Escrito por José María Vivancos en Agosto 19th, 2008
Cuanto más releo la obra torguiana «comprendo mejor»[1], al artista responsable que se deriva de las nociones bajtinianas[2], al intelectual en el espacio de las tomas de posición estudiado por Bourdieu[3], al poeta en el oficio como ética de García Montero[4], y al lector autobiográfico de Lledó[5]. De tal forma que, mejor diálogo conmigo mismo, y más a más, asumo mi memoria personal y el diálogo que en el día a día entablamos con la memoria colectiva de la historia. Llego a convencerme de que el poeta es a veces más un historiador que filósofo y a veces más filósofo que historiador. Es un artista que, a través de la contextualización de los sentimientos humanos, es capaz de universalizar y exponer los hechos concretos de la vida, y a veces logra con el tiempo su escritura, explicarnos la vida y que sí no, al menos se acerca a ello. La poesía es un medio de conocimiento de la realidad como afirmó José Ángel Valente.
Se viene hablando de relaciones de proximidad o paralelismo entre la poesía y la autobiografía desde el romanticismo, para entrever como el autobiógrafo al igual que el poeta, transfiere a su narración su interioridad – yo introvertido -. Ya se ha visto que el discurso autobiográfico presupone una actitud de comunicación entre personas – intersubjetiva -, donde existe un yo referencial. Ocurre en la poesía, en muchos casos, contra lo expresado en este aspecto por la profesora Clara Rocha que entiende que en la mayoría de los casos el yo poético, es un yo sin referencia. La función autopoética o la poética de autor indican que cierta poesía pueda asociarse a la escritura del yo. Continuar leyendo »
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Etiquetas: Antonio J. Gil González, Ángel González, Biobibliografías, Clara Rocha, diarismo, Emilio Lledó, Guillermo Carnero, Hans Rudolf Picard, Ibn Arabi, José A. Pérez Bowie, José Ángel Valente, José María Pozuelo Yvancos, Lord Byron, Luis García Montero, Manuel Alberca, Marcello Duarte Mathias, memoria humana, metaficción, metapoesía, Miguel Torga, Mijail M. Bajtín, Philippe Lejeune, Pierre Bourdieu
Escrito por José María Vivancos en Agosto 12th, 2008
Hoy hubiera cumplido 101 años Adolfo Correia Rocha que en 1934 comenzó a firmar sus obras con el seudónimo de Miguel Torga. Sobresalió como poeta: «Un poeta, por pobre que sea, tiene siempre para dar. Pero todo poeta es un desesperado que no desespera» (Diário; 27.11.57). Un poeta firmemente identificado con su tierra. Y en su Tierra un sólo poeta, el negrilho, un árbol-poeta:
Na terra onde nasci há um só poeta.
Os meus versos são folhas dos seus ramos.
Quando chego de longe e conversamos,
É ele que me revela o mundo visitado.
Desce a noite do céu, ergue-se a madrugada,
E a luz do sol aceso ou apagado
É nos seus olhos que se vê pousada …(Diário; 26.04.54).
Miguel Torga amó la vida y defendió la libertad, su condición de ser libre: «no valgo más que para ser libre» (Diário; 04.05.83). Lo mejor que supo hacer, además de escribir, es ser humano denunciando la condición inhumana de todo poder: «Hay en mí una raíz anarquista que no me deja soportar el poder. Me opongo a él porque degrada a todos: a quien lo ejerce y a quien lo tolera»(Diário; 09.09.1956).
Adolfo Correia Rocha falleció el 17 de enero de 1995 pero Miguel Torga sigue viviendo en la Tierra y con los hombres, aquí tienen su biobibliografía (contiene 106 enlaces, de ellos 16 son textos complementarios - documentos digitalizados).
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Etiquetas: Biobibliografías, Julio Caro Baroja, Literatura portuguesa, Miguel Torga, telurismo
Escrito por José María Vivancos en Agosto 10th, 2008
Un poema es un trozo de memoria. La poesía difícilmente se puede escribir y entender sin la carga de los recuerdos o elementos autobiográficos. De ahí, la fragilidad y la grandeza poética. Un lenguaje que conjuga la historia con la literatura, y que tiene vocación universal de inducir al pensamiento.
Ha muerto Mahmud Darwish, su vida ha sido una lucha de resistencia, desde que nació en la Galilea - en 1941, palestina - se vió obligado al exilio, pero su obra no ha sido lacónica. Extensa en libros y sobre todo en lectores.
¿No puedes apagar la luna para dormir
un poco sobre tus rodillas, para que la palabra se despierte
y alabe a una ola del trigo que crece entre las venas del mármol?
Huyes de mí, gacela temerosa, y danzas en torno a mí,
y no puedo alcanzar al corazón que muerde tus manos y grita: quédate
para que sepa de qué viento sopla sobre mí la nube de las palomas.[1]
Su corazón se rindió, probablemente no toleraba tanto quebranto y fatiga. Y sus versos no curan, no obstante son un placebo para el dolor: Continuar leyendo »
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Etiquetas: Mahmud Darwish, Poesía árabe, Resistencia palestina
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