La innovación integral es la que nutre y contextualiza el operar con inteligencia, esta da consistencia a la más noble aspiración de las organizaciones: la excelencia. Magnitud, que no tiene sentido sin la responsabilidad social corporativa. Anticiparse a las oportunidades, desafiando las amenazas, superando debilidades y creciendo en las fortalezas. Esta es la que muchos convienen en llamar la inteligencia competitiva.

En la actual coyuntura económica es aún más precisa, concienciar a las personas, impregnar las estructuras de las organizaciones y las propias rutinas operacionales, de dicha capacidad de “pensar en futuro”. Hoy y mañana, sólo se encuentran facultadas, aquellas entidades que, opten por sistemas integrales de gestión del conocimiento, algo consustancial con una dinámica globalizadora de la cultura. Por que «el único criterio de progreso en el campo de la cultura es el de la eficiencia en la satisfacción de nuestras necesidades, intereses y fines últimos, algo en lo que cada uno de nosotros tiene mucho que decir»[1].

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