En noviembre de 1949 escribía Vicente Aleixandre a José Antonio Muñoz Rojas poniéndole al corriente de su discurso de ingreso en la Real Academia Española, titulado «Vida del poeta: el amor y la poesía»[1]. Aprovecha también la ocasión para reiterarse en su opinión sobre la dictadura, de sus envites a la cultura: «Aquí la vida sigue igual. El fallo de Adonais promovió gran revuelo. No se premió el mejor libro, de Blas de Otero, por mor de la ortodoxia […] una injusticia de tamaño natural.»[2]

El jurado de Adonais, cuya colección de poesía había sido adquirida ya por Rialp – editorial del Opus –, censuraba así la obra Ángel fieramente humano de Blas de Otero el poeta vasco que definió al hombre como «¡Ángel con grandes alas de cadenas!»[3]. Otorgaron el premio a Ricardo Molina por su obra Corimbo. A los de la “obra de dios”, quizá les sonara la poesía del cordobés de Cántico más piadosa, religiosamente a su manera.

Está claro que, con las diatribas, en la discusión de aquél jurado no se pudo entrever las relaciones entre las obras de aquellos dos poetas, menos aún sospechar que con su fallo contribuirían a una futura amistad[4]. Que acertaron para animar, o lo que es lo mismo hicieron honor al refrán sefardí: no hay mal que por bien no venga.

En estos días sí se ha hecho justicia con la poesía al premiar con el Reina Sofía de Poesía Iberoamericana a la peruana Blanca Varela. No basta con leer el Elogio de Blanca Varela de Vargas Llosa[5], es necesario adentrarse, detenerse en sus poemas[6], todo un ejercicio creativo donde se demuestra su atención especial por el sufrimiento humano como injusticia, una meditación constante y singular acerca de la vida. Estos rasgos no son exclusivos de la poetisa. Caracterizan por igual la obra de los poetas pensadores que nombro hoy.

«El poeta es el hombre»[7]. Un hombre que como todos los hombres no vive siempre «en dichosos dominios»[8]. En el lenguaje poético late la vida y existe el amor, como luz que lo manifiesta. Igualmente no existen muros entre la poesía y la naturaleza. «Una naturaleza potenciada hasta el máximo»[9], como en Antonio Machado. Naturaleza vivificada, donde el tiempo ya no existe para el poeta como sujeto amante. La belleza es tal cual, existe en la armonía de la construcción poética.

Así lo expresa Aleixandre a su amigo Muñoz Rojas, tras haber leído su «bello libro de poesía (¡y está en prosa!)»: Las cosas del campo. «¡Cuántas cosas han tenido que reunirse para que este libro saliera! Sólo por este libro ha sido ya un bien que hayas vivido tantos años mezclado y vivido con la tierra letrada y las gentes de ella. ¡Y qué humano libro! ¡Y qué vocabulario! ¡Y qué sentido para exponer y resolver el poema, con una traslación, que a veces parece una notación, y que siempre traslada, comunica!»[10]

Antonio Gamoneda considera que el premio a Blanca Varela es “una especie de culminación de su obra” y en ella «lo que muestra Varela es un brote existencial que se produce a través de un lenguaje impredecible»[11]. Se trata de la mistérica palabra poética. Algo semejante pone de relieve Antonio Colinas al hablar de la «sensación de misterio que nos asalta ante la creación y ante la lectura de los grandes poemas de san Juan de la Cruz»[12] y sigue estimando ya, ese aparente irracionalismo, en sus coetáneos como Luis de Góngora: «había en los poetas un vigoroso componente de ebria intuición –ahí están las Soledades gongorinas–, de ese irracionalismo necesario para expresar lo más inexpresable, los temas más sublimes. Las palabras del poeta no se deben quedar en un mero fotografiar la realidad»[13] .

El contenido del poema son un conjunto de datos extraídos y filtrados por la experiencia vital del poeta. Es lo que viene a subrayar Colinas: «Esto también puede ser la poesía. Porque, de lo contrario, como también he recordado en muchas ocasiones, no existe una base experiencial, vital, detrás de dicha cultura. La cultura que no es sinónimo de vida no es tal cultura.»[14]

El cántico de todos ellos vierte humanismo. Como dice Octavio Paz: «Escribir era defenderse, defender a la vida»[15]. Y una expresión de defensa radical de la verdad. Un humanismo vitalista, porque la apreciación del dolor no les ciega. Se trata de un quejido, donde la nada es negada. En sus versos no se transmite falta de fe, sino una gran ansia de Dios.

Entre los hábitos lectores de nuestros políticos de hoy, parece no encontrarse en gran estima la poesía, y a más en tiempo de campaña, que al margen de las citas literarias en sus discursos, apenas les queda tiempo para otra lectura que no sea la de “las encuestas y los titulares de los periódicos”[16]. Tan evidente como la mediocridad imperante en ellos es su afán por no conocer nuestra tradición poética[17], a más que se jacten de la amistad de algunos representantes de la cultura y sepan utilizarlos para su mercadotecnia política. Ahora procede la reflexión. Nos toca una parada reflexiva en serio. Recurriendo por ejemplo a la lectura de “La distinción entre autenticidad y apariencia” de Erich Fromm[18] .

El lema de Vicente Aleixandre fue: «Hacer es vivir más».

 

 


 NOTAS:

[1] Aleixandre, Vicente (1950). Vida del poeta: el amor y la poesía. Discurso leído ante la Real Academia Española, el día 22 de enero de 1950 en su recepción pública. Madrid: S. Aguirre.

[2] Aleixandre, Vicente (2004). Cartas de Vicente Aleixandre a José Antonio Muñoz Rojas (1937-1984). Valencia: Pre-Textos. p. 287-290.

[3] Otero, Blas de (1977). Ángel fieramente humano. Redoble de conciencia. Buenos Aires: Losada.

[4] Molina, Ricardo (2007). Obra poética. I (1945-1967). [y] II Poesía póstuma. Madrid: Visor Libros.

[5] Vargas Llosa, Mario. “Piedra de toque. Elogio de Blanca Varela”. En: EL PAÍS, domingo 20 de mayo de 2007. p.15-16.

[6] Varela, Blanca (2001) Donde todo termina abre las alas. Poesía reunida (1949-2000). Barcelona: Galaxia Gutenberg.

[7] Aleixandre, Vicente (1950). op. cit. p.10.

[8] Molina, Ricardo (2007). op. cit.

[9] Aleixandre, Vicente (1950). op. cit. p.30.

[10] Aleixandre, Vicente (2004). op. cit. p.311-312.

[11] Intxausti, Aurora. “El oscuro trazo existencial de Blanca Varela”. En: EL PAÍS, viernes 11 de mayo de 2007. p. 56.

[12] San Juan de la Cruz, «figura viva», marca el quehacer poético de bastantes poetas filósofos, no sólo de escritores en lengua española. Así se refleja, por ejemplo, en la obra de:
Vicente Aleixandre (2004). op. cit. p.385-387
Blas de Otero (2003). Antología poética. Expresión y reunión. Madrid: Alianza. p.63-65.
Ricardo Molina op. cit. 18-19.
Antonio Colinas (2004). En la luz respirada : Sepulcro en Tarquinia. Noche más allá de la noche. Libro de la mansedumbre. Madrid: Cátedra. p. 263-265.
El vínculo de «figura viva» (transcripción) les lleva a su poesía: “Noche oscura”, “Llama de amor viva”, “Entréme donde no supe”, “Vivo sin vivir en mí”, “Tras un amorosos lance”, “Sin arrimo y con arrimo”, “Por toda la hermosura”, “Qué bien sé yo la fonte” y “Un pastorcico”.
El vínculo de «figura viva» (reproducción) les lleva al facsímil del Manuscrito de Jaén. Ambos tomados de: Juan de la Cruz, Santo (1991). Cántico espiritual y poesías. Manuscrito de Jaén. Madrid: Junta de Andalucía – Turner Libros.
También les remito a la interesante página sobre San Juan de la Cruz del Centro Virtual Cervantes.

[13] Colinas, Antonio (2005). El agua, la piedra, la palabra (Salamanca en la memoria). Salamanca: Fundación Municipal Salamanca Ciudad de Cultura. p. 86-87.

[14] Colinas, Antonio (2005). op. cit. p. 60.

[15] Varela, Blanca (1959). Ese puerto existe. [Prólogo de Octavio Paz: "Más allá del dolor y del placer"].

[16] Libros en campaña: ¿Qué leen los candidatos?. En: EL CULTURAL, 24-30 de mayo de 2007.p.14-16.

[17] Por supuesto que, nuestra tradición poética es mucho más amplia de la que se menciona aquí y ahora. Faltan figuras muy señeras, al menos para mi, como por ejemplo: Arcipreste de Hita, Lope de Vega, Fray Luis de León, Santa Teresa de Jesús, Jorge Manrique, Sor Juan Inés de la Cruz, Gustavo Adolfo Bécquer, Rosalía de Castro, Juan Ramón Jiménez, Federico García Lorca, Miguel de Unamuno Miguel Hernández, Luis Cernuda, César Vallejo, Pablo Neruda, Jorge Guillén, Rafael Alberti, Manuel Altolaguirre, León Felipe, Dámaso Alonso, Pedro Salinas, Luis Felipe Vivanco, Emilio Prados, Manuel Curros Enríquez, José Bergamín, Jaime Gil de Biedma, Mario Benedetti, José Hierro, Claudio Rodríguez, Ángel González, José Ángel Valente, Celso Emilio Ferreiro, Pedro Garfias, Gerardo Diego, Alfonso Reyes, José A. Goytisolo, Ernesto Cardenal, J. M. Caballero Bonald, Pablo García Baena, María Victoria Atencia, Luis García Montero, Andrés Trapiello, Chantal Maillard, Adolfo García Ortega,..y no están todos los que son.

[18] Fromm, Erich (2007). La vida auténtica. [Cap. 7: “La distinción entre autenticidad y apariencia”]. Barcelona: Paidós Ibérica. A modo de resumen: «Las disfunciones y el sufrimiento son indicios dolorosos de que los seres humanos no viven auténticamente y no tienen acceso a un mejor conocimiento de sí mismos porque dicho conocimiento ha sido suplantado y sólo habla con claridad en el lenguaje de los sueños. Y, sin embargo, vivir auténticamente puede volver a aprenderse si uno evoca su fuerza original, le da cabida y la emplea». De su introducción por Rainer Funk.

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