deriva claramente de la primera de “Biografía”. De acuerdo con Georges May, «uno puede preguntarse si no sucede lo mismo con las formas literarias que ambas designan»[3]: relatos de vida, novelas históricas, retratos, memorias, biografías propiamente dichas o biografías literarias, etc. Historias o documentos personales, como los denomina el sociólogo Ken Plummer[4], que estudiados por el español Juan José Pujadas, se pueden definir como: «todo aquel conjunto de registros escritos que reflejan una trayectoria humana o que dan noticia de la visión subjetiva que los sujetos tienen de la realidad circundante, así como de su propia existencia»[5].
Otro de los grandes intelectuales que han dedicado estudios a esta temática, Jean Starobinski, ha definido la autobiografía como «la biografía de una persona hecha por ella misma»[6]. La más explícita de las definiciones de biografía es la de Daniel Madelénat: «Relato escrito u oral, en prosa, que un narrador hace de la vida de un personaje histórico (poniendo el acento sobre la singularidad de una existencia individual y la continuidad de una personalidad)»[7]. Conviene diferenciarlas de la historia de vida (en francés histoire de vie): «estudio de caso referido a una persona dada, comprendiendo no sólo su narración biográfica, sino cualquier otro tipo de información o documentación adicional que permita la reconstrucción de dicha biografía de la forma más exhaustiva y objetiva posible» (Pujadas; 1992). «La historia de vida no es nunca de una sola vida» y suelen ser contadas por científicos sociales (antropólogo social, sociólogo, psicólogo social, etc.)[8].
Vila Nova, 7 de octubre de 1936. Ante mí, una hoja de papel
en blanco, esperando; dentro de mí, esta angustia, esperando:
y no escribo nada. La vida no se ha hecho para ser escrita. La
vida —esta intimidad profunda, este existir sin remedio, esta
noche de pesadilla que ni consigue aclararnos por qué ha sido
así— es para ser vivida, y no para hacer con ella literatura.[9]
La simple «descripción de un personaje» es un retrato, donde se combinan sus rasgos físicos y su carácter, donde puede predominar la descripción física (prosopografía) o centrarse «en la presentación del “interior” del individuo, del sustrato anímico y espiritual que guía su comportamiento (etopeya)»[10]. No cabe duda acerca de que están emparentados lo bio y lo autobiográfico[11], pero tienen cada uno sus propias características. Si hemos distinguido entre discurso histórico y literario procurando ver sus rasgos, principalmente el aspecto referencial o factual del intencional o ficcional, ahora interesa reflexionar sobre las marcas que identifican y separan la autobiografía de la biografía para tratar de evitar las ambigüedades. Aunque cuidado, que no existe mayor ambigüedad que la de la propia vida humana. Y la tarea, del biógrafo y del autobiógrafo, es Narrar la vida[12].
Abrecóvo, 27 de diciembre de 1941. La vida… Y
se pone uno a pensar en todas esas maravillosas teorías que
los filósofos han construido en el recogimiento de sus bibliotecas,
en todos esos bellos poemas que los poetas han escrito en la
pobreza de sus buhardillas, o en todos esos complejos dogmas
que los teólogos no han conseguido entender en la soledad de sus
celdas. En todo esto, o si no, en la cuenta del tendero, en la
degradación moral de este siglo, o en la triste pequeñez de todo,
empezando por nosotros mismos.
Pero la vida es algo inmenso, algo que no se puede encerrar en
una teoría, en un poema, en un dogma, ni siquiera en la
desesperación total del hombre.
La vida es lo que estoy viendo en este momento: una mañana
majestuosa y desnuda sobre estos montes cubiertos de nieve y
de sol, un tapiz de hierba en que una oveja acaba de parir un
cordero, y dos chiquillos —un niño y una niña— silenciosos,
atónitos, que contemplan este milagro todavía humeante.[13]
Ambas tienen semejantes orígenes, dado que Herodoto, Jenofonte, Plutarco, Diógenes Laercio, san Agustín, con sus obras inician la secuencia práctica histórica-bio-auto-biográfica, porque las escrituras del yo son tan antiguas como la propia literatura. En cambio, la aparición de ambos términos es bastante tardía, tal como se conceptualizan o reconocen actualmente. De la biografía se conoce su uso desde que lo incluye el Diccionario de Trévoux en 1721. De la autobiografía, todos los autores coinciden, que debe su apogeo a las: Confesiones de Jean-Jacques Rousseau publicadas entre 1782 y 1789 y a Poesía y verdad –en dos partes- de Johann Wolfgang von Goethe, editadas entre 1811 y 1833[14].
Con el tiempo, los arquetipos se han desdibujado, y la mutación de géneros y estilos caracterizan el panorama actual literario, respecto a los gustos creativos y del público lector. La indeterminación y la intersección, que contribuyen a la contaminación recíproca entre géneros, y la lógica superación del estatismo narrativo[15] han enriquecido el ejercicio creador, conformando una red de conexiones entre obras que se manifiesta hoy en productos culturales que responden a los modelos más demandados por el mercado[16].
De cualquier manera, hay que cumplir con el empeño impuesto, contribuyendo modestamente a esclarecer el «paisaje brumoso» que hemos pintado hasta ahora sobre las escrituras del yo. Para ello se han considerado dos campos de estudio: el formal-estructural, y el super o macroestructural. Ahora bien, vamos a seguir un esquema de cuatro apartados, semejante al que desarrolla la profesora Clara Rocha[17], con el ánimo de facilitar la exposición:
1. Las marcas pronominales o partículas deícticas. El pacto autobiográfico.
2. La jerarquización de las relaciones Identidad / semejanza. Autenticidad.
3. Actitudes del narrador. Referencia y auto-referencia. Reconocimiento y autoridad.
4. Racionalización. La totalización de las informaciones.
NOTAS:
[1]Capitulo 1 de: Rocha, Clara (1970) Máscaras de Narciso. Estudos sobre a literatura autobiográfica em Portugal. Coimbra: Livraria Almedina
[2]«El catálogo hace visible el plan de una editorial. En los catálogos es donde se aprecia la trayectoria de una editorial. Es donde se puede analizar la progresión de las publicaciones de una editorial». Son aseveraciones de José Antonio Cordón, autoridad en el campo de la edición, profesor de Industria editorial en la Universidad de Salamanca, director del Master en Edición.
[3]May, Georges (1982) La autobiografía. México: Fondo de Cultura Económica.
[4]Plummer, Ken (1989) Los documentos personales. Introducción a los problemas del método humanista. Madrid: Siglo XXI de España Editores.
[5]El antropólogo, sociólogo y filólogo, Pujadas Muñoz, Juan José (1992) “El método biográfico: el uso de la historias de vida en ciencias sociales”. Cuadernos Metodológicos, nº 5 septiembre de 1992. Madrid: CIS-Centro de Investigaciones Sociológicas. Donde contempla una clasificación interesante:
1. Documentos personales [Se trata de cualquier tipo de registro no motivado o incentivado por el investigador durante el desarrollo de su trabajo, que posea un valor afectivo y/o simbólico para el sujeto analizado]. Incluye las siguientes categorías:
1.1. Autobiografías.
1.2. Diarios personales.
1.3. Correspondencia.
1.4. Fotografías, películas, vídeos o cualquier otro tipo de registro iconográfico.
1.5. Objetos personales.
2. Registros biográficos obtenidos por encuesta.
2.1. Historias de vida, que pueden ser:
A. De relato único.
B. De relatos cruzados.
C. De relatos paralelos.
2.2. Relatos de vida, que son sometidos a tratamientos analíticos (cualitativos o cuantitativos) distintos a la historia de vida.
2.3. Biogramas
El investigador Pujadas, distingue el relato de vida (en francés récit de vie) «como la historia de una vida tal como la persona que la ha vivido la cuenta», y al biograma: «los registros biográficos de carácter más sucinto y que supone la recopilación de una amplia muestra de biografías personales, a efectos comparativos».
Si ahora, recordamos la distinción de Hannah Arendt entre story e history, citados en el anterior artículo introductorio al Diarismo, el relato de vida es un life story, mientras que la historia de vida es una life history.
[6]Jean Starobinski es uno de los intelectuales contemporáneos más innovadores y prolíficos, desde 1958 hasta 1985, ha sido catedrático de Historia de las ideas en la Universidad de Ginebra, puso de moda en toda Europa el famoso cuadro de Goya sobre los fusilamientos del Tres de Mayo –tan actual en estos días en los que se celebra el segundo centenario de la Guerra de la Independencia-, por su interesante estudio sobre él en su obra 1789: les emblèmes de la raison; cuya versión española es: (1988) 1789, los emblemas de la razón. Madrid: Taurus. Profundo conocedor de la vida y obra de Jean-Jacques Rousseau, sobre el que ha publicado diversos ensayos críticos. También muy conocido por sus estudios sobre la Historia de la melancolía.
Starobinski, Jean (1970) “Le style de l’autobiographie” Poétique. Revue de théorie et d’analyse littéraires, nº 3
[7]La traducción de la definición es mía. Originalmente en francés: «Récit écrit ou oral, en prose, qu’un narrateur fait de la vie d’un personnage historique (en mettant l’accent sur la singularité d’une existence individuelle et la continuité d’une personalité» Madelénat, Daniel (1984) La biographie. París : Presses Universitaires de France.
[8]Miguel, Jesús M. de (1996) “Auto/biografías”. Cuadernos Metodológicos, nº 17 enero de 1996. Madrid: CIS-Centro de Investigaciones Sociológicas.
[9]Torga, Miguel (1988) Diario (1932-1987). Selección, traducción, índices y notas de Eloísa Álvarez. Madrid: Alianza. p. 20.
[10]El retrato literario (Antología) (1997). Selección, estudio y notas de Ricardo Senabre. Salamanca: Colegio de España. pp. 9-11: «En las realizaciones literarias, lo más frecuente es que ambas modalidades aparezcan mezcladas, aunque en distinta proporción. […] Los casos de prosopografía o de etopeya puras son infrecuentes —salvo cuando se utiliza el dechado de un modelo retórico ya existente al que se ajusta el retrato—, y, además, es creencia común, a lo largo de los siglos […], que a ciertos rasgos físicos les corresponden, como correlato inevitable, determinadas maneras de ser, caracteres personales que la forma de las facciones delata y anuncia. Por esta razón, muchos autores se preocupan tan sólo de subrayar algunos elementos externos del personaje, dando por sentado que el lector deducirá por su cuenta el significado caracterológico que se desprende de ellos.»
[11]Romera Castillo, José (2006) De primera mano. Sobre escritura autobiográfica en España (siglo XX). Madrid: Visor Libros. Es la obra más actual y completa sobre el estudio de la «escritura del yo» en español. En ella el profesor Romera recuenta entre las Biografías las: de escritores sobre escritores, familiares, amicales, exculpatorias, políticas, institucionales, especializadas, dialogadas, evocadas, noveladas, ficticias. «Son abundantes las biografías que llevan por rótulo el término retrato». El Retrato, «incluso algún escritor utilizará el término para rotular su obra autobiográfica». Entre las Autobiografías menciona a: las (auto)biografías dialogadas (para algunos son Historias de vida), las memorias, los diarios, los epistolarios, los autorretratos, las novelas autobiográficas, los recuerdos, las crónicas, los libros de viajes, las conversaciones, las entrevistas, los diálogos, los encuentros, las autobiografías y memorias noveladas. Entiéndase, para evitar las confusiones, por historias de vida aquellas obras (auto)biográficas que son inducidas por un tercero (normalmente un investigador social o científico) que puede ser su narrador.
[12]Brillante y reciente artículo sobre la “biografía de la biografía” de Enrique Krauze, historiador mexicano, estrecho colaborador del nóbel Octavio Paz, del que ahora se celebra el décimo aniversario de su muerte, y director de la revista de pensamiento Letras libres.
Krauze, Enrique (2008) “Narrar la vida” Letras libres. Año VII, nº 76, enero de 2008. Madrid: Letras Libres Internacional.
[13]Torga, Miguel (1988) op. cit pp. 59-60.
[14]El término autobiografía, según Georges Gusdorf –citado por Georges May en su obra La autobiografía- se remonta a 1789 bajo la pluma del alemán Friedrich Schlegel. El salmantino Diego de Torres Villaroel, cultivó el género auto/biográfico ya en 1743 con su Vida, ascendencia, nacimiento, crianza, y aventuras del doctor Diego de Torres Villarroel, catedrático de prima de matemáticas en la Universidad de Salamanca, escrita por él mismo de la cual el escritor Juan Valera dijo que «puede considerarse como una novela picaresca, sin maldad que mancille la honra del héroe», y que el profesor de Literatura Española en la Universidad de Málaga, Manuel Alberca incluye en el seno de las «autoficciones», en su comunicación: “La autoficción, ¿futuro o pasado de la autobiografía española?” al encuentro internacional sobre La memoria del futuro. Literatura árabe y autobiografía, celebrado en la Escuela de Traductores de Toledo entre el 23 y 25 de noviembre de 2000. Puede consultarse en: Caballé, Anna [et al.] (2002) Autobiografía y literatura árabe. Cuenca: Universidad de Castilla-La Mancha. Define la autoficción: «como subgénero autobiográfico, introduce la referencia externa e invita a los lectores, si bien de manera ambigua, al cotejo del texto con los datos de la realidad. La verdad, subjetiva y difícil de encontrar siempre, mucho más en la indeterminación de este género híbrido, está, por tanto, también presente aquí, lo quiera o no el escritor autoficcional, pues los hechos suelen ser tozudos. La autoficción debe moverse instada por descubrir y contar una verdad (no «la verdad», sino «mi verdad», «mi imaginario») todo lo subjetiva y condicionada que se quiera, tan exigente en el plano expresivo como la mejor novela, pero libre de la imaginación frívola, con que la palabra «novela» faculta a veces al autobiógrafo. […] La propuesta de la autoficción se podría resumir de manera humorística bajo la fórmula: “os voy a contar mi vida pero puede que os mienta”».Tampoco se estiman autobiografías propiamente dichas las producciones literarias y pseudohistóricas de la tradición árabe. Lo que ha ocurrido es que en el ámbito de la literatura árabe, como en la española hasta no hace mucho, las «escrituras del yo» no han contado con el beneplácito de críticos y escritores durante siglos. También, hay que tener en cuenta, que al igual que en la cultura occidental de tradición judeo-cristiana, la cultura árabe ha estado siempre condicionada por el hecho religioso: sujeta a la autoridad de la escritura – la tradicción o sunna o los hadît (relatos que transmiten datos de la sunna)- y de los guardianes de la fe islámica, los imâmes. Debían ser textos autorizados, normalmente evocativos o encomiásticos de la recta vida y buen proceder –religioso- de su autor, narrador o personaje. Tal como ha sido la tradición hagiográfica de la biografía de influencia cristiana. Pero, hay que remitirse a la gran producción de diccionarios biográficos y escritos de corte autobiográficos, como los ta’rîj, los faharis, las rihlas, etc. Anteriores algunos de ellos al siglo III d. C. Curiosamente, Miguel Torga en su Diario -nota: Coimbra, 22 de enero de 1969-: «Dicen que la lengua árabe no tiene tiempo futuro y este hecho explicaría en parte ese enigmático inmovilismo que quizá sea, después de todo, una vocación saludable para existir sin angustia en el presente y en la eternidad del Profeta.»
El término biografía: «la secuencia cronológica, que va desde el nacimiento a la muerte del protagonista, define el espacio de la narración de un bíos, «vida». (Bíos es el término griego para tal relato; biographía aparece por primera vez en unos fragmentos de la Vida de Isidoro, de Damascio —finales del siglo v d.C.— conservados por el erudito Focio —s. XIX—. La biografía como género literario no tuvo, pues, un nombre específico en época antigua).», según Carlos García Gual en su artículo “De la biografía y de Alejandro”, en el monográfico dedicado a Biografías y Autobiografías de Revista de Occidente, nº 74-75, julio-agosto de 1987, p.21
[15]Daniel Madélenat y Ricardo Senabre –dos autoridades actuales en nuestra cultura occidental sobre el espacio biográfico- centran sus estudios en el paradigma moderno del tratamiento del tiempo o de la sintaxis del relato, mediatizado por la ambigüedad creadora fruto «de la tensión creada por la tendencia del método científico a dar una explicación unitaria y la intención intuitiva de encontrar un núcleo irradiador con el que penetrar al sujeto», como señala la investigadora, del ISLTYNT –UNED-, Alicia Molero de la Iglesia en su comunicación “Los sujetos literarios de la creación biográfica” del VII Seminario Internacional del ISLTYNT.
- Véase: Romera Castillo, José y Gutiérrez Carbajo (Eds.) (1998) Biografías literarias (1975-1997). Actas del VII Seminario Internacional del Instituto de Semiótica Literaria, Teatral y Nuevas Tecnologías de la UNED. Madrid: Visor Libros.
[16]Según indica la profesora Belén Hernández en su comunicación “Dos tendencias biográficas de la literatura italiana actual” para el VII Seminario Internacional del ISLTYNT.
- Véase: Romera Castillo, José y Gutiérrez Carbajo (Eds.) (1998) ibid.-: «El autor de biografías, como el novelista, también ha aprendido a combinar el gusto por la historia, y el gusto por lo actual, mediante mecanismos estudiados que sugieren analogías entre el mundo representado y el mundo real, consiguiendo un producto final cuidadosamente elaborado, que dignifica la literatura de entretenimiento y que es a la vez divulgativo» p. 463.O como bien explica el profesor José Antonio Cordón: «El sector de la edición biográfica, de las historias de vida en general, constituye uno de los más atractivos para la industria editorial, pues en él convergen los factores de espontaneidad y actualidad que permiten rentabilizar su producción. Una mirada a las particularidades de las obras publicadas informa acerca de este interesante aspecto, pues los fallecimientos, éxitos sociales, movimientos culturales, etc., representan el caldo nutricional que alimenta la curiosidad del público lector y su voracidad consumidora». En: Cordón García, José Antonio [et al.] (2001) Manual de investigación bibliográfica y documental. Teoría y práctica. Madrid: Pirámide. p. 222.
[17]Rocha, Clara (1977) O espaço autobiográfico em Miguel Torga. Coimbra: Livraria Almedina.
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