Autobiografía de un radical (I)
Historia cultural, Ibn Jaldún, Pensamiento crítico, Principal Agosto 10th, 2006
La Autobiografía (Ta’rif) de Ibn Jaldún[1] no es compleja y sus aparentes contradicciones no son producto de la modalidad literaria en sí, sino propias del sujeto de la obra, del “ego biográfico”. No es el trasunto de una confección, pero su estilo de encuadrarse, según el análisis propuesto por el profesor Pozuelo Yvancos en su último estudio De la autobiografía, se asemejaría al de nuestro coetáneo Castilla del Pino[2]: «el ejemplo más conspicuo de la autobiografía como testimonio del sujeto sobre sí mismo y sobre su circunstancia histórica»[3]. En este género, como en la mayoría de las creaciones literarias, no existe un modo «canónico, ni un estilo que distinga lo que es propiamente autobiografía de lo que no lo es»[4].
Ibn Jaldún, estaba convencido de que su obra intelectual sobresalía al relato de su vida[5]. El interés pedagógico no es su carrera política, aunque fuera un apasionado político. Mantuvo una perenne curiosidad vital y pretendió dejarnos una especie de guía instructiva de lo que fue su quehacer científico.
Siempre las orientaciones son previamente exploradas. La autobiografía, construcción literaria de un intérprete, «es un género que desde su aparición en las Confesiones de San Agustín hasta sus formulaciones más recientes, nunca ha dejado de jugar con su propio estatuto dual, en el límite entre la construcción de una identidad, que tiene mucho de invención, y la relación de unos hechos que se presentan y testimonian como reales»[6]. Así que Ta’rif contiene recuerdos, silencios y omisiones, que responden a un plan preconcebido.
Y es que, aún tratándose de un libro independiente[7] cuyo contenido fuese rumiando durante lustros, lo escribió – y se publicó – en dos partes / fases. Una primera, la concluyó en Túnez en 1394, siendo voluntad expresa del autor agregarla como apéndice al conjunto de su obra esencial a la que tituló: Kitáb al-`Ibar, Libro de los ejemplos instructivos[8]. La segunda en Egipto y formando un libro separado, retocando lo anterior e incorporando lo postrero, al final de su vida en El Cairo entre 1395 y 1406.
Paradójicamente, hubo copistas que agregaron al título de Ta’rif el de Rih’la (Viaje o Relato de viajes), imitando el título Rih’la dado por Ibn Battuta (1304-1377) – contemporáneo de Ibn Jaldún – a su singular obra biográfica de viajes A través del Islam[9]. El contenido de la Autobiografía, tal como ya hemos señalado, no se corresponde con el relato de lo íntimo, menos aún se trata de un libro de viajes. Sin embargo, no me resulta el error un contrasentido, o acaso escribir como leer no es montarse un viaje.
¿Cuál plan? En aquellos tiempos se desconocía el documento histórico. Ibn Jaldún, «jamás tuvo la noción exacta de documento, es decir, de un registro material del pasado»[10]. Sin embargo, su vocación fue dar testimonio de la evolución de su siglo obligándose a no sólo “registrar” los hechos que acontecían:
«En el momento en que el mundo experimenta una devastación tal [se refiere a la toma del poder por los bereberes y a la peste], diríase que éste va a mudar de naturaleza a efecto de sufrir una nueva creación y organizarse de nuevo cual una continuidad en el devenir. Por tanto, necesario es, hoy día, un historiador que registre el estado actual del mundo, de los países y pueblos y señale los cambios operados en costumbres y creencias, tomando el camino que el Masudí [historiador precedente] había seguido al tratar los asuntos de su tiempo. Así, a efecto de que sirviera de ejemplo y guía a los historiadores y analistas futuros»
[11 a)].
«Más la ciencia histórica tiene sus caracteres intrínsecos: que son el examen y la verificación de los hechos, la investigación atenta de las causas que los han producido, el conocimiento profundo de la naturaleza de los acontecimientos y sus causas originantes. La historia, por tanto, forma una rama importante de la filosofía y merece ser contada en el número de sus ciencias»
[11 b)].
«Son precisamente la disquisición atenta y la aplicación sostenida las que conducen a descubrir la verdad y resguardan contra el yerro y los tropiezos. En efecto, si se contenta con la simple reproducción de los relatos, por la vía de la tradición, sin consultar las reglas proporcionadas por la experiencia, los principios fundamentales del arte de gobernar, la naturaleza misma del desarrollo social y las circunstancias que caracterizan a la sociedad humana; si no se juzga de lo ausente por lo que se tiene a la vista, si no se compara el pasado con el presente, quizá no se estaría seguro de los tropiezos, de la caída en el error y del extravío de la senda de la veracidad»
[11 c)].
Observar y tomar datos, comprender y explicar el objeto propio, los atributos y los principios con lo que confiere a «la historia la categoría de verdadera ciencia»[12]. Los aplica responsablemente a su acaecer histórico demostrándose y enseñándonos la validez de sus criterios, la necesidad de proponerse la objetividad, distinguiendo “lo posible” de “lo imposible”, “la verdad del error”:
«Al ser ello así, la norma por observar, para discernir en los relatos lo verdadero de lo falso se fundamenta en la apreciación de lo posible y de lo imposible, y consiste en examinar la sociedad humana, es decir, la civilización; distinguir, por un lado, lo que es inherente a su esencia y a su naturaleza, y, por el otro, lo que es accidental y que no debe tomarse en cuenta, reconociendo, así mismo, lo inadmisible. Procediendo así, tendremos una regla segura para distinguir, en cuanto suceso y noticia, la verdad del error, lo verdadero de lo falso, valiéndonos de un método demostrativo, que no dejará lugar alguno a duda»
[13].
Haciéndonos comprender como su Autobiografía «no es solamente un discurso de identidad»[14]. Convengo con Nassif Nassar, que es su «Historia universal lo que justifica la Autobiografía, en ésta se intenta, en cambio, justificar la Historia universal. Desde este ángulo, la decisión de relatar y la manera de hacerlo se explican mutuamente»[15].
Continuará: Autobiografía de un radical (II)
NOTAS:
[1] He utilizado fundamentalmente dos traducciones. La española de Juan Feres, por su accesibilidad: Ibn Jaldún (1997). Introducción a la Historia Universal (Al-Muqaddimah). Trabulse, Elías (estudio preliminar, revisión y apéndices). México: Fondo de Cultura Económica.
Y la francesa de Abdesselam Cheddadi: Ibn Khaldûn. Le Livre des Exemples. I Autobiographie. Muqaddima. París: Gallimard, 2002.
Los pasajes citados han sido tomados de ellas simultáneamente, aunque por razones de espacio y para no aburrirles, he reservado la versión en francés (fuera de toda duda, la mejor y actual) para estas notas.
Creo que sobran los comentarios, quién tenga la fortuna de leer bien en francés podrá apreciar la razón de esta decisión.
Igualmente he recurrido a las traducciones francesas del barón Slane, reimpresión de 1934:
Ibn Jaldun, `Abd al-Rahman b. Muhammad (1934-38). Les Prolégomènes. M. de Slane (traduits en français et commentés). Paris: Librairie Orientaliste Paul Geuthner; y a la de Vincent Monteil (1967). Discours sur l’histoire universelle (Al-Muqaddima). Beirut: Commission Internationale pour la Traduction des Chefs-d’Oeuvre (UNESCO).
También he utilizado la traducción inglesa de Rosenthal, Franz: Ibn Jaldún. An introduction to history. The Muqaddimah. Londres: Routledge and Kegan Paul in association with Secker and Warburg, 1967.
Ésta ha sido la más usada internacionalmente por lectores e investigadores a partir de su publicación. Consecuentemente, imprescindible para calibrar el calado de los estudios.
Una de mis frustraciones es no saber árabe, porque aunque los filólogos y arabistas actuales sostengan que leer a Ibn Jaldún es tarea ardua, habría puesto cacumen y mucho tesón. Recurriendo a traducciones, por excelentes que sean, nunca será igual que la lectura en su lengua vernácula. Así lo puso de relieve Julio Caro Baroja, que sabiamente también nos alertó con un buen consejo:
«Los estudiosos europeos no arabistas tal vez no podamos nunca llegar a captar la esencia misma de sus ideas, por tenernos que referir a traducciones que, por hábiles que sean, dejan siempre muchos conceptos desenfocados o en la oscuridad. Personalmente, he hecho algunas comparaciones entre el texto original y varias traducciones que me han producido notable desaliento y desconfianza. Pero aparte de esto, conviene que al estudiar a Aben Jaldún no nos dejemos llevar demasiado por nuestra tendencia a la generalización, ni por su modo escolástico de exponer, ni por el prurito de hallar autores modernos con ideas parecidas.» (“Aben Jaldún y el gran ciclo cultural islámico”. En: Estudios Mogrebíes. Madrid: CSIC, Instituto de Estudios Africanos, 1957, p. 20).
Hay que puntualizar que don Julio no dispuso de buenas traducciones, ni siquiera con la de Rosenthal.
[2] Carlos Castilla del Pino ha publicado dos volúmenes autobiográficos:
- (1997). Pretérito imperfecto. Barcelona: Tusquets
- (2004). Casa del olivo. Barcelona: Tusquets
[3] Pozuelo Yvancos, José María (2006). De la autobiografía. Teoría y estilos. Barcelona: Crítica. p. 109.
[4] Pozuelo Yvancos, José María, op. cit. p. 107.
[5] En 1378 se retira al castillo de Qalat Ibn Salama (hoy Taourzout a pocos kms de Frenda, ciudad situada en pleno atlas argelino, a mitad de camino entre Fez y Túnez), en la madurez de su vida:
«Permanecí allí cuatro años enteramente libre de preocupaciones, lejos del tráfago de los negocios públicos y allí empecé la composición de mi obra (sobre la historia universal). Fue en aquel retiro donde di cima a los “Prolegómenos”, obra cuyo plan es completamente original, y para la ejecución del cual utilicé exhaustivamente una enorme cantidad de datos.» (Ibn Jaldún. Autobiografía. v.e. p. 72)
«J'y résidai pendant quatre ans, délaissant toute préoccupation. C'est pendant ce séjour que je commençai la rédaction de mon ouvrage . J'en achevai l'introduction [al-Mugaddima] selon cette manière originale qui me fut inspirée dans cette retraite : des torrents de mots et d’idées se déversèrent sur mon esprit et y furent agités jusqu’à ce que j’en eusse extrait la crème et élaboré les produits.» (Ibn Khaldûn. Autobiographie. v.f. p. 151)
Ta’rif es mucho más que el relato de su vida:
«suele traducirse por Autobiografía, traducción que puede aceptarse a condición de no atribuirle el aspecto esencialmente íntimo que le dan ciertos autores europeos modernos. El Ta’rif es una especie de curriculum vitae muy extenso». De: Abdesselem, Ahmed (1987). Ibn Jaldún y sus lectores. México: Fondo de Cultura Económica. p. 16
«La autobiografía tiene mucho de curriculum vitae. Por eso sería un error plantearla, como ha hecho el deconstruccionismo, en términos de la relación de ese texto con su sujeto, sin establecer al mismo tiempo que tal texto y tal sujeto están insertos en un marco pragmático, de práctica de discurso concreto, que ha movido no sólo su configuración narrativa, también su estructura apelativa, su dimensión retórica en ese sentido de ser retórica». De: Pozuelo Yvancos, José María, op. cit. p. 65.
[6] Pozuelo Yvancos, José María, op. cit. p. 17.
[7] El género autobiográfico se encuentra muy presente en la literatura árabe desde los tiempos medievales, pero «Ibn Jaldún es, en efecto, el primer escritor árabe que ha consagrado todo un libro a la historia de su vida» de Hussein, T. (1917). Étude analytique et critique de la philosophie sociale de Ibn Khaldún, citado por Nassar, Nassif (1980). El pensamiento realista de Ibn Jaldún. México: Fondo de Cultura Económica. p. 15.
También, Saadé, Ignacio (1973). El pensamiento religioso de Ibn Jaldún. Madrid: Consejo Superior de Investigaciones Científicas. p. 12 y 14:
«Entre los escritores árabes de la antigüedad, ha sido Ibn Jaldún el primero que dejó para la posteridad una autobiografía voluminosa y documentada. […] el hecho patente es que Ibn Jaldún nos presenta una autobiografía que no ha sido superada por ningún escritor árabe de la antigüedad, a pesar de los muchos defectos que aquella pueda tener».
[8] Rubio, Luciano. "Ritmo que sigue el curso de la historia de la humanidad y mecanismo que lo impulsa según Abenjaldún". Cuadernos salmantinos de filosofía, nº 11, 1984, p. 160 y 162:
«Finalmente, agregó a todo ese conjunto, por el final, como una especie de apéndice, su propia autobiografía, titulada Ta’rif. Al conjunto resultante dió el nombre de Kitáb al-’lbar, Libro de los ejemplos instructivos. Es seguro que, al agregar unas partes a otras, hizo retoques en ellas para acoplarlas bien, a parte de que casi todas esas partes fueron retocadas en el curso de su redacción».
«Abenjaldún que divide su obra Kitab al-’Ibar en tres libros precedidos de un Prolegómeno, en singular. Al conjunto del Prolegómeno y del primer Libro es a lo que los occidentales han llamado Prolegómenos [Al-Muqaddimah] en plural. El segundo libro trata de la historia de todos los pueblos de la Humanidad, exceptuados los Bereberes. El tercer libro contiene la Historia de los Bereberes».
[9] Ibn Batuta (1987). A través del Islam. Fanjul, Serafín y Arbós, Federico (introducción, traducción y notas). Madrid: Alianza.
[10] Abdesselem, Ahmed, op.cit. p. 61, haciéndose eco de los criterios de Taha Husein, para quién la historia en Ibn Jaldún no podía tener carácter científico dado que jamás tuvo la noción exacta del documento. Y Nassar, Nassif, op. cit. p. 117:
«En los historiadores árabes la noción de “documento” no tenía un estatuto autónomo preciso. En ellos lo esencial del relato histórico se reduce fácilmente a la narración de los hechos transmitidos por los informadores, de generación en generación. La obra de historia es más bien concebida como una compilación de testimonios de toda suerte y de toda opinión. Rara vez el historiador antiguo se preocupa por examinar el valor intrínseco de tal relato oral, o de tal relato escrito, de tal testimonio o de tal hecho mencionado. […] El término athar viene muchas veces a la pluma de Ibn Jaldún; pero significa “huella” más que “documento”, en el sentido técnico del término».
Respecto a “huella” e “historia”, remito al texto de Chalmeta, Pedro (2003). Invasión e islamización: la sumisión de Hispania y la formación de al-Andalus. Jaén: Universidad de Jaén. p.24. Toda una autoridad sobre la historia de al-Andalus:
«Entenderemos aquí por historia: la búsqueda -y proceso de obtención- de un conocimiento desinteresado de los hombres del espacio geográfico y período cronológico considerados, mediante las huellas subsistentes. Resulta obvio que el conocimiento que podamos conseguir será sólo parcial, por mutilado, estando reducido a lo que todavía se puede saber. Este conocimiento se traduce en un relato (basado en la previa recopilación factual) de lo que hizo determinado grupo humano. Pero la historia ha de rebasar la simple enumeración listado-descripción-relato, mediante una explicación de lo ocurrido, respetando siempre la necesaria objetividad de la relación entre hecho e interpretación».
[11] Todos los textos seleccionados, se corresponden a las traducciones ya citadas en la nota [1].
Las negritas y entre corchetes son míos.
a) El 1º de la versión española (a partir de ahora: v.e.) se encuentra en las p. 135-136. Se corresponde en la versión francesa (a partir de ahora: v.f.) al texto transcrito a continuación, de su p. 46:
«Lorsqu'il se produit un changement général des conditions, c'est comme si la Création avait changé à la racine, comme si le monde entier s'était transformé . C'est alors comme une Création nouvelle, un recommencement de la vie, l'avènement d'un monde. Pareille époque requiert quelqu'un qui enregistre les conditions des hommes et celles des différentes régions du monde et des nations qui les peuplent, qui décrive les usages et les croyances qui ont changé, et qui fasse ainsi pour son temps ce qu'al-Mas'ûdî avait fait pour le sien, afin qu'il serve de modèle aux historiens futurs.»
b) El 2º es de la v.e. p. 93 / v.f. p. 5:
«Mais, vue de l'intérieur, l'histoire est recherche spéculative et vérification, étude minutieuse des causes et des principes des choses existantes, connaissance approfondie des circonstances et des causes des événements. Elle a donc son fondement et ses racines dans la sagesse et mérite amplement d'être comptée comme une de ses sciences.»
c) El 3º de la v.e. p. 100 / v.f. p. 11:
«L'histoire doit donc faire appel à des domaines multiples et à des connaissances variées et exige des qualités de réflexion théorique et de fermeté d'esprit susceptibles de conduire au vrai, de préserver des faux pas et des erreurs. Car si les récits historiques sont jugés du seul point de vue de leur transmission, sans être examinés à la lumière des modèles de l'expérience, des règles de la politique, de la nature de la civilisation et des conditions de la vie en société, et sans que les faits passés soient évalués par analogie avec les faits présents, on ne peut se prémunir contre les faux pas et éviter de dévier du chemin de la vérité.»
[12] Rubio, Luciano, op. cit. p. 162:
“El objeto propio de esta ciencia, de la historia elevada a la categoría de verdadera ciencia, es la «asociación humana». Otras veces designa el objeto propio de esta ciencia con otras expresiones como «estado social del hombre» o también «sociedad»”.
[13] Ibn Jaldún, op. cit, v.e. p. 145 / v.f. p. 255:
«S'il en est bien ainsi, la règle à appliquer pour discerner le vrai du faux dans les informations à partir de ces notions de possibilité et d'impossibilité est de considérer la société humaine, c'est-à-dire la civilisation, en y distinguant les états qui l'affectent en son essence et selon sa nature, ceux qui l'affectent par accident, et qui ne doivent pas être pris en compte, et ceux qui ne peuvent l'affecter. En faisant cela, nous disposerons d'une règle pour distinguer dans les informations le vrai du faux et la vérité du mensonge selon une voie démonstrative qui ne laisse point de place au doute.»
[14] Pozuelo Yvancos, José María, op. cit. p. 30:
«La autobiografía no es solamente un discurso de identidad, lo es en la esfera de contrato convenido, al otro lado de la frontera de la ficción, como discurso con origen y consecuencias sociales, nacido en un momento y con fines específicos, diferentes a los que rigen, en esos contextos culturales, los textos de ficción».
[15] Nassar, Nassif, op. cit. p. 18. Véase la aclaración de la cita [8].
Diciembre 29th, 2006 a 2:57 pm
[...] Algunos de mis declarados propósitos para este 2006 se quedaron en dique seco, como algún que otro anhelo. Por ejemplo, a raíz de sus notables efemérides, tal hice con Giovanni Papini (1881-1956), escritor auténtico o con Ibn Jaldún en Autobiografía de un radical, hubiera querido escribir algo sobre Luchino Visconti, recordar en este weblog a D. Pío Baroja, a Hannah Arendt[1] y al mítico George Brassens[2] que tanto influyó en los cantautores españoles, especialmente en la nova cançó. [...]