Hay diversas razones para escribir este artículo. Primera, no la más importante, pero sin duda es la que, desde hace dos meses, no he publicado nada en esta bitácora personal o weblog[2]. Y no sé si afortunadamente o no, son unos cuantos los que así me lo reclaman cuando preguntan ¿qué pasa que no actualizas la página? La web de www.bibliologia.info, no la he descuidado en ningún momento, han sido numerosos los nuevos vínculos introducidos en las distintas secciones y/o páginas, pero aunque a veces resulte pesada la tarea de introducir nuevos textos o comentarios -propios y ajenos-, hay que dar cumplimiento a nuestro propósito. Probablemente a veces, uno se complica la vida en demasía, pero es entonces cuando más se necesita transmitir, comunicar, expresar en definitiva nuestras impresiones y criterios, es parte de nuestro sentido de la vida y de la historia, sólo entendibles si la compartimos con el “otro” => l@s otr@s. Segunda, quería dejar mención expresa a uno de los acontecimientos culturales más significativos del año que se nos va: “la celebración del IV Centenario del Quijote”; que ha constituido la consolidación de la figura de Cervantes, junto con la de Shakespeare, como máxima expresión de la creación literaria de Occidente[3]. Tercera, en estrecha relación con las dos anteriores, para mí, leer y escribir es un gozo. Ocupan tiempo y conllevan desgaste de energías, pero ante todo, ambas acciones no las hago sin gozar[4]. Cuarta y última, no debemos dejar de palpar lo eterno[12]. Las utopías aparecen ciertamente fantasmáticas en cuanto son productos alejados de la realidad. Pero para qué vivir sin ilusiones, sin deseos, sin esperanza: ¿para cuándo el proyecto esperanza?[5]

La Navidad, entendida pagana o religiosamente, es tiempo propicio para los recuerdos y las fantasías. La Navidad es una felicitación -saudação- pues nos aproxima a la eternidad añorada: Habitará el lobo con el cordero, / la pantera se tumbará con el cabrito, / el novillo y el león pacerán juntos: / un muchacho pequeño los pastorea. / La vaca pastará con el oso, sus crías se tumbarán juntas; / el león comerá paja con el buey. / el niño jugará en la hura del áspid, / la criatura meterá la mano en el escondrijo de la serpiente[6]. Navidad es saudade[7].

Retomemos el último artículo {¿Es confesable que lo clásico no es un misterio?}, al personaje de Ibn Jaldún y su: “Al-Muqaddimah” -Introducción a la Historia Universal[8]-. Hemos de sostener con el profesor Miguel Cruz[9] que un profundo escepticismo político atraviesa toda la concepción de Ibn Jaldún, que tiene la ideología pesimista y resentida del “emigrado”, de ahí su visión fatalista de la historia, aunque genialmente aparezca como un precursor de la dialéctica social, de una interpretación materialista de la historia, al fundamentar que el sujeto de la historia no es el individuo concreto, sino el grupo social unido por el “espíritu de cuerpo” (asabiya[10]). En su concepción histórica y sociológica, se muestra como uno de nuestros contemporáneos cuando mantiene que: el individuo y el grupo social están condicionados por el medio social -como luego, en cierto sentido, repetiría Carlos Marx- y no por la herencia; y considera que: la sociedad es un fenómeno natural que se apoya en dos elementos determinantes: la economía y la seguridad[11]. Si analizamos el itinerario de su pensamiento que, principalmente emana de su obra ya citada, ésta nos recuerda significativamente a: Tucídides y Polibio -historiadores-, Heráclito, s. Agustín de Hipona, Paulo Orosio, Al-Farabi, Avicena, Algacel -filósofos y teólogos-; y aunque cita a Avempace, no demuestra haber leído el Régimen del solitario[12].

Ibn Jaldún enjuició a la civilización condicionada por la servidumbre y profesó su admiración por los que se niegan a servir. Fue el historiador y científico más sobresaliente de la decadencia de al-Andalus, su vida y obra nos recuerda a la también obra maestra de nuestra literatura: El Quijote. La vida de Cervantes, dos siglos más adelante, curiosamente se asemeja a la de nuestro pensador andalusí, se desarrolla en el tránsito entre el siglo XVI y el XVII, asistiendo en su transcurso a una profunda crisis de valores y el proceso de “decadencia” que acompaña a dicha crisis. En ésta asistimos al transcurso entre el Renacimiento y el Barroco, que hace presa en la propia vida de nuestro genio. Cervantes encarna como nadie en sus entrañas dicho cambio, convirtiéndolo en unidad artística, y ello de forma paradigmática en lo que es su obra cumbre. El Quijote es una exaltación de los ideales renacentistas -la Edad de Oro, la defensa de las armas, el encomio de la dignidad humana, el loor de la libertad-, pero al mismo tiempo es un reflejo del Barroco -expresión del claroscuro, presencia del “desengaño”, protagonista del fluir temporal, espejo y vigor de la locura-, reconvirtiendo en síntesis armoniosa lo que es una dicotomía aparentemente insalvable…rebelándose como un asombroso paradigma de la condición humana[13].

Y ahora acometamos los sentidos de la utopía. La utopía es un proyecto que se acomete día a día, que es pura práxis, que no se encuentra más allá de ninguna frontera. Es aprehensible, es la heterodoxia transgredible y nada virtual: es el bien común.

Por ejemplo en François Whall: …hay algo que falta, un objeto que se busca que es el objeto del deseo, que es todo lo que no puede no faltarle al hombre y que le resulta imposible, y que resultándole imposible se define como «lo real»….[14]. En John Berger: …una vida sin deseos no vale la pena de ser vivida… La eternidad no es algo que está esperando por nosotros, no es algo que forme parte del futuro, sino que es algo que experimentamos, que se puede vivir y compartir en este instante…[15].

En Ibn Jaldún, en Cervantes, en Garaudy, como en Ernst Bloch. La utopía es una filosofía siempre en camino, de carácter nómada. Es la manifestación de la esperanza humana en una vida con total seguridad mejor, porque se opone a que el mundo ya esté agotado:… Se trata de aprender la esperanza. Su labor no ceja, está enamorada en el triunfo, no en el fracaso. La esperanza, situada sobre el miedo, no es pasiva como este, ni, menos aún, está encerrada en un anonadamiento… Pensar significa traspasar… El verdadero traspasar conoce y activa la tendencia inserta en la historia, de curso dialéctico. En sentido primario, el hombre que aspira a algo vive hacia el futuro; el pasado solo viene después, y el auténtico presente casi todavía no existe en absoluto… El futuro… solo contiene lo que es esperanza. La función y el contenido de la esperanza son vividos incesantemente, y en tiempos de una sociedad ascendente son actualizados y expandidos de modo incesante. Solo en tiempos de una vieja sociedad en decadencia, como es la actual sociedad en Occidente, hay una cierta intención parcial y perecedera que discurre hacia abajo. En aquellos que no encuentran salida a la decadencia, se manifiesta entonces el miedo a la esperanza y contra la esperanza… La filosofía tendrá que…saber de la esperanza, o no tendrá ya saber ninguno…[16].

La utopía es el ágape, la eterna celebración, la poesía: … ¿Para qué sirve la utopía? Para interpretar un sentido en el signo…[1].


[* y 1] García Ortega, Adolfo (1999). Habitaciones irreales. Madrid, Trama, 98 p. ISBN: 8489239134.


[2] weblog => bitácora: …se ha tomado la voz de bitácora para traducir el término inglés weblog (de web + log(book); abreviado, blog), que significa “sitio electrónico personal, actualizado con mucha frecuencia, donde alguien escribe a modo de diario o sobre temas que despiertan interés, y donde quedan recopilados asimismo los comentarios que esos textos suscitan en sus lectores”.: Diccionario panhispánico de dudas (2005). Madrid, RAE-Asociación de Academias de la Lengua Española-Santillana, 848 p. ISBN: 8429406239.


[3]…Y es que las obras maestras [clásicas], las que en vez de atrapar impulsan al lector, estimulan sus energías y hasta cierto punto transforman su relación con el mundo, con la vida, consigo mismo, tienen sin duda una mayor permanencia. Y la permanencia, la duración, es un factor esencial a la hora de planificar la explotación de lo que, para entendernos, denominaremos la progenie de la obra literaria. Esto es: convertir la obra en cuestión en un verdadero acontecimiento social que, más que a la lectura propiamente dicha, se aplique a desarrollar las improntas de toda índole que su contenido literario proyecte sobre el ámbito real que le es propio.: Goytisolo, Luis (2005). “Utilidad de la novela”. EL PAIS. Babelia, 734, sábado 17 de diciembre de 2005, p. 21.


[4]…no hay discurso sin sujeto… porque desde el instante en que se comprende que todo saber es un discurso y que sabemos que todo discurso tiene un sujeto, se ve el saber positivista puesto en tela de juicio por el problema del sujeto de la enunciación del saber. Esto es válido para la ciencia, pero es válido también, desde luego, para la literatura… hay un sujeto en algún sitio que no estaba forzosamente allí donde creía el autor y que estaba finalmente en algún sitio en el autor o también en el lector. Por ejemplo, cuando el autor hace un texto, lo hace para gozar… desde el instante en que se habla del placer de un texto es decir, de una relación que produce para el que usa el significante algo así como un orgasmo, y que es la cogida del objeto mismo, y que es el objeto de su deseo, el cual es siempre por definición un objeto que falta; pues bien, en el instante en que eso surge, en la escritura o en la lectura, en el instante en que la relación con el significante se convierte en una relación de placer, en este momento es evidente que hay un desplazamiento del enunciado a la enunciación. ¿Qué es en definitiva el gozo? El gozo es lo que se produce en la aparición de un fantasma; es decir, en el momento en que para un sujeto aparece el objeto que lo define, de hecho, como sujeto.: Whall, François (1984). “En que se ha convertido el estructuralismo”. Cuadernos del Norte, Año V, núm. 26 (julio-agosto) p. 31.


[5] Garaudy, Roger (1976). Una nueva civilización. El proyecto esperanza. Madrid, Edicusa, 159 p. ISBN: 8422902079.


[6] Biblia. A.T. Isaías I. 11, 6-8: Nueva Biblia Española (1975). Madrid, Cristiandad.


[7] saudade, s. f. nostalgia, añoranza, pesar y melancolía que se sienten de un bien pasado o de que se está privado; pesar por la ausencia de personas queridas; dulce recuerdo. Definición de: Martínez Almoyna, Julio (2000). Diccionário de Portugués - Espanhol. Porto, Porto Editora, 1332 p. ISBN: 9720050411.
Es una de las expresiones más genuinas de la lengua y que mejor expresa la idiosincrasia del alma portuguesa. Aconsejo leer: Lourenço, Eduardo (2005). O laberinto da Saudade. Psicanálise mítica do destino portugués (4ª ed.) Lisboa, Gradiva, 182 p. ISBN: 9726627656.


[8] Ibn Jaldún (1997) Introducción a la Historia Universal (Al-Muqaddimah). Trabulse, Elías (estudio preliminar, revisión y apéndices). México, Fondo de Cultura Económica, 1166 p. ISBN: 9681626451.


[9] Cruz Hernández, Miguel (1963). “4. Ibn Jaldún (1332-1406)”. En: La Filosofía �rabe. Madrid, Revista de Occidente, p. 379-392.


[10] La asabiya es: la solidaridad socioagnática, el espíritu del cuerpo, si se prefiere, que constituye lo esencial de la fuerza política: «la asabiya no se manifiesta sino entre las gentes unidas por los lazos de sangre o algo semejante… El verdadero parentesco consiste en esta unión de los corazones que revaloriza los lazos de sangre e impulsa al hombre a defender al que le pide ayuda… Mediante la asabiya los hombres pueden protegerse mutuamente, rechazar a sus enemigos, vengar sus injurias y realizar los proyectos a los que encaminan sus esfuerzos conjuntados.»: Andel-Malek, Anuar (1983) “Ibn Jaldún, fundador de la ciencia histórica y de la sociología”. En: Châtelet, François (dir). Historia de la filosofía. Tomo I. La filosofía pagana. La filosofía medieval. Madrid, Espasa-Calpe, p. 344-365.


[11] Puede que resulte paradójico, pero me recuerda los postulados del profesor en sociología Enrique Gil Calvo. Es recomendable e interesante leer su obra: El miedo es el mensaje. Riesgo, incertidumbre y medios de comunicación. Madrid, Alianza, 2003. 320 p. ISBN: 8420641782.


[12] Otra de las obras clásicas de nuestra literatura, de la que hablaremos en otra ocasión más extensamente. Muy difundida en la Edad Media y el Renacimiento, pero hasta hace poco escasamente reconocida, quizá por su notoria inaccesibilidad al no encontrarse traducida a nuestra lengua. Es la obra más conocida de Avempace (nació en Zaragoza, probablemente entre 1085 y 1090, y murió en Fez, probablemente asesinado, en 1139). En ella describe un estado ideal y utópico, en el que todo debería estar regido por la verdad, la virtud y el amor entre los hombres: Avempace (1997). El Régimen del solitario. Lomba, Joaquín (Introducción, traducción y notas). Madrid, Trotta, 182 p. ISBN: 8481641715.


[13] Creo imprescindible leerse todo el artículo de: Abellán, José Luis (2005). “El Quijote, contrafigura de Cervantes”. EL PAIS. Babelia, 735, viernes 23 de diciembre de 2005, p. 10.


[14] Parra, Ernesto(1984). “François Whall, entre la filosofía y el lenguaje” [entrevista]. Cuadernos del Norte, Año V, núm. 26 (julio-agosto) p. 35.


[15] Armada, Alfonso (2005). “John Berger: «una vida sin deseos no merece la pena»” [entrevista]. ABC ABCD las artes y las letras, 723, semana del 10 al 16 de diciembre de 2005, p. 12-13.


[16] Escrito entre 1938 y 1947 y revisado en 1953 y en 1959. Bloch, Ernst (1977). El principio esperanza. Madrid, Aguilar, 3 v. 1503 p. ISBN: 8403519974.

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