Iberia. El fado y Miguel Torga. [2] O fado

Escrito por José María Vivancos en Marzo 25th, 2008

Con esas mimbres se construye la Historia como relato pretenciosamente objetivo del pasado[1]. Y éste es mi deseo con estos artículos, modestamente divulgar, alentar y ayudar a navegar a través de la historia. Por ello, no es la primera vez que sostengo en este weblog, de que leer y viajar, son dos actividades necesarias que se complementan para acrecer en el cultivo de nuestra inteligencia y sensibilidad. Ya lo dijo san Agustín de Hipona: «El mundo es un libro, y aquellos que no viajan sólo leen una página.»

Los fados son dictado de la nostalgia, de las experiencias comunes, de la aventura y la ventura humana, del misterio y la magia, del brío y la fuerza. Son la proyección colectiva del pueblo, de sus pasiones y silencios. Como un libro de viajes, los relatos del día a día, en ellos navega la memoria:

Los músicos ciegos, trovadores de la plebe, de un barrio a otro, de aldea en aldea, iban mendigando inseparablemente acompañados de su lazarillo y de su mulo, mediante sus guitarras y sus folhetos de corda (pliegos de cordel)[2], cantando, gustaban de relatar las pasiones diarias de sus coetáneos, pero sobre todo, aquello que excedía la raya de lo cotidiano. Continuar leyendo »

Iberia. El fado y Miguel Torga. [1] Ibéria

Escrito por José María Vivancos en Marzo 22nd, 2008

Cuando Portugal se separó del Reino de León (1139) hacen ya unos ochocientos setenta años, aún no existía España. Ese fue el nombre romano dado a la totalidad de Iberia[1]. Y el mito de la unidad de las Españas que la secuencia Asturias-León-Castilla asumiría como una herencia romana y visigoda, sirvió para designar la variedad de países y lenguas en que se componía Hispania.

Fue «el proceso de agregación de estados y reinos realizado por los Reyes Católicos»[2] y la unión de la dos coronas en 1479 (Castilla y Aragón), el que dio lugar a que, «se hablara de España y de los españoles como de algo definido y definible», dando origen «en la Historia a la España moderna»[3]. Así pues, Portugal llevaba más de tres siglos forjando su propia identidad, luchando contra Castilla y ya de entonces deviene su «recelo y resentimiento»[4].

Casi nueve siglos con una frontera que sólo dejó de existir durante sesenta años (1580-1640), a raíz de la muerte sin descendencia del mítico D. Sebastião en 1578. La muerte del joven rey adalid del Gran Portugal, derrotado por los moros en la batalla de Alcazarquivir, cuyo cadáver no querían reconocer, dio lugar a la leyenda del rey desejado-encoberto (escondido). En Lisboa, durante siglos se creía en su regreso, dándose lugar a una poesía mesiánica, surgiendo el «sebastianismo»[5]. Continuar leyendo »


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