Cuando existe una inquietud permanente e indómita curiosidad por abarcar el conocimiento, se consigue un estado de ensimismamiento que facilita contemplar la realidad como un todo cercano e infinitamente inabarcable. Esta disposición anímica es tan vieja y precisa, como el lema socrático de que mientras más se sabe, más nos autoreconocemos indigentes de la facultad de conocer[1].

Por otra parte nos está tocando presenciar o malvivir el espectáculo de una crisis generalizada, no sólo económica. La crisis es absolutamente global, abarca todos los campos y ámbitos, como globalizado e imparable ha sido desde hace medio siglo el desarrollo de las tecnologías, el crecimiento de las actividades económicas, la explosión informativa, la proliferación de las interrelaciones humanas y las migraciones o movimientos de importantes masas poblacionales. Continuar leyendo »