Instancias del yo autobiográfico

Escrito por José María Vivancos en Junio 9th, 2008

Este artículo prácticamente es un trasunto del capítulo que, con igual título, dedica la profesora Clara Rocha en (1992): Máscaras de Narciso. Estudos sobre a literatura autobiográfica em Portugal. Creo que digo bien al usar el transitivo trasuntar, ya que no me limito a copiar y/o traducir dicho texto, pero lo reflejará sustancialmente. Entiendo que no hago aportaciones significativas o novedosas, quizá no hay más originalidad que su inclusión ahora y aquí, y el resultado global del trabajo que me propuse desde primera hora realizar.

Sigo el esquema de desarrollo y transcribo de manera sintética el contenido del citado capítulo añadiendo algunas notas y citas. En definitiva, el objetivo es servirles de guía, animarles a leer la monumental obra de Miguel Torga[1], y sí les fuera posible, mejor en su lengua portuguesa. Cada lengua tiene su bagaje y musicalidad propios. Yo, que tengo la dicha de haber podido vivir y residir donde he querido en cada momento, y no verme obligado a transterrarme de mi patria ibérica, cuando leo a ciertos escritores, leo sus tierras: «mi tierra»: Ceres, Proserpina o Cibeles. Dice Manuel Alegre, que lejos de su patria por el exilio, pudo seguir percibiendo a Portugal cuando leía a Miguel Torga[2]. Continuar leyendo »

El discurso autobiográfico

Escrito por José María Vivancos en Junio 2nd, 2008

Desde el romanticismo – finales del siglo XVIII - hasta hoy, no han sido pocos, los que han sugerido que toda producción literaria es autobiográfica. Y actualmente sigue vigente el problema autobiográfico enfrentando a dos corrientes críticas, cuyas interpretaciones se verán más adelante, una, la de los deconstruccionistas que en línea con la proposición antes indicada, sostienen que «toda autobiografía se ha literaturizado», frente a otra de los pragmáticos, que abogan por «afirmar una especificidad genérica a la escritura del yo al margen de la ficción».

Desde ya expondré mi alineación con una tercera corriente, entre los que se encuentran estudiosos de la temática como el ya citado profesor José María Pozuelo que, sin pretender situar sus criterios en la síntesis de las anteriores – muy al uso en la historia de los planteamientos de investigación cuando pretenden alcanzar una definición de consenso sobre una disciplina o campo de estudio -, ni partir de una visión híbrida – muy fácil de objetivar -, proponen que el discurso autobiográfico es un género autónomo y fronterizo («frontera convencional»[1]) entre el discurso histórico vs discurso literario.

La modernidad y la posmodernidad han cuestionado permanentemente el concepto de género, enfatizando y justificando la libertad ilimitada de la escritura y la trasgresión de todas las reglas. Admitir la libertad y singularidad de cada escritor y su obra no está reñida con la existencia de los géneros literarios, es posible y necesario aceptar con Genette los géneros como «categorías propiamente literarias»[2] que «se especifican por el hecho de representar la realidad de modo particular y presentar caracteres estructurales distintos. Cada género literario representa un dominio particular de la experiencia humana, […y…] cada género representa al hombre y al mundo a través de una técnica y de una estilística propias […]»[3]. Continuar leyendo »

Racionalización. La totalización de las informaciones

Escrito por José María Vivancos en Mayo 27th, 2008

Como hemos visto ya, las auto/biografías tratan de recuperar el pasado, los hechos históricos y sus motivaciones, procurando re-construir la vida individual, interpretándola el propio personaje (A = N = P = A) desde el presente en el caso de las autobiografías, o (re)construyéndola un tercero (A = N ≠ P ≠ A) con todas las informaciones a su alcance, que es el supuesto en el cual se encuentran las biografías y las historias de vida (que siempre son inducidas por un científico o investigador social). Todas ellas tienen en común el objetivo de retratar una realidad exterior/interior y someterse a su verificación. Este pacto referencial les distingue de las narraciones heterodiegéticas o ficcionales[1].

La mayoría de las auto/biografías están escritas con una estrategia/estructura cronológica de la cuna a la tumba, menos las autobiografías propiamente dichas claro está. La autobiografía es una historia que nunca podrá ser completada por su autor, queda inconclusa antes de la muerte del personaje. La muerte que será argumento inspirador, incluso obsesivo, para gran parte de los autobiógrafos. En cambio, la secuencia temporal desde el nacimiento hasta el fallecimiento del personaje, será otro de los rasgos distintivos del texto biográfico. El «orden cronológico proporciona causalidad a la historia de vida, y por lo tanto coherencia interna»[2].

El biógrafo dispone de informaciones de naturaleza diversa, unas (documentos oficiales, fuentes biográficas y documentales[Enlaces]) son de mayor confianza que otras (declaraciones personales, memorias). En consecuencia, con la diversidad de los testimonios y a su grado de autenticidad, el biógrafo corre el peligro de enfrentarse ante planos de significación heterogéneos e irreductibles. Ahora bien, «cada información es parte integrante de un todo en continua estructuración, y revela, por eso mismo, su homogeneidad con todas las otras informaciones»[3]. Continuar leyendo »

Actitudes del narrador. Referencia y auto-referencia

Escrito por José María Vivancos en Mayo 22nd, 2008

La biografía y la autobiografía pretenden describir la vida de una individualidad. Escribir de una vida y no estrictamente historiar. En el caso de la biografía, entiéndase por individualidad, al ámbito individual, dado que existe el biografismo colectivo[1]. El discurso biográfico procura ajustarse a los acontecimientos históricos, vividos, por el personaje o protagonista, huyendo el narrador de la introspección, o al menos sólo acude al mundo interior cuando es inferido por los propios hechos históricos.

El proyecto del biógrafo es (re)construir un pasado con toda la información a su alcance, pasada y presente, que debe verificar e interpretar. Que conviene diferenciarlo del historiador. Mientras que el biógrafo, aspira sólo a descubrir los aspectos concretos que le interesan para su proyecto; el historiador, se afana por indagar la verdad acerca del pasado en su completitud, reflexiona sobre él y toma conciencia histórica[2]. Y el autobiógrafo dirige su obra a re-construir un pasado - su pasado - y lo estructura como un proyecto que pertenece al presente - su presente -. Es su proyecto, consciente y consiguientemente subjetivo e introspectivo.

Ahora bien, conviene subrayar que ambos discursos son inevitablemente interpretantes.
En la biografía existe siempre, en mayor o menor grado, la marca de la emotividad del sujeto emisor, que suele traducirse, en juicios de valor, connotaciones y otras formas que denuncian la simpatía o antipatía del narrador por el héroe de la biografía. «La empatía es una actitud ejemplar que el acto biográfico requiere del narrador»[3], que proviene desde el hecho y momento de la elección del personaje. Continuar leyendo »

Autenticidad. La jerarquización de las relaciones identidad / semejanza

Escrito por José María Vivancos en Mayo 18th, 2008

Identidad no es sinónimo de semejanza. Tal como señala Lejeune, “la identidad” es un hecho aprehensible en la enunciación, “la semejanza” es una relación establecida a partir del enunciado. La identidad implica solo tres términos: autor, narrador y el personaje. Para que exista semejanza, por el contrario, debe entrar en juego un cuarto término, de naturaleza extratextual, el modelo. Por “modelo” entiende Lejeune el prototipo “lo real al que el enunciado quiere asemejarse”.

Con respecto a todo el resto de formas de ficción, la biografía y la autobiografía tienen en común la característica de que son textos referenciales. Esto quiere decir que, tal como los textos científicos o históricos, pretenden producir una imagen de la realidad, y no sólo el “efecto de lo real” –mera verosimilitud-. El objetivo es retratar una realidad exterior y someterse a una prueba de verificación. Continuar leyendo »

El pacto autobiográfico. Las marcas pronominales o partículas deícticas

Escrito por José María Vivancos en Mayo 15th, 2008

Durante tiempo se ha visto como rasgo importante del texto autobiográfico el que se encuentre escrito en primera persona – escribo yo - con la intención de dar más verosimilitud al texto (narración autodiegética), mientras de la biografía clásica que esté escrita en tercera persona gramatical (heterodiegética)[1], haciendo gala de su carácter científico. Hoy se sigue enseñando en las aulas universitarias la conveniencia de no personalizar los escritos o documentos, tendiéndose a utilizar el impersonal (“se analiza”, “se concluye”, “se observa”, etc.). Y en muchas ocasiones «la reflexividad es un instrumento necesario para presentar el yo en la vida cotidiana»[2].

Este argumento de los caracteres de la voz narrativa no es erróneo, pero como se verá es claramente insuficiente para clasificar la escritura del yo. Del análisis de los propios textos a lo largo de la historia literaria, se extraen numerosos testimonios – narrativa homodiegética – de que el narrador, registrado en primera persona, acude en el discurso a relatar episodios biográficos de un personaje principal distinto a él. También ocurre que dándose la identidad del narrador y del personaje principal, el narrador no usa la primera persona gramatical y acude a la tercera persona, incluso al “tu” y a combinar las formas nominales, distintos procedimientos para dar la sensación de objetividad y distanciamiento púdico/irónico o causar efectos de desdoblamiento de personalidad[3]. Continuar leyendo »

Biografía - Autobiografía

Escrito por José María Vivancos en Mayo 11th, 2008

La «escritura del yo» ha experimentado, en las últimas décadas, una verdadera eclosión –“A explosão intimista na época contemporânea[1]-, al unísono un incremento importante en estudios sobre ella, basta con ver las secciones de novedades de las grandes librerías y los catálogos de las más importantes editoriales[2]. Las tendencias del mercado editorial revelan un crecimiento sostenido (superior al 5% anual) de la producción biográfica, para comprobarlo consúltese La Panorámica de la Edición Española de Libros. Las estadísticas y clasificaciones oficiales propician la confusión, entre “lo biográfico y lo autobiográfico”, al englobarse todas las publicaciones bajo el epígrafe: “Historia. Biografía”. O en la CDU con un registro común 82-94 para el conjunto de la Historia como género literario.

El propio término “Autobiografía” delata como esta palabra deriva claramente de la primera de “Biografía”. De acuerdo con Georges May, «uno puede preguntarse si no sucede lo mismo con las formas literarias que ambas designan»[3]: relatos de vida, novelas históricas, retratos, memorias, biografías propiamente dichas o biografías literarias, etc. Historias o documentos personales, como los denomina el sociólogo Ken Plummer[4], que estudiados por el español Juan José Pujadas, se pueden definir como: «todo aquel conjunto de registros escritos que reflejan una trayectoria humana o que dan noticia de la visión subjetiva que los sujetos tienen de la realidad circundante, así como de su propia existencia»[5]. Continuar leyendo »

Discurso histórico – discurso literario

Escrito por José María Vivancos en Mayo 3rd, 2008

La demarcación de espacios es muy compleja dentro de la literatura. En su seno no cabe hablar de un lenguaje que no sea ficcional: «el dominio de lo ficcional comprehende la totalidad de lo literario»[1]. La cuestión no está en buscar o sostener contraposiciones donde nos las hay. Es una evidencia, como en el proceso cognitivo, se necesita recurrir a ciertas diferenciaciones que faciliten aprehender la realidad. En la «escritura del yo», «como acto literario»[2], resulta complicado deslindar fronteras entre discurso histórico/discurso literario.

En aras de facilitar la comprensión de la «escritura del yo», es oportuno iniciar su análisis, contemplando la posibilidad de aislar funciones entre uno y otro discurso, con el objetivo de visualizar: un espacio textual (intra)literario y un espacio textual (extra)no-literario. Y de esta manera caracterizar a las obras literarias de las “no-literarias”. No obstante quede claro que por las teorías semióticas, en el espacio de la lengua, sólo cabe la diferenciación entre la lengua usual o común y la literaria o artística. Continuar leyendo »

José Martínez de Sousa

Escrito por José María Vivancos en Mayo 1st, 2008

Nos ha tocado vivir una época interesante. Y la vulgaridad brilla en muchos de los ámbitos de nuestra existencia cotidiana. Seguramente es esta una de las paradojas del desarrollo o acaso la constatación de una maldición china[1]. Puede que alguien entienda inexplicable el caso de que uno de los más distinguidos y reconocidos lingüistas, que durante el ejercicio de su vida profesional –de tipógrafo y editor- e intelectual –de investigador incasable de la palabra- no se encuentre entre los miembros de nuestra ilustre Real Academia Española de la lengua. La mediocridad, la desvergüenza y la envidia son tres males que tienen enferma, no sé desde cuando, a nuestra sociedad.

Quien sepa un poco, ame al libro y la lectura, le atraiga e inquiete la edición y el lenguaje, conoce que José Martínez de Sousa es un erudito. Maestro en “limpiar, fijar y dar esplendor” a nuestro idioma. Su vida y obra le acreditan como todo un humanista, especie en peligro de extinción en el género humano.

Así que, cuando hace unas horas me hice con el último número de la revista El Noticiero de las ideas, que suelo comenzar a ojearla por el final, porque acostumbra a finalizar con su sección dedicada a los “Libros” y el artículo del escritor y crítico Antonio Papell, con el que nos ilustra sobre la actualidad editorial de nuestro país, me he llevado una gratísima impresión al leer su referencia a:

«El filólogo José Martínez de Sousa, quien gusta de autotitularse ortógrafo, ortotipógrafo y bibliólogo, uno de los lingüistas más ilustres de este país —y quizá por ello paradójicamente ausente de la Academia—, ha publicado una segunda edición, corregida, de su “Ortografía y ortotipografía del español actual” [Trea,Gijón], una obra definitiva sobre la materia»[2]

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Diarismo

Escrito por José María Vivancos en Abril 21st, 2008

Antes de proseguir con la tercera entrega de Iberia. El fado y Miguel Torga, entiendo necesario dedicar un apartado al Diarismo, que servirá para centrar en su contexto la exposición que más adelante se hará sobre la “Poética de Miguel Torga”. Además, como inferencia, conecta con el artículo de Recuperación de lo cotidiano o resplandor de la memoria.

Inicialmente afirmar que el género memorialístico o la «escritura del yo»[1]abarca a las confesiones (forma del deseo de donación del yo o la necesidad de ser perdonado, bien por Dios, por la humanidad o por el propio individuo), autobiografías (centradas en la vida personal fundamentalmente), memorias (donde los contextos adquieren más relevancia que lo individual), cartas o epistolarios (comunicación personal y a distancia con un destinatario concreto), auto-retratos (relatos de vida), relatos autobiográficos de ficción (novelas y relatos personales), poemas (poemarios) autobiográficos, autobiografías dialogadas (entrevistas y conversaciones con los autores), ensayos autobiográficos, libros de viajes (ta’rîj tan notorios de la literatura árabe), crónicas, daguerrotipos o estampas,…y los diarios[2].

Todas ellas son expresiones de la memoria. La memoria las subtiende. Una memoria que no es historia. Se tendrá ocasión de tratar las diversas taxonomías de la memoria, dado que en los últimos años hemos asistido a un inusitado interés por la memoria humana[3], desde distintos campos (Antropología, Archivística, Bibliología, Filosofía, Historia, Lingüística, Literatura, Política, Psicología, Sociología, etc.) hasta el punto de contribuir al surgimiento de una nueva disciplina: Neurociencia Cognitiva. Continuar leyendo »


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