Hace ya meses, probablemente cerca de un año, mi profesor José Antonio Cordón(1), explicando la importancia de los distintos elementos y criterios necesarios para evaluar las obras de referencias -cualquier otra fuente u obra escrita-, nombró ese término mágico, cuando caracterizaba de clásica(2), toda obra rigurosa, equilibrada, sistemática, legible y otros muchos más calificativos. Pero sobre todo, se preocupó de manera impertérrita durante el curso de hacer notar el abismo entre mediocridad y calidad.

No era la primera vez que dicho epíteto asaltaba a mi pensamiento. De pequeño, mi abuela Carmen ya me lo nombró, para hacerme notar que nunca se debe decir por sistema, a distinguir dos categorías o clases de educación. Como siempre, recurría a poner en mi conocimiento uno de los pasajes o conversaciones anecdóticas vividas con su marido Pepe -mi abuelo José-: hay quién piensa que lo clásico en la educación de los hijos supone enseñarles a ser obedientes y quitarles esa manía perversa de decir no a todo. Pues no, no Carmen, nuestros hijos han de ser disciplinados, íntegros, respetuosos,… pero nunca ciegos obedientes o tibios, jamás vuelvas a regañarles porque les escuches decir con énfasis no. En todo caso, pregúntales antes que te expliquen sus razones o motivos. La enseñanza clásica debe consistir en enseñarles a ser razonables y singulares. No te confundas, educar en la igualdad no es lo mismo que enseñar a que todos digan o piensen lo mismo. Todos, afortunadamente somos distintos….

Este verano, a finales de julio, destacaba en estas mismas páginas, mi interés por el artículo Los clásicos de Antonio Papell(3), que se inicia poniendo de relieve esa pregunta al uso de los críticos literarios, cuya respuesta suficientemente argumentada, ya desearía preconocer cualquier avezado escritor: ¿CÓMO Y POR QUÉ una obra literaria escapa de la hoguera del tiempo y sobrevive, y perdura a través de las generaciones hasta convertirse en clásica? Entonces, me vino al recuerdo otro momento en el cual lo clásico irrumpió en mi vida. Aconteció mientras preparábamos el texto de la “Declaración de La Palma” del Club Biored en noviembre de 1999(4), pretendíamos ponerle el acostumbrado broche de oro textual con las consabidas y rimbombantes buenas intenciones y bonitas palabras. Queríamos a toda costa concluir en una frase todo lo que veníamos haciendo y expresar el reto, el camino que nos proponíamos andar. Era para todos los presentes en aquella reunión, necesario e incuestionable acudir a los términos: solidaridad, cooperación y desarrollo. El profesor García Lizana(5), nos descubrió al clásico Ibn Jaldún y a su asabiya(6).

El innovador sabio -Abenjaldún-, positivista histórico, tunecino de orígenes hispanos que en marzo del próximo año 2006 harán seiscientos años de su muerte, fue el primero en postular que los males contra la supervivencia y el progreso de los pueblos se sustentan y conllevan consigo aumentar la desigualdad social. Su teoría sobre la solidaridad social, no sólo es precursora, es clave para el estudio y comprensión de las aportaciones más relevantes manifestadas a lo largo de la historia del pensamiento económico hasta la actualidad(7). Desde fray Tomás de Mercado, Saavedra Fajardo, López Bravo, hasta Adam Smith. Desde Keynes, Hansen, Raúl Prebish, Myrdal, hasta Amartya Sen (premio Nóbel de Economía en 1998). El pensamiento del Señor de Elvira (Granada)(8), ha inducido las tesis y proyectos de muchos economistas, filósofos y planificadores del desarrollo, de forma significativa, las relacionadas sobre la importancia que la reducción de la pobreza, la distribución de la renta y el crecimiento económico, tienen para una concepción sustentable del desarrollo.

No es un misterio, resulta triste e imperdonable, que una obra clásica para la historiografía económica universal, como es “Al-Muqaddimah” -Introducción a la Historia Universal-(9) sea desconocida por muchos, más aún cuando su obra inspiró de manera especial a la «Escuela ilustrada de Salamanca»(10). Desde ya propongo un merecido homenaje a nuestro antepasado andalusí, aunque sólo sea como viene ahora en decirse para recuperar a los clásicos, más bien porque la Historia no se escribe, es escrita… y …la certeza es como un viaje: se puede saber de dónde se sale -el lugar del cual se sale es de uso (estamos allí)- pero jamás se acaba de determinar dónde se llega(11). También, lo entiendo necesario por muchas otras cuestiones, desgraciadamente, muy actuales: las ansias de ponernos fronteras y las discriminaciones sociales, los problemas derivados por la mediocridad de los políticos y la crisis cultural(12), el apetito por escuchar y ver las inmundicias de los que vienen en llamarse personajes públicos.

Se puede vivir sin arte, sin contar nada, sin contar con nada ni con nadie y sin que nadie cuente para uno mismo. Se puede vivir sin intimidad (y quizás, según la hipótesis, es así como tenemos que ir aprendiendo a vivir), porque la intimidad no es imprescindible para vivir. La intimidad sólo es necesaria para disfrutar de la vida. Así pues, basta -por hoy- de confesiones(13).


(1) José Antonio Cordón García, Licenciado en Historia por la Universidad de Granada, Doctor en Ciencias de la Documentación por la de Salamanca. Es profesor titular de la Facultad de Traducción y Documentación de la Universidad de Salamanca. Director del “Master de Edición” que imparten en colaboración la Universidad de Salamanca y la Fundación Santillana. Véase su Web personal


(2) clásico, ca (del lat. Classicus; fr. Classque; i. clasic) Que se tiene por modelo digno de imitación en literatura o en arte, dicho de un autor o una obra. Definición de: Martinez de Sousa, José. (2004) Diccionario de Bibliología y ciencias afines. Gijón, Trea, 1048 p. ISBN: 8497040821. Véase su Web.
También, es interesante consultar: Estébanez Calderón, Demetrio. (2004) “Clásico” En: Diccionario de términos literarios. Madrid, Alianza, p. 162-163.


(3) Papell, Antonio. “Los clásicos” El Noticiero de las ideas. 2005, julio-septiembre, núm. 23, p. 94-98 Enlace con la página


(4) Constitución del: Club Biored. Declaración de La Palma. Mazo, 20 de noviembre de 1999.


(5) Antonio García Lizana, Catedrático de Economía Política, responsable del grupo de investigación “Economía cuantitativa del bienestar” y Director del “Master de Cooperación Internacional y Gestión de Proyectos de Desarrollo” de la Universidad de Málaga. Asesor y colaborador del proyecto Club Biored.


(6) Biografía de Ibn Jaldún. La asabiya -coligación agnaticia- o espíritu de unidad social como elemento fundamental de supervivencia y progreso de los pueblos, poniendo de relieve que la existencia de un abismo entre ricos y pobres lleva consigo la aparición de tensiones sociales y la ruptura de la asabiya de una comunidad, con las consecuencias negativas que ello conlleva en términos de progreso económico y social. Tomado de: García Lizana, Antonio. (2000) “Fronteras en el tiempo. Una aproximación al estudio de la dinámica evolutiva en el pensamiento económico de Averroes e Ibn Jaldún”. En: Toro Cevallos, F. y Rodríguez Molina, J. (coord.). III Estudios de Frontera. Convivencia, Defensa y Comunicación en la Frontera. Jaén, Diputación Provincial de Jaén, p. 311-312.


También, es interesante consultar:
> Cruz Hernández, Miguel. (1963) La Filosofía �rabe. Madrid, Revista de Occidente, p. 379-392.
> Ferrater Mora, José. (1979) “Abenjaldún” En: Diccionario de Filosofía. Madrid, Alianza, v. 1 p. 19-20.
> Ortega y Gasset, José. (1964) “Abenjaldún nos revela el secreto” En: El Espectador. 21 ed. Madrid, Revista de Occidente, v. VIII, p. 175-205.


(7) Pérez Moreno, Salvador [Profesor titular del Departamento de Economía aplicada de La Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales de la Universidad de Málaga]. (2003). Relaciones entre distribución de la renta y crecimiento económico en la historia del pensamiento económico. Especial consideración a las relaciones de compatibilidad. [en línea]. Versión en PDF . Málaga, enero de 2003, 60 p.


(8) Véase Marjorie Grice-Hutchinson: Aproximación al pensamiento económico en Andalucía, de Séneca a finales del siglo XVlll.


(9) Ibn Jaldún. (1997) Introducción a la Historia Universal (Al-Muqaddimah). Trabulse, Elías (estudio preliminar, revisión y apéndices). México, Fondo de Cultura Económica, 1166 p. ISBN: 9681626451. Quién desee puede ilustrarse con la lectura de los siguientes capítulos de la obra: Capítulo XXX El arte de escribir es una de las que pertenecen a la especie humana y Capítulo XXXI De la librería .


(10) Abellán-García, José Luis. “«Escuela ilustrada de Salamanca»” En: Historia crítica del pensamiento español. Tomo 3: Del barroco a la Ilustración (siglos XVII y XVIII). Madrid, Espasa-Calpe, 1983. p. 843-847
– “III La filosofía musulmana, 5. El último periodo: Ibn Jaldún” En: Historia crítica del pensamiento español. Tomo 1: Metodología e introducción histórica. Madrid, Espasa-Calpe, 1979 p. 191-192.
– “III La Escuela de Salamanca y los orígenes del pensamiento económico” En: Historia crítica del pensamiento español. Tomo 2: La Edad de Oro (Siglo XVI). Madrid, Espasa-Calpe, 1979 p. 554-566.


(11) Diego, Estrella de. (2005) Travesías por la incertidumbre. Barcelona, Seix Barral, p.79 y 274.


(12) Véanse: Lindo, Elvira. La política. EL PAIS. La última, miércoles 5 de octubre de 2005 p. 64 y
Astorga, Antonio. Luis Mateo Díez (entrevista) . ABC Cultura, sábado 8 de octubre de 2005, p. 59.


(13) Pardo, José Luis. (2004) La intimidad. 1ª (1ª reimp.) Valencia, Pre-Textos, p. 30.

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